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Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla

sábado, 6 de octubre de 2012


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Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla
Por Daniel Martínez, Radio Reloj


Más de tres décadas han transcurrido y todavía, la frase que da título a este trabajo, impacta.

En la voz de Fidel, quedó como lema condenatorio del salvaje acto de terrorismo que sufrió la nave de Cubana de Aviación que transportaba al equipo de esgrima, ganador de la totalidad de las medallas de oro en las competencias regionales que acababan de efectuarse en Venezuela.

Tal vez, y sin dudas de modo absurdo, los perpetradores soñaron amedrentar a las nuevas generaciones de cubanos que desde todas las aristas de la vida se afanaban para lograr una sociedad mejor.

Su crimen lejos de intimidar al pueblo cubano, redobló los esfuerzos por triunfar y superarse, y el deporte se convirtió en punta de lanza, que con cada triunfo certificó a los verdugos la validez del camino escogido.

El recuerdo como escudo y espada

El crimen de Barbados es una cicatriz que todavía lastima a nuestro pueblo. Sin embargo el recuerdo de los caídos nombra a una de las escuelas de iniciación de deportiva, la Mártires de Barbados, que hoy, multiplicada por toda la Isla, continúa forjando a los campeones, cuyos éxitos durante años ha lacerado la prepotencia del adversario que osó agredirnos, y aún teje argucias para dañarnos.

Cientos de pruebas han sorteado Cuba y su movimiento deportivo para perpetuar la obra de su patriotismo.

Los hermanos asesinados en el abominable crimen de Barbados se mantendrán como símbolo de todo lo que es capaz de hacer el odio en su afán de lograr sus objetivos.

Por eso, su recuerdo, más de tres décadas después, continúa siendo el escudo y la espada con que defenderemos lo conquistado.


El crimen de Barbados: una herida abierta
Por Jorge Hernández Álvarez*

Yo recuerdo a mi padre cada día de mi vida, afirma Odalys Pérez, hija de Wilfredo, capitán del vuelo 455 saboteado en Barbados el 6 de octubre de 1976, en uno de los actos de terrorismo ejecutados por grupos extremistas al servicio de la CIA.

Con la voladura y caída al mar de un avión civil cubano con 73 personas a bordo, se consumó ese día uno de los más mortíferos sucesos derivados de la política agresiva que mantienen contra Cuba agrupaciones radicales de Miami, con financiamiento y apoyo de Estados Unidos.

Reconocido como el autor intelectual del sabotaje a la aeronave de Cubana de Aviación: el terrorista internacional Luis Posada Carriles, se pasea hoy impunemente por las calles miamenses bajo la protección del Gobierno norteamericano, denuncia Odalys.

De ese modo, esta cubana une su voz a la de miles de familias víctimas que claman justicia para los autores de las violentas acciones que cobraron -en más de medio siglo- la vida de tres mil 478 ciudadanos de la isla y dejado más de dos mil incapacitados.
El crimen de Barbados -como se le conoce en la historia- fue resultado de la ola de ataques promovidos por la CIA contra la Revolución Cubana, que incluía el asesinato de diplomáticos, sabotajes a lugares públicos y objetivos económicos, creación de bandas armadas y ametrallamientos costeros o aéreos a poblaciones civiles.

En ese contexto, el 9 de julio de 1976, Cubana de Aviación fue blanco de ataque, cuando una bomba estalló en uno de los equipajes que iba a ser introducido en un avión civil cubano, que no explotó en pleno vuelo por retrasarse la salida.
Al día siguiente, otro artefacto explosivo detonaba en la oficina de la British West Indies, de Barbados, que representaba los intereses de Cubana de Aviación en ese país.

Estaba claro: los terroristas habían escogido a la aviación civil como un objetivo de sus actos. Sin embargo, parecía difícil imaginar hasta dónde serían capaces de llegar, como lo hicieron aquel 6 de octubre.

5 DE OCTUBRE

Cuando mi padre realizaba vuelos de corta duración, tenía por costumbre dejar el auto en el aeropuerto, de modo que cuando retornaba del viaje regresaba para la casa y tocaba el claxon para hacernos saber de su llegada, rememora Odalys.
Eran momentos felices: mi madre, mis dos pequeños hermanos (de dos y cuatro años) y yo, salíamos a recibirlo.

Aquel 5 de octubre de 1976, él había arribado de México y nos traía chocolates a mí y a mis hermanos, evoca Odalys.

Recuerdo que estábamos contentos -como niños al fin- por ese detalle de las golosinas. Al llegar, él nos cargó y nos besó. Ya por la noche se acostó, pues al otro día salía temprano de vuelo.

Nunca imaginé que esa sería la última vez que lo vería, añadió.

El 6 de octubre, bajo las órdenes de los terroristas de origen cubano Luis Posada Carriles y del ya fallecido Orlando Bosch, los criminales Hernán Ricardo y Freddy Lugo, ambos nacidos en Venezuela, colocaron par de bombas en el DC-8 de Cubana de Aviación y se bajaron de la nave, cuando esta hizo escala en Barbados.

EL CRIMEN DE BARBADOS

Ocho minutos habían transcurrido del despegue, cuando a las 17:23 en la torre de control se escucha “¡Cuidado!” desde la radio de la aeronave cubana.

El grito de alarma lo pronuncia el capitán, Wilfredo Pérez, más conocido como Fello, por un sobrenombre que le puso su amigo de la infancia, Ángel Tomás Rodríguez, quien también viaja en ese vuelo junto a su esposa, como integrante de la tripulación.

-“Fello, fue una explosión en la cabina de pasajeros y hay fuego”, informó a este último el copiloto.

-“Regresamos de inmediato; avisa a Seawell”, le orienta:

Para mí, octubre es un mes negro, reconoce Odalys al recordar el modo en que su padre luchó desesperadamente con los controles del avión para salvar la vida de sus pasajeros, luego de que la primera bomba estallase.

La pérdida de un padre siempre es terrible, pero mi último recuerdo de él son aquellas desgarradoras palabras finales: “Seawell... (Torre de control), Seawell... CU 455... Seawell ¡Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente, tenemos fuego a bordo! CU-455. Tenemos emergencia total, continuamos escuchando, respondan”.

-“Seawell... CU 455... Pedimos inmediatamente; inmediatamente pista”, exige de forma perentoria el copiloto. “CU-455 autorizado a aterrizar”, responden desde la torre de control.

Justamente, cuando la tripulación logra dominar la situación y sacar el tren de aterrizaje, acontece una segunda explosión.

-“¡¡Cierren la puerta, cierren la puerta!”, se escucha decir.
- “CU-455. Tenemos emergencia total, continuamos escuchando, respondan”.

A raíz de la detonación, el capitán Wilfredo Pérez -pese a sus ingentes esfuerzos- pierde ya para siempre el control del aparato y en picada final, en caída libre e inminente, sobreviene la agónica frase de su copiloto: “¡Eso es peor, pégate al agua, Fello, pégate al agua!”.

Después, silencio total, fúnebre, simplemente silencio... Sólo rompe el éter radial la solitaria señal de un avión venezolano que volaba cercano al lugar:
"Este es DQ-650. ¿Los podemos ayudar en algo?".
El vuelo 455 desaparece del radar. Deja de existir la vida para 57 cubanos, 11 guyaneses, y cinco funcionarios norcoreanos.

Entre los pasajeros se encontraban 24 integrantes del equipo juvenil de esgrima de Cuba, que regresaban a casa tras obtener todas las medallas de oro en el cuarto Campeonato Centroamericano y del Caribe de ese deporte, celebrado en Caracas, Venezuela.

LA MALA NOTICIA

Yo estudiaba el sexto grado, cuando ocurrió el atentado. Recuerdo que venía de la escuela y al llegar a mi hogar, me encuentro que Oscar Ortiz, un compañero de trabajo de mi papá, salía llorando de mi casa junto a su esposa, afirma Odalys.

Yo lo veo venir y le pregunto: ¿qué pasó? Y él me dice: “cuida mucho a tu mamá que está enferma del corazón”. Eso fue lo único que me dijo.

Entro a la casa y en ese instante mi madre me da la noticia. Imagínate lo que representa eso para una niña de 10 años.

A esa hora empecé a cuestionarme: se cayó al mar el avión ¿por qué se cayó? Mi papá venía manejando ¿se equivocó? ¿Chocó?

No sabía qué había pasado hasta que por la noche vinieron los compañeros de mi padre y las autoridades informaron sobre las bombas. A esa hora había que explicarme qué cosa era una bomba, cómo explota, por qué esa bomba había matado a todas esas personas, ¿dónde está mi papá?, rememora Odalys.

Siempre pensé desde entonces: mi papá va a venir, mi papá está en una isla y soñaba con eso todos los días. Él va a regresar..., me repetía constantemente.

Así fui creciendo hasta que empecé a tener uso de razón y tuve la certeza de que mi papá no iba a regresar y que una bomba lo había matado a él y al resto de sus compañeros. Ese es el pensamiento infantil que tenía en aquel momento una niña de 10 años.

Eso es duro, te crea un trauma. Mi madre, Ana Lucía Rodríguez, jamás volvió a ser la misma, agregó.

Ella era ama de casa y al no estar mi padre en el hogar, la vida fue muy dura con tres hijos que mantener.

