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El Pentágono recibe luz verde para la guerra en Internet

sábado, 17 de diciembre de 2011
El Pentágono y WikiLeaks

Los tambores de guerra de la maquinaria militar de los Estados Unidos de América se oyen cada vez más fuerte en Internet. El Pentágono hacía tiempo que quiere declarar la red como nuevo “teatro de operaciones”, y finalmente lo ha conseguido.

Las dos cámaras parlamentarias de Washington DC han dado luz verde a los militares para que puedan realizar eso que llaman “kinetic military actions“ y que no es más que un lamentable eufemismo para decir “guerra”.

Como siempre en estos casos, el anuncio no ha venido con bombo y platillo, si no mediante un corto párrafo en el presupuesto militar para 2012. Se puede ser más rastrero, pero no más claro.

El presupuesto militar, que se aprueba con rango de ley, reza lo siguiente:
El Congreso afirma que el Departamento de Defensa tiene la capacidad, y bajo la dirección del Presidente puede llevar a cabo operaciones ofensivas en el ciberespacio para defender a nuestra nación, aliados y demás intereses, de acuerdo con 1) los principios y sistemas legales que el Departamento sigue para las capacidades cinéticas, incluyendo la ley de conflictos armados; y 2) la Resolución de Poderes de Guerra.
Tan escueto como poco claro, y encima recochineo con las “capacidades cinéticas“ y los “principios y sistemas legales” ya que, por si alguien no lo recuerda, la intervención del ejército norteamericano en Libia, en la guerra que inició la debacle de Gaddafi, no fue una “guerra”, si no una “acción cinética militar”.

¿Y por qué fue una “acción cinética” y no una “guerra”? Pues porque para que el Presidente de los Estados Unidos pueda declarar una guerra, tiene que pedir permiso al Congreso, y que éste se lo otorgue. Y no pasó nada de eso en Libia.

De éste modo, el Presidente de los Estados Unidos y Comandante en Jefe de su ejército tiene ahora vía libre para declarar, también, la guerra en Internet cuando le venga en gana y sin necesidad de seguir los “principios y sistemas legales” procedentes pidiendo permiso al Congreso.

También quedan más cosas en la oscuridad, como por ejemplo qué se considera una “acción ofensiva”. Pero aunque ahora no se especifique, la Estrategia del Pentágono para la Seguridad en Internet (y segunda parte), otro bonito eufemismo, ya se ocupaba de decirlo hace unos meses.

Habrá que contar que las “acciones ofensivas” puedan incluir el lanzamiento de virus y gusanos, troyanos, ataques de denegación de servicio o incluso penetrar en los sistemas de control de energía de terceros países y deshabilitar las redes eléctricas para dejar todo un país a oscuras.

Y decimos “pueden incluir” porque no existen precedentes en el aspecto de la net war o guerra cibernética, aunque desde el Pentágono ya dejaron claro que se tomarán en serio cualquier ataque, y que el mismo puede recibir respuestas con fuego real, además de lo listado en el párrafo anterior.

Todo esto viene empujado por el sector de la ciber-paranoia, que viene profetizando una suerte de ciber-apocalipsis, ciber-Pearl Harbor y demás ciber-bazofia para promover el miedo.

No existe constancia de ningún ataque hacker, de ninguna acción que haya puesto en peligro, ni si quiera en riesgo, ninguna de las “infraestructuras altamente dependientes de Internet“.

Es más, el único caso que podría relacionarse con esto fue el de la depuradora en Illinois, que fue “victima” de las conexiones de uno de sus responsables, mientras se encontraba en viaje de negocios.

Via | http://www.nacionred.com
Foto | gregwest98

Hollywood y el Pentágono copulan en lo oscuro

viernes, 18 de noviembre de 2011
Hollywood y el Pentágono han copulado en la oscuridad desde los inicios de la industria del cine y de paso han copulado con tu mente con una incesante —a veces sutil, a veces explícita— propaganda, que es lo que sustenta la demencia planetaria que permite que vivamos en guerra.

