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La Guerra Fría cultural: intelectuales al servicio de la CIA

martes, 17 de febrero de 2015
Por Ernesto Carmona*

Las 600 páginas de "La CIA y la Guerra Fría cultural", de Frances Stonor Saunders, recorren los millonarios esfuerzos de EE.UU. por imponerse sobre la cultura y el arte del campo socialista. 

Saunders caracteriza la Guerra Fría como la lucha por el control de las mentes entre los dos bloques políticos -socialismo versus capitalismo- que se confrontaron hasta fines de los 80. La eficacia del lavado de cerebro implementado por la CIA explicaría la sumisión europea de hoy a la política imperial de George W. Bush. 

“...Y la verdad os hará libres (Juan 8:32)” reza en las paredes de la CIA en Langley, Virginia. Sin embargo, la agencia elevó el embuste a la categoría de ideario filosófico. Acuñó la doctrina de “la mentira necesaria”, puso los dólares y aportó la retórica sobre “libertad” y “cultura”. 

Esta prédica libertaria inundó Europa y América Latina mientras EE.UU. aún aplicaba el apartheid y experimentaba fármacos de “control mental” en pacientes siquiátricos. En esos años, el FBI llevó a la silla eléctrica a Ethel y Julius Rosenberg, en un juicio amañado mientras el macarthismo arruinaba la vida de miles de ciudadanos acusados de pro comunistas. 

La CIA sostenía que la Unión Soviética perseguía a los artistas e intelectuales disidentes, justo cuando en EE.UU. ocurría lo mismo bajo el imperio de la delación y la caza de brujas. El pasado que abordó la escritora es prácticamente igual al presente. Sólo que ahora el “comunismo” tiene como sustituto al “terrorismo”. 

El Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC) fue el instrumento central de la operación ideológica de la CIA, constituido como una organización asentada en París con apoyo de los servicios de inteligencia francés y británico. Washington “pagó la música”… sin fijarse en gastos. Entre crímenes y golpes de Estado, la CIA se dio tiempo para funcionar también como ministerio de la Cultura. 

SARTRE NO SE CONTAGIÓ 
La revista Encounter -Encuentro- fue el “acorazado insignia” de esta operación. O más bien el transatlántico de lujo del Congreso norteamericano, porque pagó viajes, hoteles, becas, artículos, ediciones, conciertos y exposiciones. Pocos artistas e intelectuales se resistieron a aparecer en las 50 revistas “culturales” de la CIA y el CLC, a publicar sus libros en grandes tiradas, a que sus piezas musicales fueran ejecutadas por la Sinfónica de Boston o que sus obras fueran mostradas en exposiciones itinerantes del Museo de Arte Moderno de Nueva York. 

La CIA embaucó o utilizó a sabiendas a la intelectualidad europea y latinoamericana durante más de dos décadas. Cuando The New York Times destapó la olla, en mayo de 1967, todos dijeron “yo no sabía”. Encounter se hundió ese mismo año, lentamente, como el Titanic, pero... en 1996 fue reflotada en España como Encuentro. 

Excepto Jean Paul Sartre, Albert Camus y otros pocos, la Europa pensante cayó en las redes de la fachada cultural de la CIA, urdida por el agente Michael Josselson. La intelectualidad se mostró dispuesta a ingerir el discurso de “libertad cultural” y a repeler todo lo que oliera a Unión Soviética. Especial mención merece en este libro el "anarquista" inglés George Orwell, que fungió como activo militante reclutando a intelectuales que dudaban de ingresar a esta mafia. 

Desde el filósofo pacifista británico Bertrand Russell al ideólogo demócrata cristiano Jacques Maritain, las mentes más brillantes del Viejo Mundo se pusieron al servicio de EE.UU. La cruzada cultural fue financiada con partidas secretas del Plan Marshall y dinero lavado por la CIA a través de una docena de fundaciones estadounidenses. 

Bertrand Russell presidió la telaraña del CLC internacional. Dimitió cuatro veces, hasta que en 1956 se alejó para siempre. El centro en París tuvo también sucursales en otros países de Europa, América Latina y en India, además del American Committee for Cultural Freedom, que se disolvió en Nueva York en 1957, tras grandes pleitos internos entre “duros” y “blandos”. 

El CLC acogió como directivos, participantes activos o simpatizantes a Igor Stravinsky, Benedetto Croce, T.S. Elliot, Karl Jaspers, André Malraux, Ignacio Silone, Jean Cocteau, Isaiah Berlin, Ezra Pound, Claude Debussy, Laurence Oliver, Salvador de Madariaga y muchos otros. El líder del CLC en Chile fue Jaime Castillo Velasco, ideólogo de la DC y valiente defensor de derechos humanos durante la dictadura. 

Cuando el CLC se constituyó en Berlín, en 1950, la CIA pagó los gastos de 200 delegados y 4.000 asistentes recibidos por el alcalde Ernest Reuter, un ex comunista que conoció a Lenin. Entre otros acudieron Arthur Koestler, Arthur Schlesinger Jr. (después asesor de J.F. Kennedy), Sydney Hook (ex izquierdista radical), James T. Farrel, Tennessee Williams, el actor Robert Montgomery, David Lilienthal (jefe de la Comisión de Energía Atómica de EE.UU.), Sol Levitas (editor de New Leader), George Schuyler (editor del Pittsburg Courier) y el periodista negro Max Yergan. La presencia de “gente de color” contrarrestaba las críticas europeas a la segregación racial. 

También participaron los británicos Hugh Trevor-Roper (que resultó crítico y desde el principio sospechó la injerencia de la CIA), Julian Amery, A.J. Ayer, Herbert Read, Harold Davis, Christopher Hollis, Peter de Mendelssohn. Desde Francia llegaron Malraux, Jules Romain, Raymond Aron, David Rousset, Rèmy Roure, Ander Phillip, Claude Mauriac y George Altman. De Italia, Ignacio Silone, Guido Piovene, Altiero Spinelli, Franco Lombardi, Muzzio Mazzochi y Bonaventura Tecchi. 

En el festival Berliner Festwochen, convocado en 1964 por el alcalde de Berlín, Willy Brand, el CLC financió la participación de Günther Grass, Jorge Luis Borges, Langston Hughes, Roger Caillois, Woly Soyinka, Cleant Brooks, Robie Macauley, Robert Penn, Warren James Merrill, John Thompson, Ted Hughes, Herbert Read, Peter Russel, Stephen Spender, Pierre Emmanuel, Derek Walcott y muchos más, entre ellos Keith Botsford, encargado de la CIA-CLC para América Latina. 

La Fundación Fairfield fue la principal tapadera de la CIA para encubrir los gastos. En el rubro “Viajes y estudios” hubo una multitud de beneficiarios, entre otros Mary McCarthy, el pintor chileno Víctor Sánchez Orgaz, el poeta Derek Walcott, Patricia Blake, Margerita Buber-Neumann, Lionel Trilling y Alfred Sherman, colaborador de The Spectator. 

Los líderes del Comité Americano fueron Hook, Irving Kristol -después ferviente partidario de Reagan- y Sol Stein, un trío de ex izquierdistas. Entre los “blandos” figuraron Schlesinger, Koestler, Reinhold Niebuhr, Henry Luce, dueño de Time-Life, James T. Farrel, Richard Rovere, de The New Yorker, Norman Thomas, ex presidente del Partido Socialista y candidato a la Casa Blanca en seis ocasiones, y Phillip Rahv, director de Partisan Review. 

El CLC prefirió a intelectuales de Izquierda no comunistas o, al menos, a anticomunistas moderados tipo Bertrand Russell. Pero en Nueva York se impusieron los “duros”, como Lionel y Diana Trilling, y la conexión sionista de Jason Epstein, James Burnham, Arnold Beichmann, Peter Viereck, Clement Greenberg, Elliot Cohen, director de Commentary, y los izquierdistas Mark Rothko y Adolph Gottlieb. Pocos escritores y artistas de EEUU desoyeron los llamados del CLC, entre otros Arthur Miller, Norman Mailer, Erskine Caldwell, Upton Sinclair, Howard Fast, Ben Shahn, Ad Reinhart, Paul Robeson, George Padmore y John Steinbeck, quien después sucumbió, al final de su vida, apoyando la guerra en Vietnam.

LA CIA PAGÓ LA MÚSICA 
EE.UU. estimó que la música calaba la mente y la sensibilidad europeas más rápido que otras artes. Por eso, el lavado de cerebro comenzó con grandes conciertos, organizados por el agente Nicolás Nabokov, un mediocre y frustrado compositor ruso -primo del autor de Lolita-, quien organizó conciertos y festivales reclutando músicos alemanes, sin asco por su pasado nazi. Bien pagados, actuaron la Sinfónica de Boston y la soprano negra Leontine Pryce. Yehudi Menuhin, su maestro rumano Georges Enesco y los ex nazis Herbert Von Karajan y Wilhelm Furtwängler que recibieron becas y dinero. 