Mi madre se quedó sola, no se casó más. Se encerró en sí misma, nunca más sonrió, dejo de ser cariñosa aunque nos emprendió por el camino correcto. Ella se quedó detenida en el año 1976 por falta de amor, de cariño, de alegría, de comunicación. Ella perdió esa chispa. Murió con 67 años en 2010.

Sus cenizas las echamos al mar, para que finalmente, pudiera reunirse con mi padre, más allá de la muerte.

Ese tipo de hechos te marcan, el dolor se va transmitiendo de generación en generación, de familia en familia, por eso tenemos que seguir adelante con nuestra lucha: no sólo por que se haga justicia y se enjuicie a Posada Carriles, sino para combatir también cualquier acto terrorista que se cometa en el mundo, asegura Odalys.

Alguna vez, cierto periodista me preguntó por qué mi afán de juzgar a Posada Carriles, si ya era un "viejito", según le llamó.

Puede que Posada sea viejo, dice Odalys, pero por lo menos su hija lo ha podido cuidar, yo ni siquiera tuve esa oportunidad. A mí me negaron la posibilidad de cuidar a mi padre en su vejez.

* Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina


A 15 años del horrendo crimen: Declaración de Giustino Di Celmo (Descargable en pdf en italiano e inglés)

martes, 4 de septiembre de 2012
La Habana, 4 de septiembre de 2012

Ningún dolor puede ser más grande que la muerte de un hijo y más aún cuando es causada por un hecho violento y cruel…

Hace 15 años, el 4 de septiembre de 1997, una bomba asesina colocada en el lobby del Hotel Copacabana, apagó la vida de Fabio Di Celmo, mi hijo, mi  Fabiucho, un joven que apenas había vivido 32 años cuando fue víctima inocente de una acción terrorista que sumió en la desesperación y el dolor a toda mi familia…

Recientemente, el 1 de junio de 2012, fecha en la que Fabio hubiera arribado a los 47 años de vida, murió su mamá, Ora Bassi, mi compañera por más de sesenta años, mi esposa, mi amor. Ora  compartió conmigo la pena de haber perdido a Fabio, el más pequeño de nuestros hijos. Ella murió sin el consuelo de saber que el organizador y mayor responsable de ese acto terrorista, fuese juzgado por su crimen.  Eso no es justo.

Luis Posada Carriles fue el organizador del acto terrorista que mató a mi hijo.  No podré olvidar jamás las declaraciones de este criminal, publicadas por The New York Times los días 12 y el 13 de julio de 1998, cuando tras reconocer que había pagado la mano asesina del mercenario salvadoreño que puso la bomba en el Copacabana, sin ningún pudor confesó a la periodista que no le preocupaba la muerte de Fabio y que él dormía como un bebé porque: " El italiano estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado".

Sin embargo, a pesar de las múltiples denuncias, Luis Posada Carriles, terrorista comprobado y confeso, camina libremente por las calles de Miami y recibe reconocimientos y honores de parte de la mafia cubano americana y la extrema derecha de los Estados Unidos de América. La farsa de su juicio en El Paso, Texas, colmó la copa… Solo se le juzgó por mentiroso, aunque quedó demostrado que había sido el mandante de la muerte de Fabio...

Yo les pregunto:

¿Cómo es posible que un país que dice condenar el terrorismo albergue a este terrorista con una larga hoja de crímenes que incluyen la voladura del avión de CUBANA en Barbados, el asesinato de cientos de venezolanos y la muerte de mi hijo?

¿Cómo es posible que el Gobierno de Estados Unidos, incluya a Cuba en una lista de países terroristas, cuando Cuba solo ha sido víctima de las acciones terroristas organizadas por criminales que ellos han protegido y pagado?

¿Por qué los grandes medios de difusión no hablan de que Cinco antiterroristas cubanos guardan prisión en cárceles norteamericanas por tratar de evitar hechos terroristas en Cuba, mientras los terroristas viven libremente en Estados Unidos?

¿Cómo es posible que los grandes medios de prensa mantengan el silencio ante tamaña injusticia y nieguen al pueblo norteamericano la oportunidad de conocer la verdad?

Podría hacer muchas preguntas que harían interminable mi declaración. Las respuestas confirmarían la doble moral del Gobierno norteamericano y de la gran prensa ante el terrorismo.

Solo quiero decir a todos que soy un hombre de paz y de trabajo. Un hombre de 92 años, que a pesar de su dolor, no anida mezquinos sentimientos de venganza. Desde que Fabio murió juré no descansar hasta que se hiciera justicia, así me quedé en Cuba. Quiero participar en toda la lucha que hace este país por la  justicia.

Yo juré quedarme en Cuba hasta el último instante de mi vida porque, como ya he dicho muchas veces, yo veo a Fabio todos los días por las calles de La Habana: en la cancha donde él jugaba fútbol; en el restaurante que él había soñado y que hoy lleva su nombre. Paso todos los días por la casa donde Fabio vivía, y siento que así puedo cuidarlo, porque un buen padre nunca abandona a sus hijos.

Agradezco mucho a todas las personas que me han dado una frase de aliento; a quienes no me han abandonado en esta lucha por la verdad y la justicia; a quienes trabajan por romper el muro de silencio sobre las acciones de terrorismo contra Cuba; a los Cinco cubanos que infiltrados en grupúsculos de la mafia miamense expusieron su vida, su familia y su felicidad por tratar de evitar actos terroristas como el que tronchó la vida de mi hijo; agradezco al Gobierno y al Partido Comunista de Cuba, al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, a la Asociación de Amistad Italia Cuba, AsíCuba Umbria, a La Villeta, al Comitato Fabio Di Celmo y a todas las instituciones que en Cuba y en Italia me han apoyado en este empeño. Un agradecimiento muy especial al pueblo de Cuba, a cada una de esas personas que me encuentro por las calles y me abrazan en nombre de Fabio. Todos me hacen sentir que los Di Celmo no estamos solos cuando seguimos clamando JUSTICIA por Fabio ante los oídos sordos del Gobierno que cobija al mandante…

Por último, quiero hacer a llegar mi agradecimiento y respeto al Comandante Fidel Castro. Quiero que Fidel conozca que no cejaré en la lucha porque Luis Posada Carriles y todos los demás terroristas comparezcan ante la justicia. Siempre rechazaré la hipocresía y la doble moral del Gobierno de los Estados Unidos, no me cansaré de cumplir con mi decisión de luchar hasta el último momento de mi vida. Sueño volver a abrazar a Fidel, como un día él nos abrazó a mí y a Ora y decirle: ¡Vio, mi Comandante, se ha hecho justicia… los terroristas han sido juzgados… Nadie más llorará por sus crímenes, como lloramos Tiziana, Livio,  mi mujer y yo…!

Pido a todos ustedes que me permitan cumplir este sueño. Juntos podremos lograrlo si denunciamos la injusticia y la doble moral de los imperialistas, si luchamos porque Luis Posada Carriles pueda ser extraditado a Venezuela para ser juzgado por sus crímenes; si luchamos por la libertad de los Cinco y por la paz en un mundo mejor para todos.

Muchas gracias,

Giustino Di Celmo

 Descargable en italiano Dichiarazione-di-Giustino-D-Celmo.pdf

e inglés Statement-by-Giustino-Di-Celmo.pdf

 Fotos Cortesía Galería Cubadebate

 
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El sistema de justicia que condeno a los Cinco: El Gran Jurado (Séptima parte)

jueves, 7 de julio de 2011
Por Salvador Capote*


“…Y no me vengan con cuentos de camino
que yo no sólo pienso sino, además, opino”.
Nicolás Guillén

No uno sino dos grandes jurados federales  fueron convocados para reunir evidencias con vista a una posible presentación de cargos contra Luis Posada Carriles. Por ingenuidad o por exceso de optimismo, muchos pensamos que al fin el gobierno de Estados Unidos se había decidido a emprender acciones contra el segundo -siguiente de Bin Laden- en el “ranking” mundial del terrorismo que ahora, después de la ejecución extrajudicial de este último, pasa al primer lugar indiscutido, pues ningún otro tiene en su haber hazañas satánicas de la magnitud de la voladura en el aire de un avión de pasajeros con 73 personas a bordo.

Pero ambos grandes jurados pasaron misteriosamente, como estrellas fugaces en cielo nublado y desaparecieron sin hacer ruido, sin dejar nada.  Y uno se pregunta ¿por qué, después de gastar millones de dólares del contribuyente norteamericano sólo se presentaron ridículos cargos a Posada Carriles por  mentiroso y ni siquiera por eso quisieron condenarlo? (1) ¿Y por qué los grandes jurados accionaron en el distrito occidental de Texas y en Newark, New Jersey, y no en Miami donde vive Posada y donde notoriamente está el baluarte principal de la mafia que lo protege?  ¿No se encuentra en Miami la sede de la Fundación Nacional Cubano-Americana, una de las fuentes financieras de Posada Carriles en sus actividades terroristas contra la Isla? ¿No entregaron las autoridades cubanas al FBI “los expedientes de 40 terroristas de origen cubano, la mayoría de los cuales vivía en Miami y los datos para encontrar a cada uno de ellos?” (2).  ¿Por qué convocaron un gran jurado en El Paso, donde sólo se podían obtener evidencias de violaciones migratorias?.  ¿Y por qué en New Jersey donde los “sujetos de interés” y los “blancos” (3) estaban todos muertos y los testigos eran amigos o cómplices de los terroristas?

