Buscar en este blog

Mostrando entradas con la etiqueta canje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta canje. Mostrar todas las entradas

Burson-Marsteller, Alan Gross y la luz al final del túnel

jueves, 29 de marzo de 2012
Por Machetera 
Translated by  Manuel Talens



La lección en la Salpêtrière
 (1887), de Pierre-André Brouillet (1857 - 1914).
La Salpêtrière es un legendario hospital de París, construido en el siglo XVII, que fue cuna de las neurociencias por haber alojado a grandes maestros de la medicina como Charcot, Babinski y Freud. En este famoso cuadro de Pierre-André Brouillet se observa al médico francés Jean-Martin Charcot con sus alumnos durante una sesión clínico-docente en la que les explica cómo llegar al diagnóstico de un ataque de histeria en una enferma cuyo nombre ha pasado a los anales de la medicina: Blanche Wittman.

La escena es inequívocamente sexista: un tropel de hombres deciden cómo tratar a una mujer de una enfermedad que ya desde la etimología apesta a sexismo. Por el simple hecho de haber nacido mujer, Blanche Wittman está a la merced de sus decisiones. Las dos monjas que asisten a Blanche son meras espectadoras sin voz. Ellos “saben”, ellas no.
 
Ciento veinticinco años después, la intrahistoria de este cuadro venerable recuerda mucho a la de Judy Gross, la esposa del contratista de la USAID encarcelado en Cuba. El viejo paternalismo ancestral sigue vivo y tanto el New York Times como el Washington Post acaban de demostrarlo con una estúpida campaña mediática cuyo objetivo es presionar al papa Benedicto XVI para que éste aconseje a Cuba que trueque a René González por Alan Gross. Aconsejar a Cuba, como si fuese un niño rebelde y no un país soberano, es ya una ofensa inaceptable, pero el consejo que Judy Gross está recibiendo no le va a la zaga: en vez de tratarla como un sujeto activo, capaz de articular su destino, la campaña que pretende traer a su marido de vuelta al hogar está dirigida por gente cuyas prioridades son muy distintas a las de esta mujer.
 
Sin embargo, un detalle imprevisto ha alterado ligeramente la campaña y ha sido la revelación que hace unos días hizo el periodista Paul Berger en el Jewish Daily Forward, según la cual la agencia de relaciones públicas Burson-Marsteller está detrás del cambalache. El Washington Post ha admitido la veracidad de la noticia, pero cabe preguntarse si lo habría hecho en caso de que Paul Berger no hubiese tirado de la manta.
 
Un editorial del New York Times seguido de un reportaje del Washington Post  promocionando la “solución” papal no son cosas que suceden por casualidad. Al principio pensé que quien estaba detrás de esto era el Departamento de Estado, pero ese tipo de cabildeo habría sido indecoroso. Lo que sucedió en realidad fue que Hillary Clinton entregó una lista detallada de lo que quería en la campaña a su buen amigo Don Baer, que no sólo es vicepresidente de Burson-Marsteller, sino que además fue quien le escribía los discursos a Bill Clinton; Baer, por su parte, se la pasó a Mark Penn, que es el director ejecutivo de Burson-Marsteller, el mismo que diseñó la torpe estrategia de su campaña presidencial en 2008). A partir de ese momento, voilà, la maquinaria de los dos periódicos (y de algunos más) se puso en marcha para promocionar el canje de González por Gross con la ayuda papal.
 
René González es el primero de los Cinco Héroes cubanos que ha salido de la cárcel tras cumplir la pena máxima por no haberse registrado como agente extranjero, no por “espionaje”, que es lo que falsamente afirmó el Washington Post. Son dos cargos muy distintos, pero ya me ocuparé otro día de diseccionar ese artículo del Post.
 
