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Presidenciales yanquis: Bipartidismo a ultranza versus voto latino?

sábado, 3 de noviembre de 2012
Miguel Fernández Martínez,  periodista que atiende la sección “Norte” de Prensa Latina, nos entrega en la web de esta Agencia dos excelentes trabajos que cuestionan, desde aristas inusuales, el gran show mediático que son las presidenciales norteamericanas: unas elecciones donde el dinero pone y paga los candidatos, donde los más votados por el pueblo generalmente no alcanzan el escaño presidencial, donde una “pelea de gallitos” ante las cámaras puede decidir la inclinación de la balanza… una balanza que sólo admite dos platos: Demócratas y Republicanos. ¿Conoce Usted los otros partidos que contienden por el “Premio Gordo”?



La diversidad ¿partidista? en las elecciones de Estados Unidos
Por Miguel Fernández Martínez *

Aunque la lucha por conseguir la presidencia de Estados Unidos se concentra entre los tradicionales republicanos y demócratas, el espectro electoral abarca a otras agrupaciones que también lidian por llegar a la Casa Blanca.


Los rojos (republicanos) y los azules (demócratas) son los partidos políticos más grandes, y cuentan con suficientes recursos económicos para mantenerse en el ruedo a través de campañas propagandísticas que promocionan a sus principales aspirantes.

Barack Obama y Joseph Biden, aspirantes a la reelección demócrata, y Mitt Romney y Paul Ryan, candidatos republicanos, son los rostros visibles de esta contienda, que ya se convirtió en la más cara en la historia de Estados Unidos.

Pero junto a ellos, otros 15 grupos políticos aparecen inscriptos en los registros electorales, aunque apenas se habla de sus proyecciones.

Los pocos recursos financieros de estos partidos, y su poca capacidad de recaudación de fondos, les impiden marchar a la par con las dos fuerzas políticas principales, y esto trae como consecuencia que los electores no alcancen a conocer sus plataformas programáticas.

Detrás de rojos y azules avanza como tercera fuerza política el Partido Libertario, con Gary Jonson, exgobernador de Nuevo México, como candidato a la presidencia, y Jim Gray, exmagistrado de la Corte Suprema de California.

Tienen entre sus presupuestos de campaña reducir la capacidad del gobierno, favorecer los matrimonios entre personas del mismo sexo, legalizar el consumo de la marihuana y permitir un flujo migratorio sin restricciones legales.

Fundado en 1971, el Partido Libertario es el más grande de los grupos marginales en Estados Unidos, y cuenta con una base de votantes registrados que supera los 225 mil electores.

También destaca el Partido de la Reforma, fundado por Ross Perot, dos veces candidato a la presidencia de Estados Unidos, y que esta vez trae como candidatos a Andre Barnett, de Nueva York, y a Ken Cross, de Arkansas.

Este partido, fundado en 1995, se creó como una alternativa ante el desencanto en los partidos tradicionales -demócrata y republicano-, de trabajar seriamente en los temas más importantes de la sociedad estadounidense.

Los "reformistas" de Perot se apuntaron su mayor victoria cuando lograron llevar a Jesse Ventura como gobernador del estado de Minnesota en 1998.

En el ruedo electoral aparece nuevamente el Partido de la Prohibición, fundado en 1869, que lo convierte en el más antiguo de Estados Unidos en activo, con el binomio integrado por Lowell Fellure, de West Virginia, y Toby Davis, de Mississippi, y que se opone desde siempre a la venta y consumo de bebidas alcohólicas.

Entre los más reaccionarios destacan el Partido de la Tercera Postura, y el de la Constitución, los que promueven la supremacía blanca y tienen un carácter antiinmigrante.

Proponen castigos severos a la inmigración indocumentada, y una moratoria a la migración legal que garantice que todos los subsidios federales a los inmigrantes sean abolidos o eliminados.

Otras agrupaciones inscriptas son el Partido Verde, con Jill Stein, de Massachussets, y Cheri Honkala, de Pensilvania como candidatos, quienes promueven el cuidado del medio ambiente, la justicia social, la diversidad social y la no violencia, y el Partido Justicia, que defienden una reforma financiera electoral y modificar el sistema de rentas internas de Estados Unidos, al tiempo de prometer un sistema gratis de salud pública.

Están además el Partido Paz y Libertad, una agrupación de izquierda que nació durante la guerra de Vietnam, defensora de las libertades individuales y el derecho a la educación y la salud gratis, con Rossane Barr, de Hawai, y la activista Cindy Sheehan, de California como aspirantes a la presidencia.

Completan la lista los partidos Socialista, con Stewart Alexander, de California, y Alejandro Mendoza, de Texas como candidatos; el Socialista Igualitario, con Jerome White, de Michigan, y Phyllis Scherrer, de Pensilvania; y el Socialista de los Trabajadores, con James Harris, de Nueva York, y Maura Peluca, de Nebraska.

Cierra la campaña con el Partido Socialista y Liberación, el Independiente de América, y el Objetivista, que propone reformar el sistema de rentas internas y eliminar el impuesto sobre los ingresos.

Otra fuerza política que marcó este proceso electoral fue el Tea Party, un movimiento nacido en 2009 y que se enrumbó hacia la derecha más extrema del Partido Republicano.

A pesar de llevarse las palmas en las elecciones legislativas de 2010, el Tea Party ha tenido una presencia mucho más discreta en estos comicios, después que Michele Bachmann, su principal candidata en las primarias republicanas, sufrió un rotundo descalabro.

Según analistas políticos que siguen el tema electoral, la falta de respaldo al Tea Party puede haberse generado después de las negociaciones del techo de la deuda nacional en 2011, cuando la intransigencia de los congresistas elegidos un año antes con el respaldo de esta agrupación ultraconservadora estuvo a punto de abocar al país a la suspensión de pagos.