Antes de intentar dar respuesta a estas preguntas, debido a la enorme desinformación que existe en relación con el gran jurado, creo necesario dedicar algunos párrafos al análisis de qué es y qué significa esta institución en la historia de Estados Unidos y de cómo cambiaron sustancialmente su naturaleza y sus propósitos después del 11 de septiembre de 2001.

Lo primero que hay que destacar es que se trata de un mastodonte antediluviano surgido en el siglo XII en Inglaterra como arma política del rey Enrique II contra sus enemigos y que actualmente no existe en ningún país de habla inglesa (ni en ningún otro país) excepto en Estados Unidos. Inglaterra –su cuna- abolió el gran jurado hace ya 78 años (1933), Nueva Zelanda en 1961, Canadá en 1984, Australia lo utilizó en raras ocasiones y renunció  definitivamente a utilizarlo en 2009.

En Estados Unidos, aproximadamente la mitad de los estados lo han abandonado también, sustituyéndolo por audiencias preliminares en las cuales un juez escucha las evidencias sobre el supuesto delito y toma una decisión con respecto al procedimiento a seguir.

El Gran Jurado evolucionó desde los tiempos de Enrique II por dos caminos diferentes. Por una parte se convirtió en escudo contra la persecución injusta de los ciudadanos (pero no de los esclavos, ni de los siervos ni de las minorías); panel de vecinos que determinaría la existencia o no de suficiente evidencia para llevar a juicio a personas acusadas  de graves delitos. Tuvo sus mejores momentos al defender a los súbditos de las colonias inglesas frente a los desafueros de la metrópolis y es por este motivo que fue incorporado al “Bill of Rights” de la Constitución de Estados Unidos. Otros momentos felices se asocian a las décadas de 1920 y 1930 cuando se usó para incriminar a las familias mafiosas de New York, Chicago, Kansas City y Pittsburgh.

Por otra parte, continuó sirviendo al poder establecido como poderoso instrumento inquisitorial  y de castigo. Antes y después de la independencia de Estados Unidos fue utilizado para sostener la esclavitud en contra de los abolicionistas y de los que protegían a los esclavos fugitivos. El presidente Thomas Jefferson lo usó para acusar de sedición a sus enemigos políticos.

Durante décadas fue el arma favorita contra el movimiento obrero. Se empleó también contra anarquistas, comunistas, socialistas, en la persecución a  todo tipo de movimiento progresista, contra los pacifistas, contra las asociaciones en pro de los derechos civiles, contra las organizaciones radicales negras, etc.
La administración del presidente Richard Nixon convirtió el gran jurado federal en un aparato de inteligencia. Con ese fin reactivó la dormida “Justice Department’s Internal Security Division” (ISD), un equipo de fiscales federales escogidos, formado durante la cacería de brujas anticomunista de las décadas de 1940 y 1950. Casi desaparecida, la ISD pasó de 6 a 60 fiscales investigadores (un aumento del 1000 %) y controlaba las investigaciones del gran jurado en 36 estados y 84 ciudades (4). La versión actualizada de este método la vimos con el “asesoramiento” de fiscales del “Homeland Security” (Seguridad Nacional) a sus colegas a cargo de los grandes jurados de El Paso y Newark.

Lo segundo a destacar es la descentralización del sistema de justicia criminal entre los estados. A este nivel estatal y condal existe un verdadero caos. Las reglas que rigen la formación, el funcionamiento y los objetivos de los grandes jurados estatales, donde todavía se utilizan, son diferentes para cada estado. Por ejemplo, el número de sus integrantes  puede ir desde 5 hasta 23. En algunos estados permiten que un abogado acompañe al testigo en su comparecencia, en otros se prohíbe terminantemente. En algunos es obligatoria la lectura de los derechos que otorga la 5ta. Enmienda, en otros se omite este procedimiento. En algunos se permite, en determinadas circunstancias, que el “target” o persona que es objeto de la investigación, declare o presente pruebas exculpatorias, en otros no.

Pero mientras el poder del gran jurado se difumina en las jurisdicciones estatales y condales, en la jurisdicción federal, por el contrario, su poder ha crecido, sobre todo en las últimas décadas, actúa en los 50 estados, y actualmente es una amenaza por su capacidad  para neutralizar o suprimir los derechos constitucionales de los ciudadanos. El senador Edward Kennedy, testificando ante el Subcomité Judicial de la Cámara, en marzo de 1992, expresó: “Somos testigos del nacimiento de una nueva especie de animal político, el gran jurado ‘kangaroo’ (5), engendrado en un oscuro rincón del Departamento de Justicia y alimentado por una administración [de George Bush padre] inclinada a torcer la aplicación de la ley para servir a sus propios fines políticos; peligrosa forma moderna de la secreta inquisición de la ‘Star Chamber’ (6) que está pisoteando los derechos de los ciudadanos estadounidenses de costa a costa”.

El gran jurado federal, en su versión moderna, está compuesto por 16 a 23 miembros. Con 16 se alcanza el quórum, y la mayoría con 12. Las sesiones son secretas y se realizan en locales sin acceso al público en los edificios de las cortes federales. Existen diferencias fundamentales entre el jurado común y el gran jurado. Este último no juzga, su función es investigar y determinar si hay “causa probable” para un juicio. A las sesiones del gran jurado no asisten ni abogados defensores ni periodistas y sus miembros  no pueden, bajo juramento, divulgar lo que se diga o suceda. Las evidencias que se obtienen por medios anticonstitucionales y que se rechazan en los procesos judiciales ordinarios, son rutinariamente admitidas por los grandes jurados, ya que no hay defensor que objete, juez que controle, prensa que vigile, ni opinión pública informada que reaccione, pero sí hay un fiscal que las procura.

Toda persona que es citada (“subpoenaed”) está obligada a comparecer ante el gran jurado. Al comenzar el interrogatorio puede acogerse a la Quinta Enmienda, pero si el fiscal le promete inmunidad tendrá que responder a todas las preguntas o ir a la cárcel. Y no existen límites para el interrogatorio. El fiscal puede preguntarle cualquier cosa, y durante todo el tiempo que quiera, de su vida y de su pensamiento, de sus afiliaciones políticas, de sus amigos y de sus familiares, de lo que usted piensa de la lucha de los palestinos, o de la independencia de Puerto Rico, o del embargo contra Cuba, o de los bombardeos contra Libia, o de cualquier otro asunto. Puede preguntarle de su vida sexual, de sus enfermedades, de sus ingresos y gastos, de sus sentimientos, de sus convicciones religiosas. Y puede luego interrogar a su padre, a su madre, a sus hermanos, a todos sus familiares y amigos y preguntarles por usted; y cualquier contradicción en las declaraciones, espontánea o provocada, puede utilizarse para una acusación de perjurio.

Dos de los más prestigiosos juristas norteamericanos, Margaret y Michael Ratner escribieron (7):

“…Usted pudiera pensar que tiene el derecho a no responder a  preguntas humillantes, que tiene el derecho, garantizado por la Quinta Enmienda, a no auto-incriminarse. Pero no. Usted tiene que responder a todas las preguntas. El fiscal sólo necesita prometer que no utilizará contra usted lo que usted diga. Pero puede ser utilizado contra otros, incluyendo a sus amigos. Y aún puede usted ser acusado por el delito sobre el cual testificó”.

“…Después que le otorgan inmunidad, si usted rehúsa responder a las preguntas, si usted rehúsa discutir su ideología política o la de otros, usted va a la cárcel. Usted va a la cárcel hasta que hable. No importa si usted tiene niños o un trabajo o está enfermo. Usted puede ir a la cárcel por muy largo tiempo. A veces durante años”.

“Usted puede pensar, ‘Bueno, no tengo de que preocuparme. No soy un criminal y no soy amigo de criminales. Esto no me puede suceder a mi’. Pero usted se equivoca. Todo tipo de personas puede ser atrapado en las redes del gran jurado. De hecho, uno de sus usos ilegítimos es destruir los movimientos políticos, intimidar a los activistas, y encarcelar a los líderes”.

Los integrantes del gran jurado escuchan sólo la parte inculpatoria de los hechos, la que les proporciona el fiscal, sin que exista un juez que supervise ni abogados defensores. Es el fiscal federal, por tanto, el que domina todo el proceso. Es él quien determina quiénes serán   investigados, quiénes serán citados a declarar, quiénes recibirán “inmunidad”, qué documentos -y otras pruebas materiales- serán solicitados o requisados, sin consideración de la Cuarta Enmienda, y qué cargos serán incluidos en la acusación. El dominio del fiscal federal es tan absoluto que es célebre la frase de Sol Wachtler cuando fungía como juez principal de la corte de apelaciones de New York,  refiriéndose a la fácil manipulación del gran jurado: “Cualquier fiscal que lo desee puede lograr que el gran jurado presente cargos contra un sandwich de jamón” (8).

