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Utopodcast - Futuro Primitivo - Jhon Zerzan

domingo, 27 de enero de 2013
Un excelente audio que nos plantea muchas reflexiones y preguntas. Sin duda un audio que rompe paradigmas y nos abre un mundo que siempre fue nuestro...pero que insistimos en huir de el...
Koan
Link al audio en PDF:Futuro Primitivo

MENTES PRECARIAS*

martes, 10 de julio de 2012

* Una de las acepciones de precaria: que sólo es poseída como préstamo y a voluntad del dueño.

El desarrollo voraz del sistema capitalista y de su maquinaria de adiestramiento ha permitido alcanzar un nuevo estadio en la evolución de la mente humana, sobre todo en la llamada sociedad occidental: la mente precaria.

La mente precaria, a diferencia del resto, no se rige por la acumulación de experiencias, ni por el descubrimiento de patrones formales, ni por relaciones causales, ni por ningún otro parámetro habido o por haber. Se rige por las órdenes directas de su amo, quien en su infinita bondad le cede espacios de autonomía para dirigir los aspectos más básicos del día a día del cuerpo que le da cobijo, pero nada más.

Es decir, una “gran mente” (o el conjunto de los dominadores del mundo) rige a millones de mentes precarias (o la inmensa mayoría de los dominados) que vivimos en la más absoluta ignorancia con respecto a este hecho.

Hay que reconocerle cierto mérito a este sistema criminal. Aunque tengas todos los medios a tu alcance no es fácil conseguir este nivel de efectividad. Requiere de mucho tiempo y esfuerzo dedicado a manipular y adoctrinar generaciones enteras de mentes para alcanzar esta generalización de la precariedad mental. Ha sido necesario desplegar todos los tentáculos de una maquinaria infernal llamada capitalismo, al igual que ha sido imprescindible el soporte logístico ofrecido por su necesario aliado el Estado.

Alcanzar tan rotundo éxito sólo ha sido posible al situar en el centro de esta maquinaria al sistema educativo (convertido en obligatorio por el bien de la humanidad) desplazando a un segundo plano a la, hasta hace poco, estrella del amaestramiento de fieras: el sistema represivo (judicial, policial y penitenciario) que, no por ello, ha perdido su vigencia y su importancia sino que, simplemente, ha pasado a ser el plan B por si falla la educación de las mentes.

Sin duda, estos dos sistemas son el eje fundamental en el que se basa la precarización de la mente actual.


Si imaginamos la mente precaria como uno de esos adosados exactamente igual a los tropecientos que le rodean formando una urbanización (o sistema), tenemos que los pilares centrales encargados de aguantar la mayor parte del peso los forma el sistema educativo. Durante décadas, millones de personas hemos pasado por este filtro encargado de modelarnos y adecuarnos a las necesidades de cada momento histórico. La misma introducción de este sistema responde a la necesidad de producir en serie combustible humano para alimentar el engranaje de la recién llegada sociedad industrial. Desde ese mismo instante se vislumbró el potencial de la educación estatal y de la imperante necesidad de universalizarla. Esta necesidad se ha visto colmada independientemente del tipo de régimen político instaurado y de la supuesta orientación ideológica del mismo. En todos estos lugares el sistema escolar tiene un objetivo primordial más o menos oculto: transmitir y asegurar la asimilación de una necesidad de ser enseñados.

De esta forma se consigue que las personas nos desentendamos de la responsabilidad de nuestro propio desarrollo, allanando de esta manera el camino a la precarización de las mentes. Junto a esta enseñanza, también nos inicia en una sociedad en la que todo (valores, capacidades, necesidades, realidades…) es susceptible de ser producido y medido. Esto nos lleva irremediablemente a la aceptación de toda clase de clasificaciones jerárquicas, incluso a dar por válida y natural una sociedad estratificada en la que tu posición depende de valores totalmente mesurables. La escuela nos instruye para ocupar el lugar que el poder nos tiene reservado dentro de nuestro sistema social y para saber aceptar que esa posición no depende de cada uno de nosotros sino que está en función de una serie de parámetros (económicos, étnicos, origen social,…) que la “gran mente” se encarga de medir y catalogar.


