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¿Otoño en Chihuahua?

viernes, 6 de septiembre de 2013

Valentía, Lealtad, Hospitalidad
Lema del escudo del estado de Chihuahua

Septiembre, el mes patrio; octubre, Movimiento Estudiantil del 68; noviembre, revolución. El otoño tiene un significado profundo en la memoria histórica de las y los mexicanos. Si algún evento importante en la vida del país va a suceder, hay muchas probabilidades de que suceda en esta época del año.
¿Qué influencia tiene el otoño para la gente de esta nación?, ¿será el clima, será mera coincidencia o será un ciclo de vida repitiéndose? Aún no sabemos. Lo que sí sabemos es que el resultado de esas fechas conmemorativas son el fruto de muchos años de soportar problemas políticos, sociológicos y económicos impactando de lleno la vida cotidiana de sus habitantes (incluida la vida vegetal y animal) y empujando hacia la lucha política como forma de solución a una situación anómica. El resultado es lo que somos.
En el estado de Chihuahua, su historia nos cuenta de guerras del gobierno contra los indios y contra los gringos; de la guerra de la gente contra su gobierno en 1910; del ataque al cuartel militar de Madera por la guerrilla rural y luego por la urbana de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Poco menos conocidas son la Rebelión de Tomóchic a finales del siglo XIX por cuestiones religiosas y las innumerables guerras y otras formas de resistencia tarahumaras contra el gobierno y cultura chabochi. Finalizando el siglo XX, las luchas pacíficas por la apertura democrática y el respeto al voto son el preámbulo de la actual diversidad de nuevos movimientos sociales de todos los sabores y tamaños: feministas, agrarios, ecologistas, estudiantiles, pacifistas…
¿Cómo es el siglo XXI chihuahuense? En el año trece del tercer milenio, los flagelos cotidianos son: los malos gobiernos, la violencia del narco, la inseguridad en general; la mala educación y la pésima alimentación, con altos índices de homicidio, feminicidio y juvenicidio; bajísimos índices en gusto por la lectura, número de museos, bibliotecas, librerías, etcétera; primeros lugares nacionales en diabetes, obesidad, hipertensión. Políticamente con baja participación y cultura democrática; sociológicamente mayormente urbana y mestiza, con marcadas diferencias de clase y estrato. La economía debilitada y las familias empobrecidas. Solamente el Estado festejando ficticias cifras alegres y privilegiando a las élites.  
Con el abrumador avance del PRI en todos los niveles de gobierno y “representación” popular, lo hace un rival poderoso, fortalecido más con su recuperación del gobierno de la república. El neoliberalismo ahora característico de este partido, presenta una de sus puntas de lanza en México en la fronteriza Ciudad Juárez, donde se experimenta con una economía neoliberal desde hace treinta años, haciendo de esta ciudad maquiladora un conglomerado anómico, un lugar donde se experimenta con el capitalismo en distintas formas y, una combinación posmoderna de puerto pirata con pueblito del Viejo Oeste: un lugar donde se trafica legal/ilegalmente de todo y a todas las escalas.   
Claro que existe también la reacción de la clase en el poder y la burguesía que aspira al poder: esa sociedad filoempresarial, despectiva, fría y conservadora, alineada a los gringos y a la Iglesia católica y aliada del PRI en lo político, no duda en violentar los derechos del grueso de la población si es necesario. El Estado chihuahuense se apoya en los sectores más reaccionarios del estado encaminándose hacia el fascismo en la forma de Estado policiaco como garante del status quo. La diferencia es: ante este escenario difícil, puede haber una confrontación de intereses económicos contra derechos sociales (derecha contra izquierda) como de hecho está sucediendo a baja escala (guerra sucia) con la limpieza social y la satanización de los movimientos sociales en muchos medios de comunicación, sobre todo los masivos.
Las manifestaciones espontáneas en contra del gobierno estatal a finales de agosto en la ciudad de Chihuahua, ocasionadas por la corrupción, la mala planeación y el pésimo inicio del nuevo sistema de transporte público, Vive Bus, obtuvieron como respuesta represión policiaca. En Ciudad Juárez (la principal economía y la única metrópoli de la entidad) mil seiscientas personas se han amparado contra la autorización de una escolta personal por tiempo indefinido para el actual presidente municipal y su jefe de policía cuando terminen su gestión. Ascensión, en el norte del estado, en el 2010 todo el pueblo se sublevó contra la inseguridad y tomó la ciudad para rescatarse de los grupos de secuestradores extorsionistas. También desde la implementación y continuación de la fatal “guerra contra el narco” calderonista-peñista, el incremento  de la represión, las agresiones y asesinatos de periodistas, activistas, derecho humanistas (y en general, de todo movimiento social) se incrementa en todas las regiones del estado: Ojinaga, Delicias, Parral, Cuauhtémoc, las regiones serranas tomadas por el narco… ¿cuál municipio se libra de esta situación?
Motivos no faltan para el malestar social en Chihuahua…y en Sonora, Michoacán, Nuevo León, Tamaulipas, Guerrero, Morelos… A nivel nacional las reformas neoliberales del salinato peñista en la educación y los intentos de venta de PEMEX, han levantado la alerta a buena parte de la población y la sociedad civil organizada. ¿Qué va a pasar cuando sea imposible taparse los oídos, callar o voltear a otro lado ante esta realidad, cuando el internet falle y nos devoren los gringos?      
Septiembre, inicio del otoño y, ¿la revolución?  