Con posterioridad a septiembre 11 de 2001, las pocas limitaciones que servían de control  fueron eliminadas. Ahora, por ejemplo, bajo el amparo de la Ley Patriota, el Departamento de Justicia puede revelar y compartir materiales secretos del gran jurado, sin aprobación ni supervisión de las cortes, con el FBI, la CIA, la DEA, el Homeland Security y otras agencias  del gobierno. Con el pretexto del “antiterrorismo” el gran jurado se convierte cada vez más en apéndice y herramienta política del Ejecutivo. Los miembros del gran jurado no son otra cosa actualmente que peones que actúan cumpliendo decisiones unilaterales del fiscal. “Rubber stamp” (sello de goma) llaman al gran jurado  porque pone el cuño de aprobación a todas las decisiones del fiscal.

El tercer aspecto a destacar, por consiguiente, y el más importante, es que el gran jurado no es, como se supone debía ser, una institución independiente sino que actúa siguiendo las instrucciones del fiscal federal y éste a su vez las del fiscal general, de los fiscales del Homeland Security y de la Casa Blanca. Con el disfraz solemne de una institución de justicia es, en realidad, una institución política subordinada al Ejecutivo. Su potencial como arma política es inmenso pues los fiscales federales son nombrados por el presidente y el gran jurado tiene autoridad para actuar no sólo cuando se viola la ley sino también cuando el fiscal sospecha que se viola la ley o incluso para cerciorarse de que se cumple la ley. En otras palabras, puede poner en acción el gran jurado cada vez que lo desee o reciba instrucciones en este sentido de instancias superiores.

Teniendo en cuenta estas premisas, podemos entender mejor por qué se convocó en otras partes y no en el Sur de la Florida el gran jurado. La maniobra de convocarlo en New Jersey para investigar conexiones económicas con Luis Posada Carriles no pasó inadvertida para el Duende de Radio Miami, que en septiembre de 2007 señaló la paradoja de investigar en otro lejano estado mientras el principal acusado vivía en Miami y sin que la justicia investigase sus actos criminales.

Y es que el gran jurado en El Paso y el gran jurado en Newark fueron convocados precisamente para que el gobierno mantuviese el control de la situación pues un gran jurado federal sólo puede investigar  delitos cometidos en el distrito donde sesiona (9). Ambos jurados creaban la ilusión de una fuerte actitud federal contra Posada Carriles y enmascaraban los verdaderos  objetivos, evitar la ubicación del gran jurado en el Sur de la Florida y ganar tiempo para que el gobierno pudiese evitar la extradición de Posada Carriles a Venezuela, a lo que está obligado por las leyes internacionales si no lo juzga en Estados Unidos. Pero un gran jurado en Miami era demasiado peligroso, como demuestran por ejemplo, las declaraciones de Gina Garrett-Jackson, abogada de Homeland Security, el 18 de enero de 2011, en el juicio en El Paso a Luis Posada Carriles. Por ella supimos que la jueza Caroline Heck Miller, fiscal federal de Miami que desempeñó un papel protagónico en las desmesuradas condenas impuestas a Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, se negó, en agosto de 2005, a procesar a Luis Posada Carriles por sus actividades terroristas.

Es probable que la jueza Heck-Miller rehusase porque sabe que un gran jurado en Miami no sólo puede verse arrastrado a indagar en las profundidades insondables de la complicidad gubernamental con el terrorismo contra Cuba sino que  puede irse fácilmente de las manos. Parte de este peligro es el hecho de que los integrantes de los grandes jurados federales son extraídos de áreas geográficas mucho más amplias que los de jurados locales.  Este gran jurado, por tanto, estaría compuesto por ciudadanos de diferentes ciudades de la Florida, designados al azar y sin selección posterior.

Además, a pesar del obligado secretismo y los poderes del fiscal que hemos señalado, existen antecedentes de jurados “runaway” (fuera de control). Un conocido caso tuvo lugar en la planta de armas nucleares de Rocky Flats, propiedad de Rockwell International, en las afueras de Denver, Colorado. El jurado comenzó a investigar en 1989 violaciones de las leyes ambientales, incluyendo contaminación por desechos radiactivos. Pero cuando el fiscal federal decidió llegar a un arreglo indecoroso imponiendo una multa pero sin instruir de cargos criminales a ninguno de los ejecutivos responsables, el jurado acusó al fiscal y a varios funcionarios del gobierno.

Imaginemos por un instante lo que significaría un gran jurado sesionando en Miami para investigar en serio las acciones criminales de Luis Posada Carriles. En Miami, donde existen centenares de “subjects” o “personas de interés”, responsables de organizar numerosas acciones terroristas contra Cuba, realizadas dentro y fuera del territorio de Estados Unidos; donde es fácil encontrar a miles de testigos materiales que conocen de estas conspiraciones terroristas; donde existen decenas de organizaciones contrarrevolucionarias con largas historias de acciones violentas; donde lucra con millonarios fondos federales toda una  industria anti-castrista; donde la corrupción es endémica;  donde un alcalde de Hialeah es capaz de entregar las llaves de la ciudad y rendir homenaje a un terrorista confeso; donde viven y nadie los molesta  ex-miembros de escuadrones de la muerte centroamericanos, ex-paramilitares colombianos, golpistas y criminales de la DISIP venezolanos, torturadores y asesinos de todo el resto de la América del Sur y del Caribe, y políticos ladrones provenientes de los cuatro puntos cardinales, que en Miami escapan todos a la justicia popular. 

Inevitablemente, sucedería justo lo que tanto el gobierno como la ultraderecha cubano-americana han tratado siempre de evitar, la atención de la opinión pública de Estados Unidos. ¿Y cómo podrían evitarlo, por mucho secreto que guarde el gran jurado, con el desfile interminable ante el panel de personajes de leyendas de horror como, por ejemplo, los que asesinaron a Carlos Muñiz Varela?

Y cada palabra, cada confesión, de cada uno de esos personajes siniestros, sería una prueba más de la inocencia de nuestros cinco hermanos injustamente presos en cárceles de Estados Unidos.
(1)   Ver en Cubadebate: “Diario de El Paso” por José Pertierra
(2)  Ricardo Alarcón de Quesada: “Los Héroes Prohibidos”, Editora Política, La Habana, 2010, p. 57.
(3)  Las personas que son llamadas a declarar ante el gran jurado se clasifican en “witness” (testigos), “subjects” (sujetos o personas de interés) y “targets” (blancos, focos de investigación).
(4)  Leslie Berger: “The Grand Jury”, Chelsea House Publ., 2000, p. 67.
(5)  “kangaroo”: falso, fraudulento, donde los resultados se conocen de antemano y la justicia se mueve a saltos como un canguro.
(6)  “Star Chamber”: tribunal con sede en el Palacio de Westminster hasta 1641, donde se torturaba a los detenidos y los juicios eran secretos y utilizados como arma política contra los enemigos de la monarquía.
(7)  Margaret Ratner et Michael Ratner: “The Grand Jury: A Tool to Repress and Jail Activists”. In: “States of Confinement”, St. Martin’s Press, New York, 2000, p. 278.
(8)  “How to Indict a Ham Sandwich”, Washington Times Aug. 18, 1999.
(9)  Susan Brenner et Lori Shaw: “Using a Grand Jury to investigate the September 11, 2001 Terrorist Attacks”, The Federal Grand Jury, 2002.



*Bioquímico cubano, actualmente reside en Miami. Trasmite con cierta regularidad por Radio Miami el Programa “La Opinión del Día”, que aparece poco después en laradiomiami.com. Es colaborador de Areítodigital.net; participa, con la Alianza Martiana, en la lucha contra el Bloqueo impuesto a Cuba por Estados Unidos.

Después del escándalo de los “Cinco”, la farsa de Posada Carriles

martes, 31 de mayo de 2011
Por Maurice Lemoine*

Traducido para Rebelión por Guillermo F. Parodi
 
RCBaez_Teatro EL Paso De nacionalidad cubano-venezolana, Luis Posada Carriles no tiene ciudadanía estadounidense. Si bien adquirió la residencia permanente en 1962, la perdió por haber pasado más de un año fuera del país. No puede por lo tanto entrar sin cumplir los requisitos migratorios de un no residente.

Ocurre sin embargo que con el objetivo de pasar su vejez en el “país de la libertad”, en marzo de 2005, deja atrás Guatemala, cruza la Belice y se dirige hacia Cancún, en el Estado mexicano de Quintana Roo. Hasta su llegada en esta ciudad balnearia, fue ayudado y asistido por traficantes de drogas que pertenecían al cartel centroamericano que dirige el mafioso Otto Herrera García.

En Cancún, Juan Carlos Riverol, alias “el profesor”, toma el relevo. Vinculado con un grupo de “narcos” de origen cubano-estadounidense -Los Marielitos- Riverol se enriqueció a costa de cubanos sin visa deseosos de llegar a los Estados Unidos evitando los 145 kilómetros del estrecho de Florida, infestado de tiburones… y de guardacostas norteamericanos.

De Cancún, Posada Carriles vuelve a salir para la isla Mujeres, en la extremidad noreste de la península del Yucatán. La mañana del 15 de marzo, un yate de 27 metros, el Santrina atraca en la isla. Pertenece al millonario Santiago Álvarez, presente a bordo en compañía de cinco cipayos de la comunidad cubano-estadounidense de Miami. El mismo día, a las 14, el barco vuelve a salir y en dirección a Florida, llevando a bordo a un “clandestino”.