Junto a estos pilares centrales de los que hablábamos tenemos toda una serie de tabiques que compartimentan nuestra mente precaria y que conforman esa sociedad para la que nos prepara la escuela: la sociedad de consumo. Vivimos en un sistema en que la capacidad de consumir/devorar (perfectamente medible) nos hace más o menos valiosos. Es nuestra obligación mantener a toda costa nuestro nivel de consumo si no queremos vernos degradados socialmente. Esto sólo es posible si somos poseedores de una mente precaria que nos impide vislumbrar tan siquiera el sadismo de este tipo de organización social. El consumo desaforado que ayudamos a mantener a cada paso sólo es posible a costa de la vida de millones de seres humanos, a fuerza de reducir a la condición de esclavitud a gran parte de la población mundial y a estar a punto de llegar a la meta en la absurda y desastrosa carrera por la destrucción del planeta.


Para mantenernos dentro de este terrible modelo social tenemos las paredes exteriores del adosado (es preciso señalar lo bien que la palabra adosado describe el concepto de mente precaria como algo no natural). Estos muros de contención están formados por el sistema represivo en que se basa todo Estado-Sistema (policial/militar, judicial y penitenciario). Nuestras vidas se rigen por unas leyes ajenas a nosotros, diseñadas y puestas en marcha por esa “gran mente” que nos domina precisamente para asegurar su control. Todo el sistema represivo está diseñado para impedir cualquier intento de subvertir el orden establecido y para asegurar que la distribución de los recursos en su totalidad se hace en la dirección correcta). Pero la élite dominante no se conforma con eso. Nuevamente, a través de la precarización de las mentes ha logrado que la inmensa mayoría esté totalmente de acuerdo con el sistema y esté dispuesta a apoyarlo hasta las últimas consecuencias. Nadie cuestiona la existencia de un ejército que tiene la potestad de tomar el mando de la situación en cuanto lo estime oportuno. No existe ninguna duda acerca de que los cuerpos policiales deben existir porque, al parecer, todos somos unos desalmados y necesitamos a alguien que se nos controle y nos reprima. Qué decir de las cárceles, vendidas como centros de reinserción (nunca he comprendido el significado de esto) pero cuyo principal objetivo es mantener recluido a cualquiera que sobre en este sistema (por su condición social, su manera de pensar, su origen étnico,…). Lo que es innegable, es que estos muros exteriores se van mejorando a cada minuto que pasa, haciendo de la mente precaria una fortaleza casi indestructible.

Por último y como es sabido, los adosados (mentes precarias) suelen formar parte de urbanizaciones (grupos sociales). Aquí entra en juego el último elemento de la jugada maestra de la “gran mente”, los jardines que embellecen y mantienen unidos a todos los elementos del grupo social. Estos jardines están formados por los medios de desinformación masiva y por la industria del entretenimiento. Estas dos vertientes se conjugan perfectamente creando todo un mundo de apariencias en el que vive la mente precaria. Nos suministran la información precisa para hacernos ver lo afortunados que somos, y lo mal que podríamos llegar a estar si se produjera cualquier alteración del orden establecido. Nos ayudan a crear una identidad colectiva (reforzada por la industria del entretenimiento) mostrándonos a los nuestros y marcándonos a nuestros enemigos. Este doble sistema (desinformación y entretenimiento) hace que las mentes precarias ocupen toda su capacidad en espejismos y cortinas de humo (no sea caso que todo lo descrito anteriormente haya dejado el mínimo resquicio a la capacidad crítica que se nos presupone a los seres humanos) y las mantiene en una falsa actividad durante toda su existencia.

El plan es absolutamente genial pero, como todos los grandes planes, no es infalible. La clave es ir al origen, a los cimientos de la mente precaria y no desperdiciar energías en luchas estériles por podar el jardín o cambiar el color de los muros.

El principio del fin de esta dominación pasa por romper con el sistema educativo (de adiestramiento), con sus enseñanzas sobre todo las ocultas. Pasa por recuperar el control en nuestro proceso de autoconstrucción como seres humanos y en poner en primer plano la libertad en todos sus ámbitos. También pasa por reconocernos como iguales pero no en la precariedad mental sino en la potencialidad de construir nuevos cimientos que todos poseemos.
 

