Rafael del Barco
Carreras
Barcelona
1-05-2012. El 6º un capítulo descriptivo del “oasis catalán” y el “fe país” de Jordi Pujol, en plena orgía
con la Corrupción madrileña. Insisto, pequeña copia de la actualidad.
SEGUNDA PARTE
Banco Garriga Nogués
KIO
Gran Tibidabo
1984-1995
Cap. 6º 1989. Samaranch y Vilarasau,
Caixa. Pirámide Kio-
De la Rosa. Cartera Central,
Cortina y Koplovich.
Circuito de Cataluña, terrenos
Consorcio.
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Para quien la prensa ha formado parte del desayuno diario pasándome de La
Vanguardia al El País y de este al Mundo, y a menudo todos, e infinidad de
revistas de opinión, y no por ideologías sino por las noticias y enfoque de los
temas que me concernían, la avalancha de noticias sobre Javier de la Rosa y los
estropicios de los grandes políticos y financieros en Madrid, no solo me
divertían, tranquilizaba mis miedos. Hubieran podido lanzarme a su ejército
privado, Chek Ind, pero era indudable que yo, una pulga desaparecida, no les
preocupaba ni poco ni mucho. La amenaza de la denuncia por el Banco Garriga
Nogués vencía por prescripción, y el Consorcio enterrado entre amiguetes de
reparto. Lo preocupante para Javier, a principios de 1989, las embestidas de
tanto madrileño, si nos atenemos, y formamos un “menage” con lo publicado,
partiendo de la base que los actores, actúan y mienten, y pasan de embestir a
parar la mano, montando sociedades intermediarias, en segundos.
Comprar los desechos industriales de España, podía pasar, y mejor, pero
meter mano en el avispero de la banca, la fuente del reparto del dinero vía
créditos y bolsa, otro cantar. Y encima dólares extranjeros, bien recibidos,
pero sin molestar al santa santórum del país. Para eso se bastaban Felipe
González y sus socialistas, sentándose en los consejos de administración de la
banca y las cajas de ahorro.
En Cataluña, a decir del Honorable, el ambiente de “basa d´oli”. En
definitiva mandaban en política, Pujol y su sector “negocios”, y por encima de
cualquier concepto Samaranch y Vilarasau, la Caixa. ¿El dinero por encima del
poder político, o el poder franquista por encima del dinero y el poder surgido
de las elecciones?. Las desavenencias se solucionaban con un par de llamadas
telefónicas. Dólares y pesetas aparecían a riadas entre las nuevas
transferencias madrileñas a la Generalitat, las olimpíadas en ciernes, el
turismo, la inversión extranjera, el grupo KIO, y la droga multiplicándose. Un
maná caído del cielo. Y en Madrid, el amigo Javier se batía el cobre. Cacerías
en la finca de los Alberto, conversaciones con Escámez, Boyer, Conde, Emilio
Botín, Durán de la ONCE, el ministro Solchaga, el gobernador del Banco de
España, Mariano Rubio, Enrique Sarasola, o el propio Felipe González, y el Rey,
por la fusión del Banesto y Banco Central, dos monstruos que por si solos
hundirían toda la economía española, y podridos desde las raíces.
Los kuwaitíes se tentarían la ropa y la felicidad de tanto ingreso
particular en Suiza. Suiza, base de las pruebas. Todos pringados en operaciones
de recalificación y pura estafa en las Torres Kio, una de tantas. Y para
complicar el enredo del sainete el secretario de Felipe González, Julio Feo,
viaja a Londres sondeando a los kuwaitíes y criticando a Javier “por su pasado”
para reconducir los petrodólares por las adecuadas manos madrileñas, es decir,
socialistas. En Londres saltarían chispas al escuchar la versión socialista del
Banco Garriga. Una copia multiplicada por diez. El descendiente de Colón,
Manuel Prado y Colón de Carvajal, amigo y embajador real, se preparaba para un
turbulento futuro, y para De la Rosa preparar significa ingresar en Suiza.