A pesar de la diversidad, incluida la relativa pluralidad política, nadie duda que el botín se repartirá, como siempre, entre los "elefantes" republicanos, y los "burros" demócratas, protagonistas eternos de estas contiendas.


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Las minorías étnicas en el foco de las elecciones estadounidenses
Por Miguel Fernández Martínez *

Cuando apenas restan pocos días para que las campañas políticas por ganar la presidencia en Estados Unidos lleguen a su fin, republicanos y demócratas prosiguen sus miradas hacia las minorías étnicas con derecho al voto.


Demócratas y republicanos, las dos agrupaciones partidistas con opciones reales de llegar a la Casa Blanca, saben perfectamente que entre los afroamericanos, latinos y otros grupos étnicos asentados en la nación puede estar el elemento necesario para inclinar la balanza durante el conteo de las boletas.

Lleva la peor parte en esta lid el candidato republicano Mitt Romney, quien no es bien mirado por las minorías a partir de sus desacertadas expresiones, en momentos marcadas por cierto perfil racista, pero sobre todo por las políticas sugeridas, las cuales recortarían ostensiblemente las ayudas financieras a los programas sociales de los que dependen muchos de estos grupos sociales.

El exgobernador de Massachussetts sigue haciendo esfuerzos por mejorar su imagen ante afroamericanos y latinos, los grupos de mayor incidencia en las elecciones estadounidenses, después de la población blanca de origen anglosajón.

Con los latinos, Romney prueba constantemente mover sensibilidades a través de su hijo Craig, quien se convirtió en el portavoz de la campaña republicana hacia los electores de origen hispano, a partir de su dominio del idioma español.

Aún así, sigue sin convencer a esta importante comunidad, cuyo crecimiento en los últimos años la convierte en estratégica, sobre todo en los llamados estados clave donde todavía impera la indecisión de muchos votantes.

Melissa Salas Blair, activista republicana latina de Texas y presidenta de Puentes Research and Communications en Houston, reconoció recientemente que en varias oportunidades Romney utiliza a su hijo Craig para dirigirse a los latinos, cuando es él quien debe hablar directamente a las comunidades, aunque fuera en inglés, pero con enfoque hispano, como hace el presidente Barack Obama.

De desacertada calificaron muchos activistas republicanos la participación del candidato rojo en la Conferencia Anual del Concilio Nacional de la Raza, hacia donde envió un video genérico de campaña y no uno dedicado a los latinos, lo cual le valió que fuera recibida por los presentes en total silencio y con murmullos reprobatorios.

Los republicanos también recibieron fuertes críticas por concentrar los esfuerzos propagandísticos dirigidos a los hispanos con referencias amenazantes a Cuba y Venezuela, algo que consideran como pifia, en tanto solo resultará efectiva en Florida, pero no en otros estados como Ohio o New México, según la opinión del consultor republicano David Johnson.

Por su parte, los demócratas aún mantienen las preferencias de las minorías en índices bastante parejos con las elecciones presidenciales de 2008, que llevó a la presidencia a Obama con el apoyo mayoritario de los afroamericanos y más de un 70 por ciento de latinos.

Uno de los temas más discutidos y que movilizó la atención de los diferentes grupos étnicos en Estados Unidos fue el plan de asistencia social sanitaria sugerido por los "azules", bautizado por los republicanos despectivamente como Obamacare.

Según los estrategas de la campaña de Romney, el plan de salud social propuesto por el candidato demócrata a la reelección debilitará el ya existente Medicare, del que actualmente se benefician principalmente personas blancas de bajos ingresos, a quienes supuestamente se les afectarían más de 700 millones de dólares en ayudas para reinvertir en asistencia generalizada para negros y latinos.

A pesar de los ataques, los republicanos insisten en convencer a estos sectores de la población estadounidense que se mantienen leales al voto demócrata, junto a las mujeres jóvenes y solteras de todas las razas.

Según Pew Research, el 89 por ciento de los votantes que se identifican como republicanos son blancos, por lo cual tienen muy pocas opciones de ganar terreno entre negros e hispanos, quienes persisten en apoyar a Obama.

De ahí que el equipo de campaña de Romney no tiene más opción que la de adoptar una estrategia que impulse la participación de los blancos en las urnas.

El voto afroamericano es otro de los renglones más sensibles en la recta final de esta campaña presidencial, más cuando tiene como antecedente haber respaldado a los demócratas con un 95 por ciento en 2008, y donde tampoco los republicanos han tenido avances.

Durante la reciente conferencia anual de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP), celebrada en Houston, Texas, Mitt Romney fue abucheado por los participantes cuando se comprometió eliminar "todos los programas caros y no imprescindibles que pueda encontrar, incluido Obamacare".

Para los demócratas no todo está seguro, pues según una reciente encuesta, los prejuicios hacia los afroamericanos aumentaron en los últimos años, algo que pondrá en peligro la intención de votos a favor del presidente Obama, el primer mandatario negro en la historia de Estados Unidos.

Según Jon Krosnick, profesor de la Universidad de Stanford, por más que se esperó que el impacto de la raza disminuiría con el paso del tiempo, parece que el impacto del sentimiento antinegro al votar es casi el mismo de hace cuatro años.

La encuesta, realizada por investigadores de Asociated Press, las universidades de Stanford y Michigan, y el Centro Nacional de Opinión Pública (NORC), de la Universidad de Chicago, reveló que el 51 por ciento de los estadounidenses expresa ahora actitudes contra los negros, frente a un 48 en 2008.

También se midieron índices de actitudes raciales implícitas, donde resultó que la cantidad de estadounidenses con sentimientos antinegros aumentó al 56 por ciento, superior al 49 durante las pasadas elecciones presidenciales.

