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EEUU, líder mundial en “crímenes internacionales”

jueves, 24 de julio de 2014
Por Noam Chomsky

 La primera plana del New York Times del 26 de junio muestra la foto de una mujer que llora a un iraquí asesinado, una de las innumerables víctimas de la campaña del llamado Estado Islámico en la que el ejército iraquí, armado y entrenado durante años por Estados Unidos, se disolvió con rapidez, abandonando gran parte de Iraq a unos cuantos militantes, experiencia nada novedosa en la historia imperial. Arriba de la fotografía está el famoso lema del periódico: Todas las noticias que es apropiado imprimir.

 Hay una omisión crucial. La primera plana debería desplegar las palabras del juicio de prominentes nazis en Nüremberg, las cuales deberían repetirse hasta que penetren la conciencia general: la agresión es el supremo crimen internacional, sólo diferente de otros crímenes de guerra en que contiene en sí mismo el mal acumulado de todos.

 Y junto a esas palabras debe estar la admonición de Robert Jackson, fiscal principal de Estados Unidos en ese juicio: El fundamento sobre el cual juzguemos a estos acusados será el fundamento sobre el cual la historia nos juzgará mañana. Dar un cáliz envenenado a estos acusados es ponerlo también en nuestros labios.
 La invasión de Iraq por Estados Unidos y Gran Bretaña fue un ejemplo de libro de texto de lo que es agresión. Los apologistas invocan nobles intenciones, que serían irrelevantes aun si sus alegatos se sostuvieran.

 A los tribunales de la Segunda Guerra Mundial no les importó un bledo que los imperialistas japoneses intentaran llevar un paraíso en la Tierra a los chinos que masacraron, ni que Hitler enviara tropas a Polonia para defender a Alemania del terrorismo salvaje de los polacos. Lo mismo se aplica cuando bebemos del cáliz envenenado.

 Los que están del lado donde golpea la cachiporra tienen pocas ilusiones. Abdel Bari Atwan, editor de un sitio web panárabe, observa que el principal factor causante del caos actual (en Iraq) es la ocupación de Estados Unidos y Occidente y el apoyo árabe a ella. Cualquier otra afirmación es engañosa y apunta a distraer la atención de esta verdad.

 En una entrevista reciente en el programa de televisión de Bill Moyers, Moyers & Company, el especialista iraquí Raed Jarrar delineó lo que nosotros en Occidente deberíamos saber. Como muchos iraquíes, Jarrar es mitad chiíta y mitad sunita, y antes de la invasión apenas si conocía las identidades religiosas de sus parientes porque la secta no formaba parte de la conciencia nacional.

 Jarrar nos recuerda que la pugna sectaria que destruye nuestro país… comenzó sin duda con la invasión y ocupación estadunidense. Los agresores destruyeron la identidad nacional iraquí y la remplazaron con identidades sectarias y étnicas, que comenzaron cuando Washington impuso un consejo de gobierno basado en identidad sectaria, algo nuevo en Irak.

 Hoy día chiítas y sunitas son enemigos acérrimos, gracias al mazo que blandieron Donald Rumsfeld y Dick Cheney (secretario de Defensa y vicepresidente en el gobierno de George W. Bush, respectivamente), junto con otros como ellos que nada entendían más allá de la violencia y el terror, y que ayudaron a crear conflictos que ahora hacen pedazos la región.
 Otros encabezados informan del resurgimiento del talibán en Afganistán. El periodista Anand Gopal explica las razones en su notable libro No Good Men Among the Living: America, the Taliban, and the War through Afghan Eyes (No hay buenos entre los vivos: Estados Unidos, el talibán y la guerra vista con ojos afganos).

 En 2001-02, cuando el mazo estadunidense golpeó Afganistán, los extranjeros de Al Qaeda que se ocultaban allí desaparecieron y el talibán se disolvió. Muchos escogieron, en el estilo tradicional, acomodarse entre los nuevos conquistadores.

 Pero Washington estaba desesperado de encontrar terroristas que aplastar. Los hombres fuertes que impusieron como gobernantes pronto descubrieron que podían explotar la ciega ignorancia de los estadunidenses y atacar a sus enemigos, incluso a quienes colaboraban gustosamente con los invasores. En poco tiempo el país fue gobernado por esos crueles señores de la guerra, mientras muchos antiguos talibanes que buscaban unirse al nuevo orden recrearon la insurgencia.

 Más tarde el mazo fue recogido por el presidente Obama, al encabezar desde atrás el aplastamiento de Libia.

 En marzo de 2011, en medio de un levantamiento contra el gobernante libio Muammar Kadafi como parte de la primavera árabe, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la resolución 1973, que llamaba a detener el fuego y poner fin a la violencia y a todos los ataques y abusos contra civiles.

 El triunvirato imperial –Francia, Inglaterra y Estados Unidos– decidió al instante violar la resolución, convertirse en la fuerza aérea de los rebeldes e intensificar la violencia. Su campaña culminó en el asalto al refugio de Kadafi en Sirte, el cual dejaron devastado por completo, reminiscente de las escenas más sombrías de Grozny, hacia el final de la sangrienta guerra de Rusia en Chechenia, según reportes de testigos en la prensa británica. A un costo sangriento, el triunvirato logró su objetivo de cambio de régimen, en violación de sus piadosos pronunciamientos en contrario.

 La Unión Africana se opuso con energía al asalto del triunvirato. Como informó el especialista en África Alex de Waal en la revista británica International Affairs, la UA propuso un mapa de ruta que instaba al cese del fuego, asistencia humanitaria, protección de migrantes africanos (que en su mayoría eran asesinados o expulsados) y otros nacionales extranjeros, y a adoptar reformas políticas para eliminar las causa de la crisis actual, más otros pasos para instaurar un gobierno interino incluyente y consensuado, que conduzca a elecciones democráticas.

 El esquema de la UA fue aceptado en principio por Kadafi, pero desdeñado por el triunvirato, que no estaba interesado en verdaderas negociaciones, observa De Waal.
 El resultado es que hoy Libia es despedazada por milicias en conflicto, en tanto se ha desatado el terror yihadista en gran parte de África, junto con un flujo de armas que llega hasta Siria.

 Existen muchas pruebas de las consecuencias de esta política del mazo. Veamos la República Democrática del Congo, antes Congo Belga, un enorme país rico en recursos… y una de las peores historias de horror contemporáneas. Tuvo la oportunidad de desarrollarse con éxito luego de alcanzar la independencia en 1960, bajo el gobierno del primer ministro Patricio Lumumba. Pero Occidente no quería nada de eso. Allen Dulles, director de la CIA, determinó que la remoción de Lumumba debía ser un objetivo urgente y primordial de una acción encubierta, sobre todo porque las inversiones estadunidenses en el país peligraban a causa de lo que documentos internos llamaban nacionalistas radicales.

 Bajo la supervisión de oficiales belgas, Lumumba fue asesinado, cumpliendo el deseo de Eisenhower de que cayera en un río lleno de cocodrilos. Congo fue entregado al favorito de Washington, el asesino y corrupto dictador Mobutu Sese Seko, y de allí el actual naufragio de las esperanzas africanas.

 En lugares más cercanos es más difícil cerrar los ojos a las consecuencias del terrorismo de Estado de Washington. Hoy reina la preocupación sobre el éxodo de niños que huyen a Estados Unidos desde Centroamérica. El Washington Post informa que el incremento de estos migrantes procede en su mayor parte de Guatemala, El Salvador y Honduras, pero no de Nicaragua. ¿Por qué? ¿Podría ser que cuando el mazo de Washington aporreaba la región, en la década de 1980, Nicaragua era el único país que contaba con un ejército para defender a la población de los terroristas dirigidos por Estados Unidos, mientras en los otros tres países los terroristas que devastaban a la población eran los ejércitos entrenados y equipados por Washington?

 El presidente Obama ha propuesto una respuesta humanitaria a la trágica migración: una deportación más eficiente. ¿A alguien se le ocurren alternativas?

 Es injusto omitir los ejercicios de poder blando y el papel del sector privado. Un buen ejemplo es la decisión de Chevron de abandonar sus tan publicitados programas de energía renovable, porque los combustibles fósiles son mucho más redituables.

 Exxon Mobil a su vez anunció que “su enfoque tipo láser en combustibles fósiles es una estrategia sólida, sin considerar el cambio climático –reporta Bloomberg Businessweek–, porque el mundo tiene gran necesidad de energía y resulta ‘sumamente improbable’ que ocurran reducciones significativas de carbono”.

 Por tanto, es un error recordar día tras día el juicio de Nüremberg a los lectores. La agresión ya no es el supremo crimen internacional. No puede compararse con la destrucción de las vidas de generaciones futuras para obtener mayores ganancias hoy.

Fuente La Jornada, de México;  Tomado de Cubadebate

Nota:  La foto utilizada "madre iraquí llora sobre el cuerpo de su hijo (AFP -STR)" no corresponde directamente al texto de la noticia

Conflicto global

lunes, 27 de agosto de 2012
Por José Santos Jandres

Despertarnos por las mañanas con noticias de guerras, crisis, deudas soberanas, limosnas del Banco Mundial, consejos de privatización del Fondo Monetario Internacional, desempleos, angustias, etc. todo esto en las pantallas de nuestro consciente y subconsciente, no significa un buen inicio de día, ni de semana desde luego.

Sin embargo, la vida que enfrentamos cada día está preñada de conflictos de todo tipo, en los puestos de trabajo, en las paradas de buses, en la calle, en las casas, en fin, nuestra vida en sí es hija de un conflicto desde la fecundación. El conflicto no es malo ni bueno, es el reflejo de los acontecimientos exteriores e interiores, pero todo eso atañe a nuestra forma de ver y vivir la vida misma.