Parte fundamental del entretenimiento es que el producto final no revela lo que hay detrás: esto es lo que ha sido llamado “la magia del cine”.  No vemos los monumentales sets (maquetas, animaciones digitales o cartón); no vemos  a los cientos de personas que participan para lograr una toma; no vemos, en lo absoluto, las cámaras, las luces, los micrófonos y toda la tecnología que permite que la imagen con todo su brillo y poder entre a tu mente. Pero tampoco vemos, a menos de que seamos muy atentos, la ideología y la propaganda que motiva, de raíz, los programas y películas de “mero entretenimiento” que millones de personas ven todos los días.

Como expondremos aquí, basándonos en datos verificables, todos somos objeto de una operación propagandística de control mental, que tiene uno de sus frentes más claros y mentalmente más invasivos en la relación entre el Ejército de Estados Unidos y Hollywood, tanto, que es apropiado hablar de estas industrias como una sola de Entretenimiento-Militar (o Military-Entertainment Complex, como se le llama en inglés).

Esta estrecha relación se basa en una conveniente dependencia entre ambas industrias. Por una parte Hollywood necesita de los “juguetes” del Ejército para filmar cualquier escena de guerra o incluso del género futurista (usando tecnología que dé verosimilitud); por otra parte, el Pentágono necesita de la difusión, del marketing de Hollywood para promover un perenne estado de  guerra, convencer a los ciudadanos de enlistarse en la milicia o mostrarse complacientes con un Estado que tolera que sus contribuciones sean usadas para financiar la monstruosa máquina bélica. La publicidad directa, el Ejército lo ha notado, no es tan efectiva como la glorificación de la guerra y la empatía que logran, con todo el arte dramático, los magos del show business, los forjadores de sueños del bosque sagrado de Hollywood.  Además existe un lazo profundo entre los grandes estudios de Hollywood, sus dueños y los dueños de las grandes compañías como General Electric, NBC y Universal, que también tienen participación en la industria militar. 

Un negocio redondo.

Cuando podríamos pensar que la sociedad está cansada de la guerra, se viene, necesariamente para dinamizar esta economía neuropolítica, una cuantiosa camada de cintas que exaltan el espíritu de la guerra  y lo incrustan en la profundidad de la psique de los ciudadanos —que a fin de cuentas son los que pagan, lo mismo los boletos de cine que los misiles y aviones de guerra.

David Sirota, cuyo trabajo encomiamos por dar a conocer en el mainstream la colusión entre Hollywood y el Pentágono, advierte que se aproxima una serie de películas cuyo objetivo es ensalzar a los Navy Seals y, claro,  reforzar la ideología pro-guerra. El director Peter Berg acepta incluso que en su próximo tributo cinematográfico a los Seals contó con la aprobación del Pentágono. “La idea de una vieja cinta de combate, en la que la política está muy clara —apoyamos a estos hombres— fue más atractiva para ellos”, dijo Berg, haciendo notar que la película será “un desinhibido tributo a la valentía de los Seals”. Saquen los violines, las gotas perladas de su sudor en close-up, los lentes de nightvision y las ráfagas de artillería de última generación.

La renombrada directora Kathryn Bigelow (primera mujer en ganar el Oscar al mejor director y esposa del agente de la industria militar, James Cameron) es la elegida para dirigir la oda fílmica a la captura de Osama bin Laden. La película hará uso de información clasificada brindada por la CIA y evidentemente contará una historia para que se regodee el Pentágono. “La misión fue un triunfo estadounidense, tanto heroico como apartidista, y no hay ninguna base para sostener que nuestra película representará esta enorme victoria de otra forma”, dijo Bigelow, endulzando los bigotes de los peces gordos del Pentágono.

Ahora veamos que esta connivencia, como brazo de propaganda, es tan vieja casi como la industria del cine y mucho más sutil y poderosa que lo hecho por Goebbels.


