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EL DOGMATISMO ANTICAPITALISTA

jueves, 28 de febrero de 2013
En ocasiones anteriores hemos hablado de los diferentes sistemas de dominación y adoctrinamiento que usa el poder y que dan, como uno de los principales resultados, una masa de personas (ciudadanos como les gusta que nos llamemos) acríticas con una nula capacidad para cuestionar los grandes dogmas del sistema capitalista.
Sin embargo, esta vez me gustaría hablar de cómo esos mismos mecanismos (a menor escala pero con resultados más que aceptables) se reproducen en muchos movimientos o colectivos llamados anticapitalistas. No dejando esto de ser una opinión personal basada en la propia experiencia y sin intención de generalizar, no puedo dejar de pensar que esto no es una situación tan excepcional.

Teniendo en cuenta que la crítica a esos mecanismos forma, o debería formar, parte del núcleo de la crítica al capitalismo y a, por extensión, cualquier sistema basado en la dominación; creo sinceramente que es algo sobre lo que deberíamos reflexionar ya que la situación a la que nos enfrentamos todas las personas que creemos en la necesidad de un cambio social requiere de una respuesta profunda donde no podemos olvidar combatir y destruir estos mecanismos que nos llevan una y otra vez a repetir errores pasados.

Así de manera más o menos formalizada nos encontramos con un choque frontal entre las críticas al sistema y la práctica cotidiana de los espacios alternativos.

Uno de los primeros aspectos con los que nos encontramos en este choque son unas estructuras verticalizadas de manera formal que, a menudo, repiten los mecanismos de filtrado y depuración dentro de la estructura que llevan irremediablemente al servilismo y al seguidismo acrítico para poder subir en el escalafón a la caza del poder para imponer la propia visión dentro del colectivo.

Incluso en espacios formalmente horizontales se produce esta verticalización a través de los liderazgos encubiertos que se ejercen (consciente o inconscientemente, pero se ejercen) y que en numerosas ocasiones enmascaran como consensos lo que no son más que los deseos personales de personas carismáticas que participan en esa asamblea. En ambos casos, se ve truncada la aspiración de la participación de todos en la toma de decisiones bien sea por imposibilidad, bien sea por falta de empuje y/o capacidad de argumentar.

Otro aspecto con el que nos encontramos, sobre todo, la gente que hemos decidido no hace mucho dejar de lado las convenciones sociales y adentrarnos en la lucha social es con un cuerpo doctrinario (socialista, libertario,…) prácticamente incuestionable y, por supuesto, de obligada aceptación inmediata so pena de ser tachado de pequeñoburgués o reformista con aspiraciones.

Así pues, nos encontramos con que se nos llena la boca hablando de la necesidad de un pensamiento crítico para construir una alternativa anticapitalista; pero luego es imposible aplicar ese mismo pensamiento para analizar los dogmas revolucionarios. Esto lleva irremediablemente a una lucha de matices que imposibilita la aparición de cualquier alternativa basada en las aportaciones y el desarrollo del pensamiento colectivo.

Otro gran bloque de contradicciones al que nos enfrentamos es todo lo que se refiere a las formas de acción y lucha y las consecuencias que acarrea. Tenemos claro que el poder puede cambiar mil veces de cara para que nada cambie y que tiene una capacidad inaudita para asimilar todos los movimientos de protesta que intuye que mínimamente puede inquietarle. También damos por sentado que en su afán acumulativo de poder y dominación se reinventa a cada paso.

Frente a estas creencias, seguimos repitiendo nuestras respuestas esperando que cambien los resultados no se sabe bien por qué razón. Al final, esta dinámica de repetición y esterilidad en la lucha hace que la propia acción se convierta en el fin; en lugar de ser el medio para conseguirlo. Esta situación nos lleva irremediablemente a acatar los criterios capitalistas de medición del éxito y acabamos alegrándonos si nuestra organización consigue “sacar” cierto número de personas a la calle auto-convenciéndonos de que esto es el principio de la revolución soñada.