Es evidente y, a todas luces, palpable que el experimento en Libia es un nuevo libreto para copiarlo y aplicar esos esquemas y escenarios de guerra en Siria e Irán, ha pasado un año y medio desde el inicio de la guerra en Siria, y tenemos que detenernos un poco para intentar comprender lo que está pasando.

La red Al Qaeda, es una invención perfecta del imperio, está demostrado que los agentes de esta red trabajan al servicio de los círculos de poder mundial, esa red terrorista fue creada y es manipulada por los grupos de poder económico, políticos y militares de los países imperiales, ya hemos llegado a la conclusión que lo que pasó el 11 de septiembre fue un auto-golpe en el corazón del imperio para justificar las guerras preventivas y recapitalizar las economías imperiales.

Los mismos atentados en el interior de USA en estos días, no son más que sabotajes de las mismas corporaciones de dominación para minarle el camino a Obama, eso no significa que ese candidato sea mejor que el otro, es simplemente una competencia de compañías multinacionales, es el conflicto entre grupos de poder para seguir con el plan de dominio mundial.

Podemos evidenciar de la guerra en Siria tres elementos interesantes: la maniobra de inyectar terroristas desde el exterior con asesoría y bien armados, apoyo satelital y logístico por altos mandos del ejército gringo desde la retaguardia estratégica en los confines con Turquía, otro campo de batalla son los medios de comunicación, observamos que la propaganda de guerra de los imperios exacerba de manera tal, que hacen incluso montajes de los escenarios de guerra para sensibilizar a las ciudadanías, el tercer elemento en los teatros de operaciones son las ONGs (USAID, CREA, IRIS, ETC.), disfrazados con otros nombres pero que han jugado un rol fundamental para el estudio y planificación de la guerra.

Pero el tema de la guerra contra los países árabes tiene su origen, resulta que las élites monárquicas árabes han venido vendiendo la imagen que la alianza entre Corán y millonarios garantiza la teocracia, pero cuando surge la teología de la liberación islámica, se rompe esa norma de comportamiento dogmático.

Si las mujeres árabes se liberan del yugo cultural y de las reglas de las tribus, esos 27 países tendrían un futuro, pues las mujeres poseen gran capacidad de creación, pero no les han permitido ser libres culturalmente, por otro lado, los aparatos en el campo experimental del imperio del norte, hace más de una década que aplican vacunas en los niños de Pakistán para que sean estériles y de esa manera evitar la reproducción en ese país, y así ir controlando todo conflicto que surja en ese país atómico contra el imperio o Israel, no sabemos en cuántos países y desde cuándo están experimentando en la población con la complicidad de algunos gobiernos, alterando el metabolismo y genes de niñas y niñas, no sabemos también las consecuencias secundarias y hereditarias de esas vacunas y medicinas dañinas, dicho sea de paso, los grandes laboratorios químicos y farmacéuticos están en manos de multinacionales.

Israel, potencia nuclear que ha perfeccionado su escudo anti-misiles, y no piensa en la capacidad de palestinos que viven presos en sus propias tierras, le teme a países como Irán, que no deja de mostrar sus misiles tierra-aire de cuarta generación, lo mismo pasa en las Coreas, todo el mundo se arma, se prepara, experimenta, lo mismo el gigante Chino y Rusia que posee sus ocho mil cabezas nucleares, todo esto nos envía a una película de ciencia ficción, pero esto puede pasar en nuestro planeta y muchas veces no nos damos cuenta de la peligrosidad que vivimos a diario, pues, si estos locos deciden encender la mecha de sus armas modernas de destrucción de masas, poco o nada quedará de nuestro planeta.

Esta toma de conciencia nos invita a reflexionar el por qué nos distraemos con los juguetes del sistema, su consumismo y sus redes sociales mal usadas, por un lado la Clinton aceptó que han perdido la guerra en las redes sociales, pero por otro lado los usuarios de esos mundos cibernéticos no están usando con eficiencia esos medios informáticos para hacer conciencia en el mundo.

Al ganar se pierde y al perder se gana en muchas ocasiones, nosotros al ganar la guerra en las redes sociales la perdemos, en la medida que no sabemos lo que ganamos y para qué ganamos, y los que la han perdido la ganan, por el hecho que los ganadores no saben usar ese moderno poder en la comunicación de persona a persona desde cualquier ángulo de la tierra, en sí, la conciencia colectiva en las redes sociales no está lo suficientemente despierta para hacer una muralla de resistencia mediática y plantear la otra verdad, la verdad que se niega en los medios de comunicación manipulados por los imperios y corporaciones encaminadas a provocar un caos global, para que de ese caos surja su nuevo orden mundial.

El plan de los imperios es invadir siete países árabes en el lapso de cinco años, y se ve que lo están logrando, Siria no podrá resistir por mucho tiempo esta nueva forma de guerras geo-políticas, el caso de Afganistán e Irak demuestran que las jerarquías de los ejércitos regulares o gubernamentales comprendieron que no era posible enfrentar al ejército de los imperios de forma tradicional, de tal forma que dejaron los cuarteles y tanquetas y se enmontañaron y se confundieron en los barrios para hacer una resistencia al estilo de guerra de guerrillas, eso les ha permitido resistir hasta el momento, con métodos de ataques relámpagos y tácticos, evitando el enfrentamiento prolongado.

Los imperios están aplicando el método de la guerra de guerrillas con sus pelotones de terroristas en Siria y lo harán en Irán, por que han comprobado que es menos desgastante y puede generar menos bajas de sus soldados, porque ponen a pelear árabes contra árabes, sus terroristas trabajan a bajos precios dada la miseria extrema y la violenta psicología que ya poseen sus agentes árabes, probados en varios escenarios de guerra.

Hoy vemos por televisión esas guerras y nos parece ficción pensar que eso pase en nuestra América Latina, lamento quitar de la mente esa quimera, pues, el regreso al militarismo, los golpes de estado, fraudes técnicos electorales, asesinatos, etc. son parte de todo un plan para preparar el escenario, de tal forma que toda la experiencia que están ganando en los países árabes sería trasladada a nuestras tierras.

Vemos el caso de Honduras donde ya operan fuerzas paramilitares de Colombia realizando las mismas acciones que en su territorio, el imperio tiene en A.L. su respectiva Al Qaeda, que son los militares y paramilitares colombianos y todos los viejos mandos entrenados en la Escuela de las Américas, esos son los asesinos a sueldo listos a entrar en acción en cualquier momento y en cualquier país.

Los análisis de los mejores estrategas de las izquierdas del continente americano indican que no hemos entrado al inicio del fin de la crisis sistémica, sino, estamos entrando al inicio del inicio, aún no hemos visto la crisis en sí, lo que viene puede ser peor, y no se dice esto para alamar a la gente, sino, para prepararnos.

Es precisamente ver el contexto de la realidad los que nos permite comprender que la organización y lucha son factores que conducen a las victorias nacionales, pero no basta con las victorias nacionales, es urgente la unión de países en resistencia, la creación de bloques políticos, económicos y militares para enfrentar los planes de sabotajes del imperio.

Nuestra Latinoamérica puede convertirse en potencia equilibradora del mundo en la medida que dejemos de ver al imperio como referente e iniciemos a relacionarnos con él desde una altura en igualdad de condiciones, otro aspecto no menos importante es el rol que deben asumir urgentemente las mujeres y los jóvenes en estas nuevas guerras de ideología, de pensamiento, de capacidad de comprensión del mundo, y por qué no decirlo, en la defensa de la vida en cualquier trinchera que nos toque pelearla.

Prepararnos hoy es la garantía del triunfo de mañana, romper con los esquemas de esclavitud cultural en la que hemos estamos sumergidos por siglos, es hora de las transformaciones, es hora de jugarnos la vida en este planeta y permitirle a las nuevas generaciones tener un lugar digno para seres humanos.

Los imperios (USA, Japón y Europa) han comprendido que si pierden sus colonias, si dejan de controlar los países periféricos, se derrumban, y nosotros sabemos muy bien eso, la pelea no es enfocarnos específicamente en los países bases de los imperios, la idea es liberar a los países periféricos, esa tiene que ser nuestra estrategia global para cambiar la correlación de fuerzas en el mundo y detener el drama humanitario que vivimos en todas partes del planeta.

La ilustración de “quitarle el agua al pez“ es aplicable a nuestro plan de resistencia, los poderosos países que controlan el mundo ya no son tan poderosos como antes, y la nuevas guerras que estamos viendo en las pantalla de nuestros TV son financiadas también por empresas privadas, podemos decir que las guerras se están privatizando, es decir, grandes compañías y bancos invierten en las invasiones con la finalidad de recuperar sus capitales con los recursos de esos países una vez en mano de los gobiernos imperiales.

Sin el precioso líquido que de nuestras venas se roban los imperios, se desplomarían como castillos de naipes, y surgirían otros polos, como ya estamos viendo con la alianza China-Rusia, y otros países emergentes tales como India, Sudáfrica y países de América Latina, el mundo ya no es unipolar, hoy los nuevos bloques salen al cuadrilátero para conquistar mercados y entrar a la competencia espacial también, una nueva guerra fría sopla por los cielos de nuestros países y un nuevo fantasma camina por América Latina.

Imagen agregada: Las huellas del imperialismo yanqui, obra de Cesar Cumes, pintor guatemalteco

La Doctrina Obama: haciendo de la necesidad virtud

sábado, 26 de noviembre de 2011
Por James Petras

El gobierno de Obama, tras proseguir durante 3 años con las guerras coloniales iniciadas por el ex presidente Bush, finalmente ha tenido que reconocer las dramáticas consecuencias de las políticas llevadas a cabo, tanto en EEUU como en el exterior. En consecuencia se ha impuesto el “principio de realidad”: el mantenimiento del imperio estadounidense requiere modificar las estrategias actuales, con el objetivo de reducir los impactos negativos en el campo militar, político y diplomático [1].