René está ahora en Florida en libertad condicional, mientras que diez rusos que fueron detenidos hace un par de años bajo la acusación de ser agentes extranjeros no registrados –el mismo delito que a él, por el momento, ya le ha costado trece años de su vida– fueron deportados a Rusia sin más problemas. Está claro que si a alguien le echan el guante en Miami como agente extranjero no registrado es muchísimo peor que si sucede en Nueva Jersey, sobre todo si se trata de un cubano.
 
En cambio, el yanqui Alan Gross apenas ha cumplido dos años de los quince que habrá de pasar en una cárcel de Cuba por haber tratado de instalar una red clandestina de internet en violación de las leyes cubanas. Por mucho que Burson-Marsteller insista en su campaña mediática, el de Gross no fue un proyecto “humanitario”. Eso es la tapadera. Los judíos de Cuba ya tenían acceso a internet y no lo necesitaban a él.
 
Es evidente que la oferta que están publicitando, la de entregar a un hombre casi libre a cambio de otro que aún deberá pasar más de una década en prisión puede funcionar bastante bien como táctica dilatoria, pero como estrategia de negociación no tiene ni pies ni cabeza. Como bien ha señalado Walter Lippmann, que algo sabe de Cuba, “Israel canjea a miles de palestinos por un soldado israelí; Washington canjeó a diez rusos detenidos aquí por cuatro rusos capturados allá por espiar para nosotros. ¿Por qué no puede hacer lo mismo Washington: “Os doy a vuestros cinco cubanos si me devolvéis a mi contratista”? El problema, claro está, es que Hillary Clinton no es del mismo parecer y, al día de hoy, tiene la sartén por el mango.
 
Lo que Berger afirmó en el Jewish Daily Forward es que las críticas que Judy Gross ha lanzado contra Obama y la política de Washington hacia Cuba forman parte de una nueva estrategia que “coincide” con la entrada en el juego de Burson-Marsteller. Vale, tal vez sea sólo una coincidencia, pero estoy bastante segura de que el guión con las instrucciones a seguir que Don Baer le entregó a Judy no pretendía eso, ya que incluso si formase parte de una extraña estrategia a contracorriente, ¿hasta dónde podrían llegar tales críticas si Baer es quien se ocupa de Hillary Clinton, que no dejará de estar a las órdenes de Obama hasta que se enfrente a Jeb Bush por la presidencia en 2016?
 
No tengo información privilegiada, pero estoy dispuesta a apostar que la bien fundada diatriba de Judy Gross contra Obama fue el típico caso de la cliente sumisa que de pronto se salta el guión preestablecido y se pone a decir abiertamente lo que piensa. No sería la primera vez que sucede una cosa así.
 
Por extraño que parezca, creo que esa “insubordinación” nos permite ver un diminuto rayo de luz al final del túnel. Clinton, Penn, Baer y Burson-Marsteller han diseñado un escenario miserabilista de la familia Gross destinado a despertar la piedad del electorado: son pobres víctimas, judíos de buena voluntad que sufren persecución de las fuerzas del mal por hacer el bien y que ahora dependen del milagro de un Papa católico. Esta campaña mediática es una tomadura de pelo para entretener al matrimonio Gross hasta que pasen las próximas elecciones presidenciales. ¿A qué persona con dos dedos de frente se le ocurría decir que el Papa es la última esperanza de esta mujer?
 



Alan y Judy Gross
 
Hay otras opciones, por supuesto, pero la peor que puede adoptar la esposa de Alan Gross es ser obediente para que las cosas les vayan viento en popa a Obama y Clinton en su campaña presidencial. Otra opción sería combinar la presión mediática sobre Washington con alguna ayuda adicional de los medios y grupos sociales y de alianzas inteligentes, pero a ninguna agencia de relaciones públicas que esté al servicio de Hillary Clinton le interesa.
 
De hecho, mientras Burson-Marsteller siga manipulando este espectáculo mediático las dos partes en litigio seguirán enzarzadas en un diálogo de sordos. Quizá la única manera de dirimir este problema podría consistir en colmar la distancia que separa a los familiares y amigos y de Alan Gross de los familiares y amigos (que son millones en la comunidad internacional) de los Cinco Héroes cubanos. Y puede que eso esté empezando a ocurrir.
 
