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¿En dónde explotó la bomba atómica?

miércoles, 20 de febrero de 2013
Por Orlando Cruz Capote*


 
La pregunta no es una ingenuidad y menos una simple retórica o metáfora discursiva periodística, académica y política. Todos sabemos que fue en Corea del Norte. Aunque... la jerarquización de las noticias en los medios masivos de comunicación, monopólicamente transnacionalizados, obra de manera tan extraña y a veces de forma tan caótica y caprichosa, claro que con una matriz capitalista uniforme, que un ciudadano común que no sea un lector tenaz de titulares de prensa e internet, podía buscar disímiles respuestas ante tal interrogante.

Es tan complejo el mundo de hoy y tan explosivas las situaciones en las diferentes latitudes geográficas, que la detonación -y ahora si funcionaría la metáfora- es probable que ocurriera en muchos escenarios de guerra y crisis socioeconómicas y políticas planetarias, regionales y nacionales, tan inimaginables como creíbles, que se despliegan en esta renovada reconfiguración-recomposición estratégica y geopolítica del capitalismo-imperialista mundial.

Pero… unos podían pensar que tal “estallido” sucedió en Mali, nación africana donde el gobierno francés intervino unilateral y militarmente contra los islamistas radicales que había ocupado parte del país, rico en uranio y otros metales preciosos y estratégicos y que, en un acto de desespero, el Eliseo habría disparado un contundente golpe atómico aniquilador contra la subversión asimétrica de los restos insurgentes; o en cualquiera de los territorios palestinos, libaneses y sirios irredentos, continuamente violados por las tropas elites israelíes; o específicamente en Siria, bajo el ataque de la contrarrevolución interna con la ayuda de mercenarios árabes y el asesoramiento del binomio Washington-OTAN, que se encuentran ante el más seguro fracaso militar, a pesar de la destrucción parcial de ese país; o acaso en la República Islámica de Irán, nación sancionada internacionalmente y amenazada, constantemente, con un sorpresivo ataque nuclear llevado a cabo por los EE.UU., los aliados occidentales y más seguramente por Israel, por desarrollar un programa nuclear, declarado una y otra vez por las autoridades iraníes para uso pacífico.

Nadie puede dudar que una bomba atómica pueda reventar, en cualquier momento, en la India, en Pakistán, países que se han armado hasta los dientes y que disputan territorios que les eran, hasta antes de su separación, comunes; o que la “detonación” había acontecido hasta en el Vaticano, ante la inesperada noticia-renuncia del Papa Benedicto XVI (hecho casi inédito en más de cinco siglos); o en el mismísimo Palacio de la Moncloa, en España, ante la debacle política del Partido Popular, por el escándalo de corrupción que sacude su gobernabilidad, legitimidad y a la sociedad española ante tantas políticas de ajustes y más reajustes económicos y sociales neoliberales en contra de los más explotados y pobres.

O que un loco, un desenajenado mental, con acceso a esas armas de destrucción masiva las haya arrojado en un acto de neurosis y paranoia síquica contra adversarios reales o supuestos, porque “enemigos terroristas” sobran en ese diseño de “creación” de peligros locales y mundiales, en el que los comunistas no quedan ni siquiera fuera del mapa de desafíos a abatir por esa derecha fascistoide que gana terreno a pesar de avances en la lucha popular.

Al final, la verdad se abre paso a pesar de las manipulaciones intencionadas e inconscientes derivadas de la ignorancia que proclama el pensamiento y el canal único.

La República Popular Democrática de Corea (RDPC) había anunciado que efectuaría tal explosión -el tercer ensayo- como medida defensiva contra la hostilidad de los EE.UU. y su socio Corea del Sur, a sólo unos días de una impresionante maniobra militar conjunta de estos dos socios cerca de sus costas. Incluso, esa prueba se la hizo conocer al gobierno estadounidense a través de la Embajada Sueca en el país asiático. O sea, el hecho acaecido que ahora es noticia magnificada en todas partes del universo terrenal, era del conocimiento del país que más armas de todo tipo posee, así como la nación que tiene el más amplio despliegue de bases militares en el extranjero y quien comete mayor número de agresiones militares en la historia de la humanidad y que libra, además, batallas ilegales de ocupación en Afganistán, Irak y Libia.