FUEGO AMIGO: UNA BREVE HISTORIA DE AMOR ENTE HOLLYWOOD Y LA INDUSTRIA MILITAR

David L. Robb documenta en su libro Operation Hollywood la enorme cantidad de películas que han sido subvencionadas y avaladas por la industria militar. Esta sociedad, que a fin de cuentas hace su merchandising sobre la mente de las masas, se sella cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial, estableciéndose paralelamente el Comité de Información Pública que formula las pautas a seguir para promover el apoyo doméstico. En 1917 el diario de la industria del cine, Motion Pictures News, proclama: “Todo individuo trabajando en la industria ha prometido proveer afiches, películas, tráilers y negativos para esparcir la propaganda necesaria para la inmediata movilización de los grandes recursos de la nación”.

La ganadora del primer Premio de la Academia a la Mejor Película, Wings (una especie de proto Top Gun de 1927), contó con todo el apoyo del Pentágono.
Con la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial la colaboración se expandió niveles inéditos. Los estudios de Hollywood produjeron, a la velocidad de las palomitas de maíz, una serie de dramas de guerra para exaltar el heroismo del esfuerzo estadounidense en combate. Numerosas películas se produjeron, pero quizás la más conocida sea el documental Why We Fight, presentado en siete entregas (1942-1945), obra del brillante director Frank Capra (italiano de origen), quien en cierta medida jugó el mismo papel que Leni Riefenstahl  en la Alemania Nazi.

En los años 50 la milicia trabajó con Lassie para mostrar nueva tecnología militar y produjo “Mouse Reels” para el Mickey Mouse Club: uno de los programas mostraba a unos niños visitando el primer submarino nuclear (eso es lo que se llama formar futuros). Al respecto el periodista David Robb descubrió un memorándum del Pentágono, de esa misma época, en el que sea hacía notar que la producción mediática enfocada en los niños “es una excelente oportunidad para introducir a una nueva generación a la Marina nuclear”.

Los niños siguen siendo el blanco del Pentágono. Como afirma David Sirota en su nuevo libro Back to Our Future, buena parte de la industria de los videojuegos fue subsidiada en el inicio por contratistas militares, de donde se entiende por qué la mayoría de los primeros juegos tuvieron una inclinación marcial (Atari Combat, Misile Command, Contra, etc.) Y si bien esto es algo que aún prevalece, será el tema de un artículo próximo.

Sin embargo, la influencia del Pentágono no se limita a películas de guerra o videojuegos. La comedia disparatada Stripes, con Bill Murray, fue drásticamente alterada en su preproducción, evitando mencionar las bases militares y la influencia del Ejército de Estados Unidos en América Latina.

Jurassic Park III (2001) recibió dos helicópteros Seahawk, cuatro vehículos anfibios de asalto y ochenta miembros de la fuerza naval para redar una playa al final de la película (porque además, por si lo anterior no bastara, en la nueva gama de películas de Navy Seals se obliga a los soldados a ser actores). Esto se dio bajo el acuerdo de hacer “product placement” militar. Un beauty shot muestra el logo de la Fuerza Naval durante el momento cumbre del rescate de los protagonistas y se incluyó una línea de diálogo donde se agradece a los marines (esos héroes de la forzada imaginaria pop).

Se sabe bien que películas como Rambo y Top Gun aumentan el reclutamiento militar. Según la Fuerza Naval, el estreno de Top Gun hizo que aumentara hasta 400% el número de jóvenes que se enlistaron para la aviación naval. Tanto se entusiamó el Ejército por dicha película que incluso organizaron eventos de reclutamiento en las salas de cine —pretendiendo vorazmente  canalizar la fresca inspiración pro militar de la cinta. “Los chicos salían de la sala con los ojos tan grandes como platillos y decían ‘¿Dónde firmo’”, declaró el mariscal David Georgi (“¡Hey! ¡Tú puedes ser el próximo Maverick!”). Incluso hoy en día, como parte de ese tenebroso feedback, se nombran misiones militares con personajes y códigos de la película Top Gun y otras fantasías militares de los ochenta, implantando estos memes en las psiques de “Los lobeznos que han crecido y han ido Irak”, según se refiere el Ejército a esa generación.