Desde su primer festival musical de 1951, Nabokov consiguió obras o actuaciones de Igor Stravinsky, Aaron Copland, Samuel Barber, del New York City Ballet, la Boston Simphony Orchestra, James T. Farell, W.H. Auden, Gertrude Stein, Virgil Thompson, Allen Tate, Glenway Westcott, la participación del Museo de Arte Moderno de Nueva York y de muchos otros. 

Tampoco negaron su colaboración Cocteau, Malraux, De Madariaga, Oliver, William Walton, Benjamin Britten, la Opera de Viena, la Opera del Covent Garden, la Trouppe Balanchine, Czeslaw Milosz, Ignacio Silone, Denis de Rougemont y Guido Piovene. El elenco de setenta artistas negros de la ópera Porgy and Bess hizo presentaciones por casi diez años. También actuaron Dizzy Gillespie, Marian Anderson, William Walfield, y multitud de artistas seleccionados por un comité secreto de presentaciones culturales coordinado con el Departamento de Estado. 

PROMOCIÓN DEL LIBRO Y LA LECTURA 
La CIA no descuidó los libros. Publicó millones de ejemplares además de lanzar tras “la cortina de hierro” miles de biblias. “Los libros son diferentes a todos los demás medios de propaganda -escribió uno de los jefes del Equipo de Acciones Encubiertas de la CIA-, fundamentalmente porque un solo libro puede cambiar de manera significativa las ideas y la actitud del lector hasta un grado que no se puede comparar con el efecto de los demás medios, (por lo que) la publicación de libros es el arma de propaganda estratégica (de largo alcance) más importante”. 

“Hacer que se publiquen o distribuyan libros en el extranjero sin que aparezca la influencia de EE.UU., subvencionando de forma encubierta a las publicaciones extranjeras o a los libreros” fue un objetivo de la CIA. “Hacer que se publiquen libros que no estén ‘contaminados’ por ninguna vinculación pública con el gobierno de los EE.UU., especialmente si la situación del autor es “delicada”. 

Cuatro cuartetos, de T.S. Elliot, fue arrojado como arroz sobre los países socialistas, mientras La tierra baldía se reproducía una y otra vez. Hubo versiones cinematográficas de los libros de George Orwell y se reprodujo Regreso de la URSS: el cero y el infinito, de André Gide y El libro blanco de la revolución húngara, de Melvin Lasky, un ex marxista que merodeó en el Cominform, la contraparte soviética del CLC. A fin de cuentas, los soviéticos no hicieron más que responder a lo que hacía la CIA. 

También se publicaron títulos de Herbert Lüthy, Patricia Blake, Max Hayward, Leopoldo Labedz, Bertrand de Jouvenel, Nicolo Tucci, Luigi Berzini, Boris Pasternak, Nicolás Maquiavelo, André Gide, Louis Fischer, Richard Wright, y... Anton Chéjov, traducido y publicado por la Chekhov Publishing Co., editorial subsidiada en secreto. La CIA también publicó a agentes de sus propias filas, como John Hunt, James Michener y William Buckley, a quien la agencia encomendó “que ayudase a otro intelectual, el marxista peruano Eudocio Ravines, a terminar su influyente libro El camino de Yenán. 

El esfuerzo editorial CIA-CLC reprodujo también La nueva clase, de Milovan Djilas, un estudio sobre la nomenklatura, y otros textos “significativos” editados por Frederick A. Prager Inc. Los “intelectuales propios”, en tanto, publicaban artículos en todos los medios influidos o controlados por la CIA. 

COMPAÑEROS DE VIAJE 
La CIA llamaba “compañeros de viaje” a los amigos de los comunistas, pero también reclutó los suyos para el CLC, de preferencia intelectuales progresistas bien vacunados contra el virus del comunismo. William Donovan, uno de los fundadores de la CIA, se hizo amigo en Europa de Antoine de Saint-Exúpery y de Ernest Hemingway. Hemingway, sin embargo, jamás se interesó en el CLC y terminó siendo espiado por el FBI durante 25 años, hasta su muerte en 1961. Edgard J. Hoover supo cuando el Nobel se internó con nombre falso en una clínica de Minnesota para tratarse una depresión que lo condujo al suicidio. 

Notorias compañeras de viaje del CLC-CIA fueron Hanna Arendt, ex pareja del filósofo alemán Martin Heidegger -quien no se llevó mal con los nazis-, y su íntima amiga, Mary McCarthy. 

También se involucraron, participaron y/o beneficiaron otros notables como Alberto Moravia, quien asistió a un evento “cultural” armado por Nabokov en 1960 en la isla veneciana San Giorgio, junto con John Dos Passos, Julian Huxley, Mircea Eliade, Thornton Wilder, Guido Piovene, Herbert Read, Lionel Trilling, Robert Pen Warren, Stephen Spender, Isak Dinesen, Naum Gabo, Martha Graham, Robert Lowell, Robert Richman, Franco Venturi, Iris Murdoch, Daniel Bell, Armand Gaspard, Anthony Hartley, Richard Hoggart y el indio Jaya Praksash Narayan, entre muchos otros. La Fundación Ford fue la más relevante lavadora de dinero para actividades “culturales”, aunque la CIA también levantó tapaderas propias y seguras como la Fundación Farfield, cuyo “palo blanco” fue “Junkie” Fleischmann, folclórico millonario que terminó creyéndose “mecenas” a costa del dinero ajeno. 
Además se usaron las fundaciones y/o fondos Andrew Hamilton, Bacon, Beacon, Borden Trust, Carnegie, Colt, Chase Manhattan, Edsel, Florence, Gotham, Hobby, Hoblitzelle, Kentfield, Josephine and Winfield Baird, J.M. Kaplan, Lucious N. Littauer, M.D. Anderson, Michigan, Rockefeller, Ronthelyn Charibable Trust, Shelter Rock, Price, etc. 

El dinero circuló por una maraña de sociedades culturales en cuyos consejos se repetían los nombres de directores de fondos, fundaciones, bancos y hasta agentes de la CIA. La agencia adquirió maestría en evadir impuestos por sus “donaciones” encubiertas y dificultó las investigaciones que en los 60 haría el congresista Wright Patman y en los 80, el senador Frank Church. 

LAS REVISTAS 
Las revistas financiadas por el CLC-CIA dieron trabajo a una multitud de colaboradores mediocres y desconocidos. El plan era “poner a navegar en primera clase a figuras de segunda”, en compañía de intelectuales relevantes que sabían o no para quién trabajaban. La agencia de noticias Forum World Features y las radios Europa Libre y Liberty emplearon una multitud de periodistas e intelectuales. La primera revista fue Der Monat, fundada en Berlín en 1949, como un “puente ideológico” con los escritores europeos, dirigida por Lasky, del trío que forjó estas redes (con Nabokov y Joselsson). 
Encounter llegó a ser la más importante, también dirigida por Lasky, gran censurador de los artículos críticos a EE.UU. de autores que de verdad creyeron estar haciendo “periodismo libre de opinión”. Preuves se fundó en París en 1951, como antagonista de Les Temps Modernes de Sartre y Simone de Beauvoir. Paris Review apareció en 1953, animada por George Plimpton y el agente de la CIA Peter Matthiessen: allí trabajó Frances Fitzgerald, hija del jefe de la CIA encargado de planificar el asesinato de Fidel Castro. 

En Italia aparecieron Libertá della Cultura y Tiempo Presente (1956), animadas por Silone y Nicola Chiaromonte como desafío a Nuovi Argumenti (1954), de Alberto Moravia. Nuova Italia, dirigida por Michael Goodwin, sólo recibió subsidios. Otro grupo, en el que también estuvo Silone, animó en Londres Censorship (1964-67), que en 1972 reapareció como Index on Censorship, financiada esta vez por la Fundación Ford. El periódico izquierdista francés Franc-Tireur recibió subsidios del CLC cuando lo dirigía George Altman, al igual que el Figaro Littéraire. En lengua árabe apareció Hiwar, en 1962. Transition, en Uganda, 1968; Quadrant, en Australia -todavía existe-; Quest en la India, 1955; y Jiyu, en Japón. Hubo otras que integraron la vasta madeja, como Forum, National Review, Science and Freedom y Soviet Survey. 

En EE.UU. hubo publicaciones propias y otras subsidiadas mediante compra de ejemplares que la CIA-CLC distribuía en Europa y el resto del mundo:

Partizan Review, Daedalus, Hudson, Kenyon, Poetry, Sewanee y The Journal of the History of Ideas. La CIA aportaba las plumas de Kostler, Chiaromonte, Mary McCarthy, Alfred Kazin y otros, por cuenta del American Committee. New Leader, a cargo de Levitas, recibía subsidios de Times Inc. a cambio de “información sobre tácticas y personalidades del comunismo en todo el mundo”. 

LIBRO CON FINAL ABIERTO 
Cuadernos fue lanzada en París en 1953 para penetrar el mundo intelectual de América Latina. Su primer director fue Julián Gorkin, dramaturgo y novelista hispano, co-fundador, en 1921, del Partido Comunista de Valencia, España, y ex activista del Cominform. Después que Cuba popularizó la revista Casa de las Américas, Cuadernos se transformó en los 60 en Mundo Nuevo, bajo la conducción del uruguayo Emir Rodríguez Monegal. Los grandes de la literatura regional, como el argentino Julio Cortázar, rehusaron publicar en sus páginas. 