LA INMEDIATEZ COMO SISTEMA

lunes, 14 de marzo de 2011
Durante las últimas décadas la inmediatez (el aquí y el ahora) se ha ido adueñando de nuestras vidas sin que apenas nos hayamos dado cuenta. Por supuesto, esto no ha ocurrido de forma casual si no que forma parte de una concepción mucho más amplia diseñada para convertir a las personas en meros autómatas que se dedican a pasar por la vida sin más aspiración que la de sufrir lo menos posible. El afrontar la vida bajo este punto de vista hace que nos desconectemos de nuestro pasado y de nuestras raíces, la cual cosa posibilita que seamos seres sin una conciencia clara de lo que ha sucedido en momentos pasados de la historia y, por tanto, incapaces de aprender de los errores y aciertos anteriores. Esto es algo que nos perjudica gravemente al común de los mortales y beneficia sobremanera a los pocos que están en la cima del poder actual.Por otro lado, esta inmediatez que nos domina provoca que no tengamos en cuenta las consecuencias de nuestras acciones y nuestras decisiones. El vivir como si no hubiera mañana nos ha conducido a un mundo en el que sistemáticamente hemos destruido la naturaleza hasta unos límites en los que tal vez no haya vuelta atrás. También nos ha hecho ignorar la matanza premeditada de cientos de millones de personas a base de expoliar todos sus recursos en beneficio de nuestra vida de usar y tirar.Esta “filosofía de vida” se ha impuesto de manera global (sobre todo en el llamado primer mundo, aunque también en las clases dirigentes de otros territorios) apoyándose en todos los recursos que el sistema dominante tiene a su alcance.
Desde la expansión de las tarjetas de crédito que posibilitan el consumo desaforado (que al fin y al cabo es el gran beneficiado de esta manera de entender la vida) sin necesidad de preocuparnos por si realmente podemos pagar o no ese producto o si lo necesitamos realmente, y la concesión de créditos y financiación de la compra de cualquier bien de consumo (hasta hace no muchos años era impensable comprar un pequeño electrodoméstico a plazos con una financiación facilitada por la propia tienda que te lo vende) hasta los “productos culturales” de la actualidad en los que escasean de manera sistemática los contenidos críticos, las reflexiones profundas y los posicionamientos ideológicos frente al sistema dominante.
Toda esta situación lleva consigo un desvirtuamiento de los valores y actitudes del ser humano. Concepciones tan importantes como la amistad, el amor en todas sus acepciones, la colectividad, la ayuda mutua,... han pasado a ser tan banales que han perdido su valor original (hasta el punto de que las relaciones del tipo que sean se buscan por Internet porque el presentismo en el que vivimos nos impide dedicar tiempo a todas estas cuestiones). De esta manera, se ha desarticulado el entramado moral que permitiría a las personas organizarse eficazmente contra la tiranía político-económica que nos tiene atrapados a su merced. Al mismo tiempo, se ha conseguido crear un modelo de ciudadano con un nivel de resistencia a la frustración muy pobre lo cual le impide esforzarse en conseguir nada que no le sea dado por el modelo predominante, así las personas ya no se preocupan por nada que no sea por el “yo, aquí y ahora” y ese tipo de mentalidad es la que el sistema requiere para poder funcionar porque esta mentalidad produce autómatas cuyo único objetivo es satisfacer sus necesidades, creadas de manera artificial por el propio poder dominante, a cualquier precio sin importar nada más. Incluso el sistema es tan maravilloso que si por casualidad alguien consigue escapar a la maraña de la inmediatez y tiene inquietudes sociales, le proporciona un fabuloso catálogo de organizaciones humanitarias a las que asociarse y poder así mantener su pequeña conciencia tranquila.