La Casa Blanca está modelando una nueva doctrina exterior en respuesta a los reveses políticos y militares. Esta, estaría basada en los bombardeos masivos, en una mayor intervención exterior en las zonas en conflicto, y cuando las circunstancias lo permitan, en las alianzas con fuerzas afines. Esto incluiría el apoyo armamentístico y financiero de los regímenes despóticos de los pequeños estados del Golfo Pérsico, de fundamentalistas, de mercenarios, de desertores oportunistas, de gánsteres y básicamente de toda la chusma dispuesta a servir al imperio por dinero.

Todavía está por ver si los cambios hasta el momento acaecidos son resultado de una nueva política post-colonial, la “Doctrina Obama”, o simplemente constituyen una serie de medidas improvisadas en vista de los reveses recibidos (“haciendo de la necesidad una virtud”).

Empezaré por trazar los fallos estratégicos que indujeron al rediseño de la política Bush-Obama a mediados del 2011. A continuación mostraré el “principio de realidad”, ĺa crisis profunda y las presiones crecientes que han empujado al gobierno de Obama a cambiar la metodología de la guerra imperialista. Los cambios tienen como objetivo mantener el poder en una situación de recursos escasos y con aliados más que dudosos. La tercera parte muestra los cambios en las estrategias tal y como han ido sucediendo, enfatizando como éstos responden al desarrollo de circunstancias desfavorables y al surgimiento de nuevas oportunidades.

En la sección final evalúo críticamente las nuevas políticas imperiales de Obama, el impacto sobre ciertos países y sus habitantes, así como sus consecuencias sobre los EEUU.

El continuo Bush-Obama: 2009-2011

Obama tomó el testigo del gobierno Bush, y continuó su carrera, expandiendo el presupuesto de guerra por encima de los 750.000 millones de dólares, incrementando en 30.000 las tropas en Afganistán, aumentando el gasto en bases militares y en mercenarios en Irak, e incrementando las incursiones aéreas en Yemen, Pakistán, Somalia y Libia. Todas estas políticas han conducido a la profundización de la crisis económica, al incrementarse el déficit comercial y el déficit público hasta 1,6 billones de dólares. La popularidad del gobierno y del partido Demócrata ha bajado considerablemente. Paralelamente al incremento del gasto externo, se ha de añadir el gasto de miles de millones de dólares en decenas de nuevas agencias gubernamentales encargadas de la seguridad en el interior de los EEUU. El crecimiento de la deuda externa y del déficit interior se da al mismo tiempo que el rescate financiero por valor de 1 billón de dólares a Wall Street. Todo esto mientras 10 millones de familias perdían sus viviendas y el paro se disparaba hasta los dos dígitos.

Obama ha expandido las guerras iniciadas por Bush, los rescates bancarios y los recortes millonarios de impuestos a las clases más pudientes. Además ha propuesto ingentes recortes en el gasto federal en medicina y educación. Por otra parte a pesar del creciente gasto en defensa no se ha conseguido ni una sola victoria militar trascendente. A principios del tercer año de su gobierno se vislumbra, entre la dañada economía interna y la pérdida de varios aliados importantes, que el imperio estadounidense está en quiebra.

El principio de realidad

Después de tres años de gobierno incluso los más intransigentes y dogmáticos ideólogos del gobierno Obama han percibido el fracaso de la política exterior y el decreciente apoyo doméstico y exterior a sus políticas. Los islamistas constituyen un gobierno en la “sombra” por todo Afganistán, infligiendo cada vez más bajas a las tropas aliadas de la OTAN, incluso en la capital, Kabul. En Irak, incluso el gobierno títere se ha opuesto al establecimiento permanente de tropas estadounidenses, mientras las diferentes facciones se preparan para el conflicto post-colonial: los colaboradores del régimen, la resistencia, los diferentes clanes y tribus, etnias separatistas, paramilitares y mercenarios. Irán ha incrementado su influencia en la región frente a los EEUU, especialmente en Irak, Siria, el oeste de Afganistán, los estados del Golfo, Líbano y Palestina (Gaza), pese a las amenazas estadounidenses y las sanciones económicas diseñadas por los sionistas.

Ante la caída de los gobiernos pro-estadounidenses en Egipto y Túnez (Mubarak y Alí), y de los levantamientos populares que amenazan los gobiernos títeres del Yemen, Somalia y Bahrein, el gobierno de Obama se ha visto obligado a admitir que el “modelo” de guerra israelí, basado en la ocupación y colonización mediante un gobierno títere, no es viable. El principio de realidad se ha impuesto: Obama y Clinton ya no son los guardianes de un imperio en expansión sino de un imperio en decadencia. El proyecto imperial de la época post-soviética, iniciado por Bush padre, se basó en la acción unilateral y la supremacía militar. Tras Clinton, que mantuvo el modelo, Bush hijo lo expandió y Obama lo ha multiplicado. El modelo se ha revelado desastroso: guerras interminables que han culminado en un gran movimiento pro democrático que ha generando la caída de varios gobiernos afines a los EEUU.

Las guerras coloniales han vaciado la tesorería imperial, han empobrecido a los estadounidenses y han socavado el apoyo del proyecto imperialista. El estado de opinión en los EEUU se ha visto muy afectado por el coste del imperio, pero también por la influencia económica cada vez mayor de las economías emergentes: China, India... En ningún lugar ha sido tan evidente el declive de los EEUU como en Latinoamérica, donde nuevos gobiernos nacionalistas tienen políticas exteriores divergentes con los EEUU. Estos países han alcanzando un gran crecimiento económico empezando a colaborar con nuevos socios comerciales, mientras rechazaban varios golpes de estado apoyados por EEUU y repudiaban el neoliberalismo reciclado impuesto por Geithner. No ha habido ningún lugar en el planeta en el cual el gobierno Obama pudiese mostrar una victoria militar, éxito económico o una mayor influencia política.

A medida que las derrotas militares, los problemas económicos y el descontento se hacían patentes, se iba desarrollando una nueva política imperial. No es una política totalmente consolidada, sino que se va moldeando con las nuevas circunstancias.

El proceso de formación de la “Doctrina Obama”

Lo primero que ha tenido que reconocer el gobierno Obama, es que las guerras coloniales basadas en la ocupación militar territorial, no son viables en un mundo de estados soberanos. Generan una resistencia prolongada, problemas presupuestarios, un goteo de bajas y desde luego no se autofinancian, como afirmaban los genios sionistas del Pentágono. Es preciso diseñar nuevas formas de guerra para mantener el imperio y destruir a los adversarios.

La decisión más difícil del gobierno de Obama ha sido si admitir la derrota en Irak y retirar las tropas, o si declarar la “victoria”. Derrota, en el sentido de que los EEUU no pueden mantener un ejército de ocupación y han tenido que dejar Irak en manos de un gobierno que expandirá los lazos con Irán y será hostil a Israel o victoria, en el sentido de haber derrocado a Saddam Hussein y haber debilitado la influencia de Irak en la zona. La derrota y la retirada finalmente suponen mantener 20.000 soldados en los pequeños estados del Golfo, gobernados por monarquías despóticas, y posicionar una flota de guerra en el Golfo Pérsico. Obama-Clinton aseguran que las tropas y la flota de guerra naval y aérea servirán para re ocupar Irak en caso de que caiga el gobierno actual y sea sustituido por un gobierno nacionalista. Es un escenario “cuestionable”, ya que re ocupar Irak conduciría a una guerra larga y costosa. El principal objetivo del realojamiento de tropas es proteger a los gobiernos de los pequeños estados del Golfo de los movimientos internos pro-democráticos y lanzar un ataque aéreo y marítimo, conjunto con Israel, contra Irán. O  sea, la reducción de tropas en Irak se sustituye por la acumulación de fuerzas aéreas y marítimas que permitan atacar y destruir bases militares y puntos económicos neurálgicos en Irán.

La retirada de los EEUU es el resultado de la derrota; es una retirada obligada. La reubicación de tropas en los pequeños estados despóticos del Golfo, supone una disminución de la presencia estadounidense en la zona, y el apoyo a unos gobiernos despóticos muy frágiles. El trasvase de tropas desde Irak a los estados del Golfo, tiene como objetivo sacar las tropas de un Estado grande, con una larga historia de resistencia e independencia, poniéndolas a salvo en pequeños santuarios. Los EEUU no pueden permitirse un conflicto interminable, ni tampoco pueden garantizar la seguridad de un pequeño contingente en Irak. La retirada hacia los Estados del Golfo, es hacer de la necesidad una virtud, manteniendo una posición en la retirada, desde la cual poder lanzar la próxima guerra aérea.

La intervención en Libia indica la fórmula escogida por el gobierno Obama para mantener el imperio. La justificación de la intervención es tan falsa como la usada en Irak: en vez de armas de destrucción masiva, se ha maquinado la excusa del genocidio y la violación. Se ha improvisado una resolución de la ONU que permite la intervención para “proteger a la población”, pudiendo así la OTAN, lanzar en 8 meses, 30.000 ataques aéreos destinados a derrocar al gobierno y destruir la economía del país. La política de Obama en Libia se ha basado en una triple estrategia:

 1. bombardeos aéreos, marítimos y el apoyo de asesores de las Fuerzas Especiales.
2. Un ejército de mercenarios y el uso de expatriados como “nuevos líderes”.
3. Una coalición multilateral imperialista de países europeos (la OTAN) y de las petro oligarquías del Golfo.

A diferencia de Afganistán o Irak, los bombardeos masivos han sustituido a la invasión por parte de un gran ejército. Los estrategas del gobierno Obama ya han catalogado la experiencia de Libia como la “doctrina Obama”, al permitir recuperar el control de un gobierno Árabe independiente. Pese a la propaganda masiva de apoyo al rol de los mercenarios “rebeldes”, la verdad es que las fuerzas leales a Gadafi han sido vencidas únicamente gracias al poder militar aéreo de la OTAN.

