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Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla

sábado, 6 de octubre de 2012


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Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla
Por Daniel Martínez, Radio Reloj


Más de tres décadas han transcurrido y todavía, la frase que da título a este trabajo, impacta.

En la voz de Fidel, quedó como lema condenatorio del salvaje acto de terrorismo que sufrió la nave de Cubana de Aviación que transportaba al equipo de esgrima, ganador de la totalidad de las medallas de oro en las competencias regionales que acababan de efectuarse en Venezuela.

Tal vez, y sin dudas de modo absurdo, los perpetradores soñaron amedrentar a las nuevas generaciones de cubanos que desde todas las aristas de la vida se afanaban para lograr una sociedad mejor.

Su crimen lejos de intimidar al pueblo cubano, redobló los esfuerzos por triunfar y superarse, y el deporte se convirtió en punta de lanza, que con cada triunfo certificó a los verdugos la validez del camino escogido.

El recuerdo como escudo y espada

El crimen de Barbados es una cicatriz que todavía lastima a nuestro pueblo. Sin embargo el recuerdo de los caídos nombra a una de las escuelas de iniciación de deportiva, la Mártires de Barbados, que hoy, multiplicada por toda la Isla, continúa forjando a los campeones, cuyos éxitos durante años ha lacerado la prepotencia del adversario que osó agredirnos, y aún teje argucias para dañarnos.

Cientos de pruebas han sorteado Cuba y su movimiento deportivo para perpetuar la obra de su patriotismo.

Los hermanos asesinados en el abominable crimen de Barbados se mantendrán como símbolo de todo lo que es capaz de hacer el odio en su afán de lograr sus objetivos.

Por eso, su recuerdo, más de tres décadas después, continúa siendo el escudo y la espada con que defenderemos lo conquistado.


El crimen de Barbados: una herida abierta
Por Jorge Hernández Álvarez*

Yo recuerdo a mi padre cada día de mi vida, afirma Odalys Pérez, hija de Wilfredo, capitán del vuelo 455 saboteado en Barbados el 6 de octubre de 1976, en uno de los actos de terrorismo ejecutados por grupos extremistas al servicio de la CIA.

Con la voladura y caída al mar de un avión civil cubano con 73 personas a bordo, se consumó ese día uno de los más mortíferos sucesos derivados de la política agresiva que mantienen contra Cuba agrupaciones radicales de Miami, con financiamiento y apoyo de Estados Unidos.

Reconocido como el autor intelectual del sabotaje a la aeronave de Cubana de Aviación: el terrorista internacional Luis Posada Carriles, se pasea hoy impunemente por las calles miamenses bajo la protección del Gobierno norteamericano, denuncia Odalys.

De ese modo, esta cubana une su voz a la de miles de familias víctimas que claman justicia para los autores de las violentas acciones que cobraron -en más de medio siglo- la vida de tres mil 478 ciudadanos de la isla y dejado más de dos mil incapacitados.
El crimen de Barbados -como se le conoce en la historia- fue resultado de la ola de ataques promovidos por la CIA contra la Revolución Cubana, que incluía el asesinato de diplomáticos, sabotajes a lugares públicos y objetivos económicos, creación de bandas armadas y ametrallamientos costeros o aéreos a poblaciones civiles.

En ese contexto, el 9 de julio de 1976, Cubana de Aviación fue blanco de ataque, cuando una bomba estalló en uno de los equipajes que iba a ser introducido en un avión civil cubano, que no explotó en pleno vuelo por retrasarse la salida.
Al día siguiente, otro artefacto explosivo detonaba en la oficina de la British West Indies, de Barbados, que representaba los intereses de Cubana de Aviación en ese país.

Estaba claro: los terroristas habían escogido a la aviación civil como un objetivo de sus actos. Sin embargo, parecía difícil imaginar hasta dónde serían capaces de llegar, como lo hicieron aquel 6 de octubre.

5 DE OCTUBRE

Cuando mi padre realizaba vuelos de corta duración, tenía por costumbre dejar el auto en el aeropuerto, de modo que cuando retornaba del viaje regresaba para la casa y tocaba el claxon para hacernos saber de su llegada, rememora Odalys.
Eran momentos felices: mi madre, mis dos pequeños hermanos (de dos y cuatro años) y yo, salíamos a recibirlo.