Otro dato interesante resultó que el 57 por ciento de los blancos no hispanos estadounidenses manifestaron actitudes contra los latinos.

La encuesta realizada en septiembre último encontró que en virtud del prejuicio racial, Obama podría perder cinco puntos porcentuales de apoyo en el voto popular en las elecciones del 6 de noviembre frente al candidato republicano Romney.

Las minorías étnicas con derecho al voto enfrentarán las urnas entre amenazas de recortes de los republicanos y promesas incumplidas por los demócratas, lo que hace dificil predecir hacia dónde inclinar su voto, el cual sin lugar a dudas tendrá un valor importante en los resultados finales.



*Periodista de la Redacción Norte de Prensa Latina.

 

Venezuela, elecciones presidenciales y manipulación mediática ¿Qué ocurre realmente?

domingo, 7 de octubre de 2012
Por Félix Povedano Mínguez
La oposición venezolana, grupos mediáticos y sectores políticos de la derecha internacional han apostado todo por el candidato Henrique Capriles, quien aspira a truncar el proyecto bolivariano del presidente Hugo Chávez

A estas alturas, resultan ya bien conocidas las prácticas desinformativas de los grandes medios de comunicación sobre los gobiernos progresistas de Latinoamérica, en especial sobre el de la Venezuela del presidente Hugo Chávez, quien ostenta el peculiar honor de haber recibido en los últimos tiempos críticas más furibundas que la propia Cuba, histórica damnificada en la guerra mediática contra los pueblos no alineados con la política imperial de EE.UU.


Pese a esta conocida realidad de ataques continuos hacia toda experiencia progresista en América del Sur, no deja de ser sorprendente la virulencia empleada por los medios españoles en las últimas semanas con motivo de las elecciones presidenciales que se celebran mañana en Venezuela y que establecerán bien la continuidad del proyecto bolivariano del actual presidente, bien el proyecto de involución que encarna el joven aspirante Henrique Capriles, revestido con un social-liberalismo similar al de Lula y líder de una oposición por primera vez unificada y que, también de forma inédita, tiene unas expectativas moderadamente halagüeñas, aunque siempre bastante por debajo de Chávez, según la mayoría de las encuestas.

El comportamiento agresivo de los medios informativos con los gobiernos progresistas de América Latina obedece a una razón bastante obvia -pero que por su trascendencia merece la pena señalar con perseverancia- y es la propia estructura desde la que se ejerce el periodismo en la mayoría de los casos. Los principales medios de comunicación, no se olvide, forman parte de grandes conglomerados empresariales que, con sus accionistas, anunciantes, inversores, negocios propios y cruzados y alianzas estratégicas con el poder político, elaboran la información de una manera extraordinariamente sesgada y condicionada.

El abanico de medios que afrontan la realidad de América Latina en general, y la de la Venezuela en particular, como una guerra de propaganda es amplísimo. En España, el ejemplo paradigmático es el diario El País, quizás porque, en su caso, la desproporción en los ataques proviene de un medio supuestamente más progresista que los demás. El editorial que el periódico de PRISA dedica hoy a las elecciones presidenciales de Venezuela supone una buena muestra de la trayectoria del diario en su cobertura del país suramericano. “Régimen autocrático”, “caudillo” o “perversión de la democracia” son algunos de los términos en los que El País se refiere al presidente Chávez, calificativos nunca empleados para regímenes que violan los derechos humanos de forma flagrante (Colombia u Honduras, por poner un ejemplo de la zona) pero que no entran en contradicción con los intereses empresariales de PRISA. Venezuela, sí, ahí radica buena parte del problema, y es que las inversiones cruzadas de PRISA con el grupo mediático Cisneros –bandera de la derecha opositora venezolana- condicionan de manera clara el posicionamiento político del diario español respecto a la realidad de América Latina.

Si se hace uso de hemeroteca, pueden encontrarse, en la mayoría de los medios, manipulaciones elevadas al esperpento, como la que desvela el periodista Pascual Serrano en su libro Desinformación, cuando muestra una foto cortada en la web de CNN en español en la que se ve una fila larga de ciudadanos que, según el pie de foto, esperan para firmar contra el presidente Chávez. Ampliada la foto, se descubre que en realidad se trata de un mercado estatal subvencionado donde los militares reparten pollos envasados.

Otros asuntos aparentemente inofensivos, como la creación de un nuevo partido por parte del presidente y demás fuerzas progresistas, pueden ser traducidos por algunos medios de comunicación como la creación de “un partido único” que busca lograr un “control absoluto” (EFE, 16 diciembre de 2006). De la misma manera, la reforma de la constitución para que los presidentes pueden ser relegidos tantas veces quieran, como sucede en España, puede dar lugar a titulares como éste: “Chávez intentará reformar la constitución venezolana para ser presidente vitalicio de la república y para que su partido sea el único del país” (Web de Antena 3 TV, 3 de diciembre de 2006).

No obstante, como se ha comentado ya, la bandera del antichavismo en España la porta el diario El País. El acoso mediático que el periódico generalista de PRISA está mostrando en esta campaña –con una crítica feroz a Chávez y un apoyo absoluto a Capriles- no es sino la continuación de una larga trayectoria que posiblemente tuvo su punto álgido en el editorial que realizó el periódico para justificar el golpe de Estado contra Chávez, perpetrado en 2002.
Estos fragmentos muestran la esencia del artículo: “La situación había alcanzado tal grado de deterioro que este caudillo errático ha recibido un empujón… Autócrata peligroso para su país y el resto del mundo…Sería bueno que Chávez y algunos de sus colaboradores detenidos rindieran cuentas de sus desmanes autoritarios y corruptos ante los tribunales de su propio país”.