EL MODELO DE FELICIDAD

domingo, 6 de marzo de 2011
En muchos de los Estados modernos, los tratados constitucionales explicitan que el Gobierno y toda su maquinaría tienen como deber último trabajar por la felicidad de sus ciudadanos (o por su bienestar como se indica en las Constituciones más recientes). Para ello, el Estado cuenta con la inestimable ayuda de su compañero de viaje: el capitalismo en cualquiera de sus versiones contemporáneas. Juntos han puesto en pie una maquinaria gigantesca destinada a satisfacer ese gran objetivo.
El primer paso es definir el concepto de felicidad porque como acostumbra a pasar en nuestras democracias eso es una tarea que no recae en el pueblo si no en las elites dominantes. Para realizar esta tarea la dualidad gobernante pone diversos mecanismos en marcha.
El primero de ellos es el sistema educativo, donde desde las edades más tempranas se encargan, de manera muy efectiva, de ir aniquilando cualquier esperanza de formar un espíritu crítico y reflexivo capaz de sacar sus propias conclusiones acerca de la realidad que les rodea, de esta manera se prepara el terreno para el posterior adoctrinamiento que tiene como base la creencia de que todo lo que el Estado dispone ha de ser por fuerza lo que más nos conviene. A esto se le suma una educación basada en la competitividad y los méritos individuales cuya única finalidad es conseguir un puesto de trabajo que nos permita ganar el dinero necesario para llevar una vida feliz según los cánones oficiales.
Otro de los mecanismos de los que dispone el poder son los medios de comunicación, teniendo un papel fundamental la televisión. Son estos medios los que proporcionan de manera inmediata y repetitiva las imágenes de lo que debe ser la aspiración de todo ciudadano. Constantemente, nos muestran a personas que son el modelo a seguir por todos porque una de las claves de la felicidad tal y como la entienden los poderosos es el éxito, sobre todo el profesional, ya que este éxito garantiza el poder adquisitivo necesario para alcanzar el ideal de felicidad. Por supuesto, los modelos que presentan se corresponden con personas que no han necesitado desarrollar su intelecto ni sus capacidades emocionales para llegar a lo más alto, sólo hay que ver que hoy en día los deportistas de élite, los personajes televisivos y demás gentes relacionadas con el mundo del ocio son el ideal que debemos aspirar a alcanzar el común de los mortales, es decir, ocupaciones que no aportan nada al desarrollo del ser humano ni de la sociedad. Obviamente, no hay lugar dentro de ese modelo para personas que dedican su vida a trabajar por un mundo mejor porque eso puede estar bien como mera anécdota en el currículum vital de una persona pero no como ocupación principal.
Para remarcar todos estos aspectos, el Poder dispone de una tercera vía de adiestramiento que sirve al mismo tiempo como referente de una vida feliz y como escaparate de todo aquello que como buenos ciudadanos debemos aspirar a poseer. Esta vía es la industria del ocio.Día tras día, esta enorme maquinaria nos enseña a través de sus pantallas, sus altavoces, sus viajes organizados y el resto de sus innumerables posibilidades cómo debería ser la vida de una persona feliz. Aquí es donde se pone la guinda al pastel para acabar de convencernos (si es que no lo estamos ya) de que somos seres afortunados que tenemos a nuestro alcance un sinfín de productos y servicios de los que podemos disfrutar para alcanzar una vida perfectamente feliz.
Así con todos estos mecanismos funcionando a pleno rendimiento, las personas acabamos cayendo en su juego y dejando de lado cualquier aspiración personal para sucumbir a las ideas dominantes. Con ello, aceptamos plenamente la idea de que nuestra finalidad debe ser procurarnos la felicidad, por supuesto la felicidad que las Instituciones dominantes han diseñado para nosotros y que no es más que la acumulación de pertenencias que poco o nada aportan a nuestro desarrollo integral como seres humanos.De esta manera, encontramos que alguien se define como feliz cuando posee todo aquello que su rango ocupacional (es decir, según el trabajo que desarrolle y el sueldo que percibe por ello) le permite e incluso un poco más gracias a la generosidad de los bancos que le conceden créditos por encima de sus posibilidades para poder mejorar esos bienes tan preciados que le hacen tan feliz. Al final todo queda reducido a una mera cuestión de consumo: para ser feliz hay que tener el mejor coche (o coches porque con uno sólo no es suficiente) la mejor casa, los mejores electrodomésticos, cuantas más televisiones mejor, por lo menos unas vacaciones al año (cuanto más lejos sean del hogar mejor para el nivel de felicidad), el mejor colegio para la descendencia (lo de mejor colegio suele medirse en función del dinero que cuesta la escolarización) y muchísimas más cosas que todos y todas seguro tenemos en mente ahora mismo.Este es el tipo de carrera desenfrenada en la que nos vemos embarcados si queremos ser felices tal y como debe ser. Por supuesto, estamos tan absortos por el pensamiento dominante que nos deslizamos por la vida en pos de esta felicidad carente de contenido y de esfuerzo que sólo requiere de nosotros que trabajemos religiosamente durante toda nuestra vida.Este concepto de felicidad se ha visto enormemente reforzado desde que se instauró el llamado “Estado del Bienestar” puesto que a partir de ahí, al tener “cubiertas” las necesidades sanitarias, educativas y sociales, las personas sólo tuvieron que preocuparse por alcanzar el ideal expuesto.Estas ideas inculcadas por el Poder tienen unos beneficios monstruosos para aquellos que lo ostentan. Por un lado, garantizan el constante consumo que está en la base del funcionamiento del sistema capitalista y que reporta los beneficios económicos de los que se alimentan las grandes corporaciones. Por otro lado, asegura una constante masa de personas dispuestas a trabajar bajo las condiciones que sean con tal de poder tener acceso a los productos que garantizan la felicidad. También se consigue mantener a la mayoría de la población en un estado de empobrecimiento intelectual y espiritual que sirve para que este mismo Poder no pueda verse amenazado.
En definitiva, es un negocio redondo para los que están en posiciones privilegiadas que se lucran y se afianzan a cada día que pasa bajo este modelo de felicidad indolora que nos han impuesto.Frente a todo esto, y en nuestra opinión, debe ponerse sobre la mesa que este concepto de felicidad está vacío y de nada sirve, puesto que no es posible la felicidad basada en lo material. No es posible porque esta felicidad necesita, para poder sustentarse, que dos tercios de la población mundial estén al borde de la muerte, no es posible porque mientras los seres humanos no entendamos que todos formamos parte de la misma historia jamás seremos plenamente felices, no es posible porque no se puede vivir bajo la amenaza constante del exterminio, no es posible porque vamos de cabeza a la destrucción del planeta que nos sustenta, no es posible porque no es un modelo válido para las próximas generaciones, no es posible porque excluye cualquier referencia a todo lo que no sea individualista y, por tanto, contrario al bien común.¿Somos felices sabiendo que a nuestro alrededor mil millones de personas mueren de hambre a causa de nuestra insaciable hambre de “felicidad”? ¿Somos felices sabiendo que no habrá un planeta en el que puedan vivir las próximas generaciones? ¿Somos felices sabiendo que millones de inocentes mueren a causa de las guerras organizadas exclusivamente para asegurar los recursos que permiten esta “felicidad”? Sinceramente, creo que no. Me niego a pensar que tener el último modelo de teléfono, cambiar de coche con regularidad o hacer un crucero por el Mediterráneo compensen estas realidades de muerte y destrucción de las que se sirven.