Asesores especiales militares reciben un nombramiento especial para asegurarse que los directores no intenten introducir innovaciones fuera del guión que se alejen de las directrices del Pentágono. El mariscal David Georgi, asesor de la película Clear and Present Danger, le dijo a Robb: “Siempre está en la mente de los productores intentar darle un giro a la película en la dirección original que nos habían presentado [...]. Es mi trabajo como consejero técnico asegurarme que la película no se desvíe sustancialmente de la versión aprobada” (Operation Hollywood, p. 38).

Esta intereferencia es tal que hoy en día ni siquiera la tratan de ocultar. La Oficina de Entrenimiento de la Fuerza Aérea incluso tiene su propio sitio web Wings over Hollywood y la CIA nombró en el 2001 a su asesor oficial para la industria del cine.
Después del 11 de septiembre el principal asesor político de George W. Bush, Karl Rove, se reunió con los jefes de las grandes casas productoras para obtener su apoyo en la guerra contra el terror.
En junio de este año, Michelle Obama reunió a 500 productores, escritores y actores en Los Ángeles para pedirles que incorporaran más historias militares familiares al entretenimiento como parte de la iniciativa de la Casa Blanca ”Joining Forces”.

Entre las películas más recientes que han contado con el apoyo de equipo militar se encuentran los blockbusters Trasnformers 3 y Battle of Los Angeles (una película en la que el Ejército lucha contra unos OVNIs, algo que podría ser parte de la nueva gran agenda de programación predictiva del Pentágono: extraterrestres y transhumanismo).

En contraste, hay que resaltar las películas que no recibieron apoyo de la industria militar porque sus directores se negaron a modificar la historia: The Last Detail (1973), Apocalypse Now (1979), An Officer and a Gentleman (1982), Born on the Fourth of the July (1989) y Forrest Gump (1994).

Por otra parte, como señala David Robb, la manera preferencial en la que el Pentágono apoya a ciertas películas y  a otras no es una violación de la Primera Enmienda de Estados Unidos, en la que se hace manifiesto no solo el derecho a la libre expresión, sino también que el gobierno no deberá favorecer una expresión sobre otra. La infraestrcutura militar de Estados Unidos le pertenece a los ciudadanos, por lo cual, en teoría, no debería de comportarse como una corporación privada en la que se puede escoger, arbitrariamente, con qué empresa se trabaja. En todo caso se debería de licitar el uso de su tecnología a cualquier película y no solo a aquellas que aceptan glorificar sus intereses.

Hoy en día un manojo de compañías controlan el cine  en Estados Unidos, princpalmente  Disney, AOL-Time Warner, Sony, General Electric, News Corporation y Seagram. Los intereses de estas compañías generalmente están alineados con los de la industria militar y sus contratistas, como parte de una gran obra (sangrienta) de ficción planetaria.  Como dijera Rupert Murdoch en el 2003, después de la invasión de Irak, una ocupación exitosa bajaría los precios de petróleo y beneficiaría la economía: “Esto sería más grande que cualquier reducción de impuestos en cualquier país”.

Lo que vemos, y hay que llamarlo por su nombre, es una sociedad semisecreta, a caballo entre el poder político-militar y el poder de entretenimiento-económico, intercalando posiciones hasta fundirse en un aparato de control único. La sociedad del espectáculo en la que vivimos no es solamente la casualidad del mercado libre y de la naturaleza humana de buscar entretenimiento o de consumir historias. Lo sabían los grandes políticos griegos: el teatro es el perfecto escenario de adoctrinamiento justamente porque los ciudadanos no lo rechazan reempaquetado, glamorizado y supuestamente libre de la ideología política oficial. El cine es el aparato de adoctrinamiento más poderoso inventado hasta la fecha porque simula la realidad al incorporar todas las artes en un mismo flujo, convirtiéndose en una extensión de nuestros sueños, de nuestras imágenes mentales y, por lo tanto, penetra el inconsciente, donde  implanta sus semillas. 