Vivir en la mentira

miércoles, 22 de agosto de 2012



No hay mejor almohada que una consciencia tranquila
Refrán alemán


Ciudad Cárcel, Chihuahua, verano del 2012


La sociedad de las apariencias es aquella que desarrolla constantemente elementos satisfactores inmediatos para una realidad no agradable de las relaciones sociales. Así por ejemplo, el alcohol (la cerveza, el licor)  cumple una labor social similar al de las religiones: conducen hacia la enajenación del alivio del espíritu, del alma; combate el estrés, para hablar en términos cotidianos actuales.

Este tipo de relaciones se da mayormente en sociedades totalitarias, jerárquicas y economías capitalistas; puede tener connotaciones nacionalistas, como describe Octavio Paz en El Laberinto… por ahí por las “Máscaras mexicanas. La preferencia por la Forma…”. En las sociedades contemporáneas además, la apariencia viene acompañada de soledad, por el individualismo, la desaparición de la comunidad y la noción de ella. 

Pero, ¿qué estimula la aparición y permanencia de dicho fenómeno?, ¿a quién se quiere engañar?, ¿para qué? La apariencia también puede disfrazarse de silencio, de ausencia; ahí está el elocuente ejemplo del silencio de la iglesia católica frente al fraude electoral en México. ¿De qué protege la apariencia? Los gobiernos bajo cualquier argumento (de seguridad nacional, confidencialidad, moral y buenas costumbres, etcétera) suelen cometer abusos, como el emblemático ejemplo de Wikileaks y el caso Julian Assange/Bradley Manning, perseguidos por Estados Unidos al revelar públicamente cables diplomáticos y sobre todo, información secreta de masacres a civiles realizadas en Afganistán por fuerzas de ese país, entre otros documentos.

La sociedad actualmente está predispuesta a las apariencias. Las y los políticos aparentan ser inteligentes y honestos; los noticieros y periódicos, pretenden ser veraces. O bien en el microcosmos de la vida diaria, actuando de acuerdo a la ocasión, con seriedad en un funeral, con alegría en una boda o con rutina al trabajar, poniéndonos un disfraz para cada ocasión. Es una costumbre disimular, aparentar, engañar; es la astucia de vivir y sobrevivir sociedades que además, suelen ser hostiles por herencia del patriarcado. La competitividad tan característica de las sociedades de libre mercado, también procura trampas, secretos, traiciones, así sea en un mercado o empresa, o en el deporte y la música; todo depende del grado de enajenación de la sociedad.

La apariencia de la mentira, cuando es social (es decir, cuando sociológicamente tiene un impacto en la forma de pensar y actuar de la gente o un sector de la misma) se transforma en hábito, costumbre y finalmente, cultura (generacional, nacional, etcétera) y es difícil de quitar. ¿Cómo se puede vivir en la mentira? Rehusándose a constatar la realidad o considerar otros puntos de vista, amparándose en la negación, la hipocresía o el cinismo, como el reciente caso de la elección federal, con tantos actores e instituciones involucradas, negando evidencias, ocultando información o simplemente haciendo como si nada.