El 11 de abril, Fidel Castro denuncia la presencia de Posada Carriles en Miami. El 12, durante la rueda de prensa diaria del Departamento de Estado, esta “insinuación” hace que el portavoz Richard Boucher se muestre escandalizado: “Es un tema que abordamos numerosas veces anteriormente. No estoy seguro que haya algo de nuevo”. Hubiera hecho mejor en callarse. El día siguiente, causando algún sobresalto, Posada Carriles pide asilo político ya que -alega su abogado-, “favoreció los intereses de los Estados Unidos durante alrededor de cuatro décadas”: pero: ¡no puede presentarse tal petición hasta que el individuo ya se encuentre en el territorio nacional! Desde la Habana y Caracas, Castro y Hugo Chávez exigen a las autoridades estadounidenses que arresten al individuo por actividades terroristas y reclaman su extradición.

Terrorismo Internacional

Nacido en Cienfuegos (Cuba), el 15 de febrero de 1928, Posada Carriles colaboró con la policía de del dictador Fulgencio Batista, a partir de 1955. En 1959, el triunfo de la revolución le causa una gran desazón y pasa a las filas contra-revolucionarias. Miembro de la Brigada 2006, participa en la tentativa de invasión de la Bahía de los Cochinos que comienza el 17 de abril de 1961. No hizo nada verdaderamente heroico, ¡no logrando ni siquiera desembarcar! Herido por este fracaso individual y colectivo, es uno de los doscientos cubanos que se incorporan al ejército estadounidense para ser formado para acceder el grado de oficial. Es, además, reclutado por la Central Intelligence Agency (CIA). En octubre de 1967, la “Compañía” lo envía a Caracas para reestructurar los servicios de inteligencia venezolanos. Pide y obtiene la nacionalidad venezolana para poder integrar la Dirección General de Policía (Digepol) que se convertirá posteriormente en la División General de Seguridad de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip). Bajo el seudónimo de “comandante Basilio”, se lanza hasta 1974 a la represión feroz de los movimientos de izquierda venezolanos.

Dejando sus funciones tras un cambio de Gobierno, Posada Carriles permanece en Caracas y abre una agencia de detectives - Investigaciones Comerciales e Industriales CA. Siempre vinculado con la CIA y colaborando con los servicios secretos argentinos, chilenos, guatemaltecos y salvadoreños, dirige, con otro cubano, Orlando Bosch, el Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU). Ambos preparan y financian la colocación de dos bombas en el vuelo CU 455 del Cubana de Aviación que, saliendo de Barbados, el 6 de octubre de 1976, estallará en vuelo, causando la muerte de setenta y tres pasajeros.

Encarcelado en Caracas con Bosch y los dos venezolanos que perpetraron materialmente el crimen, Posada Carriles, cuyo juicio aún no había terminado, se evade en 1985 con la ayuda de la Fundación Nacional Cubano-Estadounidense - creada en 1981 por Ronald Reagan, con base en Miami-, y la CIA. Esta última necesita de sus competencias. Reencontramos efectivamente a Posada Carriles en la base militar de Ilopango, en El Salvador, donde, bajo la dirección del teniente coronel estadounidense Oliver North, y como jefe de logística, proporciona armas y materiales a los contra-revolucionarios nicaragüenses - los contra. Violando una prohibición explícita del Congreso de los Estados Unidos, la operación es para más financiada gracias a toneladas de cocaína provistas por el cartel de Medellín, en Colombia.

Cuando estalla el escándalo Irán-Contras [1], Posada Carriles no se muestra durante algún tiempo antes de reaparecer como “consejero” de la policía salvadoreña, después de pasar por Guatemala en 1988 donde, en pleno conflicto armado -doscientos mil muertos-, trabaja para el gobierno como funcionario de inteligencia [2].

Independientemente de sus actividades al servicio de Imperio, dictaduras continentales y luchas contra insurreccionales, la prioridad de Posada Carriles siempre continúa siendo Cuba. Los grupos anticastristas de Miami y en particular la FNCA (Fundación Nacional Cubano Americana, NdT) lo financian bajo el tapete haciendo funcionar sus negocios. Siempre en América Central, recluta, forma -es experto en explosivos- y equipa a los guatemaltecos y salvadoreños a los que encarga la ejecución una serie de atentados en la isla. Del 12 de abril al 4 de setiembre de 1997, sus bombas estallan en hoteles de La Habana y Varadero - Meliá Cohiba, Capri, Nacional, Sol, Palmeras, Tritón, Castillo Miramar y Copacabana; en éste último, muere un joven turista italiano, Fabio Di Celmo.

El 17 de noviembre de 2000, Luis Posada Carriles es arrestado en Panamá en el momento en que preparaba un atentado con bomba contra Fidel Castro de visita en ese país para asistir a una Cumbre Ibero-Americana. El artefacto debía explotar durante una conferencia del presidente cubano a la Universidad, con el riesgo de herir, mutilar o matar una cantidad considerable de estudiantes panameños. Condenado el 20 de abril de 2004 a ocho años de cárcel “por haber comprometido a la seguridad pública”, Posada Carriles es amnistiado el 26 de agosto, por “razones humanitarias”, por la presidente panameña Mireya Moscoso, que debe terminar su mandato… el día siguiente. Ciertamente, el Presidente del Tribunal Supremo se había opuesto a esta medida, estando el pleito en curso de apelación siendo que la ley panameña estipula que no es posible indultar a un preso si el procedimiento judicial aún no está cerrado. Pero, en las semanas precedentes, Moscoso había recibido la visita del Secretario de Estado Colin Powell y de Otto Reich, cubano-estadounidense encargado de los asuntos del hemisferio occidental (América Latina) en el Consejo Nacional de Seguridad del Gobierno de George W. Bush. Después de la estadía de Reich al Panamá, un rumor había circulado insistentemente en Miami: “Arregló todo.” Ese 26 de agosto, los cómplices cubano-estadounidenses de Posada Carriles -Guillermo Novo Sampol, Pedro Remón et Gaspar Jiménez-, también amnistiados, aterrizan triunfalmente en Miami. Por las razones mencionadas anteriormente -no es ciudadano estadounidense-, su jefe no puede acompañarlos. Un segundo avión, a bordo del cual se encuentra Santiago Álvarez, lo transporta a San Pedro Sula, en Honduras. Es desde Centroamérica donde lo acogen y lo protegen altos funcionarios de la policía, colaboradores de la CIA, negociantes de armas y narcotraficantes que emprenderá el viaje que, en marzo de 2005, que le permite entrar clandestinamente a los Estados Unidos.

Según usted sea «los Cinco» o Posada

Caracas y La Habana han hecho demasiado ruido. Washington no puede fingir más que ignora el lugar de residencia del “terrorista internacional” -según la definición de la Federal Bureau of Investigation (FBI)-, en tanto que éste pasa su tiempo dando entrevistas. El 17 de mayo, se resignan a arrestarlo. El 19 es encarcelado en El Paso (Texas), en una celda de “cincos estrellas”, acusado de… “violación de la legislación migratoria”: El 27 de setiembre, la justicia estadounidense determina que no será extraditado ni a Venezuela ni a Cuba para ser juzgado por sus crímenes [3], ya que… “podría ser torturado en esos países”. Movido por un sentimiento de rencor primitivo, Posada Carriles podría sobre todo revelar el lado oscuro de la “guerra sucia” conducida por Washington en América Latina y Cuba desde los años sesenta, las torpezas de la CIA e incluso, por qué no, el papel del que era director en 1976, en el momento de la explosión del CD-8 del Cubana de Aviación: George Bush (padre). El riesgo de ver expuesto abiertamente el American Way of Death es prácticamente el mismo si es realmente juzgado en los Estados Unidos. En resumen, Posada Carriles tiene en la cabeza secretos que muchos no desean que vean la luz del día.

Desde ese momento, dos escándalos judiciales estrechamente vinculados uno al otro colisionan públicamente. En efecto, el 24 de mayo de 2005, algunos días después de la detención de Posada Carriles, el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre las detenciones arbitrarias denunciaron el encarcelamiento, en los Estados Unidos, de cinco Cubanos -Gerardo Hernández, Ramón Labañino, René González, Fernando González y Antonio Guerrero-, destacando que viola las normas internacionales y exigen un nuevo proceso. Este mismo año 2005, diez Premios Nobel harán un llamamiento para la liberación de los cinco cubanos en cuestión [4].

Infiltrando sin violencia, por la cuenta del gobierno cubano, los grupos terroristas que responden a Posada Carriles con el fin de neutralizar los efectos en la isla, los “Cinco” fueron arrestados en Miami en septiembre de 1998, juzgados en esta ciudad y en condiciones asombrosas por “conspiración por espionaje” que ponía en peligro la seguridad nacional de los Estados Unidos, luego condenados en diciembre de 2001 a penas que superan toda comprensión [5].

Otra va a ser la suerte del que las acciones impusieron su presencia en Miami, en nombre de la legítima defensa de su país, Cuba. Después de haber decidido que Posada Carriles no podía ser extraditado ni a La Habana ni a Caracas, el juez William Lee Abott dio noventa días al gobierno para que encuentre un tercer país a donde expulsarlo. Washington busca entonces un lugar en el que pueda vivir tranquilamente. Posada Carriles que está listo para preparar sus valijas -es una de sus grandes especialidades. Pero: Canadá, México, Honduras, Costa Rica, Guatemala y El Salvador se niegan a aceptarlo en sus respetivos territorios, Washington se queda con ese amigo cargoso en sus manos.