La celebración por parte de Obama y Clinton de la victoria es prematura. Ha supuesto la destrucción de la economía, desde los puertos a los sistemas de irrigación, pasando por las carreteras y los hospitales, y el hundimiento del mercado laboral, al deportar a cientos de miles de trabajadores subsaharianos y profesionales del Norte de África. En otras palabras, ha sido una victoria pírrica: Washington ha vencido al adversario, pero no ha conquistado un estado viable económicamente.

Lo que es peor aún, las fuerzas terrestres mercenarias apoyadas por Washington, incluyen una amalgama de fundamentalistas, gánsteres, jefes de clanes oportunistas y neoliberales con pocos intereses en común. De hecho están todos armados y listos para repartirse el territorio. La situación es parecida a la creada en Afganistán tras la lucha contra el régimen pro-soviético, cuando los EEUU armaron a grupos fundamentalistas, bandas de narcotraficantes, jefes de clanes y señores de la guerra de todo tipo. Tras la derrota del gobierno, los mismos grupos armados por los EEUU, se volvieron contra éste, alimentando un movimiento pan-islámico por el sur y centro de Asia, los estados del Golfo, Oriente Medio y el Norte de África.

La fórmula Obama en Libia: usar mercenarios de todo tipo con el objetivo de conseguir resultados a corto plazo, se está volviendo ya en contra de los intereses de los EEUU. Las milicias fundamentalistas y los contrabandistas están enviando desde Libia toneladas de misiles tierra-aire, metralletas y fusiles automáticos, obtenidos del arsenal de Gadafi, a Egipto, Siria, Somalia, Sudán y a un sinfín de países.

En pocas palabras, las débiles relaciones entre los diferentes componentes del “gobierno” Libio, tiene toda la apariencia de conducir a Libia a un estado fallido. En estas condiciones, ni la OTAN, ni las petroleras van a poder establecer bases firmes de operación.

EEUU ha recurrido a ataques aéreos con misiles y con drones para debilitar a la resistencia, llegando a matar a algunos líderes insurgentes locales. Estos ataques han generado la repulsa de clanes enteros y en general de la opinión pública de los estados atacados. Los ataques con drones han matado a cientos de civiles, fomentando que sus parientes y otros habitantes de pueblos y ciudades se incorporen a la resistencia. Después de 3 años de intensos ataques aéreos con misiles, el gobierno de Obama no ha conseguido ni una sola victoria decisiva sobre los insurgentes. De hecho, los datos disponibles apuntan más bien hacia la situación opuesta. Las tribus del noroeste de Pakistán se han incorporado masivamente a la resistencia y la mayoría de los paquistaníes (80%) ve con malos ojos los ataques aéreos con drones que violan la soberanía de Pakistán, obligando hasta ahora al gobierno aliado a cuestionar sus conexiones militares con los EEUU. Tampoco en Somalia o Yemen, los ataques con drones y con las Fuerzas Especiales, han conseguido debilitar las protestas masivas de la población contra los gobiernos en cuestión. La guerra de alta tecnología se ha revelado como un pobre sustituto de la también fallida intervención terrestre en gran escala.

El tercer elemento de la “Doctrina Obama” consiste en intervenir de forma conjunta con una “tercera parte” o intervenir de forma multilateral. Este tercer elemento no ha resultado ni en Afganistán ni en Irak, y sólo ha funcionado de forma parcial en Libia. La fuerza multilateral en Irak se retiró relativamente pronto, incapaz de sostener los gastos de una guerra interminable que además gozaba de poco apoyo en los países de origen. Lo mismo ha ocurrido en Afganistán: la mayor parte de los soldados de la OTAN abandonaran el país antes de la retirada de los EEUU. La intervención multilateral en Libia ha destrozado el país para las próximas décadas. La intervención multilateral se ha basado en la estrategia de entrar, bombardear y salir corriendo, dejando sobre el terreno a mercenarios conocidos por la brutalidad con la que actúan: violaciones, pillaje, tortura y ejecuciones sumarias. Sólo una descerebrada y depravada moral como Hillary Clinton ha podido cantar alabanzas y bailar una giga ante el acto de un sádico, cuchillo en mano, torturando a un presidente cautivo y convertirlo en una "victoria de la democracia".

El cuarto elemento de la “Doctrina Obama” es el uso de mercenarios. Estos han participado sin éxito en varias invasiones cuyo objetivo era proteger a gobiernos aliados de la insurgencia. Los EEUU financiaron la fallida invasión de Somalia por parte de la dictadura etíope. Invasión cuyo objetivo era mantener en el poder a un corrupto e impopular gobierno atrincherado en la capital del país. Le siguió la invasión de Somalia por parte del ejército de Kenia, apoyado por los EEUU. La intervención ha conllevado la masacre y hambruna de cientos de miles de refugiados somalíes de los campos del norte de Kenia y el sur de Somalia y a numerosas emboscadas mortales por parte de la resistencia islámica nacional. La intervención militar por parte de mercenarios no ha ayudado a mantener al gobierno somalí en el poder, sino que ha generado aún más oposición nacionalista.

En Bahrein la invasión del país por el ejército de Arabia Saudí, con apoyo de los EEUU, ha permitido mantener temporalmente la monarquía despótica en el poder, pero sin acallar las demandas del movimiento pro democrático.

El quinto elemento de la “Doctrina Obama” consiste en el uso de Fuerzas Especiales, grupos de hasta 500 soldados o más, altamente entrenados y fuertemente armados, cuyo objetivo es asesinar líderes insurgentes, aterrorizar a la población civil que les apoya, o actuar de columna vertebral de las fuerzas locales aliadas de los EEUU. Un buen ejemplo es el envió de Fuerzas Especiales a Uganda. Hasta ahora no hay noticias de ninguna victoria decisiva, incluso en este pequeño país. Probablemente en el futuro el uso de las Fuerzas Especiales se limite a zonas geopolíticas de interés económico especial, que tengan movimientos de resistencias relativamente débiles, y sólo de forma “complementaria” a los ejércitos locales.

El elemento final, y a su vez el más importante de la “Doctrina Obama”, es la promoción de levantamientos civiles o militares, y la creación de líderes locales que puedan “cooptar” movimientos populares, evitando que éstos asuman posiciones antiestadounidenses.

En Siria, Washington y la Unión Europea han incitado un levantamiento armado sectario y regional, cuyo objetivo es derrocar al gobierno nacionalista autoritario de Assad. Jugando al juego de las demandas democráticas y apoyados en la hostilidad de los fundamentalistas contra el gobierno secular, los EEUU y la UE han urdido, con la colaboración de los Estados del Golfo y Turquía, una triple estrategia. Las estrategias son: el uso de sanciones externas, los levantamientos populares y la resistencia armada contra la mayoría secular de ciudadanos y el ejército que apoyan a Bashar Assad. La política de Obama se apoya en la propaganda de los medios de comunicación y en los agravios de ciertas regiones, para generar una fuerza suficiente como para “cambiar el régimen”.

Paralelamente a la política “desde el exterior” llevada a cabo en Siria, en Egipto y en Túnez, en estos dos últimos países se ha optado por una estrategia aplicada desde el interior. Enfrentándose a las protestas obreras, nacionalistas y pro democráticas en Egipto, Washington ha financiado y apoyado el golpe de una junta militar. Esta promueve las mismas políticas interiores y exteriores usadas anteriormente por Mubarak para preservar la estructura económica del régimen. Obama y Clinton han apoyado, mientras evocaban cínicamente el espíritu de la Primavera Árabe, a los tribunales militares que juzgan, torturan y encarcelan a miles de activistas pro-democráticos.

A corto plazo, la doctrina Obama apoyada en la subversión civil-militar, promovida tanto desde el exterior como desde el interior de los propios países, ha conseguido acallar los prometedores levantamientos antiimperialistas surgidos a principios de 2011. Sin embargo, las grandes diferencias surgidas entre los nuevos líderes “reciclados” y los movimientos pro-democráticos, han generado llamadas a un segundo levantamiento, para deponer a los oportunistas que “han subvertido las protestas”, traicionando los principios democráticos de aquellos que se esforzaron en derrocar a las dictaduras clientes de EEUU.

Conclusión: La “Doctrina Obama”

La “Doctrina Obama” puede catalogarse como un conjunto de políticas improvisadas que no parece que haya podido revertir el declive del imperio estadounidense. Sin embargo el deterioro de la influencia de los EEUU en los países árabes no deja de carecer de ciertos “avances tácticos”, especialmente a raíz de la cooptación de varios líderes islámicos en Libia, Siria, Túnez y en el reacomodamiento de los generales de Mubarak en Egipto.

El gobierno de Obama esconde, tras los eufemismos, la escala y la relevancia de las derrotas políticas y diplomáticas sufridas: la retirada de tropas de Irak se presenta como una “misión de cambio de gobierno exitosa”, menospreciando la creciente violencia civil y gubernamental entre facciones rivales. La “retirada” de Afganistán, es en realidad una derrota militar. Los talibanes y sus fuerzas aliadas, constituyen ya un gobierno paralelo en la sombra por todo el país, y el ejército mercenario financiado por el Pentágono con miles de millones de dólares, está infiltrado por militantes nacionalistas e islámicos.

El gobierno presenta los “bombardeos con drones” como una exitosa arma contra insurgente, y se publicita a bombo y platillo como la alternativa viable a la invasión armada por parte de un ejército de tierra. Sin embargo los “drones” y los asesinatos perpetrados desde éstos, no son más que éxitos publicitarios, ya que tienen un impacto reducido sobre la decadente situación política.