Ya no existe el CLC, pero la CIA no ha abandonado su misión. En 1996 lanzó en Madrid la revista Encuentro, dirigida por el cubano Jesús Díaz, con financiamiento de la Fundación Ford y del Fondo Nacional para la Democracia, “organización privada sin fines de lucro” creada en 1983 “para promover la democracia a través del mundo”. También financia en Venezuela a las organizaciones empresariales que conspiran contra el gobierno de Hugo Chávez. 

“Siempre cabe la posibilidad de que un libro de ficción arroje alguna luz sobre las cosas que antes fueron contadas como hechos”, escribió Hemingway, en el prólogo de París era una fiesta. Saunders hizo lo contrario: relató hechos verídicos para desmontar una ficción que también atañe al presente.
 Una vez más, la realidad es superior a la ficción. Como el juego sucio no ha terminado, la historia tiene abierto el final. 

El hispano Javier Ortiz se formuló una pregunta inevitable: “¿Qué profesionales españoles de la comunicación serán los que trabajan para la CIA? No me refiero a gente que lo esté haciendo sin conciencia de ello -que de ésos puede haber toneladas-, sino a los que lo hacen a sabiendas, porque están en nómina”. Las dudas de Ortiz son válidas en todo el planeta y para todas las profesiones vinculadas a la cultura.

Fuentes: La Haine / cubarte.cu
Tomado de Cubaperiodistas
*Ernesto Carmona Ulloa es escritor y periodista chileno, nacido en Temuco. Se formó como periodista en la escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y es columnista de varias publicaciones de América Latina, EEUU y Europa.

Washington y el atentado contra el avión de Cubana

jueves, 10 de octubre de 2013
Por Hernando Calvo Ospina*
“¡Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente! ¡Tenemos fuego a bordo!”
Era la voz angustiada de uno los pilotos de la nave de Cubana de Aviación al comunicarse con la torre de control del aeropuerto de Seawell, Barbados. Hacía unos nueve minutos había despegado.
- ¡Nos estamos quemando intensamente!
- ¡Eso es peor! ¡Pégate al agua! ¡Felo, pégate al agua!”
Fueron las últimas palabras que escucharon los controladores. Eran las 12h:28 de ese 6 de octubre de 1976. Convertido en una bola de humo y fuego, el avión cayó al mar. Perecieron sus 73 pasajeros. Cinco minutos antes se había producido una explosión en su interior. El vuelo CU-455 había salido de Guyana, realizado escala en Trinidad y Barbados, y se dirigía a Jamaica para finalizar recorrido en La Habana.

Esa misma noche los dos responsables fueron capturados por la policía de Trinidad. En la mañana habían subido al avión en esa isla caribeña y aterrizado en Barbados, luego de depositar el explosivo. Al saber del “éxito” de su acción el nerviosismo los tomó por asalto, decidieron dejar el hotel y regresar a Trinidad. 

Ya en esta otra isla, en el trayecto a un hotel, creyendo que el conductor del taxi no entendía español hablaron del estallido del avión. Su estado de casi pánico los hizo sospechosos. Luego de dejarlos, el taxista fue a la policía. Poco después de su arresto, los dos hombres reconocieron su culpabilidad. Eran los venezolanos Hernán Ricardo y Freddy Lugo.

Con sus declaraciones muy pronto se llegó a quienes habían planificado el acto terrorista. Las autoridades venezolanas allanaron las oficinas de las empresas de seguridad de Luis Posada Carriles, donde encontraron, entre otros, las grabaciones de los mensajes que Ricardo había hecho. Desde los hoteles de las islas caribeñas había informado a Posada que “el ómnibus” se había hundido “con los perros adentro”.

Posada Carriles había sido reclutado por la CIA en 1960. Fue de los seleccionados para participar de las operaciones especiales de sabotaje contra la Cuba revolucionaria. En una entrevista dada al New York Times el 12 de julio de 1998 Posada Carriles dijo: “La CIA nos lo enseñó todo... todo. Cómo usar explosivos, cómo matar, hacer bombas... nos entrenaron en actos de sabotaje.” Después de la Crisis de los Mísiles, octubre de 1962, Posada Carriles se enroló en el ejército estadounidense, graduándose de oficial.

Según cuenta en su autobiografía (1), en 1969 viajó a Venezuela donde fue incorporado a los servicios de seguridad política de ese país. “Unos pocos fuimos recomendados a diferentes gobiernos, para actuar como instructores de personal en el campo de la lucha antisubversiva o como asesores en materia de seguridad nacional.” Ahí llegó a ocupar el cargo de Comisario Jefe en la Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención, DISIP. “Desde mi posición combatí sin tregua a los enemigos de la democracia venezolana.” Lo que significó la tortura y muerte a muchos ciudadanos de la oposición, no sólo armada. Aunque seguía guardando el contacto directo, en 1974 se desvincula oficialmente de la DISIP para crear su propia empresa de seguridad, para lo cual viaja a Estados Unidos a adquirir el material necesario.

El otro detenido como autor intelectual del atentado terrorista fue el cubano y ex pediatra Orlando Bosch Ávila. Seis días después de la salvaje acción, el New York Times informó que Bosch podría ser uno de los responsables. Entonces se conoce públicamente que el terrorista estaba en Caracas. Aunque buscado por el FBI, por haber violado la libertad condicional que tenía por un atentado terrorista, Bosch había llegado al aeropuerto de Caracas en la noche del 7 de septiembre de 1976. “Llegó a Venezuela procedente de la República Dominicana, con escala en Nicaragua”, narró en su libro Posada Carriles, quien estuvo en el comité de recepción. En Managua el cónsul venezolano le había entregado una visa especial, ante “instrucciones” del alto gobierno de su país. Bosch portaba un pasaporte dominicano con nombre falso.

Bosch fue alojado en uno de los principales hoteles de Caracas, y al día siguiente es trasladado hasta las oficinas de la DISIP donde le extendieron un carné de funcionario. “Desde ese momento, el Dr. Bosch está investido de una autoridad que le permite portar toda clase de armas y ejercer lo correspondiente a su cargo”, cuenta Posada. A Bosch se le facilitaron armas y dos hombres para su seguridad. De tan alto nivel era su estancia, que el 10 de octubre debía encontrar al propio presidente Carlos Andrés Pérez. Posada y Bosch fueron arrestados el 14 de octubre en Venezuela.

Guyana, Cuba, Barbados y Trinidad entregaron a las autoridades venezolanas toda la información y pruebas recogidas sobre la voladura del avión y sus responsables. Washington decidió no colaborar, además de negar categóricamente cualquier vinculo con los comprometidos. Empezó por rechazar el detallado testimonio de los taxistas que, en Barbados, llevaron en dos ocasiones a los terroristas hasta la embajada, aunque Ricardo y Lugo precisaron con qué funcionario habían hablado. Esto hizo parte de los documentos que el gobierno de Bridgetown presentó ante el Consejo Permanente de Seguridad de la ONU que investigó el acto terrorista. De nada sirvió que Ricardo admitiera bajo juramento ser un operativo de la CIA. Lugo aseguró al comisario principal adjunto de policía de Trinidad que ambos trabajaban para la Agencia. Y más: en la agenda de Ricardo se encontró el teléfono de un alto funcionario de la embajada en Caracas.

Las denuncias realizadas por el dirigente Fidel Castro, involucrando a la CIA, tuvieron cierta repercusión mundial, en particular las realizadas el 15 de octubre cuando dijo: “Al comienzo, no estábamos seguros si la CIA había organizado el sabotaje directamente, o si lo había preparado cuidadosamente por intermedio de su organización encubierta [se refiere al Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas, CORU], formada por contrarrevolucionarios cubanos. Ahora, creemos firmemente que la primera suposición era la correcta. La CIA participó directamente en la destrucción del avión de Cubana en Barbados.”

Días después, ante tales acusaciones y la presión de la prensa, el secretario de Estado Henry Kissinger reaccionó para decir que la posición del gobierno de La Habana era “hostil e irresponsable.” Pero el gobernante cubano no mentía. Es más: se quedaba corto en las afirmaciones. Kissinger sí sabía de qué hablaba Castro. Pero debieron pasar trece años para que se mostraran públicamente unos pocos documentos clasificados “TOP SECRET”, y más de un cuarto de siglo para que otros vieran luz. Durante todos esos años Washington sostuvo que no sabía nada.