Aquel 5 de octubre de 1976, él había arribado de México y nos traía chocolates a mí y a mis hermanos, evoca Odalys.

Recuerdo que estábamos contentos -como niños al fin- por ese detalle de las golosinas. Al llegar, él nos cargó y nos besó. Ya por la noche se acostó, pues al otro día salía temprano de vuelo.

Nunca imaginé que esa sería la última vez que lo vería, añadió.

El 6 de octubre, bajo las órdenes de los terroristas de origen cubano Luis Posada Carriles y del ya fallecido Orlando Bosch, los criminales Hernán Ricardo y Freddy Lugo, ambos nacidos en Venezuela, colocaron par de bombas en el DC-8 de Cubana de Aviación y se bajaron de la nave, cuando esta hizo escala en Barbados.

EL CRIMEN DE BARBADOS

Ocho minutos habían transcurrido del despegue, cuando a las 17:23 en la torre de control se escucha “¡Cuidado!” desde la radio de la aeronave cubana.

El grito de alarma lo pronuncia el capitán, Wilfredo Pérez, más conocido como Fello, por un sobrenombre que le puso su amigo de la infancia, Ángel Tomás Rodríguez, quien también viaja en ese vuelo junto a su esposa, como integrante de la tripulación.

-“Fello, fue una explosión en la cabina de pasajeros y hay fuego”, informó a este último el copiloto.

-“Regresamos de inmediato; avisa a Seawell”, le orienta:

Para mí, octubre es un mes negro, reconoce Odalys al recordar el modo en que su padre luchó desesperadamente con los controles del avión para salvar la vida de sus pasajeros, luego de que la primera bomba estallase.

La pérdida de un padre siempre es terrible, pero mi último recuerdo de él son aquellas desgarradoras palabras finales: “Seawell... (Torre de control), Seawell... CU 455... Seawell ¡Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente, tenemos fuego a bordo! CU-455. Tenemos emergencia total, continuamos escuchando, respondan”.

-“Seawell... CU 455... Pedimos inmediatamente; inmediatamente pista”, exige de forma perentoria el copiloto. “CU-455 autorizado a aterrizar”, responden desde la torre de control.

Justamente, cuando la tripulación logra dominar la situación y sacar el tren de aterrizaje, acontece una segunda explosión.

-“¡¡Cierren la puerta, cierren la puerta!”, se escucha decir.
- “CU-455. Tenemos emergencia total, continuamos escuchando, respondan”.

A raíz de la detonación, el capitán Wilfredo Pérez -pese a sus ingentes esfuerzos- pierde ya para siempre el control del aparato y en picada final, en caída libre e inminente, sobreviene la agónica frase de su copiloto: “¡Eso es peor, pégate al agua, Fello, pégate al agua!”.

Después, silencio total, fúnebre, simplemente silencio... Sólo rompe el éter radial la solitaria señal de un avión venezolano que volaba cercano al lugar:
"Este es DQ-650. ¿Los podemos ayudar en algo?".
El vuelo 455 desaparece del radar. Deja de existir la vida para 57 cubanos, 11 guyaneses, y cinco funcionarios norcoreanos.

Entre los pasajeros se encontraban 24 integrantes del equipo juvenil de esgrima de Cuba, que regresaban a casa tras obtener todas las medallas de oro en el cuarto Campeonato Centroamericano y del Caribe de ese deporte, celebrado en Caracas, Venezuela.

LA MALA NOTICIA

Yo estudiaba el sexto grado, cuando ocurrió el atentado. Recuerdo que venía de la escuela y al llegar a mi hogar, me encuentro que Oscar Ortiz, un compañero de trabajo de mi papá, salía llorando de mi casa junto a su esposa, afirma Odalys.

Yo lo veo venir y le pregunto: ¿qué pasó? Y él me dice: “cuida mucho a tu mamá que está enferma del corazón”. Eso fue lo único que me dijo.

Entro a la casa y en ese instante mi madre me da la noticia. Imagínate lo que representa eso para una niña de 10 años.

A esa hora empecé a cuestionarme: se cayó al mar el avión ¿por qué se cayó? Mi papá venía manejando ¿se equivocó? ¿Chocó?