Con milagrosa precisión, el Comité Internacional por la Libertad de los Cinco Cubanos ha programado varios días de actividades en Washington, que se celebrarán dentro de pocas semanas (los días 17 a 21 de abril) con la participación de una larga lista de estrellas invitadas. Sería una tragedia si al menos unas cuantas personas del bando de los Gross no se escapasen de sus cancerberos de Burson-Marsteller para darse una vuelta por allí.
 
Una de las estrellas que asistirán es Stephen Kimber. El propio Kimber me ha proporcionado amablemente un manuscrito de su libro todavía inédito, What Lies Across the Water [Lo que hay en la otra orilla], una magnífica, meticulosa, honrada e imparcial investigación sobre el caso de los Cinco Héroes cubanos. Quien desee conocer exactamente qué estaban haciendo en Miami y la posterior tragedia de sus injustas condenas y encarcelamiento disponen en este libro de la información definitiva. Ojalá se hubiese publicado hace diez años. Si los Gross buscan un libro que de verdad los ayude a encontrar una solución para su tragedia, éste es.
 
Y Cindy Sheehan también irá. ¡Un auténtico lujo! La verdad es que si Judy Gross no se presenta en Washington para hablar con Cindy, que escribió el libro sobre cómo presionar a un presidente, no me quedará más remedio que concluir que la gente de Burson-Marsteller la habrá secuestrado para impedírselo.

Por último, habrá un piquete y una manifestación frente a la Casa Blanca. Permítaseme sugerir que si el bando de los Gross aprovechase esa oportunidad única que se le presenta de manifestarse junto al grupo de los Cinco Héroes cubanos, sería un bombazo irresistible, el sueño hecho realidad de cualquier ejecutivo –inteligente, eso sí– de relaciones públicas. Y la prensa caería rendida ante la prueba palpable de que algo está cambiando. Por cierto, ni Clinton ni Penn ni Baer ni Burson-Marsteller estarían de acuerdo con algo así… lo cual es una razón de más para que Judy Gross abandone el papel de Blanche Wittman que le han atribuido y dé un paso al frente.


Enviado por su autora

René González y Alan Gross: la velocidad y el tocino

sábado, 24 de marzo de 2012
Supongo que en Latinoamérica la comparación explícita de la lengua inglesa entre “apples and oranges” es “peras y manzanas”. En cualquier caso, lo que ambas lenguas manifiestan con ellas es una imposibilidad semántica. En España, las variantes comparativas de este tipo son más divertidas: “No hay que confundir el culo con las témporas”, “la gimnasia con la magnesia” o “las churras con las merinas”.


A la izquierda, una oveja churra; a la derecha, una merina
Pero, por el momento, cuando pienso en la comparación entre el cubano René González y el yanqui Alan Gross prefiero esa otra expresión peninsular de que “no hay que mezclar la velocidad con el tocino”, porque se basa en lo irracional, en lo absurdo, y no hay nada más absurdo que la analogía entre estos dos hombres que Washington está tratando de “vendernos” a través de sus medios imperiales de comunicación.

Tomemos, por ejemplo, el reciente artículo de Jay Weaver en The Miami Herald. Nada más enterarse de que la jueza Joan Lenard había ordenado que se le concediese a René González una tregua de dos semanas en su libertad condicional para que visite a su hermano, moribundo en Cuba, Weaver descolgó el teléfono e hizo lo que hoy en día se considera periodismo: pulsó el botón que marca automáticamente el número de Maggie Khuly para pedirle su opinión.