A nivel diplomático el declive de los EEUU es aún más notorio. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha votado en contra de las propuestas estadounidenses concernientes a Cuba. Por otra parte la admisión del Estado de Palestina en la Unesco ha supuesto una gran contrariedad a la política del gobierno Obama. Los EEUU han recortado en represalia el apoyo financiero de las Naciones Unidas, reduciendo aún más la influencia diplomática de los EEUU.

Incluso la OTAN se niega a seguir a Obama en su próxima aventura militar. El gobierno Obama -sometiéndose servilmente al brazo político de Israel en los EEUU: los 52 “Presidentes de las Mayores Organizaciones Judías-Estadounidenses”- prepara con Israel un ataque conjunto a Irán.

El gran peligro de la “Doctrina Obama” es que se concentra en los efectos “locales” a corto plazo. El bombardeo aéreo y marítimo de las instalaciones nucleares y militares de Irán, complacerá al presidente de Israel y garantizará el apoyo de las organizaciones sionistas-estadounidenses a la reelección de Obama. Sin embargo no tiene en cuenta la capacidad de Irán de cerrar el paso petrolero más importante del mundo, el estrecho de Ormuz.

La victoria aérea sobre Irán, no podrá evitar los ataques terrestres contra las fuerzas estadounidenses por todo el Golfo. Todos los Estados petroleros aliados de los EEUU son susceptibles de ataque. Los misiles iraníes de largo alcance provocaran el terror en Israel, antes incluso de que los consejeros sionistas de Obama puedan descorchar una botella de champán para celebrar la “victoria aérea” sobre Teherán.

La “Doctrina Obama” de ataques aéreos desde el exterior, aplicada al caso de Irán, generaría un conflicto monumental. Conflicto que superaría fácilmente las terribles consecuencias de las intervenciones terrestres en Irak y Afganistán. La “Doctrina Obama” consiste en un conjunto de políticas improvisadas en respuesta a un problema común: cómo mantener la dominación imperial ante la ineficacia de las políticas de ocupación colonial. La victoria táctica alcanzada en Libia, y las oportunidades generadas por las revueltas en Siria, han generado la necesidad de formular una nueva estrategia global. La colaboración desde el interior de los Estados es básica, especialmente si goza de poder institucional (como los militares en Egipto), o de influencias sobre la sociedad civil (en el caso de los movimientos islámicos en Siria).

El intento de transformar los éxitos obtenidos hasta el momento en una estrategia general, caerían en una falacia. Irán no es Libia: tiene poder militar y se halla lo suficientemente cerca como para arrasar las débiles dictaduras del golfo. Israel puede lanzar una guerra contra el mundo islámico, pero sería una batalla perdida. Las derrotas diplomáticas de Israel en la ONU no se deben a que haya 193 países “antisemitas”. La troika sionista, israelí y estadounidense se está masturbando mutuamente en un cuarto de baño. Pueden despotricar y morirse de rabia e incluso precipitar una guerra apocalíptica, pero Obama y Netanyahu se hallan al margen de las dinámicas globales. Sus políticas son reacciones impotentes ante los movimientos populares que sueñan con transformaciones históricas, las cuales han comenzado ya a penetrar el centro del imperio: Wall Street y Tel Aviv.

La “Doctrina Obama” está condenada al fracaso porque no es capaz de reconocer que el declive del imperio no es un simple problema táctico, sino que nos hallamos ante el colapso sistémico del edificio imperial. Las grietas en el exterior han comenzado a generar revueltas en el interior.

[1] Thomas Shanker and Steven Lee Myers “US Planning Troop Buildup in Gulf After Exit from Iraq”, New York Times, Oct. 29, 2011.

Traducido para Rebelión por Pedro Gómez

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=140073

Imágen agregada RCBáez

Libia: pensamiento imperial y democracia global

lunes, 14 de noviembre de 2011
Por Eliades Acosta Matos

Asesinato_gaddafi_001Los videos sobre el linchamiento de Muamar el Gadhaffi, y el degollamiento de uno de sus hijos fueron inicialmente conocidos gracias a Al Jazeera, no a la CNN, ni Reuters, ni Deutsche Welle, ni TVE, ni Fox News, ni la BBC. Estas, con la pulcra disciplina de los mayordomos, solo obedecían la consigna de transmitir poéticas y enternecedoras imágenes de sus Freedom Fighters. Puede revisarse la iconografía publicada de esta nueva operación imperialista y se comprobará que se trata de una cuidadosa puesta en escena; la construcción de una moderna poética de la contrarrevolución y el hegemonismo neocolonialista. Y fue efectiva: de inicio, el mundo calló y aceptó como bueno un crimen monstruoso, cometido contra el pueblo libio y sus líderes, tanto como el que, en su momento, cometiesen estas mismas fuerzas del pasado contra Lumumba, el Che, Salvador Allende o Nurden Mohamed Taraki.

Puede aceptarse que Gadhaffi, y su propia coherencia como líder revolucionario, no llega a la altura de los demás mencionados, pero también es inaceptable que, a pesar de sus errores y limitaciones, hagamos con nuestro silencio, el juego al imperialismo y al colonialismo que lo masacraron junto a su pueblo. Adoptar una actitud vergonzante ante un genocidio monstruoso, como el que presenció, impasible, el mundo, es validarlo. Y otorgar un cheque en blanco a los asesinos para que continúen matando.

No importa, en rigor, si Gadhaffi cometió errores o no permitió en su país el rejuego político, al estilo occidental. Esas eran cuestiones a resolver por los libios, no por Estados Unidos ni la OTAN. Tampoco si tenía un colorido guardarropa, cuatro enfermeras ucranianas, o era custodiado por un cuerpo de bellas amazonas. No caigamos en la trampa de la trivialización imperial. El error de Gadhaffi, se ha comprobado, no fue el haber sido revolucionario, nacionalista, antiimperialista y anticolonialista, sino que no lo fue consecuentemente, y hasta el fin. Su más craso error estratégico fue haber creído en el honor y la seriedad de quienes jamás le perdonaron haber dado conciencia de su dignidad, su independencia y soberanía a un pueblo del Tercer Mundo, afectando, de paso, las ganancias derivadas de la explotación inmisericorde de sus recursos naturales. Esas potencias del ayer, primero tomaron los millones que les proporcionaron los negocios que un iluso Gadhafi les facilitó, y luego tomaron la sangre de su pueblo, de su familia, y de él mismo. Y de paso aplastaron la independencia, la soberanía y el ejemplo de una revolución como la libia, para hacerse de nuevo con el dinero fácil derivado de la explotación de su petróleo.

No creo en la genialidad ni la omnipotencia de los staff creativos de las agencias de inteligencia del imperio. Son falibles, predecibles, aburridos y, frecuentemente, burdos. El caso libio lo demuestra. Ya sabemos que contra Gadhaffi y su pueblo se apandillaron, en obsceno compadrazgo, todos los poderes imperiales de la Tierra. Había que dar un ejemplo, a como diese lugar, y creen haberlo dado. Analicemos la leyenda que nos han intentado vender:

Un avión no tripulado yanqui, supuestamente, detectó el movimiento de los autos en que se retiraba de Sirte el líder libio. Los aviones de la OTAN habrían bombardeado la caravana, hiriéndolo levemente. El resto del cuento es conocido, incluyendo las imágenes de las turbas de hienas cobardes y linchadoras que acabaron con su vida. Hoy se sabe que los servicios de inteligencia alemanes conocían de su paradero exacto en Sirte, y que por lo tanto, no hacía falta esperar su retirada, ni un bombardeo. Tengo la firme convicción, derivada de mis estudios anteriores sobre las guerras culturales imperiales, el análisis de las estrategias mediáticas en el caso libio, y el conocimiento de la Historia, que lo que se nos ha presentado es una macabra y repugnante puesta en escena, un montaje mediático para cerrar el proceso de satanización de un líder tercermundista, concluyendo con lo que la CIA llamaba, desde los tiempos de la operación PBSUCESS, que en 1954 acabó con el gobierno de Jacobo Arbenz, en Guatemala, como “asesination of charácter”.

El escenario y las circunstancias fueron cuidadosamente escogidos para lograr la humillación y el desprestigio de Gadhaffi y la desmovilización de sus seguidores. El problema a resolver por los staffs creativos del imperio, fervientes fanáticos de las operaciones simbólicas y culturales que caracterizan las Guerras de Cuarta Generación de nuestra época, fue el mismo al que se enfrentaron cuando la guerra de Iraq y la búsqueda de Saddam Hussein: cómo impedir que los líderes enemigos, una vez capturados o eventualmente asesinados, se conviertan en héroes y mártires, y en consecuencia, en factor de movilización de sus pueblos. La experiencia del Che, convertido en el símbolo rampante de las luchas antiimperialistas del pasado y el presente siglo, renacido de su muerte, pujante y combativo, les enseñó a cuidarse más de las batallas culturales que de las físicas.

Entonces llegó el final, digno de una ópera wagneriana, a fuerza de rotundo, oportuno, y sospechosamente perfecto: un Gadhaffi fugitivo, escondido en una alcantarilla, es detenido, aparentemente sin combatir, por su “propio pueblo”, al grito de “Alá es grande”. Fervorosos islamistas terminan haciendo “justicia”, a pesar de los ruegos de clemencia del “dictador” (que no se aprecian en ninguna de las versiones conocidas en video). Ya ha trascendido que fue, en realidad, capturado tras un combate sostenido con tropas especiales inglesas y qataríes, siendo luego servido en bandeja a la turba linchadora. Y como cierre, el tiro de gracia dado, supuestamente, por un joven fotogénico, símbolo de la “Nueva Libia” pro-americana, y pro-colonialista, con una gorra de los New York Yanquees. Sin dudas, un guiño pícaro, intertextual, tipo Woody Allen; una especie de marca de autor de los coreógrafos de esta patraña.