Revelaciones y complicidades

Sólo dos días después del atentado, el director del FBI envió un documento secreto, calificado de “máximo nivel y prioridad”, a los catorce directores de las más importantes agencias de inteligencia y seguridad de Estados Unidos, que por lógica incluía al de la CIA, George Bush padre, y al de la Dirección de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado, INR. “El 7 de octubre de 1976 la fuente confidencial [...] prácticamente admitió que Posada y Bosch habían sido los arquitectos de la voladura de la aeronave y prometió dar más detalles [...].” (2)

El 18 de octubre Kissinger recibió otro informe, y ahora de su subordinado, el jefe de la INR. Se le detallaba quiénes eran los implicados, así como sus nexos con la CIA y otras dependencias oficiales estadounidenses. “[Línea tachada en el documento (3)] El nombre y número de teléfono del Agregado Legal de EEUU Leo fueron descubiertos en la libreta de apuntes de Lugo cuando él fue arrestado en Trinidad. Leo dice que no ha tenido contacto con Lugo y conjetura que su nombre y teléfono fueron comunicados a Lugo por Posada [...] Nuestro Agregado Legal (Joseph Leo) conoció a Posada cuando este último trabajaba [Palabras tachadas] y después de su dimisión Posada siguió contactando a Leo en algunas ocasiones [...]”

El 2 de noviembre el FBI entregó un “Informe Secreto de Inteligencia”, titulado “Voladura del Avión de Cubana DC-8 cerca de Barbados, Indias Occidentales, 6 de octubre de 1976”. Ahí se dijo que justo el día anterior otro cubano recomendado por la CIA al gobierno de Venezuela, Ricardo Morales, el cual tenía el cargo de comisario de la Sección de Contrainteligencia de la DISIP, comunicó que el 23 y 24 de septiembre de 1976 se realizaron reuniones en un importante hotel de Caracas. Posada Carriles había participado. De acuerdo con Morales, ahí se “discutieron algunos planes relacionados con la voladura de un avión de Cubana.”

Ese documento, que sólo fue desclasificado el 18 de mayo del 2005, también dejó en claro la responsabilidad de las altas autoridades gubernamentales venezolanas, empezando por el presidente. En el informe de su Dirección de Inteligencia a Kissinger se mencionaba parte de esa relación. 
“[Palabras tachadas], se dice que el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez le tiene mucha simpatía a Bosch, y le ha permitido viajar libremente por el país y solicitar fondos con la condición de que Venezuela no sería utilizada como base de operaciones o lugar de refugio. Bosch presuntamente prometió no participar en actividades terroristas mientras estuviera en Venezuela [...]” El 21 de junio de 1976 la CIA envió un memorando a trece agencias de seguridad e inteligencia, incluyendo la del Ejército, la Marina, el FBI y la INR del Departamento de Estado. Desde fecha tan temprana se sabía de la preparación de un atentado contra una nave comercial cubana. “Objeto: Posibles planes de extremista exiliado cubano para destruir una aeronave de cubana [...] Un grupo de exiliados cubanos extremistas, de los cuales Orlando Bosch es dirigente, planea colocar una bomba en un vuelo de la aerolínea Cubana viajando entre Panamá y La Habana [...]”. Mientras que en un informe de la INR a Kissinger se le recordaba lo anterior y ampliaba: “Una fuente del FBI ha dicho que hicieron un intento [los terroristas] pero la bomba no estalló. Un segundo esfuerzo fue hecho en Jamaica el 9 de julio, pero la bomba estalló antes de que la maleta en que estaba escondida fuera colocada dentro del avión [...]”

Esa información nunca fue compartida con las autoridades cubanas. No existe ningún documento donde se diga que se hizo algo para evitar el atentado. La presión internacional montó. El piso se le empantanaba a Washington. Algunos ojos al interior de Estados Unidos quisieron mirar acusadoramente hacia la CIA, dirigida por Bush padre. Este hizo todo lo posible para que los mecanismos de investigación judicial la ignoraran, aunque estos tampoco ese mostraron interesados en ver alguna conexión.

Los medios de prensa estadounidense, que en la primera semana informaban continuamente del caso, empezaron gradualmente a silenciarse. Además, inesperadamente, la prensa empezó a centrar su atención en un tema que surgió de la nada: la presunta responsabilidad de Fidel Castro en el asesinato del presidente John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963. Cuando una comisión del Congreso (4) negó rotundamente tal implicación , la voladura del avión era cosa del pasado. La cortina de humo había funcionado.

Además de ocultar deliberadamente información, el gobierno estadounidense intentó realizar otra alevosa acción. En el informe del FBI de “Máximo nivel y prioridad”, se dice que el 7 de octubre de 1976, justo un día después del atentado, y en vista de que los autores materiales habían sido arrestados, alguien, cuyo nombre está tachado en el texto desclasificado, “estaba coordinando para que Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila abandonaran Venezuela lo antes posible [...]” El 18 de octubre su Dirección de Inteligencia informaba a Kissinger: “[Dos líneas tachadas en el original] Actualmente, Estados Unidos está tratando que Bosch sea deportado de Venezuela a Estados Unidos, donde será sujeto a un encarcelamiento inmediato por haber violado su libertad condicional [...]” Era la mejor solución. Ya en ese territorio, se tendría la seguridad de que los terroristas no soltarían información sensible que implicara los intereses estadounidenses y a sus agencias de seguridad, en particular la CIA. Pero no se logró.

El 4 de agosto de 1987 el tribunal venezolano por fin dictó sentencia: veinte años contra los autores materiales. A pesar de las pruebas absolvió a Bosch. No se pronunció sobre Posada, aduciendo que éste se había fugado. Efectivamente, el 18 de agosto de 1985 se escapó de una cárcel de máxima seguridad, después de varios infructuosos intentos. El veredicto se daba después de un proceso largo, torpedeado, azaroso, y con múltiples intentos de corrupción. La jueza que siguió el caso en lo civil, lo dejó por amenazas. Cuando inexplicablemente lo pasaron a la justicia militar, el presidente de la Corte Marcial no cedió a las presiones y amenazas, entonces le asesinaron un hijo. (5)

Sin importar sus antecedentes terroristas, la embajada estadounidense en Caracas le entregó un pasaporte de “emergencia” a Bosch para que ingresara a Estados Unidos. Quien lo autorizó fue el embajador Otto Reich, un cubano-estadounidense, ex oficial del ejército, muy cercano al ya vicepresidente George Bush padre. Venía de trabajar en la Oficina de Diplomacia Pública para América Latina y el Caribe (Office of Public Diplomacy for Latin America and the Caribbean), creada por Ronald Reagan como unidad de guerra sicológica e intoxicación mediática, en el Departamento de Estado. (6)

Cuando Bosch llegó a Miami, el 16 de febrero de 1988, es arrestado por haber violado la libertad bajo palabra que le impedía salir del país. Bosch prefirió entrar a Estados Unidos a pesar de haber podido entablar una demanda por los años pasados en la cárcel. Henry Adorno, uno de los abogados de la empresa Bacardí se encargó gratuitamente de su caso. (7) El Departamento de Justicia intentó su expulsión en junio de 1989, pero 31 países se negaron a recibirlo a pesar de las presiones políticas del Departamento de Estado. Sólo Cuba exigió que se lo entregaran, pero ni le contestaron. Para apoyar su requerimiento, en esa oportunidad el Departamento de Justicia exhibió algunos de los documentos pedidos al FBI, al Departamento de Estado y a la CIA. Es ahí cuando aparecen las pruebas que Washington decía no poseer sobre la voladura del avión. Apenas el Servicio de Migración y Naturalización, SIN, anunció la posibilidad de expulsarlo por “extranjero indeseable”, empezó a recibir amenazas de bomba.

El 17 de julio de 1990, el ya presidente George Bush padre determinó darle el “perdón”, exonerarlo de la cárcel, salvarlo de una posible expulsión del país y otorgarle residencia en Miami. Hasta el FBI se había opuesto a su liberación. El único gran diario estadounidense que se preocupó de denunciar tal procedimiento, fue el New York Times, quien escribiría un encendido editorial el 20 de julio. “En nombre de la lucha contra el terrorismo, Estados Unidos envió a la Fuerza Aérea a bombardear Libia y al Ejército a invadir a Panamá. Sin embargo, ahora la Administración Bush mima [coddles] a uno de los terroristas más notorios del hemisferio. ¿Y por qué razones? La única evidente es granjearse el favor del sur de la Florida.” En otro de sus partes, el editorial señalaba que el Secretario de Justicia no lo debió liberar por exigencias legales sino por una “visible presión política, malgastando la credibilidad estadounidense en materia de lucha contra el terrorismo”.

Orlando Bosch Ávila fue entrevistado el día que se recordaba el 30 aniversario del derribo de la nave de Cubana, 6 de octubre del 2006. El periodista Andy Robinson, del diario La vanguardia, de Barcelona, le preguntó si era un “blanco legítimo” esa acción. “Para mí es un blanco de guerra. Hay muchas cosas que no puedo decir. Pero eran acciones de guerra. Y aquel avión era un avión de guerra. Iban coreanos del norte, guyaneses. Comunistas todos. Los deportistas llevaban cinco medallas de oro de esgrima […] Habíamos acordado en Santo Domingo [cuando se formó el CORU] que todo lo que salga de Cuba para darle gloria a Fidel tenía que correr el mismo riesgo que los que combatimos la tiranía.” Bosch Murió el 27 de abril 2011en Miami.