 Para quienes no lo sepan, Maggie Khuly es la hermana de uno de los hombres que a principios de los años noventa –y por voluntad propia– solía acompañar al fanfarrón José Basulto en los vuelos de aquellos Cessnas donados cuya misión consistía en poner a prueba los límites del espacio aéreo cubano. Y sucedió lo inevitable: la última gota desbordó el vaso y el 24 de febrero de 1996, después de ignorar una vez más las advertencias verbales y físicas de las autoridades cubanas, dos de los aviones fueron derribados y el hermano de Maggie Khuly murió en el ataque (es muy revelador que en aquel instante Basulto ya no volaba junto a los dos aviones, pues se había dado la vuelta un rato antes). 

Desde entonces, Maggie Khuly está sedienta de sangre, sobre todo de la de Fidel Castro, pero si no es posible (y sólo por el momento), se conformaría con la de los Cinco Héroes cubanos, que no tuvieron nada que ver con el incidente, como lo demuestra el hecho de que la propia fiscalía usamericana lo reconociera ante la Corte del 11º Circuito de Apelaciones de Atlanta. ¿A quién le importa, pues, lo que piense Maggie Khuly? La opinión de cualquier mujer escogida al azar en la calle sería más interesante.

 A diferencia de Alan Gross, René González no solamente es hoy un hombre libre después de haber cumplido una grotesca sentencia de 13 años en la cárcel sin que Washington (en violación de todos los acuerdos internacionales de derechos humanos), permitiese en ningún momento que su esposa entrara en el país para visitarlo, si no que conviene recordar cuál fue el “delito” por el que lo condenaron.

Es posible que René González sea el más odiado de los Cinco Héroes –en Miami, desde luego, lo es– por el hecho de haberse infiltrado en el núcleo del ardid de recaudación de fondos de Hermanos al Rescate, por haber volado con Basulto y, quién sabe, quizá incluso en algún momento con el hermano de Maggie Khuly, pero ésos no son delitos graves. Lo único que encontraron como excusa para condenar a René fue el no haberse registrado como agente de un gobierno extranjero –exactamente la misma excusa que llevó a la espía Anna Chapman a la portada de la revista rusa Maxim. Eso y el hecho de no haberse arrepentido. A pesar de que la ausencia de arrepentimiento tampoco es un delito, existen muchas maneras legales de saltarse las normas y la jueza Lenard hizo todo lo posible para demostrarlo. En primer lugar, con una condena absurdamente larga y un período de libertad condicional que desafía toda lógica. Los abogados de Obama alegaron recientemente que a René González no se le debe permitir que visite a su hermano moribundo, ya que la inteligencia cubana podría aprovechar la oportunidad para darle instrucciones secretas, que traería de vuelta a Miami cuando regresara a cumplir el resto de su libertad condicional antes de volver definitivamente a Cuba. ¿Y por qué no lo deportan ahora mismo? ¡Protéjannos a todos, por favor!

Pero no podemos expulsarlo porque René González es un ciudadano usamericano por nacimiento –no por cultura– y las reglas son las reglas. De todos modos, lo que no se puede pretender es que él y Alan Gross, el hombre que a través de la DAI solicitó un contrato de la USAID por valor de medio millón de dólares para instalar en Cuba el mismo tipo de Red de Área Global de Banda Ancha que, sin duda, fue muy útil en el “proyecto humanitario” conocido como liberación de Libia, son casos similares. Por supuesto, los dos tienen familiares allegados con cáncer, pero la similitud empieza y termina ahí. Si se condena a una persona por no registrarse como agente extranjero, pero no se puede demostrar de qué manera sus acciones perjudicaron al país en el que actuaba, estamos ante un detalle puramente técnico. El hecho de robarle a alguien 13 años de su vida por un detalle técnico es injusto e irreparable. A diferencia de René González, Alan Gross fue declarado culpable por algo más que un tecnicismo.