Ciudad Cárcel cada vez se hace más grande, enorme. No tardan en llegar las cárceles privadas, por que la persecución policiaca arrasa con todo y pronto no va a haber cupo para tanta persona, además de la herencia de la narcoguerra. Nadie da cuenta de las desapariciones, pese a tanta denuncia y policía, que no se da abasto con tanto civil convertido en delincuente, aunque sea por no traer identificación o “para protegerte”, como suelen ahora decir las y los agentes discípulos de Julián Leyzaola antes de encarcelarte. En Ciudad Cárcel la apariencia se convierte en cifras: primero te crean una guerra ficticia, donde efectivamente muere mucha gente, y luego de disimular que no pasa nada y se exagera, se presumen estadísticas de la disminución de homicidios (contrariamente y pese a lo que se diga, los feminicidios continúan).

La promesa también es apariencia, por lo tanto, engaño y mentira (ensayo y error). En el neoliberalismo se adora el futuro, por que en él está la felicidad, por eso es inalcanzable. No es coincidencia la semejanza con la recompensa del cristianismo a posteriori, El Cielo, pues Adam Smith era monje. La promesa juega con la esperanza convertida en fe, por eso es tan dañina.

En las ciudades Cárcel se aprende a cuidarse del desconocido tanto como del policía; las y los ciudadanos de bien se convierten en potenciales terroristas, desde el que no paga impuestos o es desempleado, como el/la que sale a las calles a protestar, así sea estudiante o anciano. Sólo las sociedades cerradas dentro de Cárcel, las élites, gozan de un macabro juego de sobrevivencia con la libertad que da el dinero y las relaciones, es parte de la apariencia.

¿Cómo se sabe si vives en la mentira? Hay verdades sociales innegables, como la pobreza, la injusticia; pero también hay verdades personales, secretos que no se comparten con cualquiera (hay versiones sobre la orientación sexual de cierto priista cuarentón de copete que además tiene fama de golpeador, otro chisme basado en hechos sin importancia que sucedieron en San Salvador Atenco y con ser el número uno en feminicidios). Otras formas de enajenación están en la televisión, el fútbol, el sexo, las cantinas, el internet…todo lo necesario para olvidar la realidad, al menos un rato; la enajenación de la nada, de no involucrarse en nada, voltear al otro lado, encerrado en la casa, el cuarto, el fraccionamiento, vivir con precaución.    

No toda la gente vive en la mentira. Ahora la resistencia es moral, dialéctica de consciencia personal y colectiva, del presente y para el presente. Es época de cambios, pero sucede que mucha gente se quedó dormida en el siglo XX. La posmodernidad no significa fragmentos, sino fractales; de lo que ocurra hoy dependerá el mañana; el futuro no existe sino como perspectiva en un espacio caótico sin límites y sin centro, en constante movimiento, según dice Albert Einstein. Esa es la realidad que nos provee la ciencia para el siglo XXI.

Pero mientras la mentira es parte de la doble moral, del malestar social, del engaño y el error, Serge Galam, sociofísico de la Universidad de Jussieu, Francia, explica bajo modelos matemáticos lo que llama inercia: que un sistema democrático termina siendo conservador e inmovilista, inerte.