Al fugarse, Posada Carriles fue trasladado a El Salvador donde pasó a participar de la guerra contra el gobierno sandinista de Nicaragua, como parte del aparato logístico de la “contra” (de contrarrevolución), grupo mercenario dirigido desde la Casa Blanca en Washington. Su jefe era Félix Rodríguez, un alto oficial de la CIA, popular por haber supervisado la captura y asesinato del Che Guevara en Bolivia. Rodríguez, a su vez, tenía dos jefes: Oliver North del Consejo Nacional de Seguridad, y el vicepresidente de Estados Unidos, George Bush. A pesar de la prohibición del Congreso estadounidense a todo apoyo financiero a los contras, Bush recolectó fondos de todas partes y por todos los medios. Uno de ellos fue la venta ilegal de armas a Irán, a través de Israel, que condujo en 1986 al escándalo "Irán-Contra". Pero también con dinero del trafico de cocaína, en momentos que Washington se desgarraba las vestiduras en una presunta “guerra al narcotráfico". Una Comisión especial del Senado, dirigida por John Kerry (actual jefe del Departamento de Estado), demostró la existencia de una alianza entre la CIA y la mafia colombiana. Fue la red "droga por armas", la que llegaba hasta la puerta de la oficina del vicepresidente Bush... (8)

Así se "descubre" que el prófugo terrorista Posada Carriles estaba trabajando de manera indirecta, nuevamente, para la Casa Blanca. En las audiencias ante el Congreso Rodríguez dijo que era "buen amigo, "hombre honorable". Testificó que lo habían ayudado a fugarse porque "merecía estar en libertad.". "Lo necesitábamos". No se le preguntó más sobre Posada. Él lo narra con detalles en su autobiografía.

Después, Posada Carriles reaparecía muy esporádicamente en la prensa. En 1997 le dio una extensa entrevista al New York Times. (9) Sostenía que ni la FBI ni la CIA lo molestaban. Que tenía un pasaporte estadounidense. Que era el responsable intelectual de los atentados a los centros turísticos que se sucedieron por esas fechas en Cuba, y que le costó la vida a un turista italiano. En noviembre 2000 fue detenido cuando intentaba poner una bomba en la Universidad de Panamá donde hablaría Fidel Castro, en el marco de la décima Cumbre Iberoamericana. Cuba pidió su extradición: le fue negada. Posada fue condenado a 8 años de prisión, pero el 26 de agosto 2004 fue amnistiado por Mireya Moscoso pocas horas antes de dejar la presidencia. Salió casi clandestino rumbo a Honduras, junto a los tres cómplices, también amnistiados. Moscoso llamó, entonces, al embajador estadounidense en Panamá para confirmarle la liberación. Poco tiempo después Posada ingresó a Estados Unidos donde fue arrestado por… haber ingresado ilegalmente al país. En abril 2007 sería dejado en libertad y hoy vive en Miami, aunque Cuba y Venezuela lo piden en extradición.

El 7 de septiembre de 1988, el senador estadounidense Tom Harkin, planteó una serie de preguntas al vicepresidente y candidato a la presidencia, George Bush padre, durante una audiencia especial del Senado. (10) El interpelado no estaba presente, pero tampoco nunca las contestó, pues dada su alta envestidura no estaba obligado. Dos de ellas:

“[…] El votante norteamericano se merece respuestas de George Bush a algunas preguntas difíciles acerca de sus relaciones y las de su oficina vicepresidencial con un conocido terrorista internacional, Luis Posada Carriles. Pregunta 1. Sr. Bush, ¿qué sabe usted acerca de Luis Posada? […]”
Pregunta 4. Sr. Bush, ¿Cuándo usted fue director de la CIA en 1976, investigó alguna vez el papel de Posada y de otros cubanos en el atentado al avión de Cubana? […] No sólo era Posada un miembro de la CORU, sino que trabajaba para la CIA por contrato hasta 1975 […] La pregunta real es, dado los vínculos pasados de Posada con la CIA, el conocimiento de la CIA de la conexión cubana con el atentado al avión comercial y el atentado a Letelier en 1976, ¿por qué, como director de la CIA, usted no tenía conocimiento de la existencia de Posada en ese tiempo? ¿Por qué no fue tomada ninguna acción en ese momento?”

Este texto, con algunas modificaciones, ha sido retomado del libro del autor "El Equipo de Choque de la CIA". Editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2010. También ha sido editado en Cuba, Venezuela, Francia y Brasil.

Notas:

1) Posada Carriles, Luis. Los caminos del Guerrero. Sin editor conocido, ni país de publicación. Agosto, 1994.
2) Los documentos oficiales desclasificados aquí presentados, pueden encontrarse en la “web” del National Security Archive, un instituto de investigación de la Universidad George Washington. http://www.gwu.edu/ nsarchiv/
También se pueden encontrar varios de esos documentos en: Cotayo, Nicanor León. Crimen en Barbados. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 2006.
3) Regularmente, antes de desclasificar totalmente un documento, se tachan palabras, frases y hasta párrafos enteros. Así se siguen ocultando nombres y/o sucesos.
4) Jean Pierre Clerc. Les quatre saisons de Fidel Castro. Ed. Seuil, París, 1996
5) Ver: Herrera, Alicia. Pusimos la bomba... ¿y qué?. Editora Política. La Habana, 2005. Rosas, Alexis y Villegas, Ernesto. El terrorista de los Bush. No se señala editorial. Caracas, 2005.
6) Labarique, Paul y Lepic, Arthur. “Otto Reich et la contre-révolution”. http://www.voltairenet.org/article1...
7) La empresa ronera Bacardí, durante los años sesenta financió a organizaciones terroristas, organizadas por la CIA, buscando acabar con la revolución cubana. Una de ellas se llamó Representación Cubana en el Exilio, RECE. Ver: Calvo Ospina, Hernando. Ron Bacardí. La guerra Oculta. Ed. Red de Consumo Solidario. Madrid, 2000.
8) Llamada Comisión Kerry: Subcommittee on Terrorism, Narcotics and International Operations of the Committee on Foreign Relations, U.S. Senate. Government Printing Office. Washington, 1989.
9) The New York Times. 12 de julio de 1998
10) Acta del Senado, 22 de septiembre de 1988 (Día legislativo, miércoles 7 de septiembre de 1988) Congreso 100, Segunda Sesión. Acta del Congreso 134 S 13037. Referencia: Vol. 134, No. 131. Washington DC.

Tomado de su página HERNANDO CALVO OSPINA

*Periodista colombiano residente en Francia, es colaborador permanente del mensual francés Le Monde Diplomatique; ha participado en la realización de varios documentales para cadenas de televisión y publicado diversas obras. En su condición de periodista, investigador y denunciante del terrorismo de estado en Colombia y de la política yanqui hacia América Latina y otros países, ha sido considerado por las autoridades norteamericanas como “peligroso”, prohibiéndosele sobrevolar el espacio aéreo de este país….

Los sueños del Comandante y la solidaridad latinoamericana

jueves, 26 de septiembre de 2013
Mensaje de Elma Beatriz Rosado en la Vigilia Filiberto Ojeda Ríos
23 de septiembre de 2013
Hormigueros, Puerto Rico
(Foto Archivo, 2008)
Muy buenas noches.

 Quiero dedicar estas palabras a un compañero, al compañero Luis Alfredo, a quien nunca olvidaré. Hombre valiente, compañero de lucha, con una mirada de amor para su pueblo. Un compañero que estuvo junto al compañero Filiberto en momentos muy rigurosos, muy difíciles, y jamás lo olvidaré. 

 Quiero comenzar leyendo unas palabras del presidente Nicolás Maduro Moros, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela:

 "Yo estoy seguro que más temprano que tarde nosotros veremos reverdecer el pueblo de Roberto Clemente, del pueblo de Filiberto Ojeda, del pueblo que es capaz de parir un escritor como Eduardo Lalo, la fuerza de la dignidad, de la independencia, y escucharemos en nuestros oídos atentos el nacimiento de una República en Puerto Rico libre e independiente." (Nicolás Maduro Moros)

 Esta noche, 23 de septiembre de 2013, a ocho años del 2005, yo quiero denunciar una tortura; yo quiero denunciar una agonía; y quiero denunciar un asesinato. El asesinato de Filiberto Ojeda Ríos a manos del FBI. Del gobierno de Estados Unidos.

 Yo acuso al gobierno de Estados Unidos de tortura y asesinato, de crímenes impunes que se cometen en nuestra Patria. De crímenes como el que hicieron contra Filiberto Ojeda Ríos. Contra un hombre puertorriqueño, líder revolucionario que en su corazón solamente tenía amor para su pueblo, para su Patria.

 Yo conocí a Filiberto a través de su palabra. De su palabra comprometida y verdadera. Conocí de su compromiso con su pueblo, con la independencia. Conocí de su sacrificio y de los riesgos que estaba dispuesto a enfrentar por los suyos. Conocí de sus sueños...
 ¿Cuáles eran sus sueños? ¿Qué soñaba Filiberto?