Ya lo declararon las nuevas autoridades libias: no hubo autopsia del cadáver. Y para que todo quede perfecto, la ONU y Amnistía Internacional, en funciones de CSI imperiales, afirman que investigarán las circunstancias de estas muertes, o sea, que no pasará nada.

Llegado el momento, y no habrá que esperar mucho, toda la verdad se abrirá paso. El colonialismo y el imperialismo no han cambiado: son los mismos desde los tiempos de la Comuna de París, la República española, el Chile de Allende, o la Guatemala de Arbenz. Sus herramientas para subvertir y derrocar gobiernos siguen siendo, en esencia, los mismos, solo que ahora los pueblos disponen de herramientas difíciles de controlar: los celulares, las redes sociales, los medios alternativos, Internet… y su propia memoria y experiencia histórica enriquecida por la vida.

En Gadaffi, como en su momento con Lumumba, las potencias imperialistas y coloniales han saciado las más bestiales ansias de venganza y odio contra líderes africanos y tercermundistas, que osaron enfrentarlas. El mensaje es claro: no se permitirá la menor rebelión, el menor desacato, la más mínima resistencia, o lo que es lo mismo, queda prohibido, so pena de linchamiento y satanización eterna, toda medida que limite o corte el flujo de ganancias que nutre la avaricia insaciable del capital global.

Pero los imperios también aprenden de sus errores: el mismo día que se asesinaba cobardemente a Gadaffi, sin que se inmutaran los millones que en el mundo lloran cuando se tala un árbol en el Amazona, o matan una foca en el Ártico, Obama anunciaba,¡ oh que extraordinaria causalidad!, que comenzaba la retirada definitiva de sus tropas de Iraq. Una decisión polémica y peligrosa, oportunamente compensada, ante la opinión pública, con la euforia de ver, a uno de sus principales “enemigos”, sufrir y morir humillado. Lo que Obama hizo es intentar cerrar, definitivamente, una peligrosa brecha, gracias a la cual el buque imperial, peligrosamente, hacía aguas: no la de los gastos de una guerra que no han podido, ni podrán ganar, sino la de las bajas norteamericanas que ha costado, y cuesta. Por eso en Libia la estrategia desestabilizadora fue diferente: ordenar el trabajo sucio a la OTAN, entregar $ 1100 millones de USD, que fue el aporte reconocido por el gobierno norteamericano a esta campaña, y no exponer hombres en el terreno. Al menos, no de tropas regulares, pues está por conocerse el accionar de unidades y oficiales de tropas especiales norteamericanas y europeas en suelo libio. De ahí que un eufórico Vicepresidente Biden, esa versión postmoderna del “Hombre Invisible” en la Casa Blanca, haya declarado que Estados Unidos había logrado deshacerse de Gadhaffi “… sin perder un solo soldado”

¿Cuáles son las lecciones que se desprenden del caso libio? ¿Qué cambios, en las tácticas, estrategias y en la propia mentalidad imperialista, expresan? ¿Qué significado tiene para el futuro de la democracia global, y especialmente, para los procesos políticos y los gobiernos progresistas y de izquierda que existen en América Latina?

En aras de la concisión, resumiremos nuestra opinión en los siguientes puntos:

1) La esencia del capitalismo global, y de los gobiernos imperialistas se mantiene inalterable en nuestra época: es la misma desde su surgimiento, y sigue guiando su relación con el Tercer Mundo. No es más humano, ni menos bárbaro, ni más democrático, ni más pacifista, ni menos ambicioso o explotador. En tiempos de crisis global, de decadencia del liderazgo norteamericano, de unipolaridad y pensamiento único, se está tornando más agresivo y menos interesado en ocultar esas esencias, dejando a un lado las hojas de parra con las que se cubrió en tiempos de la Guerra Fría, a saber, la supuesta defensa de la libertad, de la cultura occidental y de la democracia.

2) Si bien las experiencias fallidas de Iraq y Afganistán frenaron, hasta ahora, el despliegue definitivo y total del proyecto neoconservador de contraofensiva del capitalismo, y la aplicación de un programa de contrainsurgencia universal, o de contrarrevolución a escala planetaria contenido en el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, de 1997, los apremios de la realidad y las nuevas experiencias desestabilizadoras, basadas, primero, en el modelo de la teoría y la práctica del “Soft and Smart Power”, del que Obama es el paradigma, y en la cooptación de las llamadas “revueltas o revoluciones democráticas”, iniciadas en Túnez y Egipto, son testimonio de que tales planes, lejos de haber sido desechados, han sido reciclados y están siendo puestos en vigor, de manera planificada y sistemática, como demuestra el caso libio. Estados Unidos acaba de anunciar la retirada “temporal” de su Embajador en Siria, debido a “amenazas recibidas”, lo cual indica, con antelación, donde presenciaremos el siguiente capítulo de este folletín macabro.

3) Libia pone sobre el tapete un elemento de suma peligrosidad: la derrota transitoria de una revolución antiimperialista y anticolonialista por una contrarrevolución que se sueña de nuevo tipo, sin serlo, apoyada en poderes hegemónicos extranjeros, y llevada a cabo de manera aséptica, a un costo irrisorio para estos. Al menos, en su versión mediática, que como es sabido, está en las antípodas de la realidad y la verdad. Si nos remontamos a la historia del Siglo XX, algo similar sucedió en 1953 en Irán, cuando la CIA norteamericana y el gobierno británico, mediante la entonces novedosa y creativa operación PBAJAX, lograron el derrocamiento del gobierno nacionalista de Mossadegh. Alentados por lo que consideraron una operación desestabilizadora perfecta, la saga continuó al año siguiente con el derrocamiento de Arbenz, luego de Perón, Juan Bosch y así, sucesivamente, hasta llegar al derrocamiento de Allende, en 1973. Aquí la maquinaria se detuvo, urgida de ajustes, por el elevado costo político que implicó esta última operación. Lo sucedido en Libia, y la inercia del pensamiento instrumental imperial preludian la repetición del nuevo esquema, primero en otros países del Oriente Medio y África (Siria, Yemen, Irán) y luego, en otras regiones del mundo, especialmente en América Latina (Cuba, Venezuela, Nicaragua. Ecuador). El tímido y chapucero intento, en el caso del golpe de estado en Honduras, promete regresar acrecentado y con olor a “rebelión popular o de sociedad civil indignada”.

Debe recordarse que, bajo la “cruel tiranía de Gadhaffi”, esa misma Libia martirizada y reducida a cenizas por la “liberación democratizadora” de la OTAN y Estados Unidos, pasó de ser uno de los países más pobres de África al que más alto nivel de vida brindaba a sus habitantes. Datos que aún pueden consultarse en los reportes anuales de la OMS, la ONU y la UNESCO, lo señalan como poseedor de 2 décimas por encima de los países con más alto Indice de Desarrollo Humano del mundo; con una tasa de escolarización superior al 89%, y con una esperanza de vida de 75 años. Y eso, para los estándares habituales que presentan las empobrecidas naciones africanas, son datos muy relevantes.

Precisamente, el haberlo logrado, a pesar de la hostilidad abierta del imperialismo y el colonialismo, y constituir un ejemplo de que se puede escapar del infierno a que la explotación de los países del Tercer Mundo condena a sus pueblos, es una de las razones que explican la saña con que se ha barrido de la faz de la tierra los frutos de décadas de trabajo abnegado del pueblo libio.

4) El modus operandi imperial es obvio y repetitivo: mediante la diplomacia pública y las operaciones encubiertas de aliento a la subversión en países “hostiles”, con los que, a pesar de todo, se mantiene relaciones diplomáticas, se va logrando construir una constelación de satélites que comienzan a girar en la órbita escogida, siempre alimentados por los generosos donativos de organismos y organizaciones internacionales no gubernamentales. La sociedad civil es alentada y dirigida, financiada y politizada; las campañas que despliegan y hasta las consignas y símbolos de sus protestas son generados en los laboratorios culturales imperiales, recibiendo, de inmediato, la más amplia cobertura mediática. De esta manera se fabrican “héroes y mártires”, cuyas demandas se sintonizan, cuidadosamente, con la sensibilidad occidental. Se dota a este engendro antinatural, nacido por manipulación genética, de un look glamoroso, joven, libertario, democrático, femenino y plural, distendido y simpático, siempre pro-norteamericano y pro-occidental, en contraposición a los regímenes a los que se oponen, que son satanizados de manera sistemática e inmisericorde, y presentadas como bárbaras dictaduras en manos de crueles tiranos, cuyo tiempo histórico ya ha pasado. Para esto último, los poderes imperiales disponen de enormes recursos y un gran arsenal creativo, además de las herramientas que recomiendan ideólogos como Joseph Nye(promotor del “Soft and Smart Power”) o estrategas como Martin Van Cleveld, Thomas X. Hammes y William S. Lind(promotores de la teoría de las Guerras de Cuarta Generación).

5) La mentalidad contrainsurgente imperial, la misma que se destina para lidiar contra las revoluciones, los gobiernos, pueblos, partidos y movimientos políticos, redes y grupos sociales, y simples personas “diferentes”, o sea que no aceptan pasivamente las reglas del mundo unipolar y de pensamiento único, ha ido avanzando hacia una nueva concepción de lucha. Esta parte de la utilización de tácticas y estrategias revolucionarias del pasado, vaciadas de su contenido revolucionario original, invertidas, cambiadas de signo y, finalmente, utilizadas contra las propias revoluciones con un nuevo carácter: el de contrarrevoluciones restauradoras con ropaje liberal y progresista y un glamoroso look juvenil, precursoras de un acceso irrestricto y jubiloso al consumo capitalista, a las nuevas tecnologías y al mundo global.

¿Qué son las importadas “Damas de Blanco”, en Cuba, sino la imagen invertida y con signo contrario, pero con tácticas de lucha similares, de las gloriosas “Madres de la Plaza de Mayo”, de Argentina?