Otro asunto controvertido en esta cadena de tergiversaciones informativas fue la negativa de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones a renovar la licencia de la cadena de televisión privada Radio Cacaras Televisión (RCTV). Los medios españoles difundieron la idea de que se había cerrado un canal televisivo, pese a que RCTV podía seguir emitiendo por cable o satélite sin ningún tipo de problemas. “Chávez cierra el canal privado RTVC en medio de violentas protestas”, escribía El País el 28 de mayo de 2007. En la misma línea se mostraron otros medios, como Telecinco (“La oposición a Chávez protesta contra el cierre de la televisión RCTV”, 19 de mayo de 2007) o El Mundo (“La cadena privada RCTV, clausurada por el Gobierno de Chávez, refuerza su seguridad ante el temor de que se produzca un atentado (El Mundo, 27 de mayo de 2007).

Por otra parte, las acusaciones de fraude electoral que se realizan desde algunos medios venezolanos y personalidades políticas son también una constante que adquiere mayor fuerza en época de comicios. Sin embargo, instituciones como la UE, la OEA o el Centro Carter, que desde 2006 participan en las elecciones venezolanas como acompañantes, siempre han desestimado esas acusaciones, lo cual no parece ser suficiente para algunos sectores de la derecha política y mediática.

Con un breve repaso como éste al tratamiento informativo de los asuntos de Venezuela en los últimos años, puede comprenderse algo mejor la campaña desplegada en las últimas semanas por la mayoría de los medios. En esta ocasión, la tónica ha sido fomentar la idea de que el candidato Henrique Capriles ha conseguido robar el espacio público a Chávez, pese a que éste goza de una supuesta superioridad absoluta en recursos y difusión mediática, una afirmación insostenible en un país donde la gran mayoría de los medios son privados y controlados por la oposición. 

Sobre el seguimiento masivo que Capriles tiene en la calle escribía hace unos días El País, que con su rigurosidad periodística pudo incluso comprobar que, en los mítines de la oposición, “la actitud de la gente no era de revancha, sino de quien tiene la convicción de que hay otra forma de gobernar el país con eficacia y, sobre todo, sin arbitrariedades, sin autoritarismo, sin payasadas”.

Así las cosas, el panorama político de Venezuela se presenta complicado, a tenor de la experiencia, que nos remite a antiguas acusaciones de fraude, injerencias políticas de gobiernos hostiles al bolivariano, grupos de presión de todo tipo y coberturas mediáticas con un alto grado de agresividad hacia cualquier programa político con carácter social que apunte a una mayor soberanía de América Latina. La previsible victoria de Hugo Chávez en estas elecciones acentuará, con probabilidad, el radicalismo de buena parte de la oposición y grupos afines.

Tomado de Tercera Información

Voto por la felicidad

lunes, 1 de octubre de 2012
Por Luis Britto García

La imagen convencional de Venezuela se asocia a un exceso de misses y de hidrocarburos. Últimamente ostentamos otros records sorprendentes.

Según el Guinness World Book Records 2008, más del 55% de los venezolanos respondieron que eran “muy felices”, lo cual nos hace el país más feliz del mundo. De acuerdo con la Encuesta Gallup 2010, el 64% de los compatriotas opina que prospera, lo cual nos vuelve el quinto país más próspero del mundo, en empate con Finlandia, y sólo superado por Dinamarca, Suecia, Canadá y Australia.

Conforme al Happy Planet Index, Venezuela presenta para 2010 una marca de Bienestar Experimentado de 7,5 sobre 10, lo cual lo empata con Suiza y lo coloca apenas por un decimal por debajo de Noruega, pero por encima de Estados Unidos, que no pasa de 7,16.

La felicidad es una opinión, pero define si nuestra vida vale la pena. ¿Hemos ganado nuestra dicha?

Venezuela finalizó el siglo XX con una deuda pública impagable, nivel de pobreza de 70%, crisis bancaria y un gobierno que masacró a miles de compatriotas para entregar el petróleo y la soberanía al Fondo Monetario Internacional. ¿Éramos felices, y no lo sabíamos?

Felicidad es asumir el control del propio destino. Tras reconquistar Pdvsa y la soberanía, nuestro PIB sube de 42.066.487.000 bolívares actuales en 1998, a 58.011.931.000 en 2011.

A algunos amarga que ese ingreso se aplique al bienestar de todos. En 1988 se destinaba un 8,4% del PIB al gasto social; en 2008 se le dedica el 18,8%. Entre 2004 y 2010, Pdvsa aporta US$ 61.369 millones directamente al desarrollo social. Según el INE, de US$ 547.000 millones ingresados por el Estado venezolano en los últimos años, el 60% se aplicó a la inversión social. En 1996, 70% de los venezolanos estaba en situación de pobreza y 40% en pobreza crítica; para 2009 la pobreza baja al 23%, y la pobreza extrema al 6%: somos el tercer país con menos pobreza en la región. El Índice de Gini de desigualdad en ingresos de los hogares baja de 0,4865 en 1998 a 0,3928: somos el país con menor desigualdad en América Latina. El Índice de Desarrollo Humano de la ONU en 1998 nos situaba en 0,691, y para 2007 nos eleva al Rango Alto de Desarrollo Humano con 0,878. En una década, la expectativa de vida se eleva en dos años y la talla promedio de los niños en dos centímetros, se acaba la desnutrición y un 37% de los compatriotas tiene sobrepeso.

¿Puede hacer infelices a algunos la felicidad de todos?

A la mayoría le gusta que la Ley del Trabajo haya devuelto sus prestaciones a los trabajadores, que la tasa de desocupación de 11% en 1998 haya bajado a 6% en 2012, que las misiones lleven atención médica gratuita a las zonas menos favorecidas, que tengamos el mayor salario mínimo de América Latina, que todos los ancianos tengan pensiones y que casi no haya niños en situación de calle.