 Filiberto tenía los mismos sueños que su pueblo. Nuestros mismos sueños. Filiberto soñaba con la Patria puertorriqueña. Con una Patria bendita, común a todos, donde nos levantemos cada día con la alegría de vivir y trabajar y compartir en armonía. Donde todos seamos iguales y no exista discrimen por razón alguna. Donde veamos el progreso que redunde en bienestar de los muchos. De las miles de familias puertorriqueñas. Donde cada familia tenga un hogar, que tenga un techo. Donde cada familia pueda vivir con tranquilidad sin el temor de un atentado contra su seguridad. Donde cada individuo tenga un trabajo seguro y pueda desempeñarse de acuerdo a sus habilidades y proveerse de un sustento digno. Para él, para ella, para sus hijos. Donde cada uno de nosotros tengamos acceso a un sistema de salud que provea el cuidado necesario. Donde la salud no sea un negocio para lucrar a unos empresarios. Donde cada individuo tenga derecho a disfrutar de un sistema de retiro adecuado. Donde las pensiones de retiro sean consideradas sagradas para el bienestar de los adultos mayores. Donde cada niño y joven tenga una educación garantizada y pueda desarrollar su intelecto para el bien individual y colectivo. Donde las artes y las ciencias sean guías fundamentales para la conciencia y maneras de expresión para compartir nuestras inquietudes culturales como nación antillana, caribeña, latinoamericana y mundial. Esos son algunos de los sueños de Filiberto. Siempre pensando en sus hermanos, en su familia.

 Filiberto también quería que los puertorriqueños pudiéramos hacer uso de nuestro derecho a ser reconocidos como puertorriqueños en cualquier parte del mundo. Soñaba con la soberanía, con la independencia, con la libertad. De esa manera, estaríamos en condiciones de hacer esos sueños una realidad. No habría que atravesar obstáculos externos para decidir lo que los puertorriqueños quieren para los puertorriqueños. Serían decisiones propias, sin la intervención de Estados Unidos. Con la plena confianza en las capacidades de los propios puertorriqueños. Como en cualquier país del mundo.

 Trabajamos para hacer esos sueños realidad. Me consta que todos los que están aquí presentes trabajamos para hacer esos sueños realidad. Son nuestros mismos sueños, los sueños de Filiberto. Porque Filiberto compartía los mismos sueños que su pueblo. Trascendió barreras y obstáculos para comunicarse siempre con su pueblo y compartir sus ideas y sus esperanzas. Tenía la firme convicción y la absoluta confianza en el pueblo. Sabía que una vez el pueblo fuera dueño de los poderes que le correspondían, jamás habría de relegarlos o delegarlos. ¡El pueblo no cedería las victorias conquistadas! 

 Sus palabras hacían eco en los corazones y en las esperanzas de quienes lo escuchaban. El compañero Carlos Rivera Lugo describía a Filiberto como
 ... un líder revolucionario que trascendía las barreras organizativas para erigirse en la más preclara, honesta, humilde y sabia voz con la que contaba el independentismo en ese momento. Precisamente por ello, tal vez, se aprestaba a convertirse en esa voz y presencia tan necesaria para aunar las voluntades dispersas de ese independentismo en pos de la realización, por fin, de su único destino: hacer la independencia.
 Y añade Carlos:
 Estoy convencido de que los analistas de la inteligencia yanqui tienen que haber concluido lo mismo y por eso tuvieron que montar, con toda prisa y atropello, un operativo que no podía, para ellos, tener otro fin que su eliminación física.
 Y es que el Filiberto político comunicándose abiertamente con su pueblo resultaba ser una peor amenaza que el Filiberto militar y clandestino. Sólo había que escuchar la entrevista-testamento trasmitida radialmente en agosto pasado [dice Carlos, cuando esto lo escribe en el año 2005] para percibir en Filiberto un deseo casi incontenible por salir de los límites estrechos de la clandestinidad hacia la plena intemperie para ampliar los frentes de batalla y hacer la guerra por ese otro medio que es la política, la verdadera, la revolucionaria.[1]
 A Filiberto lo asesinó el FBI. El gobierno de los Estados Unidos. Lo torturó, dejándolo desangrar. Ellos lo mataron. Sin compasión. Sin permitir la ayuda médica. Sin importarles en lo más mínimo la vida de un puertorriqueño. Fueron ellos.

 Si ellos no estuvieran aquí... Pensemos en ello. Pensemos en cómo serían nuestras vidas si ellos no estuvieran aquí. ¿Qué sería de nosotros sin ellos? Una vida controlada por nosotros mismos. Una vida en la cual las decisiones son nuestras, no de un gobierno extranjero que controla nuestros cielos, nuestros aires, nuestras tierras, en fin, toda nuestra vida como nación. Un gobierno que se ensaña contra los puertorriqueños que difieren de su manera de pensar. Esa es la clase de democracia que proclaman. La de la hipocresía.

 ¿A qué puertorriqueño le gusta o le hace sentir orgulloso que Estados Unidos decida quién sobrevuela a Puerto Rico? Filiberto diría: ¿Quiere usted que Estados Unidos decida quién puede sobrevolar el espacio aéreo puertorriqueño o quiere usted que seamos los puertorriqueños quienes decidamos el asunto?

 Filiberto preguntaría también: ¿Queremos que Estados Unidos decida qué estaciones de radio y televisión pueden funcionar en Puerto Rico, o queremos que seamos los puertorriqueños quienes decidamos eso?

 Si los federales no estuviesen aquí... Si Puerto Rico no fuera un estado colonial, los puertorriqueños podríamos labrar nuestro propio destino. Podríamos convivir en relaciones muy estrechas con nuestros hermanos caribeños y latinoamericanos. Ellos nos esperan. Nos esperan en la CELAC, en la Comisión de Estados Latinoamericanos y del Caribe. El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, lo ha dicho en varias ocasiones. Se ha reafirmado en dar la bienvenida a Puerto Rico a la CELAC. Otros líderes latinoamericanos también lo han expresado. Esperan a Puerto Rico en Nuestra América. Nos esperaba el Presidente Hugo Chávez Frías también, la siempre solidaria Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, toda Nuestra América nos espera.

 La mar de cosas que podríamos imaginar... La mar de intercambios de los que podríamos disfrutar... Basta imaginar que estuviéramos en la CELAC. Las relaciones bilaterales que tendríamos con los demás países latinoamericanos. Los intercambios. Imaginemos que Puerto Rico forma parte de PetroCaribe... Podría acogerse a condiciones más provechosas con respecto al petróleo, lo cual redundaría en beneficio de todo el pueblo. Imaginemos que Puerto Rico forma parte de los estados que transmiten la señal de Telesur... Puerto Rico podría informarse sobre las realidades de América Latina y el mundo, de manera directa, sin la intervención amañada de las compañías mediáticas existentes. Y Telesur viene a ser como un calco de lo que nuestro Eugenio María de Hostos propuso con el ferrocarril transandino, que en su época sería lo que conectaría a todas las comunidades latinoamericanas y llevaría el progreso y llevaría el intercambio solidario entre todos los países. Y fue nuestro Eugenio María de Hostos quien concibió esa visión. Y para mí Telesur viene a ser el ferrocarril de Hostos hoy en día.

 En Nuestra América es patente la solidaridad latinoamericana con el pueblo puertorriqueño y con la necesidad vital que tenemos de ejercer nuestro derecho a la libre determinación. Es un derecho reconocido internacionalmente por las Naciones Unidas como un derecho de todos los pueblos del mundo. Es un derecho que ha sido violado consecuentemente, impunemente por el gobierno de Estados Unidos.

 Filiberto decía que "el status se tiene que resolver, pero de la única forma que se puede resolver el status es que el pueblo se tome conciencia de su realidad" y que se lance a la calle, "exigiendo sus derechos, exigiendo el derecho a la libertad, a la independencia, reclamando lo que por ley internacional nos corresponde, que es la autodeterminación y la independencia".

 La visión de Filiberto es clara: “Las puertas están abiertas y el futuro, tanto económico como político y social, estaría asegurado si logramos liberarnos de este yugo criminal que ha impedido durante tantos años, que podamos regir nuestro destino en unión a nuestros hermanos latinoamericanos”.

 Volvamos a imaginar los sueños de Filiberto. Imaginemos que los federales ya no están. Imaginemos la unidad del pueblo puertorriqueño. Trabajemos entonces por esos sueños.
 ¿Queremos que Estados Unidos mantenga encarcelado a Oscar López Rivera, a Norberto González Claudio, a los hermanos cubanos, Antonio, Fernando, Gerardo y Ramón?
Enviamos un mensaje a René, ya en libertad, en su libre Cuba.

 Necesitamos trabajar por la excarcelación de todos ellos. Hoy, que esta actividad es dedicada a Oscar, que Lares es dedicado a Oscar, nos imaginamos la siguiente estampa. A Oscar, Clarisa y Karina en su carrito Volkswagen, yendo en una peregrinación, siguiendo la ruta de emigración de las mariposas Monarca y llegando al mar para oler y saborear su sal y espuma. En libertad. Tal y como lo sueña Oscar.