¿Qué son estos “Freedom Fighters” libios, posando para las obsequiosas cámaras de Occidente, en poses de Rambo y luciendo equipos militares relucientes y uniformes impecables, sino las versiones imperiales de los jóvenes palestinos de la Intifada, que pelean con piedras, y a pecho limpio, contra la ocupación israelí?

Nunca antes, como en las más modernas versiones de la teoría de la contrainsurgencia imperialista y las Guerras de Cuarta Generación, los servidores del capitalismo global han prestado tanta atención a la importancia de la cultura, los símbolos y las ideas. ¿No suena conocido esto?

6) El arsenal de validación imperialista de operaciones subversivas e injerencistas, como la de Libia, ha variado con los tiempos. Ya no puede hablarse de “Amenaza Roja”, ni del “Oro de Moscú”. También las sociedades humanas son más cultas y están mejor informadas, incluso, y a pesar de los pesares, hay mucho más canales universales de información independiente en Internet, por ejemplo, de los que jamás hubo. Las redes sociales permiten movilizaciones físicas y de opinión, en tiempo real, por ello las operaciones culturales preparatorias y justificativas de cada zarpazo imperialista tienen que estar envueltas en glamorosos ropajes postmodernos. Deben ostentar un evidente aire universal, y actuar con la rotundez de quien actúa siguiendo los cánones de una ciencia constituida y generalmente aceptada. Por eso es esencial, con mucha antelación, disponer de un arsenal teórico con el que se hay machacado la sensibilidad de la opinión pública, imponiendo modelos de juicio y valores que anteceden a los bombardeos y la matanza.

Algunas de estas nuevas herramientas teóricas imperiales son:

1) El pensamiento único y lo políticamente correcto.

2) La sacralización fundamentalista y unilateral de los derechos humanos, en detrimento de otros derechos, no menos universales, como los derechos sociales, ecológicos, a la diversidad cultural, etc.

3) La teoría de los “Estados fallidos”, los “Estados delincuentes” , las “intervenciones humanitarias”, y la fábula del “Caos creativo y el Nation Building”, ambas concepciones asentadas en la farsa de la “excepcionalidad norteamericana”.

4) La constelación de reportes y certificaciones de “buena conducta” a los demás países y Estados, en materias tan diversas como la lucha contra las drogas, el tráfico de personas o la “libertad económica”, cuya misión esencial es sembrar matrices de opinión, aislar y satanizar a las naciones que se oponen a los designios imperiales, para, en su momento, atacarlas, así como también “premiar” a sus aliados.

La tarea de definir, fertilizar y promover estas matrices de opinión corresponde a la bien posesionada red de instituciones académicas y tanques pensantes que actúa como una jauría de perros de Pavlov, siempre presta a reaccionar al tintineo de las monedas del imperio y el capitalismo global. Estas se encargan de silenciar el debate verdadero y fomentar el debate falso. Rand Corporation, Heritage Foundation, American Enterprise Institute, Brooklyn Institution, Cato Institute, por solo poner algunos ejemplos del mundo anglosajón, son muestra elocuente de ello. En el mundo hispanohablante, la patética versión flamenca de sus mayores norteamericanos, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) del señorito Aznar. Los grandes medios erigen en paradigmas científicos, convierten en oráculos inapelables y en verdades reveladas toda la pacotilla ideológica que se produce en estas maquilas de la estafa global.

Contra estos viejos y nuevos planes y métodos del imperialismo global en su actual etapa de “Pacificación definitiva del planeta”, las fuerzas revolucionarias y progresistas deben y pueden oponer, además de frenos de otro tipo, una barrera cultural y de ideas. No son omnipotentes, a pesar de su poderío militar. No son infalibles, a pesar de su tecnología. No son invencibles, a pesar de sus millones. América Latina lo está demostrando con el afianzamiento de sus procesos alternativos, y en las condiciones actuales, en ello radica su fortaleza y su riesgo. Los imperialistas pueden perdonar, quizás y muy remotamente, a un oponente militar, pero con su sensible olfato clasista y su experiencia histórica, jamás perdonan a quien promueva símbolos, ideas, esperanzas, razones y una cultura que tenga, como horizonte de arribo, a un nuevo mundo, posible y mejor. El ensañamiento contra Lumumba, el Che, Allende y ahora Gadhaffi, y contra el ejemplo de la Revolución cubana, así lo demuestra.

En estas circunstancias, resuenan con vigencia renovada aquellas palabras del Che, precisamente pronunciadas tras los monstruosos crímenes en el Congo, del colonialismo belga y el imperialismo yanqui: “No se puede confiar en el imperialismo, ni tantito así:¡ nada!”.

Aunque venga ataviado con una hermosa sonrisa en la tez oscura de Barack Obama.
Fuente: Cubadebate
Tomado de Entorno: Boletín Especial de Cubarte (Año 9 Número 90)

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Fidel: El papel genocida de la OTAN

viernes, 28 de octubre de 2011
Reflexiones del compañero Fidel: El papel genocida de la OTAN

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Esa brutal alianza militar se ha convertido en el más pérfido instrumento de represión que ha conocido la historia de la humanidad.

La OTAN asumió ese papel represivo global tan pronto la URSS, que había servido a Estados Unidos de pretexto para crearla, dejó de existir. Su criminal propósito se hizo patente en Serbia, un país de origen eslavo, cuyo pueblo tan heroicamente luchó contra las tropas nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Cuando en marzo de 1999 los países de esa nefasta organización, en sus esfuerzos por desintegrar Yugoslavia después de la muerte de Josip Broz Tito, enviaron sus tropas en apoyo de los secesionistas kosovares, encontraron una fuerte resistencia de aquella nación cuyas experimentadas fuerzas estaban intactas.

La administración yanki, aconsejada por el Gobierno derechista español de José María Aznar, atacó las emisoras de televisión de Serbia, los puentes sobre el río Danubio y Belgrado, la capital de ese país. La embajada de la República Popular China fue destruida por las bombas yankis, varios de los funcionarios murieron, y no podía haber error posible como alegaron los autores. Numerosos patriotas serbios perdieron la vida. El presidente Slobodan Miloševiс, abrumado por el poder de los agresores y la desaparición de la URSS, cedió a las exigencias de la OTAN y admitió la presencia de las tropas de esa alianza dentro de Kosovo bajo el mandato de la ONU, lo que finalmente condujo a su derrota política y su posterior enjuiciamiento por los tribunales nada imparciales de La Haya. Murió extrañamente en la prisión. De haber resistido unos días más el líder serbio, la OTAN habría entrado en una grave crisis que estuvo a punto de estallar. El imperio dispuso así de mucho más tiempo para imponer su hegemonía entre los cada vez más subordinados miembros de esa organización.

Entre el 21 de febrero y el 27 de abril del presente año, publiqué en el sitio web CubaDebate nueve Reflexiones sobre el tema, en las que abordé con amplitud el papel de la OTAN en Libia y lo que a mi juicio iba a suceder.

Me veo por ello obligado a una síntesis de las ideas esenciales que expuse, y de los hechos que han ido ocurriendo tal como fueron previstos, ahora que un personaje central de tal historia, Muammar Al-Gaddafi, fue herido de gravedad por los más modernos cazabombarderos de la OTAN que interceptaron e inutilizaron su vehículo, capturado todavía vivo y asesinado por los hombres que esa organización militar armó.

Su cadáver ha sido secuestrado y exhibido como trofeo de guerra, una conducta que viola los más elementales principios de las normas musulmanas y otras creencias religiosas prevalecientes en el mundo. Se anuncia que muy pronto Libia será declarada “Estado democrático y defensor de los derechos humanos”.

Me veo obligado a dedicar varias Reflexiones a estos importantes y significativos hechos.
Proseguirá mañana lunes.

Firma fidel
Fidel Castro Ruz
Octubre 23 de 2011
6 y 10 p.m.



 
 
 

La “defensa de civiles” se convierte en “derecho al saqueo”

lunes, 29 de agosto de 2011
Por Pepe Escobar, Asia Times Online. Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens



La “carga del hombre blanco” no permite que se pregunte a los africanos lo que piensan sobre el actual ataque occidental/árabe monárquico a las costas septentrionales de su continente. 

Por lo menos hay algunos que no se andan por las ramas. 
 
Más de 200 dirigentes e intelectuales africanos publicaron una carta en Johannesburgo, Sudáfrica, subrayando “el abuso del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para involucrarse en la diplomacia militarizada a fin de efectuar el cambio de régimen en Libia, así como la marginación de la Unión Africana”. 

En cuando a los “vencedores” occidentales en Libia, ya ni siquiera juegan a las estratagemas publicitarias. Richard Haass, presidente de esa Gotha del establishment estadounidense que es el Consejo de Relaciones Exteriores, escribió un artículo de opinión en el Financial Times en el que señala con descaro: “La intervención ‘humanitaria’ introducida para salvar vidas que se creía estaban amenazadas fue en los hechos una intervención política para producir el cambio de régimen”. 

En cuanto a esos despreciables actores en sus pequeños roles locales –libios de Cirenaica– Haass ya los envió al basural de la historia: “Los libios no serán capaces de administrar por su propia cuenta la situación que está a punto de emerger”, y con “dos millones de barriles de petróleo al día” en juego, la única solución es una “fuerza internacional”. Traducción: Ejército de ocupación – como en Afganistán e Iraq. Bienvenidos al neocolonialismo 2.0. 

Hora de retribución
 
Por lo tanto el establishment estadounidense es ahora tan descarado como los ricos chalados del tipo de Donald Trump. Trump dijo a Fox News: “Somos la OTAN. Respaldamos a la OTAN en lo que a dinero y armas se refiere. ¿Qué sacamos de ello? ¿Por qué no nos vamos a apoderar del petróleo?” 

