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EL ENEMIGO A ABATIR

jueves, 24 de abril de 2014


Bajo este título caben multitud de propuestas, seguro que la mayoría podríamos hacer una lista más o menos larga en función de creencias o teorías que hemos ido desarrollando con el tiempo. Sin embargo, este texto quiere centrarse en unos enemigos menos aparentes y, por tanto, mucho más difíciles de identificar y combatir. Se trata de atacar aspectos que están muy relacionados con la incapacidad de cambio del sujeto actual.

Concretamente quiero referirme a dos conceptos muy relacionados entre sí y que forman parte del eje troncal de la construcción del ser humano actual, sobre todo el amamantado por la llamada cultura occidental: la inmediatez y la nula tolerancia a la frustración.

Durante las últimas décadas la inmediatez (el aquí y el ahora) se ha ido adueñando de nuestras vidas sin que apenas nos hayamos dado cuenta. Por supuesto, esto no ha ocurrido de forma casual si no que forma parte de una concepción mucho más amplia diseñada para convertir a las personas en meros autómatas que se dedican a pasar por la vida sin más aspiración que la de sufrir lo menos posible. Poco a poco todos los ámbitos de la vida se han ido transformando y donde antes había solidez y los tiempos eran de larga duración, ahora todo debe ser instantáneo, inmediato. De lo contrario, pierde rápidamente su “valor” y no es deseable ya; convirtiéndolo en desechable (así, de este modo, aceptamos de pleno el pensamiento dominante que convierte todo en “productos de usar y tirar”, hasta la vida).

Desde bien pequeños lo inmediato se ha convertido en la medida del tiempo en que se basa nuestra vida. Esto ha sido imprescindible para consolidar el modelo social instaurado que nos ha transformado en mano de obra semiesclava y/o consumidores. La llamada sociedad de consumo precisa de la inmediatez en la producción para poder vender más y más independientemente de las necesidades reales que tengamos. Para ello no sólo requiere de la creación de necesidades ficticias (en las que pone todo su empeño a través de la publicidad y la industria del ocio) también necesita que no podamos esperar a la hora de satisfacer esas necesidades creadas para poder mantener ese ritmo infernal que tanto beneficio económico da a unos pocos a cambio de la destrucción absoluta de todo lo que nos rodea. Pero el poder sabe que esto no es suficiente, la sociedad de consumo es tan sólo un argumento más dentro de la dinámica de dominación. Ese modelo terminará tarde o temprano por eso necesita más y para variar lo está consiguiendo.
Nos han introducido la inmediatez en el centro de nuestra forma de vida, todo, absolutamente todo debe ser realizado sin demora y también todo resultado debe ser obtenido de forma automática al completar la misión encomendada. Esto es más importante de lo que pueda parecer a primera vista, han conseguido mecanizar absolutamente nuestras vidas de tal forma que apenas quedan rastros perceptibles de la esencia humana. Donde deberían existir capacidades y esfuerzo para gozar y construir la vida sólo hay ansiedad y desesperación por conseguir y poseer supuestos bienes que tan sólo sirven para enmascarar una falta absoluta de interés por el desarrollo de un proyecto vital coherente y realmente ilusionante.

Vivimos bajo el prisma de una lógica que considera como argumentaciones válidas e imprescindibles la priorización de lo material sobre lo intangible, poniendo en primer plano la satisfacción del cuerpo frente a la del espíritu (sin necesidad de que este término tenga ninguna connotación religiosa). De esta cuestión parece lógico extraer una conclusión bastante simple pero demoledora para todos aquellos que de una forma u otra aspiramos a formar parte del cambio, de la revolución o como queramos llamar a la imprescindible nueva forma de habitar y relacionarnos con el planeta del que formamos parte. Un ser humano construido bajo la ley de lo inmediato y con una mínima capacidad de resistencia frente a la adversidad, está condenado a no formar parte de una verdadera revolución (a lo sumo, pequeñas revueltas que puedan acabar en ligeras reformas y lavados de cara pero sin nada de sustancial en ellas). El sacrificio y el esfuerzo que supondría un verdadero cambio está fuera del alcance de este sujeto. Dirigido por la satisfacción inmediata de sus deseos que confunde con sus necesidades no tiene la fuerza moral suficiente para postergar la obtención de aquello que desea más allá de lo que dura un suspiro y mucho menos está dispuesto a arriesgar aquello que cree poseer y que le hace tan aparentemente feliz (aparentemente porque en realidad una vez obtenido lo deseado, esto pasa a convertirse en una fuente de insatisfacción permanente hasta que se consigue sustituirlo por algo que se valora como mejor) para obtener ese otro mundo posible y necesario sin explotación ni dominación. Pero esto no es posible en nuestra sociedad actual, donde para soportar esta inmediatez y huir de la frustración que lleva asociada vivimos totalmente alucinados con la esperanza de alcanzar unos referentes sociales que los medios de comunicación nos inyectan a cada momento sin compasión, donde necesitamos vivir drogados (perdón, quise decir medicados) para no ser plenamente conscientes del dolor que causamos y nos causa una vida basada en el vacío, en la ausencia total y absoluta de ideales universales en los que de verdad basar una existencia cada vez más cercana a la felicidad.

La rotura de lo apremiante de este modelo vital es necesaria para establecer una base sólida desde donde crear una existencia nueva. Soy consciente de que las circunstancias actuales apremian, sin embargo no más que a lo largo de siglos de dominación y esclavitud sufrida por millones de seres humanos. No hay que caer en su trampa, la revolución no puede ni debe ser inmediata, el que venda eso miente (y lo que es peor, seguramente sabe que miente) Esto no quiere decir que no hay nada que hacer, más bien al contrario el trabajo es inmenso y de largo recorrido. Por eso es imprescindible aprender a tratar con la frustración que provoca lo inmediato. Si tenemos clara esta premisa nada podrá detenernos.

REVISANDO PARADIGMAS PERSONALES

miércoles, 26 de febrero de 2014
En mi no demasiado larga vida de activista he asistido y participado en innumerables e interminables debates acerca de temas recurrentes como la desmovilización social, las alternativas más o menos reales al sistema predominante, las diferentes formas de organización, las múltiples razones para organizar el enésimo frente popular y un largo etcétera que seguro que muchos de vosotros podréis recitar de memoria porque tengo la sensación de que no soy el único que ha pasado por ahí.

Sin embargo, qué pocas veces he asistido, ya no a debates públicos, ni siquiera a pequeñas asambleas en las que se tocara un tema que en mi opinión está en el principio de cualquier cambio que merezca la pena ser llamado revolucionario. Es imprescindible acometer una revolución más íntima, más personal que permita la posibilidad real de, al menos, atisbar una revolución a nivel social. Necesitamos realizar un ejercicio de revisión y sinceridad. Este ejercicio es más exigible, si cabe, en aquellas personas que se autoetiquetan como integrantes de eso que llaman “izquierda revolucionaria” y no tienen la acuciante incertidumbre de tener que buscarse la vida para comer a diario.

Es cierto que hay muchísima gente que siente y vive una realidad en la que las cosas no funcionan bien, una realidad donde cuesta muchísimo esfuerzo y sufrimiento la imprescindible tarea de sobrevivir y eso facilita sobremanera que no haya un esfuerzo de verdadera reflexión y que se tienda a seguir cualquier alternativa que aparece con fuerza en un momento dado. Sin embargo, romper este círculo es vital para acercarnos a un horizonte revolucionario.

Este ejercicio debe servir para revisar los paradigmas sobre los que basamos nuestro pensamiento político sin miedo a descubrir que no estamos de acuerdo con aspectos que, hasta la fecha, podíamos considerar indiscutibles. Debemos ser capaces de romper los moldes en los que circunscribimos nuestro pensamiento si son un impedimento para avanzar y llegar a una comprensión mejor de la realidad que nos ha tocado vivir. Nada es despreciable pero parece obvio que no todo puede explicarse con teorías escritas hace cientos de años ni todo puede basarse en seguir programas descritos a partir de esas teorías. El hecho es que vivimos aquí y ahora y la realidad nos demuestra que repetir esquemas pasados sólo nos conduce a cosechar fracasos y frustraciones conocidas.