¡Libertad para Oscar!
¡Libertad para Norberto!
¡Libertad para los Cinco!

 En esta cinta amarilla está el símbolo de retorno de los Nuestros. Una cinta amarilla que pide por la excarcelación de los cinco hermanos cubanos y que pedimos por la excarcelación de Oscar y de Norberto.

 Filiberto vive, presente en cada uno de nosotros…

 Quiero leer las palabras del Diputado venezolano Freddy Bernal Rosales, Alcalde de Caracas en 2006. Dice el Diputado Bernal:
 Las palabras de Filiberto jamás serán silenciadas, ni con su asesinato ni con la cárcel a los que comparten sus ideas. Son semillero que habrá de germinar en la formación de una nueva conciencia continental de claro compromiso bolivariano.
...
En Caracas pudimos sentir la solidaridad de Latinoamérica con poner fin al abyecto coloniaje que nos sofoca y a la oprobiosa insistencia de asesinar y perseguir con impunidad a los que luchan por la libertad.
 Recordemos siempre al compañero y comandante que nos legó su ejemplo para vivir En Libertad. Recordemos siempre su llamado a la unidad. Recordemos su despedida en el mensaje que envió a Lares el 23 de septiembre de 2005:
 
¡Qué viva Puerto Rico Libre!
¡Qué viva la unidad independentista!
¡Qué viva la unidad latinoamericana!
¡Hasta la victoria siempre!

 Y un mensaje al FBI, en las palabras de Mikie Rivera:

 "Que se preocupen ahora que no tienen cómo matarlo."

 Muchas gracias.
[1] Carlos Rivera Lugo, "La vigencia de la propuesta política de Filiberto Ojeda Ríos", en Filiberto Ojeda Ríos, su propuesta, su visión (San Juan: Ediciones Callejón, 2006.

Foto de Elma B. Rosado, de archivo (agosto de 2008)

La detención de los Cinco patriotas fue una conspiración entre el FBI y la mafia de Miami

sábado, 7 de septiembre de 2013
Por Lázaro Barredo Medina*

 
Cada día aparecen mayores evidencias de que lo que aconteció aquel sábado 12 de septiembre de 1998 en Miami obedeció más a la conspiración de oficiales del Buró Federal de Investigaciones (FBI) con la mafia terrorista anticubana, que a la protección de la seguridad nacional de los Estados Unidos.

 En el 2001, cuando abordamos en la Mesa Redonda el proceso judicial contra los Cinco, me llamó la atención una serie de acontecimientos que ocurrieron en torno a la detención en aquellos meses finales de 1998 y publiqué este artículo en el semanario Trabajadores.

 La prensa de Miami reconoció el lunes siguiente a la detención, día 14 de septiembre de 1998, que muchos expertos no se explicaban por qué el FBI había arrestado ese fin de semana a las personas que monitoreaban a grupos contrarrevolucionarios porque era precisamente el FBI uno de los beneficiarios de la información que estas personas recolectaban sobre acciones violentas de estos grupos.

 Un comentario publicado el día 15 de septiembre de 1998 por el Miami Herald planteaba que desde hacía tiempo el FBI tenía conocimiento de la actuación de estas personas dentro de los grupos de Miami, y añadía: "El lunes (14 de septiembre), muchos en La Pequeña Habana conjeturaban que la redada era la forma que tenía Washington de equilibrar la balanza de la justicia contra los siete cubanos exiliados que el mes pasado fueron acusados de tratar de asesinar a Fidel Castro" (se trataba de los detenidos a bordo del yate La Esperanza con la tenencia de fusiles de alto calibre que iban hacia Isla Margarita, en Venezuela, donde se celebraría la Cumbre Iberoamericana).

 Días después, en conferencia de prensa, Héctor Pesquera, recién nombrado jefe del FBI en Miami, reconocía que la detención de los luchadores antiterroristas había generado contradicciones con algunos directivos del órgano de contraespionaje en Washington que no apoyaban esa acción, y agregó que este caso "nunca habría llegado a las cortes" si él no hubiera instado directamente a Louis Freeh, entonces director de ese órgano.

 Evidentemente, algo anormal estaba ocurriendo...

 OFICIALES DEL FBI CÓMPLICES DEL TERRORISMO DE LOS CUBANO-AMERICANOS

 La ola de atentados a hoteles cubanos en 1997 y las posteriores declaraciones del connotado asesino Luis Posada Carriles al The New York Times, pusieron en entredicho a los órganos de la Inteligencia y Contrainteligencia norteamericanos.

 "A mí no me molesta ni la CIA ni el FBI", expresó Posada al Times.

 El diario recordó que hay documentos revelados en Washington por los archivos de Seguridad Nacional que apoyan la insinuación de Posada de que el FBI y la CIA tenían conocimiento detallado de sus operaciones contra la Revolución cubana desde principios de los años 60.

 El Times también reveló por esos días el testimonio del empresario Antonio Jorge Álvarez (Tony), residente en Carolina del Sur, quien dirigía la empresa WRB Enterprises en Guatemala y tuvo en ese país contactos con Posada Carriles y otros terroristas de origen cubano. Con riesgo para su vida, este empresario suministró información al FBI en 1997 sobre los preparativos de atentados contra el Presidente de Cuba durante la Cumbre Iberoamericana en Isla Margarita, Venezuela, y sobre la campaña de bombas que se gestaba contra hoteles en la Isla, pero el FBI demostró poco interés en la denuncia.

 Igualmente, en otra vendetta que olía a chantaje financiero, Posada Carriles reveló que la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) financió durante años actos de violencia en Cuba.

 Días antes de la mencionada Cumbre, la guardia costera de Estados Unidos detuvo en Puerto Rico una embarcación con cuatro hombres, y encontraron dos fusiles especiales Barret calibre 50 con mira telescópica, mientras el jefe del grupo, el cubano-americano Ángel Alfonso Alemán, aseguró a los oficiales del guardacostas, como si fuera una credencial de impunidad, que tenían la misión de matar a Fidel Castro en Isla Margarita.
 El Jefe del FBI en Puerto Rico en ese momento era este Héctor Pesquera, quien seis meses después de esta detención fue nombrado para dirigir la Oficina en Miami.

 Pesquera ya había trabajado en el FBI a principios de los 80 en Tampa y era jefe de la Oficina en Puerto Rico desde 1995, donde ganó renombre con la detención de patriotas independentistas boricuas.

 Las investigaciones posteriores confirmaron que la embarcación detenida en Puerto Rico era propiedad de José A. Llama, directivo de la FNCA, y que uno de los fusiles calibre 50 pertenecía a José Francisco "Pepe" Hernández, presidente de la FNCA, a quien Pesquera ni siquiera citó para interrogatorio, tras encuentros con los enviados de Miami y de intercambiar opiniones con el abogado defensor de estos terroristas, un pariente cercano suyo, Ricardo Pesquera.

 Estos hechos armaron en 1998 gran revuelo en Estados Unidos. En Miami, la prensa reconoció que las "autoridades se muestran suaves frente a actos anticastristas".

 "En medio de informes de que líderes del exilio cubano financiaron atentados dinamiteros en La Habana, fiscales, conspiradores y policías estuvieron de acuerdo en que las conspiraciones anticastristas en el sur de la Florida no solo son comunes, sino casi toleradas", escribió Juan A. Tamayo, un columnista del Miami Herald.

 En ese artículo de Tamayo, publicado el 23 de julio de 1998, se decía: "Durante años la política tácita de las agencias policíacas ha sido espiar a los militantes anticastristas y romper sus conspiraciones antes que enjuiciarlos, dijeron varios actuales y exfiscales de la región.

 "Desde hace mucho tiempo existe la política de recopilar informes de inteligencia y desmovilizar a esa gente, interrumpir, en lugar de arrestar", declaró un importante exfiscal federal.

 "La policía y los agentes del FBI siempre nos vigilaban, pero básicamente nos dejaban tranquilos", afirmó César Roig, un exmiembro de la organización terrorista Comandos L.

 Una de las cosas más interesantes de este artículo, publicado dos meses antes de la detención de los patriotas cubanos, son las declaraciones de Kendall Coffey sobre la marcada parcialidad para celebrar un juicio "anticastrista" en esa ciudad. Coffey había sido Fiscal Federal en Miami y luego sería uno de los abogados de los secuestradores del niño cubano Elián González.

 Reconoce Coffey en ese artículo: "A través de los años hemos actuado en cierto número de casos pero es muy difícil obtener un jurado en esta parte de la Florida que halle culpables a personas que son presentadas como combatientes por la libertad".

 El propio nombramiento de Héctor Pesquera tiene visos de obedecer a influencias de la mafia y la extrema derecha norteamericana. En cuanto llegó a Miami sostuvo reuniones con dirigentes contrarrevolucionarios y reafirmó compromisos con ellos.

 En declaraciones publicadas el 29 de julio de 1998 enfatizó que "a pesar del torrente de informes sobre ataques terroristas de exiliados anticastristas, no planeo aumentar la prioridad de investigación para tales acciones".