Pero lo que más me contenta es la derrota del analfabetismo, que hoy estudien 9.329.703 personas, uno de cada tres venezolanos, que para 2008 unos 4.055.135 alumnos de educación básica gocen del Programa de Alimentación Escolar, que la matrícula universitaria se duplicara de 894.418 educandos en 2000 a 2.109.331 en 2009, que se hayan creado 15 nuevas universidades, que todo el mundo tenga acceso a la educación gratuita. Que según encuesta del Centro Nacional del Libro en 2012, el 82% de los venezolanos lea regularmente; que 50,2% lea libros ahora abundantes y accesibles, que ello nos vuelva el tercer país más lector de América Latina.

Me entristece que tanta felicidad aflija a unos pocos, porque el pesar del bien ajeno tiene un nombre muy feo. Decía el joven Marx que no desearía para sí mismo una dicha que no fuera compartida por millones. En nuestra democracia tenemos todos los derechos, incluso el de sentirse desdichado por el bienestar de otros. Nuestra dicha tiene imperfecciones, reveses, metas por cumplir. Pero yo voto por la felicidad, que sabe mejor cuando se comparte.

Fuente Aporrea


Imagen agregada RCBáez

Simulacro, ¡ojalá!

domingo, 2 de septiembre de 2012
Por Raúl Bracho

Mañana domingo haremos un simulacro electoral que intenta ensayar a nivel nacional lo que deberá suceder el domingo 7 de Octubre próximo. Abrirán las mesas de votación y este pueblo saldrá a votar.

Ojalá y lo que suceda mañana sea lo mismo que suceda el 7 de Octubre.

Ojalá y mañana Capriles no salga a gritar que hubo fraude, para ensayar su papel

Ojalá y mañana no ocurran tragedias o explosiones

Ojalá y mañana no nos lleguen miles de mensajes de texto diciendo que Chávez está haciendo trampa.

Ojalá y mañana sea un día patrio

Ojalá y mañana sea un ejemplo de lo que debe suceder el 7 de Octubre.

Ojalá y las agendas de golpe se desarmen ante el civismo democrático que reinará todo el domingo.

Ojalá y se entienda que la violencia solo dará comienzo a una guerra de cien años.

Ojalá y el simulacro sea ejemplo de la Venezuela del amor y de la paz.

Ojalá y no tengamos que hacer simulacro de respuestas a un candidato fascista

Ojala y no sea el simulacro de un golpe

Ojalá y no se les ocurra intentar cambiar el camino de paz de nuestra revolución.

Ojalá y se entienda que solo con democracia crece la patria.

Ojalá y sirva este día para imponer el respeto al CNE y al pueblo.

Salgamos desde la madrugada como saldremos el 7 de Octubre: con la frente en alto y el paso firme, con el corazón lleno de patria y a cuidar la revolución que es la Venezuela que nace y debe seguir adelante, todas y todos haremos el simulacro democrático y hagamos también el simulacro de lo que deberemos hacer si a la canalla se le ocurre tomar la peregrina agenda de dar un golpe esa madrugada en la que la mayoría de Venezuela dirá con sus votos que seguirá Chávez siendo el comandante presidente.

¡INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA, VIVIREMOS Y VENCEEMOS!

Enviado por su autor

Publicado en Kaos en la red


Yo no votaré por Chávez

viernes, 10 de agosto de 2012
Enviado por Armando Daza

¡¡Claro que no votaré por Chávez!!

Yo solo votaré por los 60 millones de enfermos que pudieron acudir a Barrio Adentro…

Por las 256 millones de consultas que dieron nuestros médicos de medicina integral…

¡Yo no votaré por Chávez!

Votaré por todos mis compañeros que millones de veces se montan en el tren del Tuy, que les hace la vida mas llevadera a ese puñado de obreros…

Votaré por la justicia social de millones de ancianos con sus merecidas pensiones y jubilaciones incompletas, que gracias a un soldado que lucha día a día, para que su patria no se vea al revés como nos dice Galeano, de todo el mundo…

Votaré por el poema más hermoso que mis ojos han visto jamás:

Como las cientos de edificaciones en construcción para los pata en el suelo, el Metro Cable de San Agustín y el de Mariches, el Cable Tren de Petare, por los cientos de obreros trabajando de manera redoblada en el Metro de Guarenas-Guatire a Caracas.

Votaré por esa señora que le dijo a mi comandante: “Que ella solo quería un abrazo”…

Le daré mi voto a la abuelita del 23 de Enero, que años atrás daba golpes en el piso, cuando casi llorando nos decía, que Chávez se quedaba…

Votaré por los viejitos de Hornos de Cal de San Agustín, que ya no zapatean los cerros gracias al Metro Cable…

Votaré por esas miles de familias que se moretearon todos sus brazos, para convencerse que no era un sueño, cuando les entregan las nuevas viviendas totalmente equipadas…

Le daré mi voto a Mercal, que alimenta día a día a toda Venezuela y freno para siempre las desestabilizaciones de Fedecamaras…

¡Claro que no votaré por Chávez!…

Votaré por mi bandera de 8 estrellas…

Por el niño aquel que personificando a Bolivar, lloraba de la emoción frente a la presencia de su presidente y jamás perdió la compostura, terminando su obra a pesar de las lágrimas…

Le daré mi simple voto, al soldado que saco la carta de las rejas de La Horchila con aquello de:
“No he renunciado”

Yo solo votaré por todos aquellos que hoy se pueden llevar una comida caliente a su boca, por el milagro con aroma a sacrificio de un soldado, por los comedores populares…

Votaré por los miles de niños que ya no se nos mueren, por obra y gracias de nuestro Cardiólogo Infantil…

Votaré por los precios solidarios de nuestra Cantv, de Corpoelec, de nuestra gasolina, de nuestro gas y porque más nunca serán privatizados…

