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Washington y el atentado contra el avión de Cubana

jueves, 10 de octubre de 2013
Por Hernando Calvo Ospina*
“¡Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente! ¡Tenemos fuego a bordo!”
Era la voz angustiada de uno los pilotos de la nave de Cubana de Aviación al comunicarse con la torre de control del aeropuerto de Seawell, Barbados. Hacía unos nueve minutos había despegado.
- ¡Nos estamos quemando intensamente!
- ¡Eso es peor! ¡Pégate al agua! ¡Felo, pégate al agua!”
Fueron las últimas palabras que escucharon los controladores. Eran las 12h:28 de ese 6 de octubre de 1976. Convertido en una bola de humo y fuego, el avión cayó al mar. Perecieron sus 73 pasajeros. Cinco minutos antes se había producido una explosión en su interior. El vuelo CU-455 había salido de Guyana, realizado escala en Trinidad y Barbados, y se dirigía a Jamaica para finalizar recorrido en La Habana.

Esa misma noche los dos responsables fueron capturados por la policía de Trinidad. En la mañana habían subido al avión en esa isla caribeña y aterrizado en Barbados, luego de depositar el explosivo. Al saber del “éxito” de su acción el nerviosismo los tomó por asalto, decidieron dejar el hotel y regresar a Trinidad. 

Ya en esta otra isla, en el trayecto a un hotel, creyendo que el conductor del taxi no entendía español hablaron del estallido del avión. Su estado de casi pánico los hizo sospechosos. Luego de dejarlos, el taxista fue a la policía. Poco después de su arresto, los dos hombres reconocieron su culpabilidad. Eran los venezolanos Hernán Ricardo y Freddy Lugo.

Con sus declaraciones muy pronto se llegó a quienes habían planificado el acto terrorista. Las autoridades venezolanas allanaron las oficinas de las empresas de seguridad de Luis Posada Carriles, donde encontraron, entre otros, las grabaciones de los mensajes que Ricardo había hecho. Desde los hoteles de las islas caribeñas había informado a Posada que “el ómnibus” se había hundido “con los perros adentro”.

Posada Carriles había sido reclutado por la CIA en 1960. Fue de los seleccionados para participar de las operaciones especiales de sabotaje contra la Cuba revolucionaria. En una entrevista dada al New York Times el 12 de julio de 1998 Posada Carriles dijo: “La CIA nos lo enseñó todo... todo. Cómo usar explosivos, cómo matar, hacer bombas... nos entrenaron en actos de sabotaje.” Después de la Crisis de los Mísiles, octubre de 1962, Posada Carriles se enroló en el ejército estadounidense, graduándose de oficial.

Según cuenta en su autobiografía (1), en 1969 viajó a Venezuela donde fue incorporado a los servicios de seguridad política de ese país. “Unos pocos fuimos recomendados a diferentes gobiernos, para actuar como instructores de personal en el campo de la lucha antisubversiva o como asesores en materia de seguridad nacional.” Ahí llegó a ocupar el cargo de Comisario Jefe en la Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención, DISIP. “Desde mi posición combatí sin tregua a los enemigos de la democracia venezolana.” Lo que significó la tortura y muerte a muchos ciudadanos de la oposición, no sólo armada. Aunque seguía guardando el contacto directo, en 1974 se desvincula oficialmente de la DISIP para crear su propia empresa de seguridad, para lo cual viaja a Estados Unidos a adquirir el material necesario.

El otro detenido como autor intelectual del atentado terrorista fue el cubano y ex pediatra Orlando Bosch Ávila. Seis días después de la salvaje acción, el New York Times informó que Bosch podría ser uno de los responsables. Entonces se conoce públicamente que el terrorista estaba en Caracas. Aunque buscado por el FBI, por haber violado la libertad condicional que tenía por un atentado terrorista, Bosch había llegado al aeropuerto de Caracas en la noche del 7 de septiembre de 1976. “Llegó a Venezuela procedente de la República Dominicana, con escala en Nicaragua”, narró en su libro Posada Carriles, quien estuvo en el comité de recepción. En Managua el cónsul venezolano le había entregado una visa especial, ante “instrucciones” del alto gobierno de su país. Bosch portaba un pasaporte dominicano con nombre falso.

Bosch fue alojado en uno de los principales hoteles de Caracas, y al día siguiente es trasladado hasta las oficinas de la DISIP donde le extendieron un carné de funcionario. “Desde ese momento, el Dr. Bosch está investido de una autoridad que le permite portar toda clase de armas y ejercer lo correspondiente a su cargo”, cuenta Posada. A Bosch se le facilitaron armas y dos hombres para su seguridad. De tan alto nivel era su estancia, que el 10 de octubre debía encontrar al propio presidente Carlos Andrés Pérez. Posada y Bosch fueron arrestados el 14 de octubre en Venezuela.

Guyana, Cuba, Barbados y Trinidad entregaron a las autoridades venezolanas toda la información y pruebas recogidas sobre la voladura del avión y sus responsables. Washington decidió no colaborar, además de negar categóricamente cualquier vinculo con los comprometidos. Empezó por rechazar el detallado testimonio de los taxistas que, en Barbados, llevaron en dos ocasiones a los terroristas hasta la embajada, aunque Ricardo y Lugo precisaron con qué funcionario habían hablado. Esto hizo parte de los documentos que el gobierno de Bridgetown presentó ante el Consejo Permanente de Seguridad de la ONU que investigó el acto terrorista. De nada sirvió que Ricardo admitiera bajo juramento ser un operativo de la CIA. Lugo aseguró al comisario principal adjunto de policía de Trinidad que ambos trabajaban para la Agencia. Y más: en la agenda de Ricardo se encontró el teléfono de un alto funcionario de la embajada en Caracas.

Las denuncias realizadas por el dirigente Fidel Castro, involucrando a la CIA, tuvieron cierta repercusión mundial, en particular las realizadas el 15 de octubre cuando dijo: “Al comienzo, no estábamos seguros si la CIA había organizado el sabotaje directamente, o si lo había preparado cuidadosamente por intermedio de su organización encubierta [se refiere al Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas, CORU], formada por contrarrevolucionarios cubanos. Ahora, creemos firmemente que la primera suposición era la correcta. La CIA participó directamente en la destrucción del avión de Cubana en Barbados.”

Días después, ante tales acusaciones y la presión de la prensa, el secretario de Estado Henry Kissinger reaccionó para decir que la posición del gobierno de La Habana era “hostil e irresponsable.” Pero el gobernante cubano no mentía. Es más: se quedaba corto en las afirmaciones. Kissinger sí sabía de qué hablaba Castro. Pero debieron pasar trece años para que se mostraran públicamente unos pocos documentos clasificados “TOP SECRET”, y más de un cuarto de siglo para que otros vieran luz. Durante todos esos años Washington sostuvo que no sabía nada.