Por supuesto, consecuencia directa de todo esto es la aceptación de un concepto tan capitalista como la competitividad a la hora de analizar estos supuestos éxitos de movilización. Nos vanagloriamos de convocar a más gente que no se qué otra organización y, de paso, tratamos como borregos a todas las personas que salen a la calle convencidas de su contribución a la lucha. Así damos un paso al frente y pasamos a considerar a la organización lo primero y más importante y fundamos, extraoficialmente, nuestro propio gueto, cuyo máximo objetivo pasa a ser el convertirse en la organización más anticapitalista de todas (rozando en ocasiones la locura narcisista con el rollo ese de ser los más puros). Al final, esta dinámica nos lleva a la lucha de egos (por no decir gallitos/as) y a olvidar que nosotros solos no vamos a ninguna parte, que el cambio o lo hacemos entre todas las personas o no lo haremos.

Mientras todas estas dinámicas se repiten una y otra vez, el poder se regocija abiertamente de cualquier esfuerzo de contestación. O empezamos a convencer a través del ejemplo o cada uno a su local a dirigir su pequeño corral y fardar de ello con los colegas.

Fuente: Quebrantando el Silencio

EN ESTE 2013

sábado, 5 de enero de 2013
Iniciamos un nuevo año y aunque sea un topicazo no podemos dejar pasar la oportunidad de hacer balance de lo pasado y realizar una pequeña reflexión sobre lo que está por llegar.
 
Venimos de un año que nos ha arrastrado un poco más hacia ese pozo sin fondo que es la estafa capitalista de la crisis. En su nombre (el de la crisis) todos los ámbitos de nuestra vida se han precarizado de manera radical hasta ponernos en una situación teóricamente insostenible, digo teóricamente porque la capacidad de aguante y la credulidad de las personas no deja de asombrarme cada día que pasa.

Más de once millones y medio de personas en riesgo de pobreza o exclusión social en todo el Estado, un paro cercano a los seis millones, un 22% de los hogares españoles (prácticamente 1 de cada 4) están por debajo del umbral de la pobreza, la brecha económica entre ricos y pobres se agranda a cada segundo, más de 80.000 desahucios a causa de la codicia y el terrorismo bancario,…

Todo esto acompañado por la actuación de un gobierno que al igual que su predecesor, se ha dedicado a realizar la doble función que tiene encomendada dentro del sistema capitalista: proteger y favorecer los intereses del capital (que al fin y al cabo son los suyos) y fortalecer su propia estructura, esencialmente represora. Así, venimos sufriendo la desposesión de todo derecho laboral y la imposición de un trabajo esclavo (o lo tomas o en la calle, hay cien mil que lo quieren, te dicen) en aras de eso que se llama competitividad y que no es otra cosa que abaratar costes de producción (a base de bajar salarios y subir jornadas laborales) para aumentar los beneficios empresariales. El progresivo desmantelamiento de los servicios públicos para poder hacer negocio y sacar beneficios de la educación y la salud de las personas; a la vez que dedicar miles de millones que dejamos de invertir en ellos, a transferirlos a las cuentas de resultados de los bancos. Sin olvidar una reforma educativa que pretende envilecer más si cabe la educación dejándola al nivel del mejor nacional catolicismo. Sin embargo, no todo lo “público” se desmantela. Hemos visto aumentar el gasto represor (policial y militar) y durante todo el año hemos tenido muestras de sobra sobre cómo el Estado trata a las personas que osan enfrentarse (ni que sea mínimamente) al sistema. La represión de cualquier tipo de protesta ha sido brutal y sin contemplaciones, palizas, agresiones, detenciones ilegales, multas, identificaciones aleatorias, persecución y un largo etcétera.


Esto es sólo un breve resumen, lo malo es que el 2013 se presenta infinitamente peor que el año pasado. La profundización en las políticas de recortes (austeridad es el término técnico) y desposesión de derechos irán en aumento. Amparados en los dictados del Mercado y la Troika y en la impunidad de la que se saben dueños, gracias a esa magnífica falacia de la representatividad de un pueblo, seguirán con la misma línea de empobrecer a la mayoría de la población para enriquecerse más y más un pequeña minoría que no tiene el más mínimo atisbo de remordimiento frente a la miseria y la muerte que están causando.

No debemos engañarnos, estamos todavía lejos de vivir un periodo revolucionario (de hecho está más cerca uno involucionario que otra cosa). No tenemos ni la conciencia ni la valentía suficiente (al menos de momento) para emprender ese viaje. Esto no es razón para desfallecer, todo lo contrario, es momento de redoblar esfuerzos y no dejarse agotar ante la abrumadora evidencia del triunfo del sistema.