La prueba atómica norcoreana, subterránea por más señas, fue un paso más en la carrera armamentista que se desarrolla en Asia, la cual no sólo es motivada por el accionar de Corea del Norte, sino por la temeridad de Washington de cercar militarmente a la China Popular y a Rusia, y que tiene en “última instancia”, como causa principal el incumplimiento de los Estados Unidos, en ocasión del mandato de William Clinton, de brindar combustible a las centrales termoeléctricas a cambio de que Corea del Norte cesara en su programación de producir uranio enriquecido para utilizarlo en sus plantas de generación nuclear.

Luego, las sanciones dictadas y aplicadas en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), encabezadas por los EE.UU. y la Unión Europea, entre otros, las amenazas y las provocaciones en el paralelo 38 -zona desmilitarizada y territorio del armisticio (Panmunjong) entre las dos Coreas, luego de la guerra de 1950/1953- más otros incidentes en islas aledañas, constituyeron el acicate para que el pueblo norcoreano se decidiera al derecho de poseer y desarrollar continuamente el arma nuclear, así como misiles balísticos estratégicos y se decidiera a desplegar la industria aeroespacial con fines militares defensivos, según declaran sus autoridades.

La incertidumbre de dónde, cómo, por qué y cuándo puede suceder el holocausto nuclear es tan extensa y ambigua que hasta un experto o analista político avezado puede señalar heterogéneas zonas de conflictos calientes y subyacentes que pudieran ocasionar ese y otros incidentes fatales para la vida del planeta Tierra.

Hace años, en plena Guerra Fría, e incluso al término de ésta, los servicios de inteligencia soviéticos, luego rusos, le advertían al imperialismo norteño que esa posibilidad catastrófica podría sucederle a los propios estadounidenses si era introducida una bomba atómica de pequeño tamaño o formato, en una maleta, a través de sus insuficientes controles aduaneros en los múltiples puertos y la gran frontera con Canadá y México.

El hecho de la prueba nuclear norcoreana demuestra que los caminos de una tragedia mundial son posibles y no sólo por el casi irreversible cambio en los patrones climáticos. Habrá quien acusará a la RPDC de violar los acuerdos internacionales, otros proclamaran sanciones más duras contra el gobierno de Pyong Yang y su pueblo, algunos más mesurados condenarán la prueba pero indicarán que otras naciones tienen arsenales mayores que utilizan incesantemente como medio de amedrentamiento contra segundos y terceros países, seleccionados arbitraria y selectivamente, según sus intereses imperiales.

Sin embargo, la vía diplomática sigue abierta: las conversaciones a seis bandas o con las seis partes (países) que garanticen la seguridad mutua y segura de las dos Coreas, en especial, la del Norte que es la que sufre en carne propia la agresividad sin límite de los Estados Unidos la cual ha propiciado el padecimiento de grandes hambrunas, falta de medicamentos, entre otras calamidades que han golpeado a la economía de esa nación y, como correlato, sus servicios sociales. Ese sendero de paz está a disposición de quienes quieran utilizarlo como forma de solucionar el conflicto.

Sin embargo, algo -o mucho- anda mal en este planeta globalizado contemporáneo. El doble rasero, la inmoralidad, la falta de ética, la voracidad del imperialismo y sus grandes transnacionales monopólicas -neoliberales por más señas, la geopolítica del dominio múltiple del capital muy agresivo por apoderarse de las riquezas naturales y humanas de grandes zonas planetarias es la única causa de que un día explote la bomba atómica, no como una prueba, sino como señal del inicio del fin del mundo.

Ese mal endémico debe ser detenido antes que sea demasiado tarde, o un día seremos víctimas de una nube radioactiva y un invierno nuclear que termine con todos nosotros.

Enviado por su autor, Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, CITMA, Cuba

Imagen agregada RCBáez

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