Neoimperialismo gringo

viernes, 1 de abril de 2011

La entrada al tercer milenio y siglo XXI nos permite observar con mayor claridad la nueva geopolítica del poder mundial donde Estados Unidos sigue siendo la gran potencia y representante imperial de un neoliberalismo globalizado y unipolar, pero donde están surgiendo o consolidándose nuevos poderes macro regionales como la Unión Europea o el BRIC, cuyos miembros (Brasil, Rusia, India y China) en sí mismos son naciones con mucho potencial en desarrollo.
La hegemonía estadounidense está seriamente amenazada. Tanto por el liderazgo de estos países, pero también y muy destacable, por la mala dirección de su economía interna, de impacto internacional y no menos importante, por el desgaste y fracaso de sus últimas intervenciones bélicas en Irak y Afganistán. Además el prestigio internacional de Washington prosigue a la baja desde la invasión a Irak, la exposición de los cables desclasificados de Wikileaks y lo que publique la prensa sobre sus frecuentes abusos militares en el mundo o sobre sus nuevas leyes xenofóbicas y racistas contra las y los trabajadores ilegales.
Si Estados Unidos no ha dejado de ser la superpotencia que es, se debe a su gran poderío bélico; es el país más y mejor armado del mundo y probablemente de todas las épocas. Esta peligrosa característica, además de su política intervencionista y autoproclamada de “policía mundial” los ha hecho protagonistas de infinidad de invasiones, atentados, bombardeos, conspiraciones o golpes de Estado en un sinnúmero de países durante todo el siglo XX, tradición que procuran seguir (con mucho esfuerzo) en este siglo. Su ideología y hambre de poder los hace una nación ensimismada y depredadora en perjuicio del mundo.   
El intervencionismo estadounidense no sólo es bélico o económico, también descansa en la superestructura de la educación, el cine, la televisión, los deportes o el espectáculo, vías de aculturación (enajenación) de masas exportable que se combina con otros recursos de maquillaje como fundaciones, ONG´s, donativos, certificaciones, misiones religiosas, becas, etcétera, para formar la cara amable del imperio. Pero no hay que confundirse: lo anterior está pensado para facilitar la dominación estadounidense de manera más sutil, no para cambiar o mejorar la situación del mundo, sino para garantizar los intereses del imperio.    
Para mantener en funcionamiento la enorme economía y sociedad estadounidense hace falta también una enorme cantidad de recursos y energía. El petróleo, la mano de obra barata (indocumentada, of course) las drogas (lícitas e ilícitas) las materias primas venidas de todas partes para el desarrollo de tecnología de punta o nuevos energéticos como el etanol, son de los ejemplos más destacables. Para lograr mantener en flujo constante lo anterior,  Washington se reserva el derecho de hacerlo de manera “colaborativa”, como el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá, o bien con acciones bélicas, como su actual aventura en Libia. No es fácil ser una superpotencia.  
Desde finales del siglo pasado el discurso político de Washington ha creado o refinado conceptos acorde a sus necesidades y conveniencia: terrorismo, Estado fallido, guerra preventiva, etcétera. De ellas se ha valido para justificar acciones y descalificaciones hacia naciones o personajes que obstaculicen sus intereses, como la “guerra” contra el narcotráfico en México o la persecución de Julian Asange, creador de Wikileaks. Tales discursos se usan a discreción y ser aliado de Washington no significa en ningún momento que no se vuelvan en su contra.   
El discurso del terrorismo ha sido de gran utilidad para el imperio. Bajo este concepto y ante la ausencia de otra superpotencia que le haga contrapeso, la palabra se ha convertido en el gran aliado gringo, como peligro para quien se le adjudica tal reconocimiento. Este concepto ampliado y ambiguo a la vez en la actualidad, permite a los gringos ubicar e imaginar nuevos enemigos para el pueblo estadounidense y el mundo: Osama Bin Laden, Al Qaeda, Irán, Libia y últimamente los cárteles del narcotráfico. De seguir así las cosas, no tardan en declarar como terroristas a las y los migrantes indocumentados en su país. ¡Cuidado de ser señalado como terrorista!  
La vecindad con el imperio tampoco es garantía de una relación segura y pacífica. Por más que digan lo contrario, la violencia en la frontera entre México y Estados Unidos está plagada de atentados provenientes de la ribera norte del Bravo hacia mexicanos(as). El aumento generalizado de un discurso hostil hacia este país, so pretexto de la seguridad nacional estadounidense por causa del narco y el tráfico humano, es a la postre una amenaza para la seguridad de México y no como se quiere dar a entender. El imperio enseña sus garras en momentos de debilidad de su hegemonía mundial.
Como imperio, Estados Unidos se comporta al viejo estilo romano: como una plutocracia hacia dentro y con uso de la fuerza indiscriminada hacia el exterior.  Funciona como una democracia en cuanto a legitimar su régimen a través de elecciones, pero en el fondo es una sociedad manejada y dirigida por una élite empresarial y militar. La enajenación de su sociedad es posible por que aplican la misma superestructura que exportan al mundo anteriormente señalada. Pero si la economía doméstica no mejora en el corto plazo, la gran potencia podría estar experimentando su propia caída, quién lo dijera, desde dentro y no a causa de alguno de los enemigos externos por ellos creado.  
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