En este 2013 debemos tener presente las dos líneas de lucha que tenemos ante nosotros.

Por un lado, tenemos la pelea del día a día contra la incesante pérdida de derechos y el aumento vertiginoso de la pobreza (tanto económica como social) a nuestro alrededor. Ahí están la lucha sindical, no necesariamente a través de sindicatos, en la esfera laboral; también tenemos los movimientos de defensa de los servicios públicos, la labor del activismo en defensa del derecho a la vivienda,… Todas estas luchas y muchas otras son necesarias e imprescindibles en estos momentos de necesidad material absoluta. Además, cumplen un propósito secundario como puerta de acceso a la lucha social de muchas personas que hasta la fecha vivían en la aparente tranquilidad del “Estado de bienestar” y del “Capitalismo amable”. Sin embargo, este constante ir a contracorriente de las decisiones políticas no puede ni debe convertirse en un fin en sí mismo, es decir, no podemos caer en la tentación de conformarnos con quedarnos como estábamos hace unos años. El peligro de sucumbir a los cantos de sirena lanzados tanto desde la socialdemocracia (y desde luego no me refiero al PSOE) como desde posiciones, apenas disimuladas, neofascistas acerca de que la gran solución pasa por imponer una regeneración democrática (qué miedo da esta expresión) y las oportunas regulaciones en las reglas de juego del capitalismo.

Así pues, hay que apoyar y participar de estas luchas pero no debemos perder la perspectiva de que hay una segunda línea de lucha, de fondo, de sacrificio, pero que es la que verdaderamente puede ofrecernos la posibilidad de llegar a ese cambio revolucionario tan necesario por el bien de la humanidad y del planeta.

Esta segunda línea parte de la conciencia de que no es posible vivir de manera digna y libre bajo este sistema cuyos cimientos se asientan en la explotación de todo y de todos hasta la muerte. Y sobre esta certeza y desde la que nos ofrece la observación directa acerca de que todo Estado no es más que un aparato montado para administrar y gestionar los asuntos e intereses comunes de la clase dominante y, para cuando la ocasión lo requiere, reprimir sistemáticamente a la población; debemos trabajar fuera del radio de acción y de las normas del sistema.

En lo personal, esta línea parte de la autoformación de esa conciencia crítica. Es imprescindible desconectarse del consumo acrítico de información y empezar a pensar por nosotros mismos. A partir de ahí, debe ser nuestro primer objetivo crear, apoyar y participar activamente en la creación o mantenimiento de iniciativas-proyectos que ofrezcan alternativas. Proyectos basados en la autogestión (es imprescindible no depender económicamente) y la horizontalidad, en formas de trabajo cooperativas y no competitivas que busquen el bien común y no el lucro individual. De esta forma es imprescindible el disponer de una red de medios de comunicación e información ajenos a la lógica del capital; es indispensable el fortalecimiento y la ampliación de las iniciativas cooperativistas y colectivistas como alternativa a la explotación capitalista; es necesario el empoderamiento político y social de todas las personas a través de asambleas populares donde poder participar y decidir sobre aspectos comunes vitales; necesitamos con urgencia la creación de un “sistema educativo” (por llamarlo de alguna forma) que ofrezca visiones y maneras diferentes de vivir.


En definitiva, hay que ser capaces de comprender que sin esfuerzo y sacrificio (obviamente acompañado de la alegría que da el ser coherente en tu día a día). No hay verdadero cambio sin estar dispuestos a perder todo aquello que creemos poseer, sin esto no es posible la ansiada revolución.
 