Revelaciones y complicidades

Sólo dos días después del atentado, el director del FBI envió un documento secreto, calificado de “máximo nivel y prioridad”, a los catorce directores de las más importantes agencias de inteligencia y seguridad de Estados Unidos, que por lógica incluía al de la CIA, George Bush padre, y al de la Dirección de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado, INR. “El 7 de octubre de 1976 la fuente confidencial [...] prácticamente admitió que Posada y Bosch habían sido los arquitectos de la voladura de la aeronave y prometió dar más detalles [...].” (2)

El 18 de octubre Kissinger recibió otro informe, y ahora de su subordinado, el jefe de la INR. Se le detallaba quiénes eran los implicados, así como sus nexos con la CIA y otras dependencias oficiales estadounidenses. “[Línea tachada en el documento (3)] El nombre y número de teléfono del Agregado Legal de EEUU Leo fueron descubiertos en la libreta de apuntes de Lugo cuando él fue arrestado en Trinidad. Leo dice que no ha tenido contacto con Lugo y conjetura que su nombre y teléfono fueron comunicados a Lugo por Posada [...] Nuestro Agregado Legal (Joseph Leo) conoció a Posada cuando este último trabajaba [Palabras tachadas] y después de su dimisión Posada siguió contactando a Leo en algunas ocasiones [...]”

El 2 de noviembre el FBI entregó un “Informe Secreto de Inteligencia”, titulado “Voladura del Avión de Cubana DC-8 cerca de Barbados, Indias Occidentales, 6 de octubre de 1976”. Ahí se dijo que justo el día anterior otro cubano recomendado por la CIA al gobierno de Venezuela, Ricardo Morales, el cual tenía el cargo de comisario de la Sección de Contrainteligencia de la DISIP, comunicó que el 23 y 24 de septiembre de 1976 se realizaron reuniones en un importante hotel de Caracas. Posada Carriles había participado. De acuerdo con Morales, ahí se “discutieron algunos planes relacionados con la voladura de un avión de Cubana.”

Ese documento, que sólo fue desclasificado el 18 de mayo del 2005, también dejó en claro la responsabilidad de las altas autoridades gubernamentales venezolanas, empezando por el presidente. En el informe de su Dirección de Inteligencia a Kissinger se mencionaba parte de esa relación. 
“[Palabras tachadas], se dice que el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez le tiene mucha simpatía a Bosch, y le ha permitido viajar libremente por el país y solicitar fondos con la condición de que Venezuela no sería utilizada como base de operaciones o lugar de refugio. Bosch presuntamente prometió no participar en actividades terroristas mientras estuviera en Venezuela [...]” El 21 de junio de 1976 la CIA envió un memorando a trece agencias de seguridad e inteligencia, incluyendo la del Ejército, la Marina, el FBI y la INR del Departamento de Estado. Desde fecha tan temprana se sabía de la preparación de un atentado contra una nave comercial cubana. “Objeto: Posibles planes de extremista exiliado cubano para destruir una aeronave de cubana [...] Un grupo de exiliados cubanos extremistas, de los cuales Orlando Bosch es dirigente, planea colocar una bomba en un vuelo de la aerolínea Cubana viajando entre Panamá y La Habana [...]”. Mientras que en un informe de la INR a Kissinger se le recordaba lo anterior y ampliaba: “Una fuente del FBI ha dicho que hicieron un intento [los terroristas] pero la bomba no estalló. Un segundo esfuerzo fue hecho en Jamaica el 9 de julio, pero la bomba estalló antes de que la maleta en que estaba escondida fuera colocada dentro del avión [...]”

Esa información nunca fue compartida con las autoridades cubanas. No existe ningún documento donde se diga que se hizo algo para evitar el atentado. La presión internacional montó. El piso se le empantanaba a Washington. Algunos ojos al interior de Estados Unidos quisieron mirar acusadoramente hacia la CIA, dirigida por Bush padre. Este hizo todo lo posible para que los mecanismos de investigación judicial la ignoraran, aunque estos tampoco ese mostraron interesados en ver alguna conexión.

Los medios de prensa estadounidense, que en la primera semana informaban continuamente del caso, empezaron gradualmente a silenciarse. Además, inesperadamente, la prensa empezó a centrar su atención en un tema que surgió de la nada: la presunta responsabilidad de Fidel Castro en el asesinato del presidente John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963. Cuando una comisión del Congreso (4) negó rotundamente tal implicación , la voladura del avión era cosa del pasado. La cortina de humo había funcionado.

Además de ocultar deliberadamente información, el gobierno estadounidense intentó realizar otra alevosa acción. En el informe del FBI de “Máximo nivel y prioridad”, se dice que el 7 de octubre de 1976, justo un día después del atentado, y en vista de que los autores materiales habían sido arrestados, alguien, cuyo nombre está tachado en el texto desclasificado, “estaba coordinando para que Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila abandonaran Venezuela lo antes posible [...]” El 18 de octubre su Dirección de Inteligencia informaba a Kissinger: “[Dos líneas tachadas en el original] Actualmente, Estados Unidos está tratando que Bosch sea deportado de Venezuela a Estados Unidos, donde será sujeto a un encarcelamiento inmediato por haber violado su libertad condicional [...]” Era la mejor solución. Ya en ese territorio, se tendría la seguridad de que los terroristas no soltarían información sensible que implicara los intereses estadounidenses y a sus agencias de seguridad, en particular la CIA. Pero no se logró.

El 4 de agosto de 1987 el tribunal venezolano por fin dictó sentencia: veinte años contra los autores materiales. A pesar de las pruebas absolvió a Bosch. No se pronunció sobre Posada, aduciendo que éste se había fugado. Efectivamente, el 18 de agosto de 1985 se escapó de una cárcel de máxima seguridad, después de varios infructuosos intentos. El veredicto se daba después de un proceso largo, torpedeado, azaroso, y con múltiples intentos de corrupción. La jueza que siguió el caso en lo civil, lo dejó por amenazas. Cuando inexplicablemente lo pasaron a la justicia militar, el presidente de la Corte Marcial no cedió a las presiones y amenazas, entonces le asesinaron un hijo. (5)

Sin importar sus antecedentes terroristas, la embajada estadounidense en Caracas le entregó un pasaporte de “emergencia” a Bosch para que ingresara a Estados Unidos. Quien lo autorizó fue el embajador Otto Reich, un cubano-estadounidense, ex oficial del ejército, muy cercano al ya vicepresidente George Bush padre. Venía de trabajar en la Oficina de Diplomacia Pública para América Latina y el Caribe (Office of Public Diplomacy for Latin America and the Caribbean), creada por Ronald Reagan como unidad de guerra sicológica e intoxicación mediática, en el Departamento de Estado. (6)