La sensación que tengo es que esta revolución íntima se reprime desde el seno de la gran mayoría de colectivos o agrupaciones existentes porque claramente contradicen los objetivos que se plantean cuyo fin, más o menos consciente, no es más que conseguir perdurar en el tiempo y aumentar su campo de influencia, porque son conscientes que si alguna vez alcanzaran los objetivos que dicen perseguir desaparecerían perdiendo así su pequeña/gran parcela de poder e influencia. Obviamente, esto no se hace de una forma descarada; sino más bien con una refinada estrategia que consiste en identificar las luchas a seguir y los logros a conseguir con ellas de tal manera que refuercen la ilusión del avance pero sin producir cambios reales. Esto es posible gracias a la falta de análisis personal de cada uno y a la facilidad que tenemos para dejarnos arrastrar cuando lo contrario exige esfuerzo y compromiso.
Lamentablemente, estas dinámicas no sólo arrastran a la gente que mantiene una militancia más o menos comprometida; sino que también abduce a una gran parte de la gente que siente por vez primera que la injusticia de la sociedad llama a su puerta y que hasta ahora creía lejos de todo eso.

Nos encontramos ante una situación en la que son muchos los que sienten la necesidad de alzar su voz, los que creen llegada la hora de pasar a la acción aunque no sepan bien qué significa eso. Cada día gente que, hasta el momento, había permanecido en silencio se atreve a demostrar su malestar más allá del salón de su casa (si todavía la conservan) o de la barra del bar, y es precisamente aquí donde la labor de la revolución de los paradigmas personales cobra vital importancia, porque de lo contrario seguiremos cosechando multitudes desencantadas y quemadas por el constante desgaste que exige estar siempre dejándonos la piel por metas que otros nos marcan y que en última instancia, si se consiguen, no llevan a nada más que a afianzar la dinámica sistémica que es la causante de la injusticia que nos llevó a movilizarnos.

En la actualidad, seguimos envueltos en luchas y reivindicaciones dirigidas a multitud de objetivos. Son tantas las agresiones a las que nos somete este sistema inmoral y depredador que nos vemos impelidos a responder a todo cuanto nos rodea. Esta actitud, muchas veces alentada por agentes que, teóricamente, se oponen al sistema dominante, sólo conduce al desgaste masivo de las personas que de buena fe dedican su esfuerzo a ello, alentadas por lo que creen grandes victorias que no son más que pequeños parches puestos en una brecha de dimensiones inimaginables. Así nos encontramos con multitud de situaciones cuando menos paradójicas como defender ciegamente el sistema educativo público a pesar de repetir hasta la saciedad el papel crucial que juega a la hora de moldearnos como los siervos perfectos del sistema, o salir a la calle contra la extracción de petróleo en sus diversas variantes y consumir constantemente dicho producto como si apareciera de la nada.

No podemos estar permanentemente yendo a la contra, en la calle protestando por cualquier tema que nos lancen a la cara sin dedicar ni un sólo minuto a reflexionar. No podemos pretender que nada cambie si no empezamos por tratar de entender por nosotros mismos las causas de aquello que nos oprime.

Desconfiad de aquellos líderes mesiánicos que se pasan el día reclamando que la gente salga a la calle sin otro plan que gritar: ¡Abajo el capitalismo!
Sin permitir ni un segundo de reflexión.

Este sistema lleva siglos perfeccionando sus mecanismos de control y dominación. Tiene sus estrategias y un plan perfectamente definido, no podemos luchar contra esto tan sólo con la voluntad de alcanzar un mundo mejor. Como primer paso es imprescindible esa reflexión personal y esa revolución íntima cuya principal condición a tener siempre presente es que no es posible un verdadero cambio sin estar dispuestos a perder todo aquello que creemos poseer, es más, no es posible una verdadera revolución si no estamos preparados para erradicar la posesión de nuestras vidas.

Esa revolución íntima sólo será posible, no me cansaré de repetirlo, poniendo en primer plano en nuestro modo de vida la coherencia personal. Es la única manera de que cada paso adelante se mantenga firme y resista el desgaste cotidiano al que nos vemos sometidos constantemente.

EL BUCLE INFINITO

lunes, 3 de febrero de 2014


Y pasa la vida… y ya estamos en 2014, unos cuantos años después de que empezara esta nueva fase del capitalismo que los medios de incomunicación dieron en llamar crisis y que cada vez más gente denomina estafa. Lamentablemente, todo sigue igual.

Empezamos el año exactamente igual que siempre. 

Los grandes bancos multiplicando exponencialmente sus beneficios mientras siguen condenando a la miseria y la muerte a miles de seres humanos con el apoyo incansable de un Estado que se dedica a regalarles dinero a cambio del incalculable apoyo financiero para los partidos y organizaciones afines. 

Las grandes transnacionales en su dinámica de enriquecerse, a costa de exigir el sacrificio humano con condiciones de trabajo cada vez más esclavistas, gracias a una legalidad redactada para eso, y con la amenaza del desempleo más implacable que nunca.

Los poderes públicos sentados en su atalaya, negociando sus intereses y representando la tragicomedia de la democracia para tenernos entretenidos mientras siguen afianzando y ampliando este sistema de humillación y esclavitud en el que somos meros números que oscilamos entre las columnas de los necesarios y los prescindibles. Delegando en los tecnócratas del escalafón alto la gestión de la democracia, es decir, dejando que el sistema judicial y el policial se encarguen de mantener las cosas en su sitio de que nada altere el discurrir de los días.


Mientras tanto, ¿qué hacemos nosotros? Pues seguimos como siempre, cada uno a lo suyo. Eso sí, siempre con un ojo puesto en lo del vecino, no sea que dejemos pasar la oportunidad de joder. Porque si algo está claro es que nosotros no aprendemos. Parece que seamos incapaces de sacar ninguna lección de estrategias, intenciones y acciones del pasado. Repetimos una y otra vez los mismos planteamientos de lucha, de resistencia… esperando que por arte de magia los resultados sean diferentes y parece que seguimos sorprendiéndonos cuando esto no sucede. 

Para empezar seguimos planteando nuestra lucha desde la resistencia en lugar de empezar a combinar esto con la existencia. Basta ya de desgastarnos siempre en ir a remolque de las decisiones políticas que sólo nos conduce a acabar luchando por migajas y a festejar como enormes victorias cada vez que se sale a la calle a protestar contra alguna ley injusta sin cuestionarnos nada más allá y dejando esa lucha en el momento en que los objetivos planteados se creen conseguidos. No debemos olvidar que hasta la fecha todos los logros que festejamos no son más que pequeños parches que en nada nos acercan a un cambio de paradigma social (si es que realmente esto es lo que pretendemos con nuestra lucha, cuestión ésta que todavía está por ver y sobre la que hay mucho que hablar).

Seguimos, aunque parezca mentira, ilusionándonos cada vez que se acercan elecciones con la aparición de nuevos proyectos políticos que prometen poner las instituciones al servicio de la ciudadanía. Como si eso fuera posible, como si esas instituciones fueran neutrales y su ejercicio dependiera de la buena voluntad de sus ocupantes. Las instituciones de esta supuesta democracia son las instituciones del poder, creados por los poderosos con la única misión de servir a sus intereses y absolutamente culpables de la inmovilidad de la situación. Estás apariciones periódicas de nuevos intentos de lo que algunos denominan frentes populares son en parte culpables del poco avance del pensamiento crítico en nuestra sociedad; ya que imposibilitan la aparición de nuevas formas de organización popular y la necesaria reflexión crítica de los postulados habituales de lo que denominan izquierda que en el mejor de los casos no pasa de una renovada socialdemocracia. 