UN AÑO DE 15M

jueves, 24 de mayo de 2012
Ha transcurrido un año ya desde que empezara el denominado Movimiento 15M o de las Indignadas. Sé que se ha escrito muchísimo al respecto pero como ha sido un periodo de tiempo muy intenso en lo personal, no quiero dejar pasar la oportunidad de hacer una valoración desde mi propia experiencia.
Vaya por delante que jamás me había visto involucrado en un acontecimiento tan masivo en el que el ánimo imperante era el de una “revolución ética y social” (lo pongo entre comillas porque con el paso del tiempo he ido descubriendo que eso era el sentir de muchas de las compañeras, pero pronto se vio relegado por la urgencia y el discurso economicista de una parte de las personas que ha acabado por convertirse en el discurso dominante en la mayoría de las Asambleas).
Sin lugar a dudas y a pesar de la gran cantidad de críticas que ha recibido el 15M, tanto desde la derecha como de la izquierda (la que dice ser la verdadera) debo mencionar varios aspectos muy positivos que son con los que personalmente me quedo:
- La recuperación de las plazas como espacio público de verdad. Se ha traslado el debate y la formación política a la calle devolviéndole su condición de ágora popular. La naturaleza del 15M como espacio de encuentro ha permitido iniciar el camino de la superación de la atomización de la sociedad y fortalecer el aspecto más social de las personas. Asimismo, ha atraído al compromiso político a muchas personas que anteriormente vivían totalmente ajenas a esa esfera fundamental de la esencia humana.
- La adopción de la asamblea como forma de organización popular. Soy consciente que la mayoría de las asambleas que se han producido en las diferentes plazas distan mucho del ideal asambleario fundamentado en la reflexión e implicación personal y en la confianza y el apoyo entre sus miembros. Sin embargo, el sólo hecho de hacer propio este mecanismo como el más justo para la expresión política tiene un valor por sí mismo. Hemos reconocido que todas las voces son importantes y que la única representación verdadera es la de uno mismo.
- El contacto personal con muchas personas partidarias de una verdadera revolución ética que ha permitido compartir conocimientos e informaciones que, sin duda, me ayudan en mi autoformación del conocimiento. Estos contactos dan una nueva dimensión al lado social de las personas y han dado lugar a fantásticas conversaciones y acciones que me han ayudado a crecer como persona.
Como en toda valoración, hay una parte menos positiva del asunto. En este caso es más una idea global, poco definida pero que se sustenta en la falta de compromiso ético y personal por parte de muchas personas.
Esto no va de juzgar a nadie, puesto que cada una conoce sus circunstancias mejor que nadie, pero algo que me ha desanimado bastante a lo largo de este año ha sido el constante goteo de gente que abandonaba las plazas, quiero pensar que por motivos múltiples, pero que, al fin y al cabo, decidían dejar ese camino tan ilusionante que se iniciaba hace un año.
No puedo quejarme, era de esperar. Salvo honrosas excepciones que decidieron dejar las plazas para continuar la lucha desde sus anteriores posiciones en multitud de colectivos (la mayoría ante la pérdida de ilusión tras las primeras deserciones. Otros, los menos, tras comprobar que nada podían sacar en beneficio de sus luchas particulares) la mayoría de gente se desinfló al comprobar que nada había cambiado tras un par de meses de intensa actividad. Vivir en la sociedad de la inmediatez tiene estos inconvenientes, estamos tan acostumbrados a tenerlo todo rápidamente y casi sin esfuerzo que el menor inconveniente nos tira para atrás. La ingenuidad de los que pensaban cambiar el mundo en dos días dejó las plazas medio vacías, sin embargo, la gente consciente ha comprendido que esto es una carrera de fondo y ha sabido mantener y agrandar el trabajo realizado desde las Asambleas.
Otra cuestión a destacar ha sido el desmesurado activismo que ha acabado por quemar a mucha gente y ha diluido las fuerzas en un sin fin de proyectos “alternativos”.
Finalmente, quiero acabar dando mi opinión sobre el futuro más inmediato de lo que me gustaría fuera el 15M.
La principal tarea que debe ocuparnos es continuar con la autoformación y expansión del conocimiento crítico y del ser político. Sólo con personas conscientes y críticas con el sistema vigente será posible iniciar el verdadero camino hacia esa ansiada revolución ética. Por supuesto, no hay que dejar de lado el aspecto reivindicativo pero no debe recaer únicamente sobre el 15M el peso de la iniciativa puesto que para ello ya existen sindicatos, y colectivos que llevan años realizando esa labor. Sin embargo, no debe olvidar la denuncia original que salió de las gargantas de millones de personas: vivimos bajo un sistema partitocrático que debe ser combatido en todas sus formas porque es el único camino para derribar el sistema capitalista que nos ha llevado hasta aquí.
 
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