Esta frase de F.Scott Fitzgerald (citado por Jason Horsley) encierra la magnitud  de esta brujería:

“La películas nos han robado nuestros sueños. De todas las traiciones esta es la peor”.

Sueños minados, mentes militarizadas. Para que el mundo permita que siga sana y campante la industria de la guerra (algo totalmente demente) se necesita una imperceptible lobotomía de la mente global. ¿De qué otra forma aceptaría un joven ir a morir a una tierra lejana solamente para que los CEOs de las grandes compañías petroleras, de los bancos, de las grandes productoras, engrosen los ceros en sus cheques a fin de año? ¿De qué otra forma odiaríamos a los habitantes de un país que no conocemos y que no nos han hecho nada (solo han agredido un supuesto ideal), que viven a miles de kilómetros, si no somos bombardeados mentalmente para conseguir el efecto de que percibamos a estas personas como malignas y pensemos que debemos destruirlas en pro de la libertad o alguna otra abstracción?

Así que si alguna vez te habías preguntado por qué incluyen balaceras y persecuciones injustificadas en casi todas las películas de Hollywood, ahí tienes tu respuesta. Ahora pide que te regresen un cerebro que pueda estar en paz. 



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Miedo en el Capitolio: una fórmula peligrosa

martes, 19 de julio de 2011
Por Iroel Sánchez
Como en su momento lo fueron la Unión Soviética o el terrorismo, Internet parece ser el nuevo pretexto del Pentágono para reclamar más recursos y justificar la represión dentro del territorio norteamericano.  [Y fuera de él, agregaría yo. N. del E.]

Días atrás, en su empeño por desvalorizar la iniciativa de un grupo de jóvenes cubanos que promovían un encuentro a través de la red social twitter, uno de los voceros de la política norteamericana hacia Cuba en Internet acusaba a la Isla de estar entre quienes “siguen considerando la Red como ¨asunto de seguridad nacional¨ o que intentan poner ¨puertas al campo¨ en el ámbito de las nuevas tecnologías.”

Sin embargo, no pasó mucho tiempo para comprobar quiénes son los máximos exponentes de esas concepciones que intentan convertir la web en un campo de batalla y quieren aplicar en ella todas las reglas de la guerra.

Un artículo de The Hill, el periódico del Congreso de Estados Unidos, proclamaba el pasado 14 de julio que el departamento de Defensa de Estados Unidos ha declarado Internet “territorio de guerra”. Como en su momento lo fueron la Unión Soviética o el terrorismo, Internet parece ser el nuevo pretexto del Pentágono para reclamar más recursos y justificar la represión dentro del territorio norteamericano.

Según The Hillicon Valley -blog tecnológico de The Hill- un documento presentado por el Pentágono al Congreso intenta argumentar que “El Departamento y la nación tienen vulnerabilidades en el ciberespacio” y añade que  “Nuestra confianza en el ciberespacio presenta un marcado contraste con nuestra insuficiente seguridad cibernética”. Y a continuación, viene la amenaza pura y dura para que le aprueben rápido su plan, al señalar que otras naciones “están trabajando para explotar redes del Departamento de Defensa no clasificadas y clasificadas, y algunos organismos de inteligencia extranjeros ya han adquirido la capacidad de interrumpir los elementos de la infraestructura de información del Departamento de Defensa”, además de que “Por otra parte, los actores no estatales amenazan cada vez más de penetrar y desarticular las redes del Departamento de Defensa y de los sistemas.”

Coincidentemente, el senador y ex candidato republicano a la presidencia, John Mc Cain, reclamó a los congresistas una “comisión especial sobre Ciberseguridad y Fltraciones de Inteligencia Electrónica”, “capaz de redactar una legislación integral de seguridad cibernética con rapidez sin necesidad de trabajar a través de numerosas instancias y en algunos casos, por comités que compiten entre sí por obtener jurisdicción.”. No hay que ser un genio para percatarse del vínculo entre el miedo y las presiones para aprobar rápidamente –y sin los trámites de rigor- el “plan”, como antes ocurrió con la llamada “Ley patriota” a raíz de los atentados a los Torres gemelas.