Las agresiones a las que nos vemos sometidos son constantes, sin embargo, mientras no seamos capaces de autoorganizarnos en un primer lugar para asegurar la subsistencia diaria y en última instancia para hacer una verdadera reflexión crítica sin prejuicios ideológicos de ninguna clase de la realidad que vivimos y de las implicaciones que esto tiene, no saldremos jamás de este bucle de acción-reacción en el que llevamos todas las de perder y que sólo nos depara una caída libre hacia una vida cada vez más lejos de un ideal de dignidad que ni siquiera nos atrevemos a imaginar a día de hoy pero que es imprescindible para garantizar la viabilidad de todo tipo de vida en este planeta.


CUANDO NADA ES LO QUE PARECE

domingo, 29 de diciembre de 2013

Tiempos inciertos en los que nos ha tocado vivir, una época en la que nada es lo que parece y sin embargo, las apariencias lo son todo. Curiosa contradicción que no hace más que reflejar el espíritu esquizofrénico que define esta era.

Desde lo más personal e intransferible hasta lo colectivo y global todo se ve envuelto por ese manto de falsa apariencia que envuelve nuestras vidas.

Crecemos admirando modos y estilos de vida ajenos a nosotros y que simplemente son irreales aunque en ese momento (y posiblemente durante el resto de nuestra vida) no sospechemos que son puro humo artificial que no proviene de ningún fuego sino de una máquina que constantemente lo fabrica para no dejarnos ver más allá, para no poder observar siquiera el potencial que existe tras esa cortina artificial.

Cuando nada es lo que parece vemos cómo nos movemos y agitamos constantemente, protestando, reclamando aquello que creemos justo y nos pertenece. Sin embargo, no vamos más allá de un grupo de seres persiguiendo un humo que alguien o algo nos indicó como la señal inequívoca de la verdadera fogata. Otra vez la máquina astuta que adquiriendo la forma de gurú antisistema u organización pseudorevolucionaria nos indica el modelo a desear.

Cuando nada es lo que parece donde encontramos un discurso de apariencia robusta y bien articulada hallamos palabras huecas, rellenas de nada y que a nada obligan más allá de reproducirlas constantemente y defenderlas como si nos fuera la vida en ello. Discursos repletos de bellas palabras y hermosos propósitos que están tan cerca de lo poético como lejos de la práctica diaria. Así nos encontramos con que un concepto tan formidable como el apoyo mutuo se convierte en mutuo apoyo previo acuerdo de lo que cada una de las partes se va a llevar y si no hay acuerdo cada cual que apoye lo suyo que para eso estamos. Criticamos la caridad por no ser más que un mecanismo de dominación vertical pero si eso mismo lo organiza gente afín y lo reviste de jerga contestataria podemos llamarlo con toda solemnidad y con satisfacción: solidaridad.

Así y una y otra vez, nos hallamos ante la irrealidad que vivimos donde el constante cambio de las circunstancias no hace más que reafirmar la inmovilidad general en la que existimos y que como consecuencia nos tiene inmersos en una aparente carrera hacia un glorioso futuro que se convierte en un eterno retorno al punto de partida donde todo sigue igual.

Cuando nada es lo que parece esperamos la aparición de la enésima reencarnación del mesías que nos salvará de este presente de desgracias continuas que dura ya demasiado tiempo, sin ser capaces de comprender que ese mesías siempre está actuando precisamente para mantener la perpetuidad de este presente. A veces tiene forma de líder político, otras de gurú espiritual o de científico prominente, algunas de honorable guerrero o de filósofo atemporal pero siempre, siempre de baluarte de la apariencia y por tanto del cambio inocuo. La importancia de lo aparente nos priva de la conciencia de los pequeños gestos, los únicos capaces de mover la losa que nos oprime y nos obliga a estar constantemente atentos a los grandes gestos, a las grandes proclamas y a tratar de reproducirlas aunque en el fondo sepamos de su inutilidad y de la imposibilidad de obtener resultados diferentes repitiendo una y otra vez las mismas acciones.

Cuando nada es lo que parece en un mundo donde se ensalza lo individual, se pone en primer lugar el ego frente a cualquier otro interés, una sociedad en la que el individuo es el centro absoluto de la vida. Resulta que nos encontramos ante el momento histórico donde menos humanos existen, donde hay miles de millones de seres extraños, ajenos a su realidad, con enormes posibilidades pero, desde luego, lejos de poder considerarnos humanos. En la apariencia de sentirnos en la cima del mundo no somos más que insignificantes seres lejos de toda lógica como especie, desconectados del resto, desconectados entre nosotros, ajenos a todo lo que ocurre a nuestro alrededor por mucho que seamos el actor principal de este drama en que hemos convertido la vida.

Cuando nada es lo que parece, la vida es lo más parecido a la muerte que existe y que podemos experimentar, se convierte en un transitar sin sentido en busca de la nada pero que a ojos del mundo es la cosa más maravillosa jamás creada. Ni siquiera lo que creemos sentir es realidad, confundimos el amor con la posesión y hasta creemos que la libertad es poder elegir aquello que queremos sin ser capaces de ver que es sólo fachada, sólo apariencia, que las diferentes elecciones disponibles no las elaboramos nosotros, no son reales.

Cuando nada es lo que parece, precisamente eso, la nada es donde transcurre nuestro paso por este mundo.

Quebrantando el Silencio

LA VERDADERA RELIGIÓN

miércoles, 27 de noviembre de 2013


Nadie sabe en qué mundo vivimos. Nadie comprende cómo funciona en realidad un conjunto tan grande y variado como es la humanidad. Sin embargo, existe un sistema que organiza, dirige y decide sobre lo humano. Es la verdadera religión y su dios, el Dinero.

A semejanza de cultos anteriores que se extendieron a lo largo y ancho de la Tierra. Esta nueva religión posee las escrituras, los templos, los profetas y todos los elementos indispensables para subyugar al creyente pero, a diferencia de creencias anteriores, es mucho más poderosa. Ha comprendido que es necesario que los creyentes piensen que pueden formar parte de la historia y participar en su construcción, para ello ha enmendado uno de los mayores errores de otras religiones. La recompensa no viene tras la muerte, muy al contrario, en esta religión no existe el mañana, sólo el ahora mismo. Esto aumenta exponencialmente la cantidad de creyentes que se dedican a fondo a seguir las enseñanzas con tal de conquistar su ansiada recompensa.

La Sagrada Escritura se llama teoría del capitalismo y en ella se detalla el funcionamiento de una sociedad basada en la fe al dinero. Como todo texto sagrado, no requiere de comprensión por parte de los creyentes sino de ciega aceptación de las enseñanzas que los pontífices nos regalan en grandes discursos. Los altos sacerdotes de esta religión también se reúnen en cónclaves multitudinarios y se agrupan de diversas maneras: FMI, BM, OMC, BDI, BCE, Reserva Federal... De estos encuentros salen las órdenes que son transmitidas al clero regular, a quienes conocemos como políticos. Y son estos políticos quienes, a través de sus propios apóstoles, sus mensajeros y difusores de la obra divina, como son los medios de comunicación, nos transmiten los designios inescrutables del capital y nosotros, los creyentes, aceptamos y acatamos. Obviamente, no tienen suficiente con la mera transmisión del mensaje divino, para que éste se acepte y se acate sin más, necesitan que el terreno esté abonado, es decir, que la mente humana esté totalmente moldeada por la nueva fe. Para ello disponen del sistema educativo, una maquinaria perfectamente engrasada y capaz de fabricar a creyentes en la adoración del dinero a una velocidad de vértigo.


Por supuesto, esta religión también tiene sus preceptos, sus figuras mágicas y sus milagros.

Al igual que otras religiones más minoritarias se fundamenta en unos mandamientos o preceptos imprescindibles que se resumen en dos:

-          Amarás la propiedad privada por encima de todo.

-          Santificarás el beneficio en cualquier ámbito de tu existencia.

Estos dos mandamientos justifican por sí solos las mayores atrocidades y barbaridades que podamos imaginar. En su nombre se mata, se depreda, se violenta y se aniquila todo lo que se encuentre a nuestro alcance. Se justifica cualquier acción encaminada a cumplir estos mandamientos, sin importar cuántas vidas pueda costar ni cuánto dolor llegue a causar.