 A buen entendedor, pocas palabras...

A LA MAFIA LE URGÍA UN PRETEXTO

 La mafia terrorista de Miami en 1998 estaba en medio de una crisis. La muerte de Jorge Mas Canosa acrecentó las pugnas internas y esa crisis se acentuó con los hechos de Puerto Rico, que involucraron directamente a la FNCA y con otra investigación pública sobre un alijo de armas y explosivos almacenados en una embarcación anclada en el río de Miami y perteneciente a grupos terroristas cubanos (operativo que el FBI realizó gracias a la información suministrada por los patriotas cubanos).

 De igual modo, a pesar del descomunal reforzamiento de la guerra de agresión contra Cuba que se desató a partir de la provocación del 24 de febrero de 1996 y del establecimiento de la Ley Helms-Burton, la política norteamericana comenzó a agrietarse ante la realidad cubana.

 Preocupados con la posibilidad de cambios hacia la Isla, el entonces senador Bob Graham, de la Florida, a instancias de los grupos anticubanos más recalcitrantes, pidió al Pentágono un reporte especial sobre Cuba, en espera de nuevas justificaciones para reforzar la agresión y el "tiro le salió por la culata", porque la conclusión del estudio, en el cual participaron varias instituciones y personalidades políticas y militares norteamericanas, fue que la Isla no constituye una amenaza para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

 También la mafia sufrió otra derrota estratégica cuando en aquel tiempo el llamado "Zar de las Drogas" en el gobierno norteamericano, el general Barry McCaffey, declaró que Cuba no tiene vínculos con el narcotráfico. Sintieron tanta molestia ante esas declaraciones, que el congresista Lincoln Díaz-Balart llegó hasta a tildar ante la prensa de "comunista" a este general de cuatro estrellas, condecorado con los máximos honores y distinciones por acciones combativas.

 A mediados de ese año se profundizó la cooperación entre el FBI y las autoridades cubanas, cuando oficiales de ese órgano viajaron a La Habana tras el envío de una carta del Comandante en Jefe Fidel Castro al Presidente norteamericano William Clinton mediante el escritor colombiano y Premio Nobel Gabriel García Márquez, donde el líder cubano alertaba sobre los peligros de la violencia terrorista desde territorio norteamericano y, sobre todo, la amenaza de comenzar a atentar contra aviones civiles en pleno vuelo, que trasladaban turistas a Cuba.

 Los oficiales del FBI recibieron en La Habana un paquete importante de información con fotos, documentos y cintas de video de al menos 48 terroristas radicados en Miami, material suministrado a las autoridades cubanas precisamente por esos patriotas que monitoreaban a las organizaciones terroristas en La Florida; quienes después serían detenidos y cuyas pruebas serían desestimadas en el juicio al ser clasificadas como "secretas" por el gobierno norteamericano.

 La más connotada derrota la sufrió la extrema derecha cuando, por 72 votos a favor y 24 en contra, el Senado se opuso a Jesse Helms y aprobó una enmienda que facilitaba la venta de alimentos y medicinas a Cuba bajo determinadas prerrogativas. Igualmente, en el Capitolio progresaba la oposición a la inconstitucional medida que prohíbe y penaliza los viajes de los norteamericanos a Cuba.

 Es en este contexto que la mafia terrorista necesitaba urgentemente de un pretexto que paralizara ese movimiento a favor de una mejor relación hacia Cuba, y para ello encontraron un sostén en el Jefe del FBI en Miami y de los personeros de la Fiscalía; mientras en Washington los "padrinos" de la extrema derecha establecían contacto con el máximo nivel para apoyar la detención de los patriotas cubanos al amanecer del sábado 12 de septiembre de 1998.

 Lo insólito es que mientras el Jefe del FBI en Miami empleaba sus recursos para detener y armar un expediente contra cinco personas que trataban de evitar actos de terrorismo que dañaban tanto a su pueblo como a ciudadanos norteamericanos, en esos mismos instantes andaban libres, sostenían sus contactos y se entrenaban en el sur de la Florida, 12 de las 19 personas que tres años después se presume llevaron a cabo los actos terroristas contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington.

 El FBI en Miami jamás obtuvo una sola pista sobre estos terroristas... Estaban demasiado ocupados en el tema cubano.

Fuente Periódico Granma


* Periodista cubano. Director del diario Granma y coautor del libro “El Camaján”

Pesquera, oficial mafioso verdugo de los Cinco, es Jefe de policía de Puerto Rico

viernes, 30 de marzo de 2012
Héctor Pesquera
Credito: web
 Por Jean-Guy Allard

29 de Marzo.- El gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, oficializó el nombramiento de Héctor Pesquera, ex jefe del FBI de Miami y autor de la conspiración que llevo al arresto de los Cinco cubanos infiltrados en grupos terroristas de la Florida, como nuevo Superintendente de la policía puertorriqueña.

Puerto Rico enfrenta la mayor crisis de criminalidad, violencia y corrupción en muchos años.

Pesquera arribó a San Juan, Puerto Rico, en un vuelo proveniente de Fort Lauderdale, siendo escoltado de inmediato por agentes del FBI al Edificio Federal, su “alma mater”, en la calle Chardón, en Hato Rey, donde está la sede de la agencia federal.

A solicitud del representante mafioso Lincoln Díaz-Balart, Héctor Pesquera orientó, organizó y realizó el arresto de los cinco cubanos, combatientes antiterroristas, que convirtió en espías por medio de un gran show mediático.

Pesquera ordenó los malos tratos, la detención en celdas de castigo y el juicio amañado de los cinco patriotas cubanos que siguen secuestrados en territorio estadounidense.

Este policía con múltiples conexiones con la fauna terrorista cubanoamericana, es de origen puertorriqueño, oveja negra de una familia con profundas convicciones nacionalistas.

Este ex oficial de contrainteligencia fue Jefe del FBI en Puerto Rico y ahí arregló la liberación de los terroristas miamenses involucrados en el caso del yate La Esperanza, entre los cuales se encontraba “Pepe” Hernández, actual jefe de la Fundación Nacional Cubano - Americana, que fueron arrestados por estar relacionados con un complot para asesinar el líder cubano Fidel Castro en Isla Margarita, Venezuela.

Pesquera fue director de la división de Miami del FBI hasta diciembre del 2003, y luego pasó de asesor de la Oficina del Alguacil del condado Broward (BSO), para la seguridad de los puertos y aeropuertos. Su jefe inmediato en el BSO, Ken Jenne, fue luego investigado por corrupción.

Casualmente, Pesquera seguía en este puesto, cuando Luis Posada Carriles entraba en el Santrina a territorio norteamericano, ilegalmente, sin la menor dificultad.

Pesquera es el mismo "SAC" (Special Agent in Charge) del FBI de Miami que, durante meses, supuestamente no sospechó de la presencia, a unos kilómetros de su oficina, de 14 de los 19 terroristas de Al-Qaeda que preparaban el atentado del 11 de septiembre… mientras perseguía, arrestaba y organizaba el juicio político y la condena de los cinco cubanos infiltrados en grupos extremistas miamenses que tan generosamente toleraba.

El 23 de junio del 2001, los hombres de Héctor Pesquera, arrestaban en un centro comercial de Miami a José Guevara, un ex agente de los Servicios de Inteligencia venezolana. Conocido como activista antiChávez, José Guevara trataba entonces, con su primo "Otoniel" Guevara, de recuperar millones de dólares chantajeando al ex jefe de la Inteligencia peruana, Vladimiro Montesinos, entonces prófugo de la justicia de su país.

En vez de arrestarlo por estafa, Pesquera manejo su liberación y participó en el reclamo de la recompensa por la captura de Montesinos… que fue finalmente denegada.

En otro episodio de este guión de película policíaca, José Guevara se apareció con seis cientos mil dólares, que los autores intelectuales del asesinato del fiscal Danilo Anderson pagaron en Miami para la ejecución del atentado terrorista ocurrido en Caracas.

Pesquera fue denunciado por haber participado en una reunión en Panamá en la que planeó el asesinato del fiscal venezolano Danilo Anderson, con la ahora prófuga Patricia Poleo y otros conspiradores.

Otro detalle elocuente es que el hijo homónimo de Pesquera fue quién desapareció el expediente de Posada Carriles mientras se acercaba el juicio del terrorista internacional.

Al ser nombrado, Pesquera expresó que para combatir el crimen hay que ir a la raíz del problema.

“Es con enorme sentido de compromiso que acepto este reto”, dijo.

Ya para el 26 de marzo, un portal de Internet en Miami, dio a conocer que el Gobierno de Puerto Rico había escogido a Pesquera.

El sitio de Internet precisaba: “La corrupción es tanta en la Isla del Encanto, que el Departamento de Justicia de Estados Unidos le pidió prestado al condado Miami-Dade a Pesquera, para que por todo un año restablezca la paz y la calma en esa pequeña isla”.

http://www.aporrea.org/internacionales/n201893.html
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