Consumo responsable ¡No devorar el mundo!

sábado, 5 de marzo de 2011

La semana pasada estuve en Valencia y
aprovechamos para ir a comer a la playa de
la Malvarrosa. Una paella, faltaría más. La
paella contenía arroz proveniente de
Indonesia, camarones de Ecuador y la India,
calamares de Argentina, pollo alimentado
con maíz brasileño, conejo alimentado con
soja boliviana, verduras de Marruecos,
espárragos de Perú y Chile y todo eso con
cariño y a fuego lento... con gas que nos
llega desde Argelia. Para terminar, un café
ugandés con azúcar dominicano y en el
centro de la mesa unas flores colombianas.
¿Nos estamos comiendo el mundo? Fragmento de: Ferrán García - Nos comemos el mundo: Deuda Ecológica y soberanía alimentaria. (Si a alguien le interesa el artículo, escribame y les envio la revista versión electronica en que fue publicado.)

Vivimos en una sociedad consumista por excelencia. En eso nos han convertido los dueños del mundo. Vivimos esclavizados por el dinero, la propaganda, publicidad y de un monton de artículos inservibles, innecesarios para tener una vida digna. Desgraciadamente, casi nadie hace consciencia de que, hacer compras no es una actividad inofensiva. Cuando nosotros adquirimos un artículo en venta, generalmente no pensamos en toda la cadena de esfuerzos que se requirieron para que ese producto pudiera estar ahí, listo para nuestro consumo.

Sería una buena actividad que, cuando creemos necesitar comprar algo, antes de hacerlo hicieramos una refelxión. Primeramente, si realmente necesitamos tal producto, o si en realidad sólo es un capricho nuestro por ser la novedad o por el hecho de que "nos ayudará" a vernos mejor. Si se decide que realmente se necesita, pues aveces no queda de otra, pero sé que la mayoría de las veces, esa necesidad no es real y entonces, podemos prescindir de ello.

También hay que reflexionar lo que ya mencione antes, en toda la cadena por la que ese producto ha tenido que pasar para estar ahí. Seguramente para su fabricación se requirieron materias primas que algún jornalero debió obtener de la naturaleza. Pensemos también en la fábrica, donde otro jornalero más debió ensamblar el rpoducto. Y por qué no, pensemos también en el dueño de la empresa, que está tranquilamente sentado en un gran sofá, disfrutando de las ganancias obtenidas a base del trabajo de los trabajadores y de la ignorancia del consumidor.