Según lo revelado por The Hill, el Pentágono quiere  “atraer a los mejores talentos vinculados a las nuevas tecnologías” y “se centrará en el establecimiento de programas dinámicos para atraer talento precoz”. Lo que no dice el citado artículo ni tampoco el plan es lo que puede suceder con ese “talento precoz” cuando –como el soldado Bradley Manning- se percate, a diferencia de los congresistas estadounidenses, para qué sirven realmente tantos planes y recursos en la República  de Wall Street. (Publicado en CubAhora)



¿Fantasmas en el Pentágono? . Imagen del blog "Fanal cubano"

El Pentágono declara oficialmente la Internet como territorio de guerra

viernes, 15 de julio de 2011

 Por Norelys Morales

The Hill, el diario del Congreso de los EEUU, aseguró hoy que el Pentágono dio a conocer un amplio plan de ciberseguridad donde declara la Internet un dominio de la guerra, pero no explican cómo los militares de EEUU utilizarán la web para ataques ofensivos.

Por primera vez el Departamento de Defensa de Estados revela un plan estructurado para el ciberespacio que supone ampliar su capacidad para frustrar los ataques de otras naciones y grupos, reforzar su fuerza de trabajo vinculada a la seguridad cibernética y ampliar la colaboración con el sector privado.

Al igual que las grandes corporaciones y todas las dependencias del gobierno federal, los militares “depende del ciberespacio para funcionar”, señala la estrategia del Departamento de Defensa. El ejército de EEUU. utiliza el ciberespacio para todo, desde llevar a cabo operaciones militares hasta compartir datos de inteligencia interna sobre la gestión de las asignaciones del personal.

“El Departamento y la nación tienen vulnerabilidades en el ciberespacio”, señala el documento. “Nuestra confianza en el ciberespacio presenta un marcado contraste con nuestra insuficiente seguridad cibernética”.

Otras naciones “están trabajando para explotar redes del Departamento de Defensa no clasificados y clasificados, y algunos organismos de inteligencia extranjeros ya han adquirido la capacidad de interrumpir los elementos de la infraestructura de información del Departamento de Defensa”, señala el plan. “Por otra parte, los actores no estatales amenazan cada vez más con penetrar y desarticular las redes del Departamento de Defensa y de los sistemas.”

Los grupos son capaces de esto en gran medida porque “tecnologías de pequeña escala” que tienen “un impacto desproporcionado a su tamaño” son relativamente baratas y fácilmente disponibles.

El Pentágono planea concentrarse fuertemente en tres áreas bajo la nueva estrategia: El robo o la explotación de los datos, los intentos de negar o interrumpir el acceso a las redes militares de EEUU, y cualquier intento de ”destruir o degradar las redes o sistemas conectados”.
Otro problema destacado en la estrategia es la amenaza del uso de tecnología foránea: “La mayoría de los productos de tecnología de la información utilizada en los Estados Unidos son fabricados y ensamblados en el extranjero.”

Para abordar esas cuestiones, el Departamento de Defensa reveló un enfoque múltiple.
Como era de esperar, y ya ha sido anunciado por los funcionarios del Pentágono en los últimos años, el plan para el ciberespacio es absolutamente inapelable y considera la Internet como “dominio operacional”, tal como ha ocurrido con la tierra, el aire, mar y el espacio durante décadas por los militares.

“Esto permite que el Departamento de Defensa organice, entrene y equipe a sus tropas para el ciberespacio” como en esas otras áreas, dice el plan. También toma nota de la creación en el 2010 Comando Cibernético de los EEUU para supervisar todo el trabajo del Departamento de Defensa en el ciberespacio.

Con la elaboración de esta estrategia “el Departamento de Defensa reconoce lo que todos los observadores de la revolución tecnológica han sabido por años: la ciberguerra es ya una realidad”, escribió recientemente el analista Daniel Goure, del Instituto Lexington y un ex oficial del Ejército.