Aunque el Gran Jurado haya sido convocado en Newark (New Jersey) en enero de 2006 para escuchar su testimonio sobre su implicación en los atentados de La Habana en 1997, la justicia estadounidense le concede la libertad condicional, contra una fianza de 350.000 dólares, el 19 de abril de 2007. Disfruta desde ese momento de un retiro tranquilo en la urbanización Lago del Rey, en el sudoeste de Miami. Pasarán cuatro años con maniobras dilatorias, intrigas y artimañas, antes que por fin se abra el proceso, el 10 de enero de 2011, en El Paso. ¿Por qué esa ciudad de Texas? ¡Porque Posada Carriles tiene imaginación! Interrogado por las autoridades migratorias, pretendió que, viniendo de México, atravesó en automóvil la frontera de ese Estado, en Brownsville, y a continuación viajó en autobús Greyhound hasta Miami. Mintió una vez más al departamento de Justicia y Seguridad cuando, habiendo solicitado asilo político y su naturalización estadounidense, negó, bajo juramento, estar relacionado de una manera u otra a los atentados que tuvieron lugar en Cuba en 1997.

Crímenes sin castigo

Bajo la presidencia de la jueza federal Kathleen Cardone, nombrada en 2003 para ocupar esa función por… George W. Bush, el show puede comenzar. Prestándose a sonreír, once cargos son presentados contra Posada Carriles, que comparece como acusado libre: perjurio, fraude, obstrucción a la justicia, infracción a las leyes estadounidenses de inmigración, etc… Además, con el riesgo para el acusado, señalado por José Pertierra, el abogado que representa a Caracas para su extradición, de que: “Si el tribunal lo juzga culpable de haber mentido respecto de su relación con los autores de los atentados de la Habana, la justicia estadounidense estará obligada a perseguirlo como autor intelectual de los crímenes”. La defensa no se equivoca, desde la primera audiencia, se concentra en transformar el affaire Posada Carriles en un proceso contra… Cuba. El abogado Arturo V. Hernández se puso todavía más inquieto cuando la jueza autorizó al Ministerio Público a presentar 6500 documentos provenientes de La Habana. Permitió también utilizar como prueba elementos proporcionados por el gobierno guatemalteco, entre ellos el pasaporte falso a nombre de Manuel Enrique Castillo López con el que Posada Carriles entró a México (ver más abajo).

El 19 de enero, la funcionaria de la inmigración Susana Bolaños avanza hacia el estrado. Tuvo que examinar el formulario N400 con el cual Posada Carriles pedía su naturalización. A la pregunta “militó en algún momento, para derrocar a algún gobierno”, él respondió “sí”. A la pregunta concerniente a los antecedentes penales, mencionó una condena que lo confinó a cuatro años de prisión en Panamá. “Esos hechos definitivamente me preocuparon”, concluyó Bolaños. El abogado Hernández respondió rápidamente: el acusado no tiene un conocimiento del inglés suficientemente fluido como para haber comprendido cabalmente, las preguntas que le hicieron.

Cubano-estadounidense, pero también informador (a cambio de su naturalización) a sueldo del FBI, Gilberto Abascal presta declaración durante seis días a partir del 24 de enero. Reclutado por Santiago Álvarez como mecánico, formaba parte de la tripulación que, a bordo, del yate Santrina, fue a recoger a Posada Carriles a Yucatán y a transportarlo clandestinamente a Miami. Abascal confirma la vía de entrada real del acusado. Sacando de la manga informes médicos de la Agencia de Seguridad Social, la defensa intenta desacreditarlo: se le habían diagnosticado serios síntomas de esquizofrenia, entre 2002 y 2003, después de una caída, en 2000, desde un inmueble en construcción. “Problemas mentales” concluyó el abogado. Lo que no debería hacer olvidar que Abascal probó sus declaraciones mostrando una fotografía de Posada Carriles haciéndose cortar el pelo por un peluquero de la isla Mujeres, antes de embarcarse en la Santrina.

Abascal va a pagar muy caro su prestación. El 27 de enero, el juez Cardone le pide sentarse en el banco de los testigos y le pregunta, antes de la llegada de los jurados: “Sr. Abascal, parece perturbado. ¿Quisiera explicarme lo que ocurre?”. Hay en la voz del testigo un matiz de amargura cuando responde: “[el abogado] Arturo Hernández le inventó historias a mi mujer y ella me llamó para decirme que en razón de este hostigamiento, no quiere saber más nada conmigo [6]”. Es que Abascal desde hace tiempo, les despierta odio. También fue un testigo “clave” de la acusación en la comparecencia de Santiago Álvarez, el propietario del Santrina, en 2006, en Miami. Detenido por el FBI en 2004 por posesión de un arsenal (AK-47 y AR-15 con los números de identificación limados, silenciador, granadas, etc.), en su oficina de Hialeah, en Miami, Álvarez se ha condenado a cuatro años de prisión por este motivo, pero también porque se negaba a dar testimonio para explicar cómo Posada Carriles había llegado a los Estados Unidos. En agosto 2006, en Miami, Abascal escapó por poco de una tentativa de asesinato con arma de fuego. Una vez más, en El Paso, parece un conejo encandilado por los faros de un camión. Con gran severidad, al comenzar la audiencia y después de haber pedido a los fiscales que se acercasen, la jueza llama al abogado al que amonesta por el delito federal -intimidación de testigo-, pasible de prisión. De todas maneras para que los jurados no puedan escuchar la conversación, previamente desconectó el micrófono. Cuando la sesión continua, el abogado mantiene en vilo a Abascal durante un tiempo interminable, ¡lo intimida, lo insulta, lo trata de ladrón, de mentiroso, de espía de Cuba, de mercenario y de loco!

Para recordar, digamos que durante los siete meses de proceso a los Cinco, en Miami, en 2000 y 2001, fue el fiscal el que permitió todo tipo de presiones y amenazas contra los jurados - tomados como presas de caza en el Palacio de Justicia, desafiados por la multitud de anticastristas, acosados por los periodistas que tomaron partido por la extrema derecha cubano estadounidense - al tal punto que los jurados expresaron el temor por su seguridad en varias ocasiones.

El 7 de febrero, nos enteramos por boca de Steven Ussher, investigador del Servicio de Inmigración y del Control de Aduanas, que las autoridades estadounidenses jamás dieron la orden de investigar o examinar el Santrina para buscar pruebas de la presencia de Posada Carriles. El 8 el abogado de éste último libra una batalla desesperada para convencer a la jueza para que impida o retarde el testimonio del teniente coronel de la Seguridad cubana Roberto Hernández Caballero.

Una vez más, dos asuntos entran en colisión - y curiosamente: el 29 de marzo de 2001, a la petición de la defensa de los Cinco, Hernández Caballero ya prestó testimonio ante el Tribunal Federal de Miami. Su adversario de ayer, el Gobierno de los Estados Unidos, le pide ahora presentar los mismos elementos de la investigación contra Posada Carriles, siendo que los combatió violentamente cuando habrían permitido, usando una lógica correcta, absolver los Cinco. Es cierto que, esta vez, lo que está en juego es menor: no se juzgan los crímenes de un anticastrista contra Cuba, ni a los que intentaron impedirlos, sino algunas “pequeñas mentiras entre amigos”.

El 9 de febrero, se interrumpió permanentemente por las objeciones de la defensa de que el coronel Hernández Caballero suministre finalmente su declaración sobre los acontecimientos de 1997, los heridos que provocó y la muerte del turista Di Celmo. La jueza Cardone considera entonces que ha hecho lo suficiente sobre el tema. Decide que el testigo siguiente -Ileana Vizcaíno Dime, especialista cubana de medicina forense que hizo la autopsia del cuerpo de Di Celmo- será interrogada por la acusación y la defensa, pero… sin de la presencia de los jurados. De la misma manera, no permite que se presente a éstos un fax particularmente esclarecedor enviado por Posada Carriles a sus cómplices, desde Guatemala, en 1997.

Interceptado por Antonio “Tony” Álvarez, hombre de negocios cubano a exiliado que, en la Ciudad de Guatemala, compartía a una oficina con el terrorista (sin sospechar inicialmente sobre sus actividades), el fax en cuestión, firmado Solo- uno de los seudónimos favoritos de Posada [7] -exigía de sus interlocutores información precisa sobre el resultado de sus atentados en la isla, entonces atribuidos a la oposición interna por los medios de comunicación internacionales: “Como se lo expliqué, si no hay publicidad, el trabajo es inútil. Los Diarios estadounidenses no publican nada si no se confirma la información. [...] Si no hay publicidad, no habrá pago. Espero tener noticias mañana [...]”. Alarmado, Álvarez había advertido a los agentes de la oficina del FBI en Miami que estrictamente no habían hecho nada.

En El Paso, antes de que su declaración interrumpida, “Tony” Álvarez, tendrá justo el tiempo de explicar que pudo constatar, en la época, la presencia, en la oficina de Posada Carriles, de un tubo llevando la mención “Industria Militar Mexicana -C-4 - Explosivos peligrosos”- precisión aportada en “pequeño comité”, la jueza Cardone tuvo, nuevamente, la delicada atención de hacer retirar a los jurados.