 Pero ése es el eterno problema entre USA y Cuba, siempre ha sido así. Incapaces de reconocer nuestros propios defectos, en este país nos vemos como gigantes. Cuba y otros muchos países son para nosotros de juguete, tienen líderes de juguete, lengua de juguete, gente de juguete, leyes de juguete. ¡Cómo vamos a tomárnoslos en serio! Incluso después de que se demostrase que el propio Gross solicitó activamente y diseñó la misión ilegal y subversiva que debía realizar en Cuba, el Departamento de Estado sigue tratando de convencernos de que cayó en una trampa, de que ha sido un “tonto útil”, de que estaba allí en “misión humanitaria”.

 ¿Y ahora pretende Washington que creamos que los dos años y un día de reclusión de Gross, que goza del derecho a las visitas conyugales de su esposa, son de alguna manera comparables con los 13 años que le robaron a un hombre a quien se le impidió ver su esposa... por un tecnicismo? ¿Cuántas visitas conyugales ha recibido Gerardo Hernández, otro de los Cinco héroes, desde el año 2000? ¿Cuántas Fernando González? Ninguna, cero. El sistema penitenciario federal de USA no lo permite. A estos hombres y a sus esposas no solamente les han robado el presente, sino también el futuro. Si se tiene en cuenta su edad, cada día que pasa es más probable que, incluso si se beneficiasen de un indulto presidencial, será demasiado tarde para que tengan hijos. Es algo inconcebible, irreparable.

Conceptos básicos sobre la ley y los medios de comunicación

Ahora que he explicado por qué la comparación de los casos de René González y Alan Gross es una auténtica y ofensiva manipulación, añadiré lo siguiente: Judy Gross, la esposa, tiene en sus manos un poder virtual que los Cinco Héroes cubanos y sus familias nunca tuvieron: unos medios de comunicación poderosos y favorables, puestos a su entera disposición. Le bastaría con ejercer ese poder para que se terminara el daño que se sigue haciendo a estos cinco hombres y a sus familias y, al mismo tiempo, ella pondría fin a su pesadilla personal. Pero esto no va a suceder mientras no se busque un abogado mejor y no deje de atenerse al guión de Hillary Clinton.

 Las manifestaciones ante la Oficina de Intereses de Cuba en Washington son ineficaces, aunque parece que empiezan a hacer mella. Ha llegado el momento de salirse de ese guión que se centra en René González –un hombre que ya está prácticamente en libertad– como único canje posible con Alan Gross, otro hombre cuya condena es insignificante en términos comparativos. De hecho, ya va siendo hora de que dejen de insultar nuestra inteligencia. Todos los cubanos que he conocido saben sumar y restar. El Papa también.

 Cuando lo pienso... debe ser terrible pensar que el Departamento de Estado es la única esperanza. ¿Qué sucedería si alguien se saliese del guión? No haría falta volver a inventar la rueda: para empezar, está la resolución del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias, según la cual las sentencias impuestas a los Cinco Héroes cubanos –Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González– es arbitraria y viola el Derecho Internacional. Pero no sólo se trata de René, sino de todos ellos.

 ¿Habrá que preguntarle al Departamento de Estado por qué no le da importancia a esa resolución? ¿Habrá que insistir en que no le salen las cuentas, pues el número correcto no es uno, sino cinco? ¿Y por qué no habría que hacerlo? Y si el Departamento de Estado responde que esas cosas no se pueden decir, no se pueden hacer, entonces habrá que llamar a la puerta de Cindy Sheehan, otra persona a la que un presidente no le hizo ni caso… y ahora lo lamenta amargamente. 