Cuando Bosch llegó a Miami, el 16 de febrero de 1988, es arrestado por haber violado la libertad bajo palabra que le impedía salir del país. Bosch prefirió entrar a Estados Unidos a pesar de haber podido entablar una demanda por los años pasados en la cárcel. Henry Adorno, uno de los abogados de la empresa Bacardí se encargó gratuitamente de su caso. (7) El Departamento de Justicia intentó su expulsión en junio de 1989, pero 31 países se negaron a recibirlo a pesar de las presiones políticas del Departamento de Estado. Sólo Cuba exigió que se lo entregaran, pero ni le contestaron. Para apoyar su requerimiento, en esa oportunidad el Departamento de Justicia exhibió algunos de los documentos pedidos al FBI, al Departamento de Estado y a la CIA. Es ahí cuando aparecen las pruebas que Washington decía no poseer sobre la voladura del avión. Apenas el Servicio de Migración y Naturalización, SIN, anunció la posibilidad de expulsarlo por “extranjero indeseable”, empezó a recibir amenazas de bomba.

El 17 de julio de 1990, el ya presidente George Bush padre determinó darle el “perdón”, exonerarlo de la cárcel, salvarlo de una posible expulsión del país y otorgarle residencia en Miami. Hasta el FBI se había opuesto a su liberación. El único gran diario estadounidense que se preocupó de denunciar tal procedimiento, fue el New York Times, quien escribiría un encendido editorial el 20 de julio. “En nombre de la lucha contra el terrorismo, Estados Unidos envió a la Fuerza Aérea a bombardear Libia y al Ejército a invadir a Panamá. Sin embargo, ahora la Administración Bush mima [coddles] a uno de los terroristas más notorios del hemisferio. ¿Y por qué razones? La única evidente es granjearse el favor del sur de la Florida.” En otro de sus partes, el editorial señalaba que el Secretario de Justicia no lo debió liberar por exigencias legales sino por una “visible presión política, malgastando la credibilidad estadounidense en materia de lucha contra el terrorismo”.

Orlando Bosch Ávila fue entrevistado el día que se recordaba el 30 aniversario del derribo de la nave de Cubana, 6 de octubre del 2006. El periodista Andy Robinson, del diario La vanguardia, de Barcelona, le preguntó si era un “blanco legítimo” esa acción. “Para mí es un blanco de guerra. Hay muchas cosas que no puedo decir. Pero eran acciones de guerra. Y aquel avión era un avión de guerra. Iban coreanos del norte, guyaneses. Comunistas todos. Los deportistas llevaban cinco medallas de oro de esgrima […] Habíamos acordado en Santo Domingo [cuando se formó el CORU] que todo lo que salga de Cuba para darle gloria a Fidel tenía que correr el mismo riesgo que los que combatimos la tiranía.” Bosch Murió el 27 de abril 2011en Miami.

Al fugarse, Posada Carriles fue trasladado a El Salvador donde pasó a participar de la guerra contra el gobierno sandinista de Nicaragua, como parte del aparato logístico de la “contra” (de contrarrevolución), grupo mercenario dirigido desde la Casa Blanca en Washington. Su jefe era Félix Rodríguez, un alto oficial de la CIA, popular por haber supervisado la captura y asesinato del Che Guevara en Bolivia. Rodríguez, a su vez, tenía dos jefes: Oliver North del Consejo Nacional de Seguridad, y el vicepresidente de Estados Unidos, George Bush. A pesar de la prohibición del Congreso estadounidense a todo apoyo financiero a los contras, Bush recolectó fondos de todas partes y por todos los medios. Uno de ellos fue la venta ilegal de armas a Irán, a través de Israel, que condujo en 1986 al escándalo "Irán-Contra". Pero también con dinero del trafico de cocaína, en momentos que Washington se desgarraba las vestiduras en una presunta “guerra al narcotráfico". Una Comisión especial del Senado, dirigida por John Kerry (actual jefe del Departamento de Estado), demostró la existencia de una alianza entre la CIA y la mafia colombiana. Fue la red "droga por armas", la que llegaba hasta la puerta de la oficina del vicepresidente Bush... (8)

Así se "descubre" que el prófugo terrorista Posada Carriles estaba trabajando de manera indirecta, nuevamente, para la Casa Blanca. En las audiencias ante el Congreso Rodríguez dijo que era "buen amigo, "hombre honorable". Testificó que lo habían ayudado a fugarse porque "merecía estar en libertad.". "Lo necesitábamos". No se le preguntó más sobre Posada. Él lo narra con detalles en su autobiografía.

Después, Posada Carriles reaparecía muy esporádicamente en la prensa. En 1997 le dio una extensa entrevista al New York Times. (9) Sostenía que ni la FBI ni la CIA lo molestaban. Que tenía un pasaporte estadounidense. Que era el responsable intelectual de los atentados a los centros turísticos que se sucedieron por esas fechas en Cuba, y que le costó la vida a un turista italiano. En noviembre 2000 fue detenido cuando intentaba poner una bomba en la Universidad de Panamá donde hablaría Fidel Castro, en el marco de la décima Cumbre Iberoamericana. Cuba pidió su extradición: le fue negada. Posada fue condenado a 8 años de prisión, pero el 26 de agosto 2004 fue amnistiado por Mireya Moscoso pocas horas antes de dejar la presidencia. Salió casi clandestino rumbo a Honduras, junto a los tres cómplices, también amnistiados. Moscoso llamó, entonces, al embajador estadounidense en Panamá para confirmarle la liberación. Poco tiempo después Posada ingresó a Estados Unidos donde fue arrestado por… haber ingresado ilegalmente al país. En abril 2007 sería dejado en libertad y hoy vive en Miami, aunque Cuba y Venezuela lo piden en extradición.

El 7 de septiembre de 1988, el senador estadounidense Tom Harkin, planteó una serie de preguntas al vicepresidente y candidato a la presidencia, George Bush padre, durante una audiencia especial del Senado. (10) El interpelado no estaba presente, pero tampoco nunca las contestó, pues dada su alta envestidura no estaba obligado. Dos de ellas:

“[…] El votante norteamericano se merece respuestas de George Bush a algunas preguntas difíciles acerca de sus relaciones y las de su oficina vicepresidencial con un conocido terrorista internacional, Luis Posada Carriles. Pregunta 1. Sr. Bush, ¿qué sabe usted acerca de Luis Posada? […]”
Pregunta 4. Sr. Bush, ¿Cuándo usted fue director de la CIA en 1976, investigó alguna vez el papel de Posada y de otros cubanos en el atentado al avión de Cubana? […] No sólo era Posada un miembro de la CORU, sino que trabajaba para la CIA por contrato hasta 1975 […] La pregunta real es, dado los vínculos pasados de Posada con la CIA, el conocimiento de la CIA de la conexión cubana con el atentado al avión comercial y el atentado a Letelier en 1976, ¿por qué, como director de la CIA, usted no tenía conocimiento de la existencia de Posada en ese tiempo? ¿Por qué no fue tomada ninguna acción en ese momento?”

