LECORBUSIER - TIEMPOS MODERNOS
Incrustado en nuestro acerbo cultural se encuentra el mundo del toro y todas las salvajadas a las que sometemos a este pobre animal sin derecho a tener una muerte digna. Las corridas de toros son una barbaridad legalizada lo que hace que sea más triste ya que se legisla la tortura animal diciendo como y de qué manera hay que torturarle hasta que muera desangrado en una agonía interminable.
Los defensores de este negocio dicen que el toro, un animal carente de cerebro y sistema nervioso (¡!), no sufre, pero hay que ser muy tonto, pero tonto rematadamente tonto, para pensar eso ya que las terminaciones nerviosas digo yo, estarán para algo, y recibirán estímulos como las nuestras, que para eso las tienen, y lo mismo que sienten el calor o sienten que un bárbaro le pinche con una punta de cinco centímetros o una espada diseñada para rajarle el corazón en dos cachos.

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