Aquí también encontramos una figura mágica como la santísima trinidad del caso cristiano. En este caso nos encontramos ante el binomio todopoderoso: el Estado y el Capital. Una sola figura cuando así conviene y figuras separadas si es lo mejor para el desarrollo de la fe.

De milagros esta religión anda sobrada, pero por seguir con la analogía cristiana podemos nombrar uno que a su lado la multiplicación de los panes y los peces queda como un juego de niños: se llama moneda de curso legal y el sistema de la reserva fraccionaria.

En lugar de un templo por comunidad, los altos jerarcas han dispuesto docenas: los han llamado centros comerciales, centros de ocio, ciudades de descanso, etc… Además a modo de confesionarios disponen de innumerables sucursales bancarias que tienen abiertas sus puertas gran cantidad de horas al día. Allí se puede tener un contacto más directo con la divinidad y de paso reforzar la creencia de que se forma parte del plan maestro, así como demostrar el fervor solicitando más y más contacto con Dios. Para los inconformistas que necesitan expresar su devoción a todas horas han dispuesto los cajeros automáticos que, día a día, aumentan sus prestaciones para que todos podamos dar rienda suelta a nuestra fe (incluso para que aquellos que no estén dispuestos a asumir su condición de creyentes, los tengan allí preparados para ser quemados o arrasados). Si aún así necesitamos demostrar al resto que somos más creyentes que ellos, la jerarquía religiosa a puesto a nuestra disposición unas estampitas milagrosas llamadas tarjetas de crédito listas para ser exhibidas en cualquier momento y situación.

Así la verdadera religión se impone al resto haciéndolas sucumbir ante su poderoso empuje y el arrollador poder terrenal frente a lo etéreo del resto de aspirantes al título de verdadera religión.

Frente a esta realidad, como viene siendo costumbre, la respuesta es absolutamente pírrica y equivocada. Se focaliza la atención en un concepto como el de laicismo (Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa) y se vuelca, sobre todo, en una lucha tan estéril como la de eliminar la enseñanza de religión en el sistema educativo. Si fuéramos mínimamente serios y rigurosos en el análisis de la situación lo que querríamos eliminar sería el propio sistema educativo tal y como lo conocemos, ya que no es otra cosa que una institución impregnada hasta la médula de las enseñanzas de la verdadera religión.

Esto mismo vale para cualquier decisión tomada desde el aparato político oficial (como hemos dicho el Estado forma parte del binomio fundamental de esta religión) sólo hay que ver qué criterios de valoración y ejecución se siguen para cualquier cosa: ¿es viable económicamente un hospital? (como si eso fuera lo importante) ¿podemos permitirnos un sistema de pensiones? (pues matemos a los pensionistas ya que parece que lo importante es si económicamente es interesante mantener el sistema) y así con cualquier decisión que se os ocurra.

Así pues, volviendo a la definición de laicismo. Si de verdad queremos, tanto a nivel individual como colectivo, vivir de forma independiente de cualquier organización o confesión religiosa, sólo nos queda atacar los pilares fundamentales de esta verdadera religión que tiene un alcance global. Cuestionar y destruir sus preceptos básicos es la tarea fundamental y, para ello, no podemos olvidar toda la estructura formada a su alrededor con la misión de legitimar tan asqueroso y criminal orden del mundo. Al tiempo, debemos esforzarnos en pensar, construir y poner en marcha las alternativas a todo ello.

12 DE OCTUBRE DIA DE LA FIESTA NACIONAL

domingo, 13 de octubre de 2013


TIEMPOS MODERNOS


@lecorbusier2

Reflexiones del Compañero Fidel: La mentira tarifada

miércoles, 28 de agosto de 2013
Me mueve a escribir el hecho de que muy pronto ocurrirán acontecimientos graves. No transcurren en nuestra época diez o quince años sin que nuestra especie corra peligros reales de extinción. Ni Obama ni nadie podría garantizar otra cosa; lo digo por realismo, ya que solo la verdad nos podría ofrecer un poco más de bienestar y un soplo de esperanza. Hemos llegado en materia de conocimientos a la mayoría de edad. No tenemos derecho a engañar ni a engañarnos.

En su inmensa mayoría la opinión pública conoce bastante sobre el nuevo riesgo que está a sus puertas.

No se trata simplemente de que los cohetes cruceros apunten hacia objetivos militares de Siria, sino que ese valiente país árabe, situado en el corazón de más de mil millones de musulmanes, cuyo espíritu de lucha es proverbial, ha declarado que resistirá hasta el último aliento cualquier ataque a su país.

Todos conocen que Bashar al Assad no era político. Estudió medicina. Se graduó en 1988 y se especializó en oftalmología. Asumió un papel político al morir su padre Hafez al Assad en el año 2000 y tras la muerte accidental de un hermano antes de asumir aquella tarea.

Todos los miembros de la OTAN, aliados incondicionales de Estados Unidos y unos pocos países petroleros aliados al imperio en aquella zona del Medio Oriente, garantizan el abastecimiento mundial de combustibles de origen vegetal, acumulados a lo largo de más de mil millones de años. La disponibilidad de energía procedente, en cambio, de la fusión nuclear de partículas de hidrógeno, tardará por lo menos 60 años. La acumulación de los gases de efecto invernadero continuará así creciendo a elevados ritmos y tras colosales inversiones en tecnologías y equipos.

Por otro lado se afirma que en el 2040, en apenas 27 años, muchas tareas que hoy realiza la policía como imponer multas y otras tareas, serían realizadas por robots. ¿Se imaginan los lectores cuán difícil será discutir con un robot capaz de hacer millones de cálculos por minuto? En realidad era algo inimaginable años atrás.

Hace apenas unas horas, el lunes 26 de agosto, despachos de agencias clásicas bien conocidas por sus servicios sofisticados a Estados Unidos, se dedicaron a difundir la noticia de que Edward Snowden se había tenido que establecer en Rusia porque Cuba había accedido a las presiones de Estados Unidos.

Ignoro si alguien en algún lugar le dijo algo o no a Snowden, porque esa no es mi tarea. Leo lo que puedo sobre noticias, opiniones y libros que se publican en el mundo. Admiro lo valiente y justo de las declaraciones de Snowden, con lo que a mi juicio prestó un servicio al mundo al revelar la política repugnantemente deshonesta del poderoso imperio que miente y engaña al mundo. Con lo que no estaría de acuerdo es que alguien, cualesquiera que fuesen sus méritos, pueda hablar en nombre de Cuba.

La mentira tarifada. ¿Quién la afirma? El diario ruso “Kommersant” ¿Qué es este libelo? Según explica la propia agencia Reuters el diario cita a fuentes próximas al Departamento de Estado norteamericano: “el motivo de ello fue que en el último minuto Cuba informó a las autoridades que impidieran que Snowden tomara el vuelo de la aerolínea Aeroflot.

“Según el rotativo, […] Snowden pasó un par de días en el consulado ruso de Hong Kong para manifestar su intención de volar a Latinoamérica vía Moscú.”
 Si yo quisiera podría hablar de estos temas sobre los que conozco ampliamente.

Hoy observé con especial interés las imágenes del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, durante su visita al buque insignia del destacamento ruso que visita a Venezuela después de su anterior escala en los puertos de La Habana y Nicaragua.

Durante la visita del Presidente venezolano a la nave me impresionaron varias imágenes gráficas. Una de ellas fue la amplitud de los movimientos de sus numerosos radares capaces de controlar las actividades operativas de la nave en cualquier situación que se presente.

Por otra parte, indagamos sobre las actividades del mercenario rotativo “Kommersant”. En su época fue uno de los más perversos medios al servicio de la extrema derecha contrarrevolucionaria, la cual disfruta que el gobierno conservador y lacayo de Londres envíe sus bombarderos a la Base Aérea en Chipre, listos para lanzar sus bombas sobre las fuerzas patrióticas de la heroica Siria, mientras en Egipto, calificado como el corazón del mundo árabe, miles de personas son asesinadas por los autores de un grosero golpe de Estado.