Muy fácilmente alguien podría refutar esto argumentando que, si dejamos de consumir, esos jornaleros que menciono podrían perder el único sustento que tienen para sobrevivir. Bueno, para empezar, normalmente las grandes empresas multinacionales, emplean a sus jornaleros bajo condiciones miserables de trabajo, con largas jornadas de trabajo, por un salario de miseria que ni siquiera cubre todas sus necesidades, expuestos a sustancias tóxicas y a accidentes laborales y con prohibiciones a la organización sindical. Por otro lado, al destinatario final, ya nos nos miran como seres humanos, sino como simples consumidores.

Ahora, estas empresas invaden territorios ricos en recursos naturales y "emplean" a los pobladores, que anteriormente, ya vivían ahí y tenían otro tipo de actividades; pero ahora, como la multinacional ha adquirido todo, no les queda más que trabajar para ellos. Han sido invadidos y les han arrebatado sus tierras por un precio muy bajo equiparandolas con las ganancias que se obtendrán.

Leí apenas en RIUS (En la trukulenta historioa del capitalismo), un ejemplo para darnos cuenta de la ganancia capitalista, más o menos era así: Un jonalero es empleado para fabricar zapatos y le pagan por jornada, no por la cantidad de zapatos fabricados. Su sueldo es de $100 la jornada de 8 horas. En esa jornada fabrica 5 pares de zapatos. Cada par, la empresa lo venderá a $100. Es decir, la ganancia es de $500, menos los 100 del jornalero, $400. Menos los impuestos y no sé que tantas estupideces más, a la empresa le venían quedando algo así de $250. Y ahora, supongamos que la empresa tiene 100 jornaleros trabajando. Es decir, multipliquemos 250*100. Sí, la ganancia del empresario será de $25,000, al día, sin moverse de su cómodo sofá, minetras que cada uno de los jornaleros recibirá un salario de $100. (bueno, no recuerdo con exactitud el ejemplo, pero así era más o menos y creo que se entiende la idea).

Es decir, al consumir irresponsablemente, estamos fomentando este maldito sistema de explotación. Que muchas personas (incluidos niños), pasen el resto de sus vidas sometidos a unas cadenas invisibles, pero aún así, pesadas y dolorosas. Estamos ayudando a que los dueños del mundo incrementen cada vez más sus riquezas y con eso, su poder y control. ¡Ya basta de ser sus borregos!

¿Cómo ser un consumidor responsable?

Pon atención en dónde y cómo gastas tu dinero. ¿Tu dinero va a apoyar a compañías a las que no les importas? ¿Están estas compañías destruyendo el medio ambiente, matando animales, tratando como mierda a la gente que trabaja para ellas? ¿Están intentando por todos los medios venderte un producto que te provoca cáncer? ¿Está su publicidad diseñada para manipularte, hacerte sentir insegura o para hacer que sus productos parezcan más de lo que realmente son? ¡No necesitas dar a esas cabronas tu dinero! De la misma forma, ¿compras muchas cosas que realmente no necesitas? Refrescos y comida basura, por ejemplo. ¿Acabas gastando mucho dinero cada vez que quieres divertirte y relajarte? Hay miles de cosas que tú y tus amig@s podéis hacer que son divertidas, creativas, y que no cuestan dinero. En cuanto experimentes un poco, te darás cuenta de que disfrutas mucho más de la vida cuando no estás pagando continuamente por todo. Este frangmento lo obtuve de: Guerrilla Latina


Pensemoslo bien antes de comprar ese producto que tanto anhelamos, quizas alguien al otro lado del mundo se está muriendo por obtener los recursos para la fabricación de tu capricho. Probablemente, alguien sufrió un accidente laborar en la fabrica en donde se ensambló ese producto (y sin tener derecho a justicia, simplemente fue despedido porque ya no es útil para el trabajo). En la menos peor de las situaciones, tal vez simplemente estás apoyando a los más poderosos y ricos que sigan incrementando su poder y riqueza a costa de la esclavitud de las personas que no les queda otra opción más que someterse a los peligros del mercado laboral para poder sobrevivir, y esclavizandote a ti mismo consumiendo lo que realmente no necesitas.
Con la tecnología de Blogger.
 

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