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HOMSEC 2013, LA FERIA DE LA MUERTE

jueves, 4 de abril de 2013


Hace apenas unos días se celebró en Madrid la IV edición del Salón Internacional de Tecnologías de Seguridad y Defensa (Homsec 2013). Como se puede apreciar, no es otra cosa que una feria de la muerte donde se potencia el comercio de armas a nivel planetario y en el que, por supuesto, no falta el patrocinio del Estado español (ni más ni menos que cinco ministerios apoyan el evento: asuntos exteriores, interior, industria, economía y, por supuesto, el ministerio de la guerra).

No hay que olvidar en ningún momento que la industria de la muerte española, encabezada por el ministerio de la guerra que actúa como representante comercial, sigue en pleno apogeo siendo una de las más potentes a nivel mundial. Los últimos datos disponibles (como comentábamos en esta entrada) son del año 2011 y reflejaban ventas de armas por valor de unos 2.400 millones de euros. Esto colocaba al Estado español en la séptima posición mundial (para que luego se diga por ahí que este país sólo es puntero en telebasura y deportes). Para ello, no se hace ascos a nada ni nadie y se vende a quién sea, pasándose por el forro la escasa legislación existente que prohíbe la venta de armas. Concretamente hay un supuesto legal que prohíbe la venta de armas en caso de que las armas puedan ser utilizadas para perturbar la paz (me pregunto yo qué arma no perturba la paz), la estabilidad o la seguridad en un ámbito mundial o regional. Así pues, nos dedicamos a vender armas a los USA (el mayor estado perturbador de la paz, por no decir terrorista, del mundo), a Arabia (con su enorme respeto por los derechos humanos, sobre todo los de los que no pertenecen a la casta real), a Marruecos (y sus poco perturbadores ataques a la población saharaui), a Israel y su política genocida hacia Palestina, y un sinfín de países que no se dedican a otra cosa más que a perturbar la paz porque para eso es para lo que sirven las armas, para matar.

Volviendo al tema del Homsec 2013 podemos observar en la web del evento lo contentos que están todos por la alta afluencia de público, lo cual significa que el volumen de negocios fue considerable. Por tanto, la venta de máquinas de matar sigue a buen ritmo y podemos comprobar cómo la crisis no afecta por igual a todos.

Este evento lo organiza una curiosa organización: el grupo Atenea que se autodefine como “un think tank  de reflexión, participación y debate. Nuestras estrategias y actividades están destinadas a promocionar la conciencia de seguridad y defensa en los ámbitos de la cultura hispánica y en apoyo de las decisiones estratégicas de empresas e instituciones”. En realidad el grupo Atenea es un conglomerado de ex altos cargos del ejército y grandes accionistas de la industria armamentística. Como muestra del tipo de personas que se esconden tras este grupo. Vamos a hablar brevemente de su presidente, José Luís Cortina Prieto. Este personaje tiene tras de sí una larga carrera militar vinculada, principalmente, a los servicios secretos del Estado, repleta de episodios increíbles. Empezando, al poco de iniciar su carrera, en los años 60 cuando se dedicaba a adiestrar a un grupo de acción guerrillera de supuesta orientación castrista (sí señores, en pleno Madrid y en plena dictadura fascista un militar de carrera se dedicaba a adiestrar a grupos revolucionarios). También podemos hablar sobre su papel principal en la creación del Gabinete de Orientación y Documentación SA (GODSA), embrión de lo que, más tarde, se conocería como Alianza Popular (hoy PP) en los años 70. Para completar su brillante carrera en los servicios secretos destacamos que fue uno de los procesados por su participación en el “fallido” golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Aquí podemos ver su biografía oficial y lo bien que se recompensa tan brillantes servicios a la patria.

Éste es el tipo de gente que maneja la industria de la muerte en España, conjuntamente con la calaña política de turno que son los encargados de trasvasar los fondos públicos al sector privado de la muerte. En la pasada década el Estado español destinó más de 14.000 millones en ayudas a la industria de la muerte de los cuales nada ha sido devuelto (no sólo eso, sino que ese dinero sirve para producir armas que, más tarde, el gobierno de turno compra, pagando así dos veces). El resultado de tan buena gestión es una deuda militar de más de 32.000 millones de euros que pagamos entre todos. Como muestra de las excelentes relaciones entre jerifaltes militares y políticos tenemos la aparición estelar del Secretario de Estado de Defensa, Pedro Argüelles, en el acto de clausura de Homsec. Este hombre de estado pertenece a una familia asturiana que ha estado en la élite nacional desde el s.XIX (los Argüelles han sido ministros de Alfonso XIII, embajadores de Franco y altos cargos en la época “democrática”). En concreto nuestro hombre ha pasado de lo público a lo privado (ese fenómeno conocido como puertas giratorias) con una facilidad pasmosa: Director General de Asturiana de Zinc, eurodiputado, diputado madrileño, presidente de AENA, presidente de Boeing España y ahora Secretario de Estado del ministro Morenés (otra perla).

Así, una vez más, vemos dónde están las verdaderas prioridades del Estado. En un momento donde la capacidad de resistencia de la población está al límite, el Gobierno (como todos los que le han precedido) centra sus esfuerzos en mantener bien engrasada la maquinaria de la muerte y en último caso la de la represión (no hay que olvidar que nuestra constitución garantiza la toma del mando por parte del ejercito en caso de necesidad, para la pervivencia del Estado se entiende).

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