En esa atmósfera se preparan los medios navales y aéreos del imperio y sus aliados para iniciar un genocidio contra los pueblos árabes.

Es absolutamente claro que Estados Unidos tratará siempre de presionar a Cuba como hace con la ONU o cualquier institución pública o privada del mundo, una de las características de los gobiernos de ese país y no sería posible esperar de sus gobiernos otra cosa, pero no en balde se resisten 54 años defendiendo sin tregua —y el tiempo adicional que fuera necesario—, enfrentando el criminal bloqueo económico del poderoso imperio.

Nuestro mayor error es no haber sido capaz de aprender mucho más en mucho menos tiempo.



Fidel Castro Ruz
Agosto 27 de 2013
8 y 34 p.m.

COHERENCIA O DECADENCIA HUMANA

miércoles, 21 de agosto de 2013

Coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos, coherencia entre aquello que sentimos y lo que demostramos con nuestras acciones, coherencia entre lo que decimos y nuestro comportamiento diario.

La coherencia es una de nuestras principales bazas para mantenernos a flote en un mundo tan loco como el que vivimos. Pero también puede convertirse en nuestra peor enemiga porque no hay nada más descorazonador que habitar o transitar espacios donde la coherencia brilla por su ausencia.

Estamos imbuidos en un modelo social basado en la explotación de todos y todo, por parte de una pequeña porción de personas. Sin embargo, su juego está tan bien montado que esa explotación no se produce de forma directa y vertical (obviamente porque por simple cuestión numérica es imposible); sino que la dominación toma forma piramidal y, así, se consigue que la inmensa mayoría de personas participe del mecanismo, ya que automáticamente (gracias a la programación socio-educativa) tienen la necesidad de perpetuar su situación ante el terror que sienten por la posibilidad de seguir descendiendo en esa pirámide infernal de sumisión. La pieza angular de este esquema es la perversa idea de que para contrarrestar este terror, el ser humano se contenta con mantener sus condiciones vitales tal y como están, sin darse cuenta (o sin querer darse cuenta) que así sólo consigue perpetuar y ahondar en la degradación humana.

A nuestro alrededor todas las corrientes, las dinámicas, los vientos nos arrastran por el camino del abandono y la decadencia, por el camino del autoengaño en forma de salvación personal, de una falsa felicidad individual por comparación con el desastre de la mayoría. Este camino permite, junto a una conciencia crítica social ausente, vivir en una apariencia de segura felicidad basada en la inevitabilidad de los acontecimientos y, por tanto, en la imposibilidad de actuar para cambiar el curso de los mismos (al fin y al cabo nuestro propio destino). Esta estrategia de existencia, libre de toda carga moral para aquellos que se dejan arrastrar por esta corriente,  pone de manifiesto unos de los rasgos característicos del modelo social actual: la hipocresía. Esta hipocresía permite criticar todo lo que teóricamente contradice la norma social inculcada desde la más tierna infancia (en sí misma el mayor ejemplo de hipocresía posible) y, al mismo tiempo, permite no emprender acción alguna para cambiar el estado de las cosas, quedando así en una permanente situación de decadencia como seres humanos. Una manera de estar muy similar a una especie de infantilización perpetua en la que siempre se acaba dependiendo de la figura de poder que todo lo dispone y decide.

Esta inacción ante una realidad que golpea duramente y de la cual somos plenamente conscientes, provoca una suerte de estado permanente de esquizofrenia social. Este es un estado totalmente insoportable, sin embargo en una sociedad degradada y sin capacidad de crítica, la hipocresía es la salida menos costosa (al menos en apariencia y en términos totalmente superficiales) para continuar deambulando por la vida sin cuestionarse nada más allá de la mera supervivencia.

Esta deriva de hipocresía e inacción arrastra a la sociedad por una senda que conduce inevitablemente a la destrucción de cualquier posibilidad de cambio y evolución sumiendo a la sociedad en una espiral de la que difícilmente se puede salir sin iniciar, desde lo más cercano, lo más personal un camino que ineludiblemente debe pasar por poner la coherencia individual en primer plano de nuestro modo de vida. Como decía, la coherencia nos permite mantenernos cuerdos en este loco mundo, condición indispensable para iniciar el cambio.

Quebrantando el Silencio

Utopodcast - Django

domingo, 28 de julio de 2013
Propongo en este audio, reflexionar en torno a algunos diálogos y escenas de la película Django; desde una m etalectura de la lucha de clases, de la lucha (por demás justa y necesaria) del oprimido en contra de su opresor.

Koan 



Utopodcast - Consentimiento sin consentimiento: La uniformación de la opinión pública - Noam Chomsky

sábado, 20 de julio de 2013
En este audio Chomsky nos habla de los medios y estrategias que tiene el poder establecido para hacer las cosa s a su gusto y conveniencia aún en contra de nuestros intereses e incluso de nuestros deseos. 

Koan 

Utopodcast - ¿Qué hace que los medios convencionales sean convencionales? - Noam Chomsky

¿Qué filtros deben de pasar los locutores, periodistas, maestros, académicos, investigadores y demás funci onarios de la creación del consenso y difusión de la ideología Estado-capitalista para poder trabajar en esas grandes empresas monopolios de la manipulación mediática y la difusión del engaño? 

Koan

 
 

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VIVIR DEBE SER OTRA COSA

miércoles, 10 de julio de 2013


Podría ser tan plena, tan alegre, tan vivible. Lo tenemos todo para que así sea. Jamás como ahora hemos tenido tan al alcance de la mano todo aquello que necesitamos para lograrlo.

Disponemos de comida más que suficiente para alimentarnos toda la humanidad sin problemas. Hemos alcanzado un nivel de comprensión científico-natural que nos permite entender mejor que nunca cómo nos relacionamos con el planeta. Disponemos de gran cantidad de medios técnicos para comunicarnos con cualquier persona situada en cualquier parte del globo de forma instantánea, y para obtener información igual de rápida de cualquier suceso acontecido. Existe un nivel de alfabetización a nivel mundial jamás alcanzado que nos abre las puertas a la lectura y al análisis de todo tipo de fuentes de experiencia. En todos los ámbitos, la investigación tecnológica está muy desarrollada y debiera permitir una teórica sociedad libre de pesadas cargas y más preparada para afrontar las situaciones adversas.

Todos estos factores y muchos otros parecen jugar a nuestro favor. En un mundo basado en lo racional y en el sentimiento de fraternidad universal, la vida sería placentera y divertida. Sin embargo, ese no es nuestro mundo.

Usamos esa comida más que suficiente para hacer negocio y sacar beneficio en lugar de alimentarnos todos de forma correcta y suficiente. Preferimos destruir el modo de vida rural y sustituirlo por uno industrial donde el beneficio económico está por encima de todo. Somos capaces de eliminar las cosechas que necesitamos para comer y sustituirlas por enormes extensiones de basura transgénica que tan sólo alimenta los bolsillos de unos pocos mientras mata de hambre y enfermedades varias a millones de seres vivos.
Utilizamos nuestra comprensión sobre el funcionamiento de la naturaleza para destruirla cada vez más. Deforestamos, desertizamos, explosionamos, desecamos, contaminamos, en definitiva “matamos todo lo matable” (incluidos nosotros mismos) por un montón de beneficios que todos sabemos que no se comen y no alimentan pero, a pesar de eso, lo hacemos.
Parece más que factible que usar todos esos medios para estar en contacto con tal cantidad de personas diferentes, debiera conducirnos a un mundo más empático y sobre todo, más capaz de implicarse con el otro. Lejos de eso, estamos en el momento más antisocial de la historia donde conceptos como amistad, compañerismo,… han sido destruidos y sustituidos por una morbosa necesidad de exhibición.
Preferimos utilizar nuestro nivel de comprensión del lenguaje y de la comunicación para empaparnos hasta la última gota de historias insustanciales servidas al por mayor por la maquinaria cultural dominante. Usamos todo nuestro potencial en la evasión de una realidad que comprendemos pero no combatimos sino que asumimos y preferimos evitarla haciendo uso  de aquello que debería ser la piedra angular de nuestra lucha emancipadora: la conciencia y el pensamiento para precisamente aniquilarlos sin piedad.
Utilizamos todos los avances tecnológicos para perpetuar nuestra condición de dependencia y esclavitud en lugar de ser capaces de usarla para liberarnos. Hemos creado infinitas maneras de matarnos unos a otros, incontables técnicas para esquilmar el planeta hasta la destrucción final y no hemos sido capaces siquiera de poder emanciparnos del trabajo como modo de vida. Fabricamos aviones que vuelan y matan sin tripulación alguna y, no obstante, es imprescindible nuestra presencia en la fábrica durante jornadas cada vez más largas de trabajo.