No sabía qué había pasado hasta que por la noche vinieron los compañeros de mi padre y las autoridades informaron sobre las bombas. A esa hora había que explicarme qué cosa era una bomba, cómo explota, por qué esa bomba había matado a todas esas personas, ¿dónde está mi papá?, rememora Odalys.

Siempre pensé desde entonces: mi papá va a venir, mi papá está en una isla y soñaba con eso todos los días. Él va a regresar..., me repetía constantemente.

Así fui creciendo hasta que empecé a tener uso de razón y tuve la certeza de que mi papá no iba a regresar y que una bomba lo había matado a él y al resto de sus compañeros. Ese es el pensamiento infantil que tenía en aquel momento una niña de 10 años.

Eso es duro, te crea un trauma. Mi madre, Ana Lucía Rodríguez, jamás volvió a ser la misma, agregó.

Ella era ama de casa y al no estar mi padre en el hogar, la vida fue muy dura con tres hijos que mantener.

Mi madre se quedó sola, no se casó más. Se encerró en sí misma, nunca más sonrió, dejo de ser cariñosa aunque nos emprendió por el camino correcto. Ella se quedó detenida en el año 1976 por falta de amor, de cariño, de alegría, de comunicación. Ella perdió esa chispa. Murió con 67 años en 2010.

Sus cenizas las echamos al mar, para que finalmente, pudiera reunirse con mi padre, más allá de la muerte.

Ese tipo de hechos te marcan, el dolor se va transmitiendo de generación en generación, de familia en familia, por eso tenemos que seguir adelante con nuestra lucha: no sólo por que se haga justicia y se enjuicie a Posada Carriles, sino para combatir también cualquier acto terrorista que se cometa en el mundo, asegura Odalys.

Alguna vez, cierto periodista me preguntó por qué mi afán de juzgar a Posada Carriles, si ya era un "viejito", según le llamó.

Puede que Posada sea viejo, dice Odalys, pero por lo menos su hija lo ha podido cuidar, yo ni siquiera tuve esa oportunidad. A mí me negaron la posibilidad de cuidar a mi padre en su vejez.

* Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina


A 15 años del horrendo crimen: Declaración de Giustino Di Celmo (Descargable en pdf en italiano e inglés)

martes, 4 de septiembre de 2012
La Habana, 4 de septiembre de 2012

Ningún dolor puede ser más grande que la muerte de un hijo y más aún cuando es causada por un hecho violento y cruel…

Hace 15 años, el 4 de septiembre de 1997, una bomba asesina colocada en el lobby del Hotel Copacabana, apagó la vida de Fabio Di Celmo, mi hijo, mi  Fabiucho, un joven que apenas había vivido 32 años cuando fue víctima inocente de una acción terrorista que sumió en la desesperación y el dolor a toda mi familia…

Recientemente, el 1 de junio de 2012, fecha en la que Fabio hubiera arribado a los 47 años de vida, murió su mamá, Ora Bassi, mi compañera por más de sesenta años, mi esposa, mi amor. Ora  compartió conmigo la pena de haber perdido a Fabio, el más pequeño de nuestros hijos. Ella murió sin el consuelo de saber que el organizador y mayor responsable de ese acto terrorista, fuese juzgado por su crimen.  Eso no es justo.

Luis Posada Carriles fue el organizador del acto terrorista que mató a mi hijo.  No podré olvidar jamás las declaraciones de este criminal, publicadas por The New York Times los días 12 y el 13 de julio de 1998, cuando tras reconocer que había pagado la mano asesina del mercenario salvadoreño que puso la bomba en el Copacabana, sin ningún pudor confesó a la periodista que no le preocupaba la muerte de Fabio y que él dormía como un bebé porque: " El italiano estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado".

Sin embargo, a pesar de las múltiples denuncias, Luis Posada Carriles, terrorista comprobado y confeso, camina libremente por las calles de Miami y recibe reconocimientos y honores de parte de la mafia cubano americana y la extrema derecha de los Estados Unidos de América. La farsa de su juicio en El Paso, Texas, colmó la copa… Solo se le juzgó por mentiroso, aunque quedó demostrado que había sido el mandante de la muerte de Fabio...