O, si lo prefieren, sigamos confundiendo la velocidad con el tocino. Elijan.
*Machetera es una usamericana. En su trabajo como escritora y traductora de español a inglés espera continuar con la tradición establecida por su madre, que siendo aún muy joven arriesgó su vida como distribuidora del periódico clandestino de la resistencia en la Dinamarca ocupada.
Machetera es una ardiente defensora de las revoluciones cubana y bolivariana, de la independencia de Puerto Rico y de los heroicos Macheteros. También -como el Che- tiembla de indignación cuando se comete una injusticia en cualquier parte del mundo.
Gracias a: Tlaxcala
Fuente: http://machetera.wordpress.com/2012/03/23/rene-gonzalez-and-alan-gross-speed-and-bacon/
Fecha de publicación del artículo original: 23/03/2012
URL de esta página en Tlaxcala: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=7073

Contratista de la USAID preso en Cuba reclama canje por Los Cinco

lunes, 7 de noviembre de 2011
Por Jean-Guy Allard


 
Alan Gross, el contratista norteamericano de la USAID preso en Cuba por haber introducido ilegalmente en la Isla equipos de comunicación satelital de última generación, considera que EEUU pudiera canjearlo con los cinco cubanos detenidos en este país, de la misma forma que Israel canjeo hace poco al israelí Gilad Shalit por prisioneros palestinos.

Lo reporta el rabí estadounidense David Shneyer en una carta a su comunidad, al regreso de una estancia en La Habana durante la cual fue autorizado a visitar a su correligionario.

“Después de haber aprendido sobre el canje reciente de Gilad Shalit por más de 1.000 prisioneros palestinos, (Gross) consideró que los EE.UU. y Cuba podrían hacer lo mismo para él y para los Cinco Cubanos”, que cumplen condenas en los EE.UU., escribe en el documento publicado en Washington por el boletín de la comunidad Am Kolel, que fundó y dirige.

En su carta, el líder religioso cuenta como visitó a Gross en el complejo del Hospital Militar Carlos Finlay de La Habana. “Tomé un taxi allí desde el Hotel Presidente la tarde del pasado jueves. Yo fui recibido por cuatro hombres, un guardia, un médico, un funcionario del Ministerio del Interior, y un traductor”.

“Sus guardias habían creado un espacio confortable con dos sofás y una mesa con refrescos. Alan explicó que, normalmente, la sala se utiliza para las reuniones con los médicos. Nos reunimos alrededor de una hora y cuarenta minutos”, recuerda, precisando que llevó al preso caramelo de mani, de los que lo encantan.

“Alan realiza un ritual de Shabat todos los viernes por la noche frente a las fotografías de familiares y amigos. Me dio un par de pulseras que fabrica con tapas de botellas de plástico, como regalos para amigos y visitantes, de modo que fuera de su celda, no se olviden”, recalcó.

Al concluir su texto, Rabbi Schreyer insta a todos a llamar periódicamente a las oficinas de Barack Obama, de Hillary Clinton y de miembros del Congreso, para reclamar la liberación del preso.

Gross fue sentenciado en marzo a 15 años de cárcel por crímenes contra el Estado. Fue arrestado en Cuba en diciembre de 2009. El contratista efectuaba su tarea de “contratista” como parte de un programa de desestabilización financiado por la agencia estadounidense USAID.

“Estados Unidos no debería esperar que Cuba libere a un contratista estadounidense con base en un gesto humanitario unilateral”, dijo a principios de octubre Ricardo Alarcón, presidente del parlamento cubano, en entrevista con la agencia de prensa norteamericana AP. Esperar un gesto así “no sería razonable”, subrayó.

Entretanto, presionado por congresistas cubanoamericanos de extrema derecha encabezados por Ileana Ros-Lehtinen, el gobierno de Washington “desmintió” que conversaciones sobre este tema habían tenido lugar con el gobierno de La Habana.

“Estados Unidos no está considerando la liberación de ninguno de los ‘Cinco Cubanos’ a cambio de Alan Gross”, dijo la portavoz del Departamento de Estado Victoria Nuland.

Una de las personalidades favorable a la liberación de los cubanos es el ex presidente norteamericano Jimmy Carter, que aseguró en una visita a La Habana que en el juicio a los cubanos se produjeron irregularidades.

Enviado por su autor
Imagen agregada RCBáez
Con la tecnología de Blogger.
 

Buscar en:

Entradas populares

Blogs de Autores de Despierta Libertad