La vida debería ser otra cosa, pero hemos dejado que todos estos factores y muchos más queden en manos de una ínfima cantidad de gente para que tome la decisión de cómo utilizarlos. A estas alturas, la respuesta es obvia: en su propio beneficio y en grave perjuicio de todos y todo lo demás.

Esto no pretende ser ningún análisis de la realidad ni ninguna teoría de la verdad, es tan sólo el fruto de la impotencia y de la rabia al ser consciente de que la vida podría ser una experiencia maravillosa para todos sin excepción. Uso la primera persona del plural porque creo que todos contribuimos a este estado de cosas (sé que unos más que otros, pero todos lo hacemos) y porque somos todos los que permitimos que, a pesar de ser conscientes de ello, esto siga pasando.
Cada día de nuestras vidas hacemos elecciones que refuerzan este sistema y matan (sí, matan, exterminan, liquidan) a seres vivos de todas las especies, incluida a la que se supone pertenecemos. El deterioro social es más que evidente, pero seguimos teniendo la oportunidad, la voracidad del sistema y su absoluto desprecio por la vida nos ofrece cada día ocasiones de subvertir este orden maldito y criminal. Todo proceso de cambio, revolucionario parte de una verdad a la que no se está dispuesto a renunciar bajo ningún concepto, hasta ahora hemos podido tener intuiciones, sentimientos de afinidad más o menos desarrollados pero ha llegado el momento de escoger. Cada uno de nosotros necesitamos descubrir esa verdad a la que no vamos a renunciar e iniciar nuestro proceso revolucionario junto a todos los que así lo sientan.

Crítica sindical, ultraactividad y otras cuestiones

domingo, 7 de julio de 2013
Por Acratosaurio Rex
Criticar, es lo más sencillo del mundo. Hay tantas cosas mal, que se echa un vistazo alrededor, y uno se puede liar a largar. Por ejemplo, el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, atribuye el incremento de la fila de plebeyos en espera para operarse de taaantas cosas, a los trabajadores sanitarios y a sus protestas contra las privatizaciones (1). Yo lo atribuyo a la disminución de plantillas y al cierre de servicios (2). Si quitas camas, si despides trabajadores, si eliminas médicos y consultas, por supuesto ahorras pasta a corto plazo. Pero los que quedan currando no son capaces de absorber la demanda, y por eso se colapsa la lista. Mi argumento es sindical, estoy con los trabajadores y contra el Gobierno, y piensa uno…, ¿dónde están los sindicatos? ¿Por qué no saltan de inmediato al cuello del infame Consejero y contradicen esa burrada? ¿No es para criticarlos?
Dice el barómetro del CIS (3) de abril de 2013, que la puntuación que dan los encuestados a los sindicatos es de muy deficiente. Un dos con cuarenta y cinco sobre diez es muy mala valoración, ¿no? ¿Por qué?
El desprestigio sindical hay que verlo desde dos puntos de vista. Por una parte está el desprestigio que se ha buscado a conciencia, el desprestigio endógeno: los sindicatos han crecido mediante la presencia institucional, salir en la foto, recibir ayudas de formación ocupacional e ingresos extra-sindicales como ERES. Están ahora mismo en el punto de mira de la trama corrupta del Estado en Andalucía, donde presuntamente o no tan presuntamente se han lucrado del fondo de reptiles en millones de euros... Hay una lista interminable de chorizadas que explican el deterioro.
Pero está el otro frente de desprestigio: el exógeno, el ataque mediático. El Mundo, la Razón y ABC, por ejemplo, tienen diariamente dos millones de lectores (4), y repiten a diario una cantinela que presenta al sindicalismo como ineficaz, irresponsable, subsidiado, corrupto, privilegiado, hipócrita, mentiroso, violento, anacrónico, perjudicial para el país, creador de paro, infiltrado por terroristas, etc.
Todas esas ideas, flotan en el ambiente, y van entrando en las cabezotas populares. Y como para que haya acto, hay que pensarlo previamente, los pensamientos se mezclan con toda esa basura de que «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades», y van creando actos. Como el de la ultraactividad, que cumple plazo el 7 de julio San Fermín. ¿Qué no tienes ni puta idea de lo que es eso? Pues necesitas a gritos un buen sindicato, o al menos un cursillo sindical. El día 8 de julio de 2013, millones de trabajadores a los que les ha vencido el convenio, y cuyas patronales se nieguen a firmar o negociar uno nuevo, podrán de manera unilateral hacer valer la última reforma laboral de Rajoy, eliminar las condiciones más beneficiosas del convenio finiquitado, y acogerse al Estatuto de los Trabajadores y al SMI. Es decir, que si cobras 1200 euros te pueden poner a currar por 700 y no pasa nada. A eso se le llama ultraactividad (5), y provocará que el trabajador negocie siempre a la baja. 
Así que mucho ojo con el desprestigio sindical, no sea que la caída de esos cabrones te lleve a ti a comer mierda. Y en la cuerda floja andamos. Lo que es de uno es de todos, lo que es de todos es de nadie, lo que es de nadie es de uno.
NOTAS
(5) http://www.ugt.es/actualidad/2013/julio/b03072013.html

DE LO DESEADO Y DE LO INMEDIATO

jueves, 27 de junio de 2013
La claridad con la que se nos presenta el estado actual de cosas, debería hacernos pensar que ésta mal llamada crisis (más que crisis es la evolución lógica de un sistema depredador y explotador) no proviene ni de un desmantelamiento de lo que se ha dado en llamar Estado del Bienestar, ni de la corrupción política, ni de una desregulación del sistema financiero.
No parece posible, ni deseable, una vuelta al principio del s.XXI donde siempre según nuestra perspectiva de “sociedad democrática y desarrollada” todo iba fantásticamente bien (nunca nos cansaremos de repetir que para dos terceras partes de la humanidad hace muchísimos años que todo va indudablemente mal). Decimos que no es deseable, ya que como mencionábamos anteriormente, la situación de miseria y explotación que estamos viviendo es fruto del mismo sistema que nos dominaba entonces. Por tanto, sería de necios embarcarnos en una lucha de la que no podríamos salir jamás vencedores puesto que ningún resultado nos sería favorable.

En otro artículo de este blog citaba al historiador Braudel que decía: el capitalismo sólo triunfa cuando se identifica con el Estado, cuando es el Estado. En mi opinión no se puede describir mejor la evolución sistémica que hemos vivido a lo largo de muchos años. El capitalismo se ha identificado tanto con el Estado que se han fusionado en uno sólo, de tal forma que los intereses de las grandes multinacionales son los intereses del Estado y todas las políticas dirigidas por el Estado favorecen directamente a éstas. Esta identificación sólo ha sido posible después del paso por la sociedad del consumo y del bienestar que consiguió con creces su principal objetivo: domesticar al pueblo y convertirlo en esclavo de su propio modo de vida, y después de años y años de adoctrinamiento educativo que han logrado con éxito su propósito: producir una generación tras otra de personas sin ningún tipo de pensamiento ni conciencia crítica (es obvio que estoy generalizando). Por si acaso, para aquellas personas que ni por esas quedaron convencidas de la benevolencia del sistema, el Estado ha puesto en marcha su maquinaria, más o menos encubierta, de represión dejando de este modo el camino franco para convertir esta dictadura capitalista en lo que ellos denominan estado democrático.