Yo les pregunto:

¿Cómo es posible que un país que dice condenar el terrorismo albergue a este terrorista con una larga hoja de crímenes que incluyen la voladura del avión de CUBANA en Barbados, el asesinato de cientos de venezolanos y la muerte de mi hijo?

¿Cómo es posible que el Gobierno de Estados Unidos, incluya a Cuba en una lista de países terroristas, cuando Cuba solo ha sido víctima de las acciones terroristas organizadas por criminales que ellos han protegido y pagado?

¿Por qué los grandes medios de difusión no hablan de que Cinco antiterroristas cubanos guardan prisión en cárceles norteamericanas por tratar de evitar hechos terroristas en Cuba, mientras los terroristas viven libremente en Estados Unidos?

¿Cómo es posible que los grandes medios de prensa mantengan el silencio ante tamaña injusticia y nieguen al pueblo norteamericano la oportunidad de conocer la verdad?

Podría hacer muchas preguntas que harían interminable mi declaración. Las respuestas confirmarían la doble moral del Gobierno norteamericano y de la gran prensa ante el terrorismo.

Solo quiero decir a todos que soy un hombre de paz y de trabajo. Un hombre de 92 años, que a pesar de su dolor, no anida mezquinos sentimientos de venganza. Desde que Fabio murió juré no descansar hasta que se hiciera justicia, así me quedé en Cuba. Quiero participar en toda la lucha que hace este país por la  justicia.

Yo juré quedarme en Cuba hasta el último instante de mi vida porque, como ya he dicho muchas veces, yo veo a Fabio todos los días por las calles de La Habana: en la cancha donde él jugaba fútbol; en el restaurante que él había soñado y que hoy lleva su nombre. Paso todos los días por la casa donde Fabio vivía, y siento que así puedo cuidarlo, porque un buen padre nunca abandona a sus hijos.

Agradezco mucho a todas las personas que me han dado una frase de aliento; a quienes no me han abandonado en esta lucha por la verdad y la justicia; a quienes trabajan por romper el muro de silencio sobre las acciones de terrorismo contra Cuba; a los Cinco cubanos que infiltrados en grupúsculos de la mafia miamense expusieron su vida, su familia y su felicidad por tratar de evitar actos terroristas como el que tronchó la vida de mi hijo; agradezco al Gobierno y al Partido Comunista de Cuba, al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, a la Asociación de Amistad Italia Cuba, AsíCuba Umbria, a La Villeta, al Comitato Fabio Di Celmo y a todas las instituciones que en Cuba y en Italia me han apoyado en este empeño. Un agradecimiento muy especial al pueblo de Cuba, a cada una de esas personas que me encuentro por las calles y me abrazan en nombre de Fabio. Todos me hacen sentir que los Di Celmo no estamos solos cuando seguimos clamando JUSTICIA por Fabio ante los oídos sordos del Gobierno que cobija al mandante…

Por último, quiero hacer a llegar mi agradecimiento y respeto al Comandante Fidel Castro. Quiero que Fidel conozca que no cejaré en la lucha porque Luis Posada Carriles y todos los demás terroristas comparezcan ante la justicia. Siempre rechazaré la hipocresía y la doble moral del Gobierno de los Estados Unidos, no me cansaré de cumplir con mi decisión de luchar hasta el último momento de mi vida. Sueño volver a abrazar a Fidel, como un día él nos abrazó a mí y a Ora y decirle: ¡Vio, mi Comandante, se ha hecho justicia… los terroristas han sido juzgados… Nadie más llorará por sus crímenes, como lloramos Tiziana, Livio,  mi mujer y yo…!

Pido a todos ustedes que me permitan cumplir este sueño. Juntos podremos lograrlo si denunciamos la injusticia y la doble moral de los imperialistas, si luchamos porque Luis Posada Carriles pueda ser extraditado a Venezuela para ser juzgado por sus crímenes; si luchamos por la libertad de los Cinco y por la paz en un mundo mejor para todos.

Muchas gracias,

Giustino Di Celmo

 Descargable en italiano Dichiarazione-di-Giustino-D-Celmo.pdf

e inglés Statement-by-Giustino-Di-Celmo.pdf

 Fotos Cortesía Galería Cubadebate

 
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