Este texto, con algunas modificaciones, ha sido retomado del libro del autor "El Equipo de Choque de la CIA". Editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2010. También ha sido editado en Cuba, Venezuela, Francia y Brasil.

Notas:

1) Posada Carriles, Luis. Los caminos del Guerrero. Sin editor conocido, ni país de publicación. Agosto, 1994.
2) Los documentos oficiales desclasificados aquí presentados, pueden encontrarse en la “web” del National Security Archive, un instituto de investigación de la Universidad George Washington. http://www.gwu.edu/ nsarchiv/
También se pueden encontrar varios de esos documentos en: Cotayo, Nicanor León. Crimen en Barbados. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 2006.
3) Regularmente, antes de desclasificar totalmente un documento, se tachan palabras, frases y hasta párrafos enteros. Así se siguen ocultando nombres y/o sucesos.
4) Jean Pierre Clerc. Les quatre saisons de Fidel Castro. Ed. Seuil, París, 1996
5) Ver: Herrera, Alicia. Pusimos la bomba... ¿y qué?. Editora Política. La Habana, 2005. Rosas, Alexis y Villegas, Ernesto. El terrorista de los Bush. No se señala editorial. Caracas, 2005.
6) Labarique, Paul y Lepic, Arthur. “Otto Reich et la contre-révolution”. http://www.voltairenet.org/article1...
7) La empresa ronera Bacardí, durante los años sesenta financió a organizaciones terroristas, organizadas por la CIA, buscando acabar con la revolución cubana. Una de ellas se llamó Representación Cubana en el Exilio, RECE. Ver: Calvo Ospina, Hernando. Ron Bacardí. La guerra Oculta. Ed. Red de Consumo Solidario. Madrid, 2000.
8) Llamada Comisión Kerry: Subcommittee on Terrorism, Narcotics and International Operations of the Committee on Foreign Relations, U.S. Senate. Government Printing Office. Washington, 1989.
9) The New York Times. 12 de julio de 1998
10) Acta del Senado, 22 de septiembre de 1988 (Día legislativo, miércoles 7 de septiembre de 1988) Congreso 100, Segunda Sesión. Acta del Congreso 134 S 13037. Referencia: Vol. 134, No. 131. Washington DC.

Tomado de su página HERNANDO CALVO OSPINA

*Periodista colombiano residente en Francia, es colaborador permanente del mensual francés Le Monde Diplomatique; ha participado en la realización de varios documentales para cadenas de televisión y publicado diversas obras. En su condición de periodista, investigador y denunciante del terrorismo de estado en Colombia y de la política yanqui hacia América Latina y otros países, ha sido considerado por las autoridades norteamericanas como “peligroso”, prohibiéndosele sobrevolar el espacio aéreo de este país….

Cuando un pueblo enérgico y viril llora

domingo, 6 de octubre de 2013
Por Percy Francisco Alvarado Godoy
Mucho sufrió el pueblo norteamericano aquel nefasto 11 de septiembre de 2001, es cierto, y con él el mundo entero. Sólo entonces se tomó plena conciencia del dañino y tenebroso flagelo del terrorismo, monstruo capaz de desarraigar de nosotros, al menos físicamente, a nuestros seres más queridos. Tenía que ocurrir ese ingrato holocausto, herir el corazón mismo de la gran metrópoli, para que dentro de ella se conociera el verdadero daño de la violencia irracional. El impacto recibido por las muertes del humilde hombre laborioso, por los oficinistas tempraneros y por quienes trataron de enfrentar el daño in crescendo con un hacha y una manguera hizo que el norteamericano simple comprendiera la necesidad de acabar con aquellos que hacen del terror un modus vivendi. Fue sin lugar a dudas un paso inicial, aunque todavía no se haya tomado plena conciencia de sus verdaderas causas y de quiénes son realmente sus verdaderos promotores.
 
A fuer de ser sincero, y respetando el luto legítimo de estas gentes, hay que reconocer que el terrorismo no sólo ha dañado al norteamericano sencillo, ni a los hogares de Washington y Nueva York.
 
Cuba lo ha sufrido permanentemente en un martirologio indeseado y lacerante, y han sido pocos los que han levantado un dedo para condenarlo. Unas veces ha sido porque la desinformación mediática ha discriminado el dolor de nosotros y no ha habido un lamento general que reconozca nuestro sufrimiento. Otras veces porque se trata de escamotear la verdad de los acontecimientos haciendo que el sufrimiento se vea lejano e intrascendente. Es por ello que da mucha pena que sólo se lamente el mundo por unas víctimas y discrimine a las otras, que se reclame venganza y justicia para unos muertos y se soslaye la pena de tantas familias cubanas que han sufrido de forma cotidiana permanente. Tal parece que la exclusividad del dolor le pertenece a unos pocos y el de los otros, los marginados por estrechos raseros ideológicos del poder mediático, es ignorado.
 
Para los cubanos no solamente ha habido un solo 11 de septiembre, muchos han sido los nefastos  acontecimientos que los han hecho crispar los puños con rabia e indignación, sacando a flote su energía y virilidad. Los miles de muertos y heridos ocasionados por el terrorismo en la Isla, paradójicamente financiado o permitido por los Estados Unidos, han sido las víctimas en cada año, en cada mes, en cada día. Por eso es difícil para mí no dejar de solidarizarme con aquellos a los que septiembre les arrebató los sueños y la esperanza.
 
Cuando se recuerda, pues, a nuestros muertos, en el obligado entretiempo del que continúa viviendo a pesar del dolor, los vacíos crecen, las caricias se marchitan con el peso de la ausencia permanente y el tierno beso se disuelve en el recuerdo eterno de sus presencias. Nos duele en lo más hondo este presente de ausencias, de flores y sueños desgarrados, de ilusiones y promesas arrancadas, de suspiros y emociones que se marcharon con ellos. Sólo nos queda, entonces, continuar viviendo con el justo reclamo de la justicia que algún día llegará.
 
Quien se imagine que aquel 6 de octubre de 1976 solamente se dañó, cuando se hizo explotar un avión DC- 8 en pleno vuelo, a sus 73 ocupantes, 57 de ellos cubanos, 11 guyaneses y cinco norcoreanos, se equivoca. El daño afectó a centenares de cubanos, norcoreanos y guyaneses cuyos familiares sufrieron con impotencia las irreparables pérdidas. Muchas fueron las víctimas de este crimen y algunos viven hoy con las heridas sin restañar.
 
