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Los “socialismos hermoseadores” o reformismos

viernes, 9 de agosto de 2013
Por Freddy J. Melo*

 

Nuestra revolución bolivariana asienta sobre el sólido fundamento de la democracia participativa y protagónica su perspectiva de triunfo en el proceso nacional-liberador y socialista. Sólido para enfrentar al poderoso enemigo, en cuya panoplia no son las menos peligrosas las armas de la insidia, jugadas en lo interno, algunas quizá sin plena conciencia de culpa. Burocratismo, corrupción, reformismo, quinta columnismo. Me referiré a la tercera.

En el curso del desarrollo del capitalismo el gran problema de la burguesía y sus adláteres es el de no poder salirse del ámbito de la mentira, pues hasta cuando manejan verdades ellas van inevitablemente inscritas en un espacio mayor de falsedad.

Se trata de una condición de hierro presente en la historia desde la división de la sociedad en clases, obligados los sectores dominantes a tejer leyendas justificativas de los privilegios creados a partir del despojo de las mayorías, y a construir modos de pensar y actuar que a través de mil efectos mediatizadores pasan a ser de corriente o general aceptación, pero sin poder evitar que ojos zahoríes los descubran, denuncien y forjen las materias primas conceptuales, cada vez más perspicaces, de las luchas liberadoras.

En el terreno de la política las clases dominantes han mentido a placer, tramando “constructos” ideológicos y organizativos destinados a conjurar los sueños de justicia de los explotados, mas no han podido detener las revoluciones cuando ellas han sido amasadas por los pueblos. Dentro de esos “constructos” revisten especial importancia los dirigidos a mellar el filo revolucionario del socialismo científico fundado por Marx y Engels, coincidiendo en el cambio de la idea de “revolución” por la de “reforma” y el batido de ambas hasta volverlas confusas y antitéticas.

Desde luego, como he dicho en otro escrito, las reformas para cambios sociales sustantivos son revolucionarias y nada tienen de “reformismo”. Las reformas son “reformistas”, valga la expresión, cuando apuntan a sostener el orden de explotación existente, mediante modificaciones cosméticas o “gatopardianas”, que no tocan los aspectos o problemas esenciales. Frente a las tesis marxistas, el reformismo surgió en calidad de “interpretación” o de “revisión”, manteniendo como objetivo declarado el socialismo, pero sin dar un paso positivo, cierto, hacia la superación del capitalismo.

Ir al socialismo mediante la “extensión de los derechos civiles” y el “sufragio universal”, lo cual establecería una mayoría de trabajadores que “obligaría” a los cambios, “hasta llegar a la sociedad de iguales”; o bien combinando la acción legislativa con las luchas sindicales y la democracia formal; o lográndolo a través de la “democracia pura”, la conquista parlamentaria del Estado y el “convencimiento de la burguesía”; o mediante reformas que producirían “la evolución gradual de la sociedad”: planteamientos como esos, que en ciertas condiciones hubieren podido representar retos efectivos al capital, no fueron, de manos de quienes en la segunda mitad del siglo XIX fundaron el reformismo y el revisionismo –los alemanes Fernando Lasalle y Eduardo Bernstein, el austríaco Carlos Kautsky, los ingleses Sidney y Beatriz Webb, entre otros–, sino un modo de frenar las transformaciones revolucionarias, salvar a sus capitalismos nacionales, participar en sus guerras inter imperialistas y dividir y desorganizar a “sus” clases obreras.

De allí devino un proceso crecientemente degenerativo de la socialdemocracia. Un curso similar seguiría el llamado socialcristianismo. Tales propuestas buscaban y buscan en realidad llevar a la mente de los explotados la idea de que se puede “resolver el problema social” dentro del capitalismo, acicalando aquí y allá, tratando de hacer más atractiva la faz del sistema. Son los denominados “socialismos hermoseadores”.

Los cuales, bien mirados, constituyen un homenaje asustado de la burguesía, de sus intelectuales y teóricos propios y pequeñoburgueses agregados, al poderío de ese concepto; un reconocimiento a la pertinencia de las ideas de cooperación y ayuda mutua, solidaridad, amor, igualdad, justicia, soberanía popular real, democracia en profundidad, libertad sin necesidad, construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados, etcétera; un intento de adueñarse de la capacidad de esperanza y sueño que el socialismo representa para las masas desposeídas; una pieza más de la gigantesca organización de la mentira con que el sistema capitalista, en todas sus expresiones, ha venido gobernando al mundo.

*Poeta y escritor bolivariano

Imagen agregada, tomada de comunistasdeextremadura.net

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