En una especie geopolítica del “Día de la marmota”, realmente volvemos a Afganistán e Iraq: una orgía de saqueo, destrucción de estatuas, segmentos de vistoso reality show televisivo, incluso carteles en las calles vitoreando a la OTAN (Imaginad a los estadounidenses agradeciendo a los chinos por “liberar” Nueva York mediante bombardeos). 

Para no mencionar la idiotez de los medios corporativos. CNN ha desplazado a Trípoli hacia el este, al Mediterráneo oriental, algún sitio cerca del Líbano. La BBC mostró una celebración “rebelde” en la Plaza Verde de Trípoli colocada en… India, con banderas indias. ¡Salud a la integración total de la OTAN y de los medios occidentales y del CCG; CCG es el Consejo de Cooperación del Golfo, las seis ricas satrapías fundamentalistas conocidas también como el Consejo Contrarrevolucionario del Golfo! 

Considerando que el CCG prácticamente ordena a la Liga Árabe lo que debe hacer, no sorprende que la Liga haya reconocido al dudoso Consejo Nacional de Transición (CNT) rebelde, como gobierno legítimo del país, a pesar de que solo representa a Cirenaica e incluso a pesar de que el coronel Muamar Gadafi, el Gran G., sigue libre, con una recompensa de 1,6 millones de dólares por su cabeza. Supongamos que es la retribución porque Gadafi calificó al rey saudí Abdulá de “estúpido” durante los preparativos para la guerra contra Iraq. 

También parece que Libia ahora solo es un futuro emirato árabe, y que ya no tiene nada que ver con África. El CCG financió y armó a los “rebeldes”. La Unión Africana casi en su totalidad estaba contra la guerra de la OTAN y el CCG. Ergo, en lo que se refiere a la OTAN y el CCG: ¡al diablo con África! lo único que interesa realmente –estratégicamente– es una base militar/naval de Africom/OTAN en Libia. 

Y ahora otra Zona Verde
Es de conocimiento común que los agentes del SAS británico, la inteligencia francesa, la CIA, las fuerzas especiales de Qatar y mercenarios de todos colores fueron lanzados en paracaídas durante meses como operativos en tierra, planificando y entrenando a los “rebeldes” y en estrecha coordinación con ese prodigio filantrópico, la OTAN. 

Ese nunca fue el mandato de la ONU, ¿pero a quién le importa? La OTAN y el CCG pagaron las cuentas, la OTAN realizó los bombardeos y la OTAN y el CCG “estabilizarán” el lío, según un plan de 70 páginas filtrado por los británicos al Times de Londres de Rupert Murdoch. 

Solo los idiotas creerían el cuento previsible de que el plan fue elaborado por el Consejo Nacional de Transición (CNT) con “ayuda occidental”. La OTAN no sería tan desvergonzada –por lo menos al principio– para decidirse por caucásicos en tierra, de ahí la propuesta de que una “fuerza de tareas Trípoli”, equipada por los Emiratos Árabes Unidos (EAU) para que se haga cargo, pueda implementarse más temprano que tarde. La pregunta sabrosa es, ¿habrá mercenarios extranjeros (jordanos, sudafricanos, colombianos) entrenados por Blackwater, o miembros de tribus libias, en una nómina de los EAU? 

 ¿Y qué será lo próximo? ¿Un remix de la Zona Verde al lado de la Plaza Verde?
 
Es es casi tan delicioso como para que el embajador del CNT en la EAU, Aref Ali Nayed, lamente dolorosamente la filtración del plan mientras Bengasi confirma que es auténtico. 

Ahora también es de conocimiento común que la lucrativa reconstrucción de todo lo que bombardeó la OTAN beneficiará –¿a quién iba a ser?– a los “vencedores”: las naciones de la OTAN (Vea “El capitalismo siniestro cae en picado sobre Libia”, Rebelión, 25 de agosto). El líder del CNT, Mustafá Abdel Jail ha vuelto a confirmarlo en Bengasi. 

Hay que esperar fuegos artificiales –y globales– en lo que se refiere al saqueo. Incluso sin considerar la riqueza petrolera y de gas (aún inexplorada), los activos de Libia en el extranjero ascienden poor lo menos a 150.000 millones de dólares. El banco central de Libia, que ahora está a punto de ser privatizado, tiene al menos 143,8 toneladas de oro. Y luego hay por lo menos un suministro milenario de agua fresca, que había comenzado a ser explotado por Gadafi a través del espectacular proyecto multimillonario en dólares Gran Río Hecho por el Hombre (GMR, por sus siglas en inglés). 

Es otra respuesta sólida a la pregunta de por qué Francia se ha mostrado tan frenética por derrocar a Gadafi: las compañías francesas suministradoras de agua son las mayores del mundo, y el atractivo de privatizar un suministro de mil años de agua fresca hace que sus ejecutivos se sientan, bueno, burbujeantes. 

Por lo tanto como un vasto mercado nuevo, potencialmente muy lucrativo, Libia es lo indicado para las compañías europeas, directamente al otro lado del Mediterráneo, agregando todo un nuevo sentido a la doctrina humanitaria imperialista de R2P (“responsabilidad de proteger”); o como lo ha bautizado un lector de Asia Times Online: “derecho de saquear”). 

El primer ministro italiano Silvio “bunga bunga” Berlusconi ha actuado rápidamente, al reunirse en Milán con el primer ministro del CNT, Mahmud Jibril, directamente frente a la nueva bandera libia (que es en realidad la vieja bandera monárquica) junto a las banderas de Italia y la Unión Europea. 

Y pensar que hace solo un año el brioso Silvio organizó una fastuosa fiesta para su compinche –cuya mano gustaba besar– el Gran G., con sus 30 jinetes beduinos que desfilaron en caballos libios de pura sangre. 

En 2008, Silvio y Gran G. firmaron un tratado para enterrar la amarga era colonial 1911-1942, según el cual Italia gastaría 5.000 millones de dólares durante 25 años invirtiendo en infraestructura como carreteras y ferrocarriles; gracias al tratado por lo menos 180 compañías italianas obtuvieron subsiguientemente contratos libios e Italia se convirtió en el mayor socio comercial de Libia. 

Por lo tanto, inevitablemente, el líder del CNT, Mustafá Abdel Jalil, tuvo que asegurar que la nueva Libia tendrá “relaciones especiales” con todos los “vencedores” de la OTAN y el CCG de la guerra; y especialmente Italia. 

La próxima semana le tocará el turno de visitar Bengasi para tragarse un trozo de la sabrosa torta de la reconstrucción a Sheikh Abdulá bin Zayed, ministro de exteriores de los EAU; los EAU están repletos de constructores hambrientos, listos para participar, ya que los precios de los bienes raíces se derrumbaron en caída libre en los Emiratos. 

Y ahora la hoja de ruta
 
Mientras tanto, ¿qué pasa si Gran G. tiene el oro? El ex gobernador del banco central de Libia sostiene que en Trípoli hay, físicamente, al  menos 10.000 millones de dólares en reservas de oro. 

Por lo tanto, mientras soldados de SAS en vestimenta civil árabe y blandiendo los mismos Kalashnikovs que los “rebeldes” corren a la búsqueda de Gadafi “vivo o muerto”, al estilo Texas de George W Bush, el Gran G. podría estar comprando literalmente su lealtad tribal en oro. Para no hablar que cuenta con el apoyo de la tribu Gadafi (astutos cazadores nocturnos), de la tribu al-Magartha (francotiradores de primera) y de la mayor parte de la tribu de la esposa de Gadafi, los Warfallah (la mayor del país, con dos millones de personas). 

Por mucho que el CNT haya estado afirmando incansablemente que la Libia post Gadafi será pluralista y multicultural, la señal apunta a Ciudad Cenagal. 

Los árabes del norte desdeñan absolutamente a los bereberes del sur y viceversa. La gente de Tripolitania desdeña absolutamente a los salafistas en Cirenaicay viceversa. 

Con tanto botín en juego, es fácil visualizar una hoja de ruta que se desarrollaría como lo que sigue: 

Un débil gobierno títere del CNT; tropas de doctrina shock neoliberal que enajena a muchos que estaban acostumbrados a educación gratuita, servicios de salud gratuitos y vivienda gratuita; una fuerza guerrillera contra la ocupación extranjera; yihadistas-salafistas de otras latitudes árabes que salen a la palestra; pueblos del desierto que se desarrollan como bases de la guerrilla; oleoductos en el desierto sudoriental bombardeados; una réplica de Bagdad de 2004 a 2007; una ‘oleada’; un escenario de interminable guerra civil/tribal; y Afganistán 2.0 con un doble frente guerrillero: el grupo de Gadafi contra los rebeldes/OTAN, y los salafistas contra la OTAN, porque Occidente nunca permitirá que Libia se convierta en un Estado islámico. 

Gadafi realmente apuesta a que la operación conjunta OTAN/CCG convertirá Libia en el nuevo Iraq/Afganistán. Posiblemente a la propia OTAN le gustaría la idea. La obligaría a atrincherarse aún más en el norte de África. Permitiría el uso de las mismas tácticas imperiales de dividir para reinar, mientras las compañías occidentales ejercen sus opciones de Derecho a Saquear. 

Mantendrá a estadounidenses y europeos preocupados por otro argumento secundario más de la “guerra contra el terror” incluso mientras la recesión se lleva lo que queda de sus ahorros. Y mantendrá al complejo industrial-militar y a un surtido de contratistas de las armas y la seguridad con sonrisas en sus rostros. ¿Iraq/Afganistán de nuevo? ¡Qué venga!

Pepe Escobar es autor de “ Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War ” (Nimble Books, 2007) y “ Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge ”. Su último libro es “ Obama does Globalistan ” (Nimble Books, 2009).

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MH27Ak03.html

Imagen agregada RCBáez a partir de fotos de archivo

Tomado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=134775
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