Nunca se supo que el crimen se planificó tres meses antes, en una reunión celebrada por Posada Carriles y sus cómplices de fechorías en una casa del pequeño pueblo de Bonao, en República Dominicana. De la misma manera no conoció que varios de los terroristas ya habían decidido de antemano el objetivo y el lugar de la acción violenta en las oficinas de la agencia de detectives de Luis Posada Carriles.
 
Hoy reconoce que fue Hernán Ricardo Lozano, quien laboraba en ese entonces en la agencia de Posada como fotógrafo, quien lo reclutó para cometer el crimen. Sabe que para ellos, independientemente de los 16.000 dólares con los que se premió a Ricardo y los 8.000 que él recibió, no hubo favorecimientos adicionales, mientras que Posada y Bosch fueron excarcelados por distintas componendas, a él le tocó purgar una larga condena. Días antes del sabotaje contra el avión en Barbados y luego del asesinato de Orlando Letelier el 21 de septiembre de 1976, mientras se regodeaban entre ellos por el éxito inicial de sus propósitos, varias personas escucharon de boca de Luis Posada Carriles y de Orlando Bosch sus planes de atentado contra una aeronave cubana en pleno vuelo. En una cena llevada a cabo en Caracas por esos días, celebrada en la casa del contrarrevolucionario cubano Hildo Folgar, donde se encontraban además de Posada y Bosch, Orlando Garcia, Ricardo Morales Navarrete y otras personas, entre tragos y carcajadas, hicieron el anuncio de su próximo crimen. Ni uno solo de los asistentes se sonrojó. Alguno de los presentes, vinculado a la CIA, informó a sus oficiales, pero la Agencia se cruzó de brazos en una cómplice aceptación de los hechos por desarrollarse.
 
Hoy se conoce con lujo de detalles la sucia componenda para asesinar a 73 personas en uno de los crímenes más repudiables cometidos contra los cubanos:
 
El día anterior, la nave de Cubana de Aviación que arribó al aeropuerto de Timehri, en Guyana, y luego de varias horas partió hacia Trinidad y Tobago, no sin antes esperar unos minutos para recoger a una delegación gubernamental de la República Popular Democrática de Corea, llegó en horas de la mañana del día 6 de octubre de 1976 al aeropuerto de Piarco, en Puerto España. En Trinidad y Tobago ascendieron a la nave los más de veinte integrantes de la delegación deportiva cubana, ganadores de todas las medallas de oro en el recientemente finalizado Campeonato Centroamericano y del Caribe de Esgrima, que tuvo lugar en Venezuela.
 
Luego de arribar a Trinidad y Tobago, procedentes de Caracas, el puñado de jóvenes deportistas ascendió al avión, deseoso de retornar a la patria y reencontrarse con sus familiares y amigos. Posada y Bosch lo sabían de antemano: en el aeropuerto de Piarco se tomarían algunas medidas de seguridad, pero la carencia de aparatos para detectar explosivos propiciaría el ingreso a la nave de los explosivos que introducirían Hernán Ricardo y Freddy Lugo. Sobre las 3:50 de la tarde, el vuelo CU–455 emprendió su destino hacia el aeropuerto de Seawell, en Barbados, sin suponer que sus horas estaban contadas.
 
Varios pasajeros descendieron del avión, luego que éste aterrizara en Seawell sobre las 4:20 de la tarde. Entre ellos, nerviosos y tensos, lo hicieron los terroristas de origen venezolano. Hernán Ricardo lo hacía con una identidad falsa a nombre de José Vázquez García. Apenas casi tres horas después, sobre la 5:15 de la tarde, el avión despegó con destino a Jamaica. Ni los deportistas cubanos y sus entrenadores, ni los jóvenes guyaneses que venían a estudiar y cumplir
 
Luis Posada Carriles : Un engendro incondicional de la CIA sus anhelados sueños de ser médicos, ni los funcionarios coreanos y tampoco los diez miembros de la tripulación podrían suponer que terminarían sus vidas en el límpido y azuloso cielo caribeño. La conmoción afectó a todos cuando una poderosa explosión sacudió a la aeronave sobre las 5:23 de la tarde. De estos tristes hechos sólo quedó la voz angustiada del capitán Wilfredo Pérez, avisando sobre la contingencia. Luego vendría una segunda explosión y, después, hubo un largo silencio.
 
Horas después serían rescatados algunos cuerpos destrozados y varios pedazos del fuselaje del avión. El mar tragó todo lo demás. Dos días después se tuvo la certeza de que no había sobrevivientes. Toda Cuba se enlutó de repente y cada hogar sintió como propia la muerte dolorosa de estos hombres y mujeres.
 
Las pesquisas policíacas lograron la detención de Ricardo Lugo en Trinidad y Tobago, el día siguiente. Ese mismo día 7 de agosto, la Disip venezolana anunció la detención en Caracas de Orlando Bosch y Luis Posada Carriles. También allana la oficina de Investigaciones Comerciales e Industriales C.A. (ICICA), propiedad de Posada Carriles, donde se encuentran pruebas y equipos relacionados con el acto terrorista.
 
Mientras la CORU se atribuía con aire triunfalista y sin mostrar menor remordimiento el criminal sabotaje, llegaban a la Cuba, consternada, los pocos restos de sus hijos que pudieron ser rescatados de la voracidad del mar. Expuestos en la base del Monumento al Apóstol, José Martí, fueron velados por millares de sus compatriotas. Al día siguiente, se efectuó el entierro y despedida de las víctimas. Nunca antes se había visto a Fidel tan consternado y dolido cuando exclamó, el 15 de octubre de 1976, aquella frase que recogía el sentir de cada cubano: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”.
 
El dilatado y confuso proceso penal contra los terroristas comenzó casi tres meses después con el rechazo del juez noveno penal de Venezuela, Alberto Martínez Moncada, de la solicitud de habeas corpus a favor de Luis Posada Carriles. Al día siguiente, 22 de octubre de 1976, los principales encartados prestaron sus declaraciones. Días después, el 2 de noviembre de 1976, la jueza Delia Estava Moreno reconoció la autoría intelectual en el sabotaje de Orlando Bosch y Posada Carriles y dictó autos de detención por homicidio calificado contra estos y contra Freddy Lugo y Hernán Ricardo.
 
Luego de complejos y amañados recursos de la defensa por lograr su exculpación, que obligan el traslado del proceso a la justicia militar, donde los terroristas son acusados el 23 de agosto de 1977 de la siguiente manera: Posada Carriles, Freddy Lugo y Hernán Ricardo, por traición a la patria, así como Orlando Bosch por los delitos de rebelión militar y homicidio.
 
Las maniobras realizadas por los cómplices de los terroristas, de gran influencia dentro de las esferas gobernantes de Venezuela, así como ocultos manejos de la CIA y otras instituciones del Gobierno norteamericano, empezaron a manifestarse abiertamente cuando se llegó al colmo de que el propio fiscal militar solicitara la absolución de los detenidos en el Cuartel San Carlos.
 