“La publicación de la estrategia de guerra cibernética también puede ayudar a reactivar el debate público, largamente pospuesto, sobre la naturaleza de esa guerra y cómo se debe impedir, si es posible, o luchar si es necesario”, escribió Goure. “La última tecnología que revolucionó la guerra y surgió ante un debate similar nos llevó a la creación de armas nucleares.”

La segunda etapa del plan consiste en emplear nuevas formas de defensa para operar en el ciberespacio, para mejorar loq ue el Departamento de Defensa ha denominado “higiene cibernética.” Ese término incluye asegurar que los datos en las redes militares siguen siendo seguros, a través de Internet con prudencia y el diseño de sistemas y redes de protección contra ciberataques.

El ejército continuará su “ciberdefensa activa” enfocándose en “el uso de sensores, software e inteligencia para detectar y detener las actividades maliciosas antes de que puedan afectar a las redes y los sistemas del Departamento de Defensa.”

También buscará nuevos “enfoques y paradigmas”, que incluirá “el desarrollo e integración… de los medios de comunicación móvil y nubes de computación seguras.”

El plan dedica más de una página a destacar sobre todo los esfuerzos para trabajar con otras agencias gubernamentales y el sector privado.

En particular, llama al Departamento de Seguridad Nacional la cabeza de “los esfuerzos interinstitucionales para identificar y mitigar vulnerabilidades cibernéticas en la infraestructura crítica de la nación.” Algunos expertos han advertido en contra del Departamento de Defensa su extralimitación en materia de ciberseguridad nacional.

El Pentágono también anunció un nuevo programa piloto con la industria diseñada para alentar en las empresas un “de manera voluntaria un mayor intercambio de información sobre la actividad cibernética maliciosa o no autorizada”.

La estrategia requiere una mano de obra cibernética más grande dentro del Departamento de Defensa.

Uno de los retos, aseguran los expertos del Pentágono, será atraer a los mejores talentos vinculados a las nuevas tecnologías, pues el sector privado pueden pagar salarios mucho más grande - especialmente en tiempos de reducción de los presupuestos de defensa. Con ese fin, “el Departamento de Defensa se centrará en el establecimiento de programas dinámicos para atraer talento precoz”, señala el plan.

Por último, la estrategia establece la intención de trabajar más estrechamente con “empresas pequeñas y medianas empresas” y los “empresarios de Silicon Valley y otros centros de innovación tecnológica de EEUU.”

La reacción del Congreso a raíz de la presentación del plan fue total silencio. La seguridad cibernética no es un tema de polarización política al estilo de otros temas de defensa, como la defensa antimisiles.

Claude Chafin, un portavoz del Presidente del Comité de los Servicios Armados del Congreso, Buck McKeon (republicano por California), dijo que la estrategia de “es el paso de mayor importante en el debate nacional sobre la seguridad de los sistemas críticos y la información, que el Comité de Servicios Armados ha pedido desde hace algún tiempo.”

Mientras Pentágono retocaba sus planteamientos sobre la seguridad cibernética, el Comité de Servicios Armados se pronunció sobre una carta del senador John McCain (republicano por Arizona), quien escribió el miércoles a los líderes del Senado diciendo que la cámara debe también pronunciarse al respecto. McCain pidió a líder de la mayoría Harry Reid (demócrata de Nevada) y Mitch McConnell (R-Ky.) establecer una comisión temporal sobre Ciberseguridad y Fltraciones de Inteligencia Electrónica.

“Las propuestas de seguridad cibernética han sido presentadas por numerosos comités del Senado, la Casa Blanca y varias agencias del gobierno. Sin embargo, el Senado aún tiene que unirse en torno a una propuesta integral que permita atender adecuadamente las amenazas que enfrentamos todos en el gobierno”, dijo la oficina de McCain en un comunicado . “Una comisión especial sería capaz de redactar una legislación integral de seguridad cibernética con rapidez sin necesidad de trabajar a través de numerosas instancias y en algunos casos, por comités que compiten entre sí por obtener jurisdicción.”
[Con información de The Hill. Traducción: Cubadebate]

Tomado de
Islamia
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