 
Por todo esto y muchas otras razones que no harían más que abundar en estos argumentos, nos parece que cualquier intento de construir una alternativa basada en el Estado y en la legitimación de su papel como benefactor de la sociedad y administrador de lo común está abocada al fracaso (además más temprano que tarde). Frente a esta afirmación cabe la alternativa de construir espacios y realidades al margen de cualquier control estatal. En este sentido desde siempre, aunque tal vez en los últimos tiempos más si cabe, se han ido desarrollando proyectos y espacios con un alto grado de autonomía (qué difícil es escapar del control social) en ámbitos tan dispares pero imprescindibles como el trabajo, la educación, la salud, el desarrollo comunitario,… Apoyamos sin reservas estos proyectos basados en la autonomía y la autogestión, donde la democracia directa es la base de decisión y donde todas las personas están al mismo nivel.

Sin embargo, no podemos ocultar una realidad. Estos proyectos son a día de hoy minoritarios, además requieren de una concienciación y una valentía que no todo el mundo, ni mucho menos, posee (al margen de la situación personal de cada una). Es necesario apoyar, fomentar y participar de estos espacios de libertad pero la situación apremia y una revolución de tal calibre (la que nos llevaría a una sociedad libre sin espacios de poder y sin explotación) lleva un largísimo camino que, si bien hemos de empezar a andar, no puede ser excusa para obviar la situación que nos rodea.

En el estado español hay familias enteras que día tras día se quedan sin un techo bajo el que cobijarse, casi un tercio de la población infantil pasando hambre, más de seis millones de personas desposeídas del único modo de subsistencia que el capitalismo permite (el trabajo asalariado), varios millones viviendo de la caridad o exprimiendo hasta la última gota cualquier pensión o prestación, recortes en todo tipo de servicios y prestaciones que precarizan más y más nuestra vida. Estas y tantas otras situaciones provocan un nivel de angustia e impotencia que llevan en algunas ocasiones a quitarse la vida ante la falta absoluta de perspectivas de futuro.

La pregunta es obvia, ¿cómo combinar ambas cuestiones? Una revolución tanto personal como social es imprescindible, pero hay algo clarísimo: la revolución o es de todos o no será y la situación actual está más encaminada a la subsistencia del día a día que a la alteza de miras y la consecución de grandes logros revolucionarios. ¿Entonces?

Sería ingenuo esperar que todo el mundo de repente comprendiéramos la absoluta necesidad de construir nuestras vidas y nuestra sociedad al margen del control estatal así pues, ¿qué hacer?


En este terreno, debemos seguir luchando en la defensa de nuestros iguales frente al canibalismo del capital, más que nunca hay que poner en marcha mecanismos de solidaridad y apoyo mutuo. La mejor forma de demostrar que la construcción de la autonomía es posible es demostrándolo día a día, no podemos encerrarnos en nuestros proyectos y desconectarnos de la realidad; sino que hay que tratar de ir involucrando al máximo de gente posible desde la práctica diaria de la solidaridad.

Aquí, también se plantea una cuestión interesante. ¿Cómo mantenerse al margen de luchas cotidianas cuando el dolor y la muerte de seres humanos nos envuelven de una forma absoluta? Imposible, hay que estar a pie de calle peleando incluso por reivindicaciones que nos saben a poco, reformistas y legitimadoras pero, sin duda, una salida de emergencia para esta situación asfixiante. Me detengo en tres luchas que me parecen interesantes por diversas razones.

Por un lado, en el tema de la vivienda hemos visto y seguimos viendo una enorme movilización social. Sé que la dación en pago no es solución (aunque sí un alivio) pero lo que me interesa del asunto y lo que apoyo fundamentalmente es el empoderamiento social frente a los desahucios y la toma de la okupación como una estrategia cada vez más aceptada por un mayor número de personas. La acción directa colectiva como forma de lucha es un paso enorme.
(Por ejemplo http://www.publico.es/457625/la-pah-ocupa-otros-dos-bloques-de-pisos-vacios-en-badalona-y-torrevieja)
 

Luego, tenemos el camino emprendido por diversos colectivos sociales por la Renta Básica. Existen múltiples propuestas sobre este tema, la mayoría de ellas encaminadas a perfeccionar la sociedad de consumo (aunque para ello, dotando de recursos económicos a todo el mundo), sin embargo el camino tomado por las gentes de la red de Baladre puesto en primera línea por los campamentos Dignidad extremeños tiene un factor de construcción de lo colectivo más que interesante, al tiempo que posibilita el abandono del trabajo asalariado como método de subsistencia.
(Me refiero a esto https://www.youtube.com/watch?v=m28bPSwSmgY)

Por último, en el ámbito laboral (por desgracia tan importante a día de hoy) destaco la lucha propuesta desde el anarcosindicalismo por la jornada laboral de un máximo de 30 horas semanales sin reducción salarial como estrategia para repartir el trabajo (y de paso un poco la riqueza).
(Propuesta aquí http://www.cnt.es/noticias/reduccion-de-jornada-30-horas-semanales-sin-reduccion-salarial)
 

Tomo las tres propuestas como ejemplo y como simples herramientas de transformación ante la emergencia social que vivimos, pero destaco lo mucho que pueden servir para que aquellas personas que no están por la construcción de ese otro mundo posible empiecen a vislumbrar otra realidad que sirva de impulso para seguir profundizando en su lucha personal y hacia una revolución social.

Sé que este es un discurso que no gusta a casi nadie; pero creo que conjugar las dos vertientes: la construcción de espacios independientes del control estatal y la mejora inmediata de las condiciones de vida de la inmensa mayoría, es muy importante para poder iniciar el largo camino de la evolución personal y, sobre todo, de la revolución social.
 

NO SOMOS CAPACES DE RECONOCERNOS

domingo, 16 de junio de 2013

Es una idea que recurrentemente me viene a la cabeza y que creo que está en la base del triunfo del capitalismo como sistema de sometimiento y poder. No somos capaces de reconocernos como lo que somos, como iguales.

Hace mucho tiempo que sabemos que más de medio mundo malvive al borde de la muerte por inanición, sabemos que hay pueblos enteros sometidos bajo el dominio militar y represor y sin embargo, no somos capaces de actuar en consecuencia. No nos reconocemos como iguales, si lo hiciéramos sería imposible no tomar partido de inmediato y de forma decidida hasta acabar con esta situación.

Podríamos pensar que la distancia nos impide comprender la verdadera dimensión de este crimen, que el innegable sesgo etnocentrista con el que se nos presenta la información y la analizamos nosotros puede hacer muy difícil alcanzar ese posicionamiento claro. No obstante, este débil argumento (difícilmente sostenible) se desmorona al poner el foco de atención en lo cercano donde esos condicionantes y esos sesgos no existen.

 

A nuestro alrededor vemos día a día como la vida de muchas personas se va desmoronando a cada instante, gente sin un techo bajo el vivir, personas que no tienen qué comer, múltiples sufrimientos desatendidos y dejados de lado porque no son compatibles con la lógica capitalista, niños pasando hambre en nuestro entorno y un sinfín de problemas a cada cual más desesperante. Tanto que el número de suicidios ha aumentado espectacularmente desde que se inició esta ofensiva capitalista contra los seres humanos. Este dato debería ser extremadamente doloroso porque un suicidio no es más que la terrible confirmación de una derrota, de una derrota de la sociedad, de todos nosotros.  

 

En un sistema cuya mejor arma de desactivación es el individualismo llevado al extremo, la respuesta natural debe ser lo colectivo. Para ello, debemos empezar a reconocernos en un plano de igualdad. Lo colectivo sólo puede surgir de la conciencia y del reconocimiento de que hemos sido anulados como seres críticos a través de cientos de años de sometimiento.

La alianza entre el Estado y el Capitalismo ha trabajado y sigue haciéndolo de manera intensa dedicando sus mayores esfuerzos a fabricar individuos y no personas. Este es el paso previo fundamental para anular nuestra capacidad de reconocernos como iguales.