La dilatación del juicio a Luis Posada Carriles y a Orlando Bosch tenía el claro objetivo de no dar un veredicto final que los arrojara por largo tiempo a la cárcel, mientras se tejían diversos planes para su liberación.
 
Durante tres largos años, la periodista venezolana Alicia Herrera visitó a los implicados en su centro de detención temporal y en ese período se ganó la confianza de los mismos. Sin temor a las  consecuencias, esta valiente periodista venezolana dio a conocer las confesiones de Orlando Bosch y Freddy Lugo sobre su participación en el sabotaje de Barbados.
 
Una vez que la Corte Marcial anuló procedimientos anteriores realizados contra Posada Carriles, el Juzgado superior decimocuarto del Distrito Federal del estado Miranda, un tribunal civil de Venezuela, retomó el caso en 1984. El 8 de agosto de 1985, cuando Posada Carriles se encontraba en espera de su condena, se fugó de la Penitenciaría General de Venezuela, en San Juan de los Morros. Dolorosamente, la oscura trama de la CIA, del Gobierno norteamericano y de la mafia contrarrevolucionaria de Miami ya se había echado a andar: Luis Posada Carriles estaba fuera de la prisión  en 1985 y Orlando Bosch fue excarcelado en 1988. Hoy. ,uego de fallecido Bosh y Posada Libre,  ambos han vivido  tranquilamente en los Estados Unidos.
 
Al conocer estos hechos y la presencia en territorio norteamericano de estos dos criminales, causan estupor y rechazo las palabras pronunciadas por el entonces presidente George W. Bush, en un discurso pronunciado el 21 de septiembre de 2004, durante la apertura de la 59na Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando dijo con su habitual desvergüenza: “Estamos decididos a destruir las redes terroristas dondequiera que operen”. Previamente había sorprendido al auditorio mundial allí presente con otra cínica frase: “Sabemos que los Gobiernos opresivos respaldan el terrorismo, mientras que los Gobiernos libres combaten a los terroristas entre ellos”.
 
Sobran los comentarios.
Pasaje de su libro "Luis Posada Carriles: Un engendro incondicional de la CIA", publicado por Ediciones MinCI, Octubre, 2009.
Tomado de su blog "Descubriendo verdades"

Cuando un pueblo enérgico y viril llora

Por Percy Francisco Alvarado Godoy
Mucho sufrió el pueblo norteamericano aquel nefasto 11 de septiembre de 2001, es cierto, y con él el mundo entero. Sólo entonces se tomó plena conciencia del dañino y tenebroso flagelo del terrorismo, monstruo capaz de desarraigar de nosotros, al menos físicamente, a nuestros seres más queridos. Tenía que ocurrir ese ingrato holocausto, herir el corazón mismo de la gran metrópoli, para que dentro de ella se conociera el verdadero daño de la violencia irracional. El impacto recibido por las muertes del humilde hombre laborioso, por los oficinistas tempraneros y por quienes trataron de enfrentar el daño in crescendo con un hacha y una manguera hizo que el norteamericano simple comprendiera la necesidad de acabar con aquellos que hacen del terror un modus vivendi. Fue sin lugar a dudas un paso inicial, aunque todavía no se haya tomado plena conciencia de sus verdaderas causas y de quiénes son realmente sus verdaderos promotores.
 
A fuer de ser sincero, y respetando el luto legítimo de estas gentes, hay que reconocer que el terrorismo no sólo ha dañado al norteamericano sencillo, ni a los hogares de Washington y Nueva York.
 
Cuba lo ha sufrido permanentemente en un martirologio indeseado y lacerante, y han sido pocos los que han levantado un dedo para condenarlo. Unas veces ha sido porque la desinformación mediática ha discriminado el dolor de nosotros y no ha habido un lamento general que reconozca nuestro sufrimiento. Otras veces porque se trata de escamotear la verdad de los acontecimientos haciendo que el sufrimiento se vea lejano e intrascendente. Es por ello que da mucha pena que sólo se lamente el mundo por unas víctimas y discrimine a las otras, que se reclame venganza y justicia para unos muertos y se soslaye la pena de tantas familias cubanas que han sufrido de forma cotidiana permanente. Tal parece que la exclusividad del dolor le pertenece a unos pocos y el de los otros, los marginados por estrechos raseros ideológicos del poder mediático, es ignorado.
 
Para los cubanos no solamente ha habido un solo 11 de septiembre, muchos han sido los nefastos  acontecimientos que los han hecho crispar los puños con rabia e indignación, sacando a flote su energía y virilidad. Los miles de muertos y heridos ocasionados por el terrorismo en la Isla, paradójicamente financiado o permitido por los Estados Unidos, han sido las víctimas en cada año, en cada mes, en cada día. Por eso es difícil para mí no dejar de solidarizarme con aquellos a los que septiembre les arrebató los sueños y la esperanza.
 
Cuando se recuerda, pues, a nuestros muertos, en el obligado entretiempo del que continúa viviendo a pesar del dolor, los vacíos crecen, las caricias se marchitan con el peso de la ausencia permanente y el tierno beso se disuelve en el recuerdo eterno de sus presencias. Nos duele en lo más hondo este presente de ausencias, de flores y sueños desgarrados, de ilusiones y promesas arrancadas, de suspiros y emociones que se marcharon con ellos. Sólo nos queda, entonces, continuar viviendo con el justo reclamo de la justicia que algún día llegará.
 
Quien se imagine que aquel 6 de octubre de 1976 solamente se dañó, cuando se hizo explotar un avión DC- 8 en pleno vuelo, a sus 73 ocupantes, 57 de ellos cubanos, 11 guyaneses y cinco norcoreanos, se equivoca. El daño afectó a centenares de cubanos, norcoreanos y guyaneses cuyos familiares sufrieron con impotencia las irreparables pérdidas. Muchas fueron las víctimas de este crimen y algunos viven hoy con las heridas sin restañar.
 
Nunca se supo que el crimen se planificó tres meses antes, en una reunión celebrada por Posada Carriles y sus cómplices de fechorías en una casa del pequeño pueblo de Bonao, en República Dominicana. De la misma manera no conoció que varios de los terroristas ya habían decidido de antemano el objetivo y el lugar de la acción violenta en las oficinas de la agencia de detectives de Luis Posada Carriles.
 