Votaré por los miles de tractores que labran nuestros campos y no aran en el mar…

Les daré mi voto a nuestros atletas de oro…

A la majestuosidad de los nuevos estadios gracias a la Copa América realizada en Venezuela por pedido de nuestro presidente…

Votaré por los miles y miles de niños que recibieron su Canaimitas, para ser mejores venezolanos…

Votaré por las ferias escolares, por las ferias de diciembre, por las ferias del pescado, por el cochino de Navidad para mi gente,  todo lo que acaricia a mi pueblo y ahuyentan pesares…

Mi voto será para los CDI, que logran espantar tristezas…

Le daré mi voto para todo mi pueblo, que hoy tiene las tres papas diarias…

Votaré por los Simoncitos, por las madres de los barrios, por el satélite Simón Bolivar, y el de Miranda que llegará pronto…

Mi simple voto por los 3 meses de aguinaldo, sin distinción de oficio ni profesión, por el regreso de las prestaciones, lo que nos robo Teodoro…

Votaré por el milagro de un SAIME dignificado, por un transito terrestre que también cogerá camino…

Daré mi voto al Centro de Arte La Estancia, monumento a la eficiencia…

Porque como ya les dije…

¿Yo?... Yo no votaré por Chávez…


Publicado porTonny Hernández

Vota, bajo tu propio riesgo

martes, 5 de junio de 2012



El sufragio universal es una institución, un colectivo que atomiza o serializa a los hombres concretos y se dirige a ellos como entidades abstractas, los ciudadanos.
Jean Paul Sartre. 

Las campañas electorales, como todos y todas sabemos, se basan en promesas para atraer el voto y en un enorme derroche económico para promocionar a las y los candidatos. El voto, ese fetiche casi sagrado, se convierte en un gran poder compuesto por millones de pequeños poderes para legitimar el régimen. Para las elecciones del 2012 la diversificación de votar trae como consecuencia nuevas formas de entender el voto. Si votar es casi la única forma de participación social en lo político (lo cual es peligroso) por lo menos, quien ha de participar en dicho juego, tiene una responsabilidad muy grande en sus manos.

A diferencia de otras campañas, las elecciones del 2012 presentan una verdadera preocupación ciudadana, sobre todo en los sectores identificados con la izquierda,  por el posible triunfo del candidato del PRI a la presidencia de la república, Enrique Peña Nieto (EPN). El temor es real, pues se considera que la fuerza del PRI no sólo reside en la millonaria estrategia mediática, sino en el poder de enajenar a millones de posible votantes susceptibles de apoyar a EPN: priistas, simpatizantes y sobre todo, pobres. En una “democracia” donde 60 millones de personas viven en la pobreza, es fácil manipular el voto y más, si se tienen los recursos para hacerlo.

Hay un error en esta percepción ciudadana bajo estas circunstancias: el voto no sólo se manipula desde el marketing político, también se vota por tradición o por razones sentimentales y no sólo por conveniencia (elección racional) esto significa una complejidad de la decisión de votar (votar no significa elegir) más allá del evidente bombardeo de mensajes publicitarios y de las debilidades y fortalezas de los partidos  candidatos. Es tan efectiva la enajenación electoral, que incluso puede invisibilizar la situación anómica de la república. Este año el ingrediente estudiantil le da un nuevo sentido a las campañas y, mientras esperamos el desenlace más allá de lo electoral, según promesa de las y los universitarios (#yosoy132) el cambio lo podemos notar ya en las opciones de voto:

Voto joven

El inesperado resurgimiento del/la estudiante como actor político, aunque representa a una reducida parte del electorado joven, goza de un gran capital simbólico en el imaginario social además de un entorno internacional favorable a la movilización juvenil-estudiantil. Este movimiento puede generar una mayor participación electoral en este grupo de edad, lo cual ya es decir bastante, pero lo más interesante es su posicionamiento más allá de las elecciones, es decir, como un agente de cambio.

Voto nulo

El polémico voto nulo, tan vilipendiado actualmente, es una forma de votar sin elegir a un candidato(a) ya sea dejando la boleta en blanco,  escribiendo leyendas o garabatos, como también es una forma de abstencionismo cívico. El y la anulista, al igual que muchos(as) abstencionistas, realiza un acto consciente y razonado; es su forma de demostrar su rechazo, decepción o enojo con la política.  El/la anulista, al igual que el/la abstencionista, por convicción no negocia su voto, su decisión está tomada.

Voto de castigo

El voto de castigo surge cuando el/la votante decide “castigar” al partido gobernante y vota por otra poción para sacarlo del poder. Así por ejemplo, en varios estados del norte de la república, el rechazo a los gobiernos priistas, el antipriismo, e incluso las venganzas de expriistas, concedió votos principalmente al Partido Acción Nacional (PAN) desde mediados de la década del ochenta del siglo pasado. “Ahora que roben otros” solía decir la gente en ciudades como Juárez o Chihuahua, pues se pensaba más en términos de súbditos(as) que de ciudadanos(as). El fenómeno se sigue extendiendo al resto del país conforme se da la alternancia en el poder político.

Voto útil

El voto útil consiste en votar por una opción política que no era la deseada, evitando el triunfo de otra opción aún menos deseada. Es una acción pragmática cuyo ejemplo más significativo y simbólico nos lleva inevitablemente a la elección del 2000 con el triunfo de Vicente Fox para “sacar al PRI del poder”.  Hoy sigue promoviéndose esta forma de votar desde los mismos partidos políticos, buscando como siempre el número, la estadística favorable.

Pobreza de voto.