En una entrevista concedida a los periodistas Ann Louise Bardach y Larry Rother, el 18 de junio de 1998, en la isla holandesa de Aruba, Posada Carriles reconoció que había organizado la campaña contra objetivos turísticos cubanos en 1997, que era financiaba por la FNCA y su Presidente Jorge Mas Canosa, y que había pagado al salvadoreño Raúl Cruz León para colocar las bombas - incluida aquélla que mató a Di Celmo [8]. Posada Carriles se estaba incluso permitido algunas bromas: “El FBI y la CIA no me obstruyen. Soy neutro con ellos. Cada vez que puedo, los ayudo”. Esta entrevista se publicaba en Nueva York Times los días 12 y 13 de julio de 1998.

Es pues con mucho interés que se esperaba la presencia de Bardach en el proceso de EL Paso. No obstante, desde el principio, los dados fueron trucados, la defensa poniéndose de acuerdo con los fiscales Timothy J. Reardon y Jerome Teresinski para censurar la grabación realizada por el periodista en Aruba. De una duración original de seis horas y treinta minutos, ésta se redujo a dos horas y cuarenta minutos en la versión sometida a la escucha de los jurados. Se evitó así sobrecargarles la mente con: el papel de Posada Carriles en el escándalo Irán-contras, en los años ochenta; sus relaciones clandestinas con las organizaciones paramilitares de El Salvador y Guatemala, durante la misma década; su relación de más de treinta años con la CIA.

Durante cuatro días, Bardach debió defender vigorosamente su trabajo y responder a los ataques insidiosos o directos del abogado Arturo Hernández. Así: “¿No cree que violó el código de ética periodístico escribiendo en el New York Times que Cruz León trabajaba para Posada?”. Bardach responde con una voz aguda: “Si, abogado Hernández, Cruz León, trabajaba para Posada. Éste me lo dijo - “soy el jefe, el autor intelectual, el responsable de la operación”.  Hernández insiste. Lee la transcripción en la cual Posada Carriles afirma que “otro tipo” empleó a León. “¡Otro tipo! ¡Cualesquiera puede haberlo empleado!”. Bardach se exaspera: “¡Sé quién es el tipo, ustedes saben quién es el tipo, ellos [los fiscales] saben quién es el tipo! ¡Todos sabemos quién es el tipo, pero no podemos decirlo! ¡Ustedes no quieren que se diga quién es el tipo! Digamos que se llama Sr. X. Este tipo nunca habría reclutado a Cruz León si Posada no hubiera querido que reclutara a Cruz León…”

Desencriptado (excepto para los jurados, a quienes se prohíbe el acceso a esta información): “el tipo” se llama a Francisco Chávez Abarca. Salvadoreño, fue uno de los que colocó bombas. Una de entre ellas estalló el 12 de abril de 1997, en la discoteca del hotel Meliá Cohíba, causando importantes daños; otra, disimulada en el piso quince del mismo establecimiento, pudo desactivarse a tiempo. Siguiendo instrucciones de Posada Carriles, reclutó y entrenó -entre otras cosas-, para el mismo tipo de “trabajo”, a dos otros salvadoreños, a Otto Rodríguez Llerena (detenido en ocasión de su segunda misión en La Habana, el 10 de junio de 1998) y Cruz León. El 1 de julio de 2010, portador de un falso pasaporte guatemalteco, Chávez Abarca fue detenido en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía (Caracas). Tras su detención, reconoció haber entrado a Venezuela para evaluar la posibilidad de crear, en vínculo con miembros radicales de la oposición, desordenes y atentados con miras a desestabilizar el país, en la víspera de las elecciones legislativas del mes de septiembre siguiente. Obtenida la extradición a Cuba el 7 de julio, durante el juicio, llevado a cabo el 20 y 21 de diciembre, reconoció su culpabilidad y describió las operaciones que le encargó Posada Carriles [9].

Cuando, a la solicitud de la defensa, se presenta Otto Reich, el juez Cardone lo presenta como un “experto en asuntos cubanos”. Es sobre todo un ex colaborador directo de los Presidentes: Ronald Reagan, George Bush I y George Bush II. Implicado en Irán-contras y en todos los “golpes sucios” de Washington en América Latina, desempeñó también un papel en la tentativa de derrocamiento del Presidente Chávez, en abril de 2002, en Venezuela. Los jurados no tienen por qué saberlo, inútil de sobrecargarles la mente. Envalentonado por su rica experiencia Reich lanza una larga acusación contra la “dictadura cubana” dónde “se tienen cincuenta mil militares prisioneros (¡sic!)”, antes de tomarse contra Bardach -“capaz de adulterar las respuestas de cualquier entrevistado”- incluso en el New York Times, casi cualificado de diario cripto-cubano.

El 8 de abril, al término de una comedia que se eternizó durante trece largas semanas, y después de tres cortas horas de deliberaciones, el tribunal, por unanimidad, declaró a Posada Carriles inocente de los once cargos que pesaban sobre él. El Sur de los Estados Unidos obliga, la mayoría de los doce jurados eran de origen hispano. Ahora bien, El Paso, situado sobre la frontera mexicana, es una de las puertas de entrada de la inmigración ilegal al territorio estadounidense - práctica que, para todo individuo llegado él mismo en esas condiciones, o descendiente de personas que recurrieron a esa práctica, no solo no constituye un crimen, sino que además es vista con una cierta simpatía.

Por lo tanto, considera el abogado de Caracas Pertierra, “juzgar a un “sin papeles” por haber mentido a Inmigraciones es absurdo para un paseño. ¡Esos casos, normalmente, sólo requieren el tiempo necesario para bailar un merengue a la puerta de un colegio! ” Tanto más cuando el jurado nunca ha sabido que, si Posada Carriles mintió, es sobre todo para proteger los que, junto con Santiago Álvarez, a bordo del Santrina, le permitieron desembarcar ilegalmente en Miami (la ayuda a un “terrorista” es sancionada severamente por la ley). Nunca supieron que la jueza Cardone había rechazado el caso Posada Carriles en 2007. Pretendió que el Gobierno había engañado a este último para que hiciese falsas declaraciones que permitirían, a continuación, proseguirlo por perjurio. Fue necesario que un Tribunal de apelación invalidase esta decisión y obligase la magistrada a abrir el pleito.

En estas condiciones, nadie se asombrará de que el juicio se haya transformado en la puesta en escena de una pieza teatral de acusación a Cuba; que Cardone constantemente haya suspendido a las audiencias, durante varios días y bajo distintos motivos; que dejaban así el show perpetuarse durante más de tres meses, atontando a los jurados, lo que permitió que la defensa hostigase durante horas a los testigos; que haya dejado de lado las una serie de pruebas; que regularmente haya hecho retirar a los jurados de la sala cuando había testimonios importantes; que en numerosas ocasiones, haya intimado a estos mismos jurados de no tener en cuenta lo que acababan de oír; que…

En revancha, no pudo ni prever ni prevenir la pequeña bomba que estalló el 18 de enero (metáfora, N. del T.). Ese día, informaba Gina Garrett-Jackson, abogada del Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security). Ésta dijo cómo, en contacto con fiscales federales y agentes del FBI, la Policía de aduanas e inmigración, así como con el Drug Enforcement Administración (DEA) [10], trabajaba en 2005 sobre el caso Posada Carriles. No ignorando que, debido a sus anteriores actividades, no cumplía las condiciones para obtener el asilo político, explicó a El Paso, “sin embargo lo interrogué con todo detalle ya que mi deber era indagar sobre su credibilidad. Y no le creí”. Lo que la llevó, en agosto de ese año, a contactar por correo electrónico a una fiscal federal de Miami, Caroline Heck Miller, para preguntarle si no le parecía conveniente perseguir a Posada Carriles “por sus actividades criminales”. Por la respuesta Garrett-Jackson concluyó: “La fiscal no pareció interesada”.

Heck Miller no es una desconocida. Fue la encargada de la acusación contra los Cinco, en ocasión de su inicuo proceso, en Miami. Fue ella quién, bajo las ordenes del fiscal general del sur de Florida, Guy Lewis, cuya convivencia con la extrema derecha cubano-estadounidense apenas disimulaba, pidió contra los Cinco castigos más severos que los previstos en la “guía de penas” de los Estados Unidos. En agosto de 2005, precisamente, cuando ignora la invitación de Garrett-Jackson a interesarse seriamente en el caso de Posada Carriles, tres jueces de la Corte de Apelación de Atlanta acababa de decretar la nulidad del proceso contra los Cinco. En su argumentación, se referían extensamente a la larga lista de crímenes de Posada Carriles y otros terroristas que los Cinco tenían que vigilar y, gracias a la información que recogían, contribuir a neutralizarlos [11].

Entonces, ahora sabemos, que ella misma -Heck Miller- que desplegó una energía enorme para hacer condenar a Gerardo Hernández, Ramón Labañino, René González, Fernando González y Antonio Guerrero a penas inicuas por crímenes que no cometieron, se negó a perseguir a Posada Carriles por crímenes perfectamente probados.

Como para hacer la historia aún más inmoral, el 18 de enero, mientras que Garrett-Jackson indagaba en El Paso, Heck Miller reapareció en Miami: donde nuevamente solicitó la prórroga de la solicitud de habeas corpus presentada por uno del Cinco, Gerardo Hernández, el hombre a quien lanzó a las cárceles estadounidenses por dos perpetuidades más quince años.