Hoy reconoce que fue Hernán Ricardo Lozano, quien laboraba en ese entonces en la agencia de Posada como fotógrafo, quien lo reclutó para cometer el crimen. Sabe que para ellos, independientemente de los 16.000 dólares con los que se premió a Ricardo y los 8.000 que él recibió, no hubo favorecimientos adicionales, mientras que Posada y Bosch fueron excarcelados por distintas componendas, a él le tocó purgar una larga condena. Días antes del sabotaje contra el avión en Barbados y luego del asesinato de Orlando Letelier el 21 de septiembre de 1976, mientras se regodeaban entre ellos por el éxito inicial de sus propósitos, varias personas escucharon de boca de Luis Posada Carriles y de Orlando Bosch sus planes de atentado contra una aeronave cubana en pleno vuelo. En una cena llevada a cabo en Caracas por esos días, celebrada en la casa del contrarrevolucionario cubano Hildo Folgar, donde se encontraban además de Posada y Bosch, Orlando Garcia, Ricardo Morales Navarrete y otras personas, entre tragos y carcajadas, hicieron el anuncio de su próximo crimen. Ni uno solo de los asistentes se sonrojó. Alguno de los presentes, vinculado a la CIA, informó a sus oficiales, pero la Agencia se cruzó de brazos en una cómplice aceptación de los hechos por desarrollarse.
 
Hoy se conoce con lujo de detalles la sucia componenda para asesinar a 73 personas en uno de los crímenes más repudiables cometidos contra los cubanos:
 
El día anterior, la nave de Cubana de Aviación que arribó al aeropuerto de Timehri, en Guyana, y luego de varias horas partió hacia Trinidad y Tobago, no sin antes esperar unos minutos para recoger a una delegación gubernamental de la República Popular Democrática de Corea, llegó en horas de la mañana del día 6 de octubre de 1976 al aeropuerto de Piarco, en Puerto España. En Trinidad y Tobago ascendieron a la nave los más de veinte integrantes de la delegación deportiva cubana, ganadores de todas las medallas de oro en el recientemente finalizado Campeonato Centroamericano y del Caribe de Esgrima, que tuvo lugar en Venezuela.
 
Luego de arribar a Trinidad y Tobago, procedentes de Caracas, el puñado de jóvenes deportistas ascendió al avión, deseoso de retornar a la patria y reencontrarse con sus familiares y amigos. Posada y Bosch lo sabían de antemano: en el aeropuerto de Piarco se tomarían algunas medidas de seguridad, pero la carencia de aparatos para detectar explosivos propiciaría el ingreso a la nave de los explosivos que introducirían Hernán Ricardo y Freddy Lugo. Sobre las 3:50 de la tarde, el vuelo CU–455 emprendió su destino hacia el aeropuerto de Seawell, en Barbados, sin suponer que sus horas estaban contadas.
 
Varios pasajeros descendieron del avión, luego que éste aterrizara en Seawell sobre las 4:20 de la tarde. Entre ellos, nerviosos y tensos, lo hicieron los terroristas de origen venezolano. Hernán Ricardo lo hacía con una identidad falsa a nombre de José Vázquez García. Apenas casi tres horas después, sobre la 5:15 de la tarde, el avión despegó con destino a Jamaica. Ni los deportistas cubanos y sus entrenadores, ni los jóvenes guyaneses que venían a estudiar y cumplir
 
Luis Posada Carriles : Un engendro incondicional de la CIA sus anhelados sueños de ser médicos, ni los funcionarios coreanos y tampoco los diez miembros de la tripulación podrían suponer que terminarían sus vidas en el límpido y azuloso cielo caribeño. La conmoción afectó a todos cuando una poderosa explosión sacudió a la aeronave sobre las 5:23 de la tarde. De estos tristes hechos sólo quedó la voz angustiada del capitán Wilfredo Pérez, avisando sobre la contingencia. Luego vendría una segunda explosión y, después, hubo un largo silencio.
 
Horas después serían rescatados algunos cuerpos destrozados y varios pedazos del fuselaje del avión. El mar tragó todo lo demás. Dos días después se tuvo la certeza de que no había sobrevivientes. Toda Cuba se enlutó de repente y cada hogar sintió como propia la muerte dolorosa de estos hombres y mujeres.
 
Las pesquisas policíacas lograron la detención de Ricardo Lugo en Trinidad y Tobago, el día siguiente. Ese mismo día 7 de agosto, la Disip venezolana anunció la detención en Caracas de Orlando Bosch y Luis Posada Carriles. También allana la oficina de Investigaciones Comerciales e Industriales C.A. (ICICA), propiedad de Posada Carriles, donde se encuentran pruebas y equipos relacionados con el acto terrorista.
 
Mientras la CORU se atribuía con aire triunfalista y sin mostrar menor remordimiento el criminal sabotaje, llegaban a la Cuba, consternada, los pocos restos de sus hijos que pudieron ser rescatados de la voracidad del mar. Expuestos en la base del Monumento al Apóstol, José Martí, fueron velados por millares de sus compatriotas. Al día siguiente, se efectuó el entierro y despedida de las víctimas. Nunca antes se había visto a Fidel tan consternado y dolido cuando exclamó, el 15 de octubre de 1976, aquella frase que recogía el sentir de cada cubano: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”.
 
El dilatado y confuso proceso penal contra los terroristas comenzó casi tres meses después con el rechazo del juez noveno penal de Venezuela, Alberto Martínez Moncada, de la solicitud de habeas corpus a favor de Luis Posada Carriles. Al día siguiente, 22 de octubre de 1976, los principales encartados prestaron sus declaraciones. Días después, el 2 de noviembre de 1976, la jueza Delia Estava Moreno reconoció la autoría intelectual en el sabotaje de Orlando Bosch y Posada Carriles y dictó autos de detención por homicidio calificado contra estos y contra Freddy Lugo y Hernán Ricardo.
 
Luego de complejos y amañados recursos de la defensa por lograr su exculpación, que obligan el traslado del proceso a la justicia militar, donde los terroristas son acusados el 23 de agosto de 1977 de la siguiente manera: Posada Carriles, Freddy Lugo y Hernán Ricardo, por traición a la patria, así como Orlando Bosch por los delitos de rebelión militar y homicidio.
 
Las maniobras realizadas por los cómplices de los terroristas, de gran influencia dentro de las esferas gobernantes de Venezuela, así como ocultos manejos de la CIA y otras instituciones del Gobierno norteamericano, empezaron a manifestarse abiertamente cuando se llegó al colmo de que el propio fiscal militar solicitara la absolución de los detenidos en el Cuartel San Carlos.
 
La dilatación del juicio a Luis Posada Carriles y a Orlando Bosch tenía el claro objetivo de no dar un veredicto final que los arrojara por largo tiempo a la cárcel, mientras se tejían diversos planes para su liberación.
 
Durante tres largos años, la periodista venezolana Alicia Herrera visitó a los implicados en su centro de detención temporal y en ese período se ganó la confianza de los mismos. Sin temor a las  consecuencias, esta valiente periodista venezolana dio a conocer las confesiones de Orlando Bosch y Freddy Lugo sobre su participación en el sabotaje de Barbados.
 