Es tanto una cuestión de cantidad (la ausencia de votantes o abstencionismo) como una cuestión simbólica y de calidad (voto inconsciente, manipulado o vendido) el resultado es el mismo: el voto se empobrece en cantidad y calidad. Una democracia donde menos del sesenta por ciento de sus ciudadanos(as) votan, es difícil considerarla como tal y menos aún cuando hay poca participación pública fuera de lo electoral. El sistema de partidos se las ha arreglado para alejar o acercar votantes, según convenga, así como para cooptar el voto de múltiples maneras. El éxito de este tipo de sistemas consiste en mantener empobrecida, analfabeta y despolitizada a la sociedad.

¿Votantes o electores?

Quien vota no elige, participa en un juego sobre algo previamente elegido, restringido. Elegir es una toma de conciencia personal y luego social. ¿Tú votas o eliges?

Obama y el voto negro

Por Salvador Capote

En noviembre de 2008 una gran parte del pueblo norteamericano estalló de júbilo con el triunfo de Barak Obama. Había resultado electo el primer presidente  negro de Estados Unidos y Obama se convertía en poderoso ejemplo de que un miembro de las minorías podía alcanzar las cumbres más altas de la política en los –hasta ese momento- círculos de poder exclusivos para blancos de la democracia estadounidense. Su victoria mejoraba, además, la muy maltratada imagen de Estados Unidos en el exterior.

El júbilo estaba, por tanto, justificado, pero muchos, por ingenuidad o por exceso de optimismo, quisieron ir más allá y consideraron que la llegada al poder del primer presidente negro significaba nada menos que el final de cinco siglos de racismo. En lo adelante, no existiría la discriminación racial, se alcanzaría al fin la igualdad proclamada más de doscientos años antes por la Constitución y blancos y negros vivirían en la armonía y la paz de una era transracial.

Sin embargo, cuatro años después, los negros siguen realizando los peores trabajos y recibiendo los salarios más bajos, sufriendo tasas de desempleo desproporcionadamente altas, viviendo en las peores casas y en los peores barrios, enviando a sus hijos a las peores escuelas, recibiendo la peor (o ninguna) atención médica, con la menor esperanza de vida y la mayor tasa de mortalidad infantil, y poblando, junto a otras minorías, las cárceles del país.

La decepción se produce por no entender que el triunfo de Obama se debió  esencialmente a coyunturas electorales y no a cambios fundamentales en el entramado socio-económico de la nación.   El “establishment” no sólo permanence intacto sino más permeado por la reacción y el fascismo que nunca antes.

Parte de lo que sucede es que el voto negro y el hispano  adquieren cada vez mayor importancia, y ambos partidos, Demócrata y Republicano, realizan crecientes esfuerzos para lograr su apoyo en las urnas.

En las últimas nueve administraciones, a partir de Lyndon Jhonson (1963-1969), por lo menos un afro-norteamericano ha formado parte del gabinete presidencial. Dos en el de George W. Bush: Condoleeza Rice y Colin Powell. Conste que el color de la piel no se relaciona necesariamente con posiciones ideológicas liberales o progresistas;  casi todos los afro-norteamericanos que acceden a cargos electivos importantes o a elevadas responsabilidades administrativas, proceden de las universidades (“Ivy League”) donde estudia la élite del poder en Estados Unidos.

Aunque en menor grado que el partido Demócrata, el partido Republicano ha seguido también la línea de nominar a candidatos negros para algunos cargos importantes. Seguramente como reacción al triunfo de Obama, fue nombrado en 2009 Michael Steele como presidente del partido. En 2010 Tim Scott se convirtió en el primer congresista republicano negro por Carolina del Sur, y en la Florida resultó electo Allen West, favorito del “Tea Party”, quien se define a sí mismo como “extremista de derecha”.

La elección de algunos candidatos negros no significa que hayan desaparecido los prejuicios raciales, sino la necesidad de los partidos de no presentar una imagen racista que podría enajenar el voto negro. En algún que otro caso particular han entrado en juego, además, consideraciones económicas que han coadyuvado a soslayar la cuestión racial, lo cual constituye, debemos reconocerlo, un paso de avance con respecto a otras épocas en que, bajo ninguna circunstancia, un negro podía ser elegido para cargos importantes. Siempre que sean muy pocos y sus credenciales conservadoras estén bien reconocidas, los afro-norteamericanos son bienvenidos para ocupar altas posiciones, pero una vez llena la cuota necesaria para una imagen no racista, las bases mayoritariamente blancas del partido Republicano se intranquilizan y la puerta se cierra para nuevos aspirantes.

Obama ganó la presidencia porque el electorado negro votó masivamente por su candidatura (95 %) pero no obtuvo la mayoría de los votos de los electores blancos (43 % contra 55 % McCain). Son, además, muchos los factores que influyen en una votación. Las guerras iniciadas por Bush, el desastre económico que dejó en herencia, y la mediocridad de la fórmula John McCain/Sarah Palin, entre otros, indujeron a numerosos electores blancos a votar por Obama. Lo que demostró la elección presidencial de 2008 es que una parte sustancial, pero no mayoritaria, del electorado blanco, estaría dispuesta a votar a favor de un candidato negro bajo determinadas circunstancias, que pueden o no estar presentes en futuras elecciones.

Una de las características principales de la presidencia de Obama continúa siendo la notable polarización racial entre sus partidarios y opositores. Una encuesta Gallup realizada durante la campaña electoral de medio término de 2010, reveló que su gestión presidencial era aprobada solamente por el 37% de los blancos, mientras que entre los negros se mantenía por encima del 90 %.

La imagen de Obama de esperanza y cambio, que como el Pangloss de Voltaire  saludó el mundo en 2008 con ingenuo optimismo y le situó en el Olimpo de los Nobel de la Paz, se ha ido desmoronando inexorablemente. Sus promesas incumplidas o a medio cumplir con respecto a la continuación de las guerras, Guantánamo, reforma migratoria, nivel de empleo etc., minan el entusiasmo de los sectores progresistas, de cualquier etnia o color de piel, que conforman una parte importante de su base social de apoyo.

