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FAO y Soberanía

martes, 25 de junio de 2013
Por Julio Escalona*

La Revolución bolivariana y sus logros vienen ganando reconocimiento internacional. El más reciente es el de la FAO, organización de la ONU, que consolida a Venezuela en la vanguardia mundial cumpliendo los Objetivos de Desarrollo del Milenio, particularmente en la erradicación de la pobreza y el hambre.

 Ese reconocimiento y otros, de parte de importantes gobiernos, incluida la Santa Sede, implica una derrota política para la oposición. Una de sus opciones, la proclamación de Capriles como presidente electo y la constitución de un gobierno paralelo, está derrotada. Ahora deberán decidir si participan o no en las elecciones municipales. Si participan, reconocen al CNE, si no, se declaran fuera de la ley.

 Han perdido la iniciativa política, se las arrebató el presidente Maduro afirmándose como líder político. ¿Se irán definitivamente por el camino de la desestabilización golpista o esperarán las elecciones parlamentarias de2015 o el referendo revocatorio de 2016? En la lucha política con el pueblo es difícil derrotar al proceso bolivariano.

 La lucha contra la corrupción, la ineficiencia burocrática, la solución de los problemas de la economía, son serios desafíos.

 Uno de ellos, la inflación y la escasez, requiere una revolución de la producción y del consumo. Sin esa revolución nuestra existencia como Estado soberano está en peligro, pues nuestro patrón de consumo es el que ha impuesto el imperio caracterizado por el derroche de riquezas naturales, del trabajo humano y el carácter clasista pues está determinado por quienes concentran los ingresos.

 Sin otra producción y otro consumo el incremento del ingreso de los pobres conduce a la escasez habrá hambre cuando hay pan para todos, pues la FAO sostiene que hoy es posible alimentar a 12mil millones de personas y en el mundo somos 7 mil millones.

 Esta revolución del consumo implica el golpe de timón y en especial el espíritu, la cultura comunal recordando la anécdota del cochino y el chigüire [1], como bases del proceso bolivariano que vaya construyendo “un modo sustancialmente democrático, de control social y autogestión general”. 

*Julio Escalona, Embajador permanente alterno de Venezuela ante la ONU
Enviado por su autor


 [1] “A veces podemos caer en la ilusión de que por llamar, yo soy enemigo de que le pongamos a todo “socialista”, estadio socialista, avenida socialista, ¡qué avenida socialista, chico!; ya eso es sospechoso. Por allá alguien le quería poner a una avenida “socialista”, panadería socialista, Miraflores socialista. Eso es sospechoso, porque uno puede pensar que con eso, el que lo hace cree que ya, listo, ya cumplí, ya le puse socialista, listo; le cambié el nombre, ya está listo.
 Eso es como el chiste del chigüire y los indios. Llegó un cura español, eso hace muchos años, en semana santa, recorriendo por allá los campos indios de los llanos y entonces llega a un pueblo indígena y están los indios allí, bailando y tal, ellos tienen sus formas de festejar, sus dioses, sus códigos, su gastronomía; entonces el cura les dice: “Ustedes no pueden estar comiendo cochino en semana santa. El jueves santo tienen que comer pescado o chigüire”.
Porque había un cochino gordo ahí y él intuyó que lo estaban esperando y entonces [les pregunta]: ¿entendieron? “Sí, entendimos”. “No pueden comer cochino ni carne de ganado”; entonces, el cura antes de irse los lleva al río a bautizarlos y les pregunta: “¿Usted cómo se llama?”. El nombre indio, Caribay. “No, no, qué Caribay, usted se llama Juana. Nombres cristianos hay que ponerle a la gente”.
 “Y ¿usted cómo se llama? Otro nombre indio, Guaicaipuro. No, qué Guaicaipuro ni qué nada, usted se llama Nicolás”. Se fue y regresó el jueves santo y vio que estaban los indios bailando y asando el cochino: “¿Cómo es posible que ustedes se van a comer ese cochino? Yo les dije que no podían comer cochino”. Entonces, le dice el cacique: “No, nosotros solucionamos el problema. Bueno, ese cochino lo bautizamos y le pusimos chigüire”.
 Le cambiaron el nombre, lo llevaron al río y lo metieron en el agua, “cochino, tú te llamas chigüire”, y se comieron el cochino.
 Así estamos nosotros con el socialismo: “Tú te llamas socialismo, chico”, pero sigues siendo en el fondo cochino. Yo hago estos comentarios, producto de reflexiones, algunos estudios y comparando con la realidad”.
 Golpe de Timón, Caracas, Palacio de Miraflores, pp. 25-26.
 Palabras pronunciadas por el Presidente Hugo Chávez en Consejo de Ministros del 20 de octubre de 2012


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