El punto flaco de toda “pirámide” deviene cuando el inversor, o los
inversores en piña, descubren una mota de polvo en el reluciente oro. Al
principio se niegan a sí mismos, la suma de los beneficios, y los ingresos en
Suiza, son una gota en el inmenso mar invertido, y la gran montaña de piedra se
les puede venir encima. Las sumas no cuadran, y con acendrado optimismo siguen
sin cuadrar. El espíritu humano en cuanto al capital es un calco en todas las
razas, igual a todo lo básico de la vida, con variantes rituales y formas, y en
este caso los moros, como cualquier inversor sintiéndose pringado, único o
mayoritario, intenta enderezar, convencido de su capacidad, o pasar a otro el
falso billete.
Por muy inglés que se sintiera El Jaffar, el gallinero madrileño,
acostumbrado a sus primos, o los sobrinos y hermanastros del Califa, le
sentaría mal. Solucionar, o romper, una fusión Banesto Banco Central donde
mínimo invirtieron 100.000 millones de pesetas entre Cartera Central con los
“Alberto Cortina” y el diez por ciento de Banesto, con unas fotos de uno de los
primos de la gabardina en un hotel vienés con una muñeca de quita y pon,
casándose con divorcio incluido, dinamitando un monumental matrimonio (las
Koplovich), o hasta fotografiarla en una discoteca mostrando el bello púbico,
debió parecerle de una vulgaridad astronómica. Los primos moros podían matarse
por la más apreciada de sus concubinas, o emparedarla, pero no dinamitar el
país.
El “hermano español” perdería su fulgor ante El Jaffar y Al Sabah, sus
socios y colegas en repartos, cuando para ayudarse les presentó a la jauría
madrileña. El tigre con pies de barro les descubrió la filosofía de su
pirámide, el soborno, y un tinglado industrial, montón de hierro oxidado y
decenas de miles de empleados con más derechos de los en teoría otorgados por
un país comunista. Pérdidas en progresión geométrica, y los balances, amañados,
falsos, arrojando beneficios, y las cotizaciones en auge, o sea, ellos
manejando las acciones. En algunos títulos del cero al 4.000%, y desde hacía
cuatro años, invertían sin tope, arrollando, creando cotización y terminando
con el malabarismo de una OPA de exclusión, limpiando a los molestos pequeños
inversores. Molestos para De la Rosa, claro.
En Londres, en el 89, debieron mesarse los cabellos. La cifra de 500.000
millones invertidos en España, 3.000 millones de dólares, se les mostraba
fabulosa aun ante unas inversiones totales de KIO, o KIA, anunciadas en 10
billones de dólares. Una locura donde las empresas se endeudaban
vertiginosamente con proveedores, inversiones, subvenciones, o con las cargas
de seguridad social y el IVA. Un espantoso panorama. Sin posible regularización
de costes y unos precios del papel, textiles, fertilizantes y productos
químicos, dominados por los mercados internacionales por debajo del coste
español, y para colmo la intervención directa del Gobierno en los precios de
venta, precios políticos.
A la par en Barcelona, “la balsa de aceite”, Joseph Sandoval describía en La
Vanguardia, 10 de febrero de 1990, uno de los muchos actos sociales, la cruz
distinguida de primera clase de San Raimundo de Peñafort otorgada al consejero
delegado de Antena 3, Albert Garrofé. En la presidencia Javier de la Rosa, que
se marchó precipitadamente. Entre los nombres citados en negrita, el inefable
Eduardo Bueno, eje de la mitad del estropicio del Garriga, Feliciano Baratech,
el publicista de la “gran ingeniería financiera” de La Vanguardia, Javier Godó,
Rafael Jiménez de Parga, abogado acusador en el Consorcio, o sea, quien pidiera
la cárcel para su padre, de aparecer, Mario Pifarré, célebre catedrático, y la
flor y nata. Los mismos de sus inicios. Y, ¡cómo no!, Juan Piqué Vidal. Su
presencia le convertía en el homenajeado, e indiscutiblemente presidiendo el
acto o a la derecha del Presidente.