Su tratamiento o, mejor, su no tratamiento del problema racial es, sin duda, la mayor frustración de la gran masa de afro-norteamericanos que confiaron –y aún confían- en él. Obama rehuye el enfrentamiento de la cuestión racial y cuando se ve obligado a ello, lo hace de modo que no intranquilice a sus electores blancos.

En asuntos medulares como el desempleo y la política hiper-punitiva que llena de afro-norteamericanos las prisiones y corredores de la muerte, Obama rechaza su tratamiento específico como problemas  que afectan principalmente a las minorías y siempre se muestra partidario de considerer que atañen a toda la población y requieren por tanto soluciones  generales. El presidente se adhiere al viejo y desacreditado mito neoliberal de que elevando el bienestar de toda la sociedad se eleva necesariamente el de las minorías desfavorecidas. En realidad, lo que sucede generalmente es que la oligarquía se lleva no solamente todo el pastel sino también las migajas. En el major de los casos, cuando la economía mejora, el aumento no proporcional de la riqueza entre las distintas clases sociales da por resultado que se acentúan las desigualdades.

A pesar de todo, la percepción generalizada entre los afro-norteamericanos es que el solo hecho de que un negro haya logrado convertirse en presidente de Estados Unidos es un cambio social tan gigantesco que tratar de promover otros cambios podría ser, por ahora, demasiado riesgoso. Obama se identifica como negro, muestra con orgullo su ascendencia africana y proclama su pertenencia al sector afro-norteamericano de la población. No es necesario más. Tiene asegurado su puesto en la historia y mientras mantenga la dignidad de su cargo, por frustrante que sea su actuación, contará masivamente con el voto negro.

Lo más notable realizado por Obama desde el punto de vista étnico, racial y de género es lo que se ha llamado “diversificación”. Ningún otro presidente ha nombrado en cargos importantes a tantas mujeres, negros e integrantes de minorías, decenas de ellos como jueces federales. Obama nombró a la primera mujer latina como jueza de la Corte Suprema de Justicia y, por primera vez, negros en los cargos de Fiscal General y de Administadores de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (“Environmental Protection Agency”) y de la NASA, entre otros.

Pero la “diversificación” solamente roza la periferia del problema racial del país. Ni siquiera un cese inmediato y total de la discriminación –objetivo inalcanzable bajo un régimen capitalista- puede llegar a la raíz de un sistema de opresión mantenido mediante la violencia durante medio milenio. Porque la discriminación racial, a pesar de su feo rostro,  no es la causa primaria de las profundas desigualdades en la sociedad norteamericana. Los privilegios de clase y los siglos de exclusión de las minorías raciales no se resuelven con simples medidas administrativas o leyes que únicamente regulan los procedimientos.

Si se necesita un ejemplo de como los intereses clasistas se anteponen a los objetivos de justicia racial, recordemos que la administración Obama decidió boicotear, en abril de 2009, la Conferencia Mundial contra el Racismo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), debido a presunciones de que la conferencia se manifestaría abiertamente en contra de Israel.

Se espera que en noviembre el voto de los jóvenes y de las minorías resulten de nuevo decisivos. El partido Republicano y, en particular, el movimiento “Tea Party”, parecen estar decididos a impedir un nuevo triunfo de Obama. Es por este motivo que en 15 estados  han logrado ya la promulgación de leyes que obligan a la presentación, en el acto de votar, además de la tarjeta de votante, una identificación emitida por el estado. Estas y otras leyes tienden a reducir considerablemente el número de votantes jóvenes, pobres y afro-norteamericanos que –como se sabe- votan en su mayoría por los candidatos demócratas.

El “Bremen Center for Justice”, de la Universidad de Nueva York, estima que debido a estas nuevas leyes unos cinco millones de electores serán privados de su derecho a votar. El 25 % de los afronorteamericanos –de acuerdo con el “Bremen Center”- no posee identificación oficial del estado. En conjunto, los estados donde ahora se exige este requisito suman 171 votos electorales, 63 % de los 270 que se necesitan para ganar la presidencia.

El Fiscal General, Eric Holder, y el Departamento de Justicia, han presentado demandas en las cortes contra los estados que tratan de implementar estas leyes, especialmente en la Florida, donde se realiza actualmente una purga racista de los registros electorales con el pretexto de evitar que ex convictos acudan a las urnas.

Holder afirmó el miércoles 30 de junio en la Consulta Anual del Caucus Negro del Congreso (“Congressional Black Caucus”) en conjunción con la Conferencia Nacional de Iglesias Negras (“Conference of National Black Churches”) (1) que “formas de discriminación, tanto abiertas como sutiles, continúan siendo demasiado comunes y no han sido relegadas todavía a las páginas de la historia” (2). “El ataque a los derechos de los votantes –añadió Holder- no sólo está coordinado sino que es peligroso y es el peor que se ha visto desde Jim Crow” (3).

El próximo mes de noviembre, votarán por Obama los sectores de izquierda de la sociedad norteamericana por carecer de alternativa (4), y los afro-norteamericanos –los que logren hacer valer su derecho al voto- por lealtad, empatía y esperanza.
 
 
(1)   La Conferencia Nacional de Iglesias Negras (“Conference of National Black Churches”) representa a congregaciones religiosas de todo el país, con más de 10 millones de feligreses, pero la reunión estuvo abierta a todos los credos y denominaciones.
(2)   “… both overt and subtle forms of discrimination remain all too common and have not yet been relegated to the pages of history.”
(3)   “The attack on voting rights is not only coordinated, it is dangerous and it is the worst we’ve seen since Jim Crow.”
(4)   “tapándonos la nariz” como dice “El Duende” de Radio Miami.


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