Notas

[1] Violando el embargo internacional, el gobierno de Ronald Reagan vende material militar a Irán y utiliza ese dinero para financiar a los contras.

[2] Es en esta época, le 28 de febrero de 1990, que Posada Carriles es víctima de un atentado, en la ciudad de Guatemala. Lo alcanzan dos tiros: uno le rompe la mandíbula y le atraviesa la lengua, el otro se fija junto al corazón.

[3] La Habana reclama a Posada Carriles por la muerte de los setenta y tres pasajeros y miembros de tripulación del CD-8 de la Cubana de Aviación, en Barbados; por la muerte del turista italiano Fabio di Celmo en 1997; para varias conspiraciones con el fin de asesinar a Fidel Castro. Caracas lanzó una orden de detención internacional ya que fue en esa ciudad que se organizó el crimen en Barbados y porque Posada Carriles se evadió de una prisión venezolana en 1985.

[4] José Ramos-Horta, Wole Soyinka, Adolfo Pérez Esquivel, Nadine Gordimer, Rigoberta Menchú, José Saramago, Zhores Alferov, Darío Fo, Günter Grass, Mairead Corrigan Maguirre.

[5] Quince años de cárcel para René González; diecinueve años para Fernando González; perpetuidad más dieciocho años para Ramón Labañino; perpetuidad más diez años para Antonio Guerrero; dos perpetuidades más quince años para Gerardo Hernández. Al término de una muy larga batalla judicial, Antonio Guerrero vio su castigo reducido a veintiún años más diez meses, el 13 de octubre de 2009; Ramón Labañino a treinta años de encarcelamiento y Fernando González a diecisiete años más nueve meses, el 8 de diciembre de 2009.

[6] Episodio relatado por José Pertierra, en Cubadebate, el 28 de enero.

[7] Inspirado en una serie televisiva famosa en los años 1960, MAN from U.N.C.L.E., (el hombre de U.N.C.L.E. (United Network Command for Law and Enforcement), NdT)), cuyo héroe se llamaba Napoleón Solo.

[8] Detenido el 4 de septiembre de 1997 La Habana, condenado a muerte en 1999, Cruz León al apelar vio su pena reducida a treinta años de prisión por la justicia cubana, el 3 de diciembre de 2010.

[9] Fue condenado a treinta años de prisión.

[10] Organismo para la lucha contra las drogas, dependiente del ministerio de justicia.

[11] El Fiscal General de los Estados Unidos, Alberto González, se apoyó en la decisión de los tres jueces y, el 9 de agosto de 2006, el Tribunal Plenario la desaprobó, ratificando el pleito de Miami.

Tomado de Cubadebate

*Periodista y escritor francés, autor de la primera novela escrita sobre el caso de los Cinco cubanos prisioneros en los EEUU.

“El mundo pa’ que sea mundo…”

viernes, 15 de abril de 2011
Por Omar Stainer Rivera* 

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“El mundo pa’ que sea mundo, tiene que haber de to’ ”. Mentirosos, terroristas, extremistas, violentos… Esa es una verdad de Perogrullo, tan vieja como el mismísimo mundo.

“El mundo pa’ que sea mundo,  “tiene que haber de to’ ”. Solidarios, honestos, justicieros... Esa es una verdad de Perogrullo, tan vieja como el mismísimo mundo.
Coexistimos los unos y los otros, los bueno y los malos, los que sí y los que no; olvidemos los matices.

La anterior explicación es necesaria. Debí dársela a un vecinito curioso e inquieto que puso mi capacidad de respuesta a prueba: “¿Cómo es posible que el malo se salga con la suya?”. Se refería a Posada Carriles. En Cuba hasta los pioneros saben que ese señor con voz incomprensible, mirada “tierna”, dinero abundante y padrinos poderosos, es un terrorista.
¿Cómo explicarle a un niño que “Luisito” no es un terrorista cualquiera, sino uno “bueno y destacado”? ¿Cómo explicarle que Luisito, pese a su hoja de servicios, no clasifica para una detención por tiempo indefinido en la base naval de Guantánamo? ¿Cómo explicar que los bueno son malos, que los malos son buenos, y que los que van a prisión allá son los buenos que son malos y no los malos que son buenos? 

He seguido con particular interés, como todo el pueblo de Cuba, los acontecimientos del Paso, Texas. Confieso que la absolución de todos los cargos no me sorprende, pero me indigna. He realizado una pequeña revisión en mi archivo personal y encontré algunos “elementicos” de interés que corroboran el carácter desteñido de la (in) justicia “made in USA”.   

Cuando los Cinco fueron detenidos en septiembre de 1998, se les acusó de conspiración para cometer espionaje, no registrarse como agentes extranjeros y empleo de identidad falsa. 

Posteriormente -siete meses después de iniciado el proceso judicial- la Fiscalía introdujo una nueva acusación contra Gerardo. Se trata del elemento de mayor gravedad por su connotación y falsedad. Fue acusado entonces de conspiración para cometer asesinato en primer grado. A todas luces se trataba de algo grave, pero ridículo. La propia Fiscalía, en un ataque de sensatez y cordura, solicitó retirar dicha acusación. Y como nuestra capacidad de asombro está puesta a prueba a cada minuto, la Corte denegó la propuesta, pese a que "a la luz de las pruebas […] constituye un obstáculo insuperable […] impone una barrera insuperable". El Tribunal condenó a Gerardo por un delito que la Fiscalía reconoció no poder probar. ¡Insólito! Sin embargo, pese a que el tema de ese absurdo delito de “conspiración para cometer asesinato” fue presentado mucho tiempo después, se trataba de una estrategia concebida desde el primer momento.

Un análisis del reportaje “Caso de red de espías trae cola” (13/11/1998), aparecido originalmente en The Miami Herald y traducido por El Nuevo Herald, de la autoría de David Kidwell, asegura que:

“Los fiscales federales están tratando de cambiar el caso que tienen contra una red de espías cubanos hacia acusaciones en contra de los responsables del derribo de dos aviones de reconocimiento de la organización Hermanos al Rescate hace casi tres años.”

El periódico reconoce que el derribo de las avionetas “el 24 de febrero de 1996 ha sido el foco de los agentes de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) que durante horas han interrogado a los espías”.

Para el Herald, las declaraciones dadas por Manuel Viramontes –Gerardo Hernández- confirman su implicación en los hechos. El cubano arrestado mordió la “carnada” y confesó que su “objetivo principal era trabajar en contra de grupos que continuamente amenazan al pueblo cubano, colocando bombas y organizando incursiones para disparar a las costas cubanas”.

Como dice el cabo Pantera –humorista cubano- “me van a partir el cerebro”. ¿Cómo es posible que esas declaraciones impliquen a Gerardo con el derribo de las avionetas? Entonces aparece un nombre: Thomas Scott, quien constituye otro ejemplo de que “el mundo pa’ que sea mundo, tiene que haber de to’ ”. 

Ese señor abogado, en fecha tan temprana como noviembre de 1998, realizó “reuniones privadas” con “las familias de los pilotos y tripulantes muertos […] y el recién nombrado jefe del FBI en Miami, Héctor Pesquera”. El objetivo de esas reuniones lo revela Maggie Khuly - hermana de uno los pilotos muertos, Armando Alejandre-. “Antes de que Scott llegara, nada parecía caminar. Ahora, parece que las cosas sí van a funcionar. Es la mejor noticia que hemos recibido hasta el momento, pero antes estábamos decepcionado”.
Scott, según se infiere, fue uno de los artífices de la acusación realizada contra Gerardo y donde se responsabiliza con la muerte de cuatro personas como consecuencia del derribo de dos avionetas. 

Y revisando y revisando, encontré un artículo de la Redacción de BBC Mundo: “Posada Carriles rinde cuentas ante la Justicia de EE.UU.” (11/01/2011).

Según opina Thomas Scott, “la decisión federal de acusarlo (a Posada Carriles) de perjurio fue una decisión inteligente. Probar un caso de homicidio hubiera sido muy difícil después de 25 años y con las pruebas dispersas en muchos lugares. En cambio, probar el caso de perjurio es una forma más fácil de hacerlo y se dispone de mayores pruebas ante el jurado y para sostener una condena”. 

Scott, en su condición de ex juez federal y ex fiscal federal del Sur de Florida debería conocer el carácter falso del proceso. Es como que alguien entre a su casa, robe sus pertenencias y sea juzgado por romper las maticas del jardín. Pero Scott es un hombre informado, o por lo menos debía serlo, debería conocer que Posada es un mentiroso, pero que es un terrorista. ¿Qué pesa más?

Sus fantásticas declaraciones, en apariencia condenatorias, revelan que "el caso de perjurio no conlleva una pena tan larga como el de homicidio y un jurado en Estados Unidos estaría menos dispuesto a condenar a un hombre de 82 años por homicidio de lo que lo estaría por perjurio, que acarrea una condena suficiente, pero menor. Y lo más importante aquí, desde el punto de vista de Estados Unidos, es condenar a este hombre para demostrar que no sale impune”.

¿Impune, dice Thomas Scott?

“El mundo pa’ que sea mundo, tiene que haber de to’ ”.

*Graduado en Psicología por la Universidad Central “Marta Abreu”, de Las Villas.

Imagen agregada: Caricatura Montos, Periódico Escambray
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