Su galería de personajes abarcaba la alta sociedad barcelonesa. De
secretaria, o relaciones públicas, Elena Roca, hija de Miquel Roca Junyent, el
portavoz y hombre fuerte de Pujol en Madrid, y en sus sociedades aparecían el
hijo e hija de Samaranch, sumados a los de Pujol. De los hijos de Garnica o los
viejos del Banesto, pasó rápido a los de Pujol y Samaranch. A los hijos les
encanta recibir dinero sin dar golpe, por “ser quien son”, ni molestarse en
pedirlo a los padres. Nula repercusión legal.¿¿??. Los jueces, patriarcales y
machistas, entendieron bien que un enchufe al hijo para los gastos de bolsillo
o el Ferrari, no podía tener repercusión penal, al igual que las santas esposas
y los bienes a su nombre. Extraña legislación la española, y no por su “letra”
sino por los jueces. ¿O se trataba de pisos y maletines?, inmunizando. Un
latrocinio inmenso. A propósito de Ferrari, Fernando Serena viviría su última
gran etapa como delegado de la gran marca en Cataluña, un ex presidiario no
daba la talla. Lista de espera para la compra, pero le quitaron la delegación.
Si su padre limitaba sus exhibiciones sociales en el último año de su
estancia oficial en Barcelona a sus “íntimos”, Serena, y con menor frecuencia
Del Barco, y un poco se exhibió por el Charly Max con alguna de sus “novias”,
el hijo se reunía con su extensa corte en la coctelería Ideal, del célebre
Gotarda, y segunda parada, a unas manzanas en la calle Aribau, el Dry Martíni.
Sin “novias”, los clásicos clubes de borrachines, sin negarse a “modelos y
azafatas” para entusiasmar a quienes grababa. Gastar en un atardecer ochenta
mil pesetas, los cócteles le entusiasmaban, o mantener una cuenta de un millón,
normal. Una actividad social de “alucine” dirían sus cortesanos. Un atentado
contra el hígado. Y trasegar con los políticos de Pujol en su Jet a los
partidos del Barsa, relegada su afición por el Español, con intención de
grabarlos. O invitar, a quien significara algo en la ciudad, a cenas en su casa
de no menos de setenta mil pesetas por cabeza. Sémon en la esquina. Desde los
estraperlistas de la posguerra, tipo Muñoz, o los jerifaltes franquistas de
palco privado en El Molino, no se había visto nada parecido. Para invitaciones
sin su presencia, el Up & Down, cuya fama atraía a los madrileños para
expresamente cenar en la discoteca más “in” y “pija” del momento.
Una noticia de relleno, 22 de octubre de 1990, La Vanguardia; “Cataluña ya
saborea su Circuito”. Los terrenos de Montornés. Los políticos de acuerdo. Al
fallido “grandes tinglados de cemento para la central de transportes” le seguía
el hormigón, cemento y asfalto para carreras de motos y coches. La naturaleza,
la ecología, arrinconadas, y el precio del terreno vendido por el Consorcio de
la Zona Franca al RACC, Real Automóvil Club de Cataluña, presidido por
Samarach, 536 millones, a la baja comparados con los 600 de diez años antes,
que yo cifraba para industriales y urbanos.
Nadie denunciaría al convertir los contratos privados, con falsedades o
duplicados alterando el precio, en escritura pública. ¡Silencio, ya hubo un
juicio!. El Registro de la Propiedad dará fe de lo aquí escrito, e invito
comparar los precios en las escrituras con los contratos privados aportados al
juzgado, sin correspondencia en declaraciones de renta, y menos intervención y
denuncias de Hacienda de quien dependía el Consorcio. Rematado el “no ha lugar”
a mis escritos.
Barcelona