 

La enajenación a la que se somete a cualquier ser humano (especialmente si desarrolla su existencia en los mal llamados países democráticos) desde la infancia es constante. Sistemas educativos diseñados para crear autómatas sin capacidad de raciocinio, perfectamente dispuestos a acatar todo aquello que le está reservado en la vida; modelos sociales vacíos de contenido moral a los que admirar con la secreta esperanza de convertirse en uno de ellos; referentes culturales prefabricados con el único propósito de hacer olvidar la verdadera cultura: la cultura popular; un inmenso sector dedicado exclusivamente a entretener al personal cumpliendo de manera tan eficaz su objetivo que ha acabado por convertirse en el analgésico más potente jamás utilizado por el ser humano.

El fomento de la diferencia es otra de las grandes armas del sistema. A lo largo de la historia, las religiones, las características personales, los determinantes culturales, la lengua, el territorio,... Todo ha sido utilizado siempre por los poderosos para mantenernos ocupados en guerras estériles que no nos dejan siquiera atisbar las verdaderas causas de la situación de opresión bajo la cual llevamos muchísimos años.

 

Incluso en los ambientes más comprometidos con la lucha por la justicia social se percibe esta incapacidad que hace que se parcialicen las luchas en función de la capacidad de identificarse como iguales con los destinatarios de esas luchas.

El trabajo por romper el egoísmo inducido en el que vivimos es imprescindible. Para ello, debemos perder el miedo al compromiso y al sacrificio, sin la capacidad de creer y pensar en el otro, sin el esfuerzo que supone la formación personal para poder actuar con conciencia, es imposible siquiera hacerle un rasguño al sistema.

 

Es imprescindible empezar a pensar de forma colectiva ya que lo contrario nos ha conducido a la interminable espiral de reivindicaciones y luchas parciales (basadas en la aparente mejora de las condiciones de vida para unos a costa del sometimiento y la humillación de otros muchos) que tan sólo han conducido al fortalecimiento de este sistema criminal que tiene sometida a la inmensa mayoría de la humanidad.

Es necesario recuperar la capacidad de reconocernos como iguales, como partes de lo colectivo. Sólo así, será posible empezar a socavar los espacios de poder y dominación que están en la base de nuestra aniquilación como seres humanos.
 

LAS LEYES EDUCATIVAS PASAN, EL SISTEMA EDUCATIVO PERMANECE

lunes, 27 de mayo de 2013
Ya la tenemos aquí. Año y medio después de acceder al poder ya tenemos nueva ley educativa (en este caso la LOMCE, Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa). Aunque faltan los trámites habituales del paripé parlamentario, la ley ha llegado para quedarse (al menos hasta que llegue un nuevo gobierno y decida hacer su propia reforma).
 
Esto no es nada nuevo, cada gobierno ha lanzado su reforma educativa, cada una con sus matices ideológicos en función del papel asignado al partido de turno en este teatro de marionetas a cuyo funcionamiento se le llama normalidad democrática. Eso sí, ninguna de todas estas leyes y reformas sucesivas han cuestionado, ni de forma leve, los verdaderos objetivos que se esconden tras el sistema educativo de nuestra sociedad.

Durante décadas, millones de personas hemos pasado por este filtro, llamado sistema educativo, encargado de modelarnos y adecuarnos a las necesidades de cada momento histórico. La misma introducción de este sistema responde a la necesidad de producir en serie combustible humano para alimentar el engranaje de la recién llegada sociedad industrial.

Desde ese mismo instante se vislumbró el potencial de la educación estatal y de la imperante necesidad de universalizarla. Así, en el Estado español se institucionaliza la educación a partir de la Constitución de 1812, donde el Estado se hace con sus riendas (hasta entonces en manos del clero) estableciendo dos principios básicos, al menos sobre el papel, que perduran a día de hoy, la universalidad (todo el mundo está obligado a pasar por ahí) y la homogeneidad de lo enseñado (garantizando así la imposibilidad de dotar a la escuela de una dimensión emancipadora y crítica imprescindible).

Esta necesidad se ha visto colmada independientemente del tipo de régimen político instaurado y de la supuesta orientación ideológica del mismo. En todos estos lugares el sistema escolar tiene un objetivo primordial más o menos oculto: transmitir y asegurar la asimilación de una necesidad de ser enseñados. De esta forma se consigue que las personas nos desentendamos de la responsabilidad de nuestro propio desarrollo, dejándolo siempre en las manos de los expertos. Junto a esta enseñanza, también se nos inicia en una sociedad en la que todo (valores, capacidades, necesidades, realidades…) es susceptible de ser producido y medido. Esto nos lleva irremediablemente a la aceptación de todo tipo de clasificaciones jerárquicas, incluso a dar por válida y natural una sociedad estratificada en la que tu posición depende de valores totalmente mesurables. La escuela nos instruye para ocupar el lugar que el poder nos tiene reservado dentro de nuestro sistema social y para saber aceptar que esa posición no depende de cada uno de nosotros; sino que está en función de una serie de parámetros (económicos, étnicos, origen social,…) que la maquinaria opresora se encarga de medir y catalogar.

El poder siempre ha sido muy hábil en lo que se refiere al sistema educativo, a lo largo de la historia ha sabido siempre dotar a la escuela del envoltorio adecuado en función de los vientos que soplaban. Ha convertido al sistema educativo en un arma de doble filo. Por un lado, adiestra y prepara a las futuras generaciones para engrasar la maquinaria social y, por otro lado, sirve de arma arrojadiza para el debate político entre los diferentes actores sistémicos. En esta segunda vertiente, vemos cómo en el Estado español desde hace muchos años se ha establecido este debate en torno a la religión en la escuela y a la dicotomía pública-privada. A primera vista debates interesantes y necesarios pero que vistos con un poco de atención no son más que cortinas de humo que, en realidad, sólo sirven para distraer nuestra atención (de hecho, en todo este tiempo, independientemente del color del gobierno, la iglesia ha estado muy presente en la escuela y la privatización ha sido subvencionada por el Estado a manos llenas) y obligarnos a tomar posición en uno u otro sentido y, así, no tomar conciencia del verdadero debate: ¿Qué tipo de educación queremos? ¿Necesitamos un sistema educativo controlado por el poder? ¿Tiene sentido defender una educación que nos instruye para ser esclavos?...

Así se ha conseguido que la escuela se haya convertido en los últimos tiempos en la Iglesia del pueblo trabajador. El objetivo de que todo el mundo tenga iguales oportunidades de educarse es deseable y completamente realizable. Sin embargo, tratar de llevar esto a cabo a través de la escolarización obligatoria (tal y como hace el Estado) no es más que el mismo mecanismo utilizado por la Iglesia para captar y fidelizar a las personas. Lo que nos lleva a asimilar que es en el sistema educativo donde reside la verdad absoluta e incuestionable.


Ha llegado la hora de romper con esta creencia. Ya basta de defender una escuela que jamás ha cuestionado ni lo hará los mecanismos de dominación y explotación del poder.

Por supuesto hay que defender la educación pública. Pero hay que ir más allá en esa defensa. Hay que crear una verdadera educación pública basada en la participación de todos frente al modelo de expertos vigente. Hay que cambiar el paradigma actual en el que es imprescindible la acreditación estatal de cualquier habilidad para poder ejercerla como si el único lugar donde se puede aprender fuera la escuela. Hay que apostar por una gestión colectiva y por un papel protagonista de las personas que desean aprender independientemente de la edad que tengan. Y, sobre todo, hay que dejar que sea cada cual el que decida su camino, a qué ritmo y en qué momento quiere recorrerlo.

Es hora de construir otra forma de educar, donde todos tengamos nuestra parte de responsabilidad, donde la persona sea el centro de su educación y decida cómo y cuándo. No necesitamos factorías de crear esclavos, necesitamos construir espacios donde acompañar y facilitar los procesos de formación de seres humanos libres y críticos.
 
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