Una vez que la Corte Marcial anuló procedimientos anteriores realizados contra Posada Carriles, el Juzgado superior decimocuarto del Distrito Federal del estado Miranda, un tribunal civil de Venezuela, retomó el caso en 1984. El 8 de agosto de 1985, cuando Posada Carriles se encontraba en espera de su condena, se fugó de la Penitenciaría General de Venezuela, en San Juan de los Morros. Dolorosamente, la oscura trama de la CIA, del Gobierno norteamericano y de la mafia contrarrevolucionaria de Miami ya se había echado a andar: Luis Posada Carriles estaba fuera de la prisión  en 1985 y Orlando Bosch fue excarcelado en 1988. Hoy. ,uego de fallecido Bosh y Posada Libre,  ambos han vivido  tranquilamente en los Estados Unidos.
 
Al conocer estos hechos y la presencia en territorio norteamericano de estos dos criminales, causan estupor y rechazo las palabras pronunciadas por el entonces presidente George W. Bush, en un discurso pronunciado el 21 de septiembre de 2004, durante la apertura de la 59na Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando dijo con su habitual desvergüenza: “Estamos decididos a destruir las redes terroristas dondequiera que operen”. Previamente había sorprendido al auditorio mundial allí presente con otra cínica frase: “Sabemos que los Gobiernos opresivos respaldan el terrorismo, mientras que los Gobiernos libres combaten a los terroristas entre ellos”.
 
Sobran los comentarios.
Pasaje de su libro "Luis Posada Carriles: Un engendro incondicional de la CIA", publicado por Ediciones MinCI, Octubre, 2009.
Tomado de su blog "Descubriendo verdades"

Un brutal acto de terrorismo cumple 37 años de impunidad

Omar Pérez Salomón
Este 6 de octubre se cumplen 37 años del brutal acto de terrorismo perpetrado contra un avión civil cubano en pleno vuelo con 73 personas a bordo, de ellas 57 cubanos. Su edad promedio apenas rebasaba los 30 años. Entre los viajeros del avión estaba el equipo de esgrima que acababa de escribir una brillante página deportiva, ganando la totalidad de las medallas de oro en las competencias regionales de esta especialidad que se efectuara en Caracas; una tripulación experimentada con una destacada hoja de servicios; 11 jóvenes guyaneses, seis de ellos seleccionados para realizar estudios de medicina en Cuba y cinco ciudadanos de la República Popular Democrática de Corea, que visitaban países de América Latina.

En los meses previos al sabotaje, el gobierno de Estados Unidos y la CIA, desplegaron una serie de actividades terroristas contra Cuba, fundamentalmente contra sedes diplomáticas y líneas aéreas.

El 9 de julio de 1976, en Kingston, Jamaica, una potente bomba hizo explosión en el vagón que cargaba los equipajes del vuelo de Cubana de Aviación que se dirigía hacia Cuba. El artefacto no estalló dentro de la nave en pleno vuelo, debido a que se produjo un atraso en el arribo de la misma.

El 2 de octubre, cuatro días antes del sabotaje al avión en Barbados, el periodista contrarrevolucionario Llano Montes publicó en El Mundo de Caracas que una bomba de dinamita plástica había sido colocada bajo el ala de un avión de la Compañía Cubana de Aviación en Barbados y que la misma se había despegado por un pequeño derrame de gasolina cuando el avión iba por la pista para iniciar el vuelo.

Sobre este particular el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, diría en el acto de despedida de duelo de las víctimas, el 15 de octubre de 1976:

“Al principio teníamos dudas si la CIA había organizado directamente el sabotaje o lo elaboró cuidadosamente a través de sus organizaciones de cobertura integradas por contrarrevolucionarios cubanos; ahora nos inclinamos decididamente por la primera tesis. La CIA tuvo una participación directa en la destrucción del avión de Cubana en Barbados.

“Lo más repugnante de este caso es el empleo de mercenarios que por dinero son capaces de segar en unos segundos 73 preciosas vidas de personas indefensas, con las cuales incluso viajaron en el avión minutos antes.

“Los autores de estos crímenes se mueven impunemente por todas partes; cuentan con recursos financieros inagotables; utilizan pasaportes de Estados Unidos como ciudadanos naturalizados de ese país o documentos reales o falsos de otros numerosos países, y emplean los medios más sofisticados de terror y crimen.

“¿Quién si no la CIA, al amparo de las condiciones de dominio e impunidad imperialistas establecidas en este hemisferio, puede realizar estos hechos?”

Es conocido que un día después del atentado al avión cubano, el FBI y la CIA tenían conocimiento de los autores materiales e intelectuales del criminal suceso; sin embargo el gobierno de Estados Unidos ocultó esa información y dio cobija a los terroristas Orlando Bosch y Luis Posada Carriles.

Fredy Lugo, uno de los autores materiales, contó a la periodista venezolana, Alicia Herrera, cómo prepararon y ejecutaron el atentado al avión cubano, y Hernán Ricardo, el otro autor gritó en el patio de la cárcel donde se encontraba recluido, ‘Nosotros pusimos la bomba, ¿y qué? ‘.

Bosch vivió como un “ciudadano honorable” en una confortable residencia de Miami, con la generosa protección política y económica de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) y falleció libre en esa ciudad al abrigo de las autoridades norteamericanas el 27 de abril de 2011.

Por su parte Posada Carriles se pasea tranquilamente por las calles de Miami, a pesar de ser un confeso terrorista y que el gobierno venezolano solicitó a Estados Unidos en el año 2005 la extradición a Venezuela de este prófugo de la justicia.

Este 6 de octubre el pueblo cubano recordará con dolor este horrendo crimen y las palabras de Fidel en el acto de despedida de duelo de las víctimas, el 15 de octubre de 1976:

“Nuestros tripulantes, nuestros heroicos trabajadores del aire y todos nuestros abnegados compatriotas sacrificados cobardemente ese día, vivirán eternamente en el recuerdo, en el cariño y la admiración del pueblo. Una patria cada vez más revolucionaria, más digna, más socialista y más internacionalista  será el grandioso monumento que nuestro pueblo erija a su memoria y a la de todos los que han caído o hayan de caer por la Revolución.

“Hacia nuestros hermanos guyaneses y coreanos inmolados ese día, va también nuestro recuerdo más ferviente en estos instantes. Ellos nos recuerdan que los crímenes del imperialismo no tienen fronteras, que todos pertenecemos a la misma familia humana y que nuestra lucha es universal.

“No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!.”

Artículos relacionados:
Tomado de La Pupila Insomne

Imagen: Luis Posada Carriles -autor del crimen de Barbados- hace pocos días en Miami junto  al “disidente” Guillermo Fariñas  y el también terrorista Hubert Matos. Foto Cambios en Cuba


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