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Cuba lista para nueva política migratoria pero Miami no

martes, 8 de enero de 2013
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La congresista cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen acaba de declarar su apoyo a un  cambio en la Ley de Ajuste Cubano, CAA (Cuban Adjust Act,  por sus siglas en inglés),  uno de los instrumentos fundamentales en la política de EE.UU. contra Cuba.

A primera vista, pudiera parecer que la representante a la Cámara por el Sur de la Florida, célebre por su hostilidad hacia el gobierno de La Habana, coincide con la denuncia cubana del carácter asesino  de una legislación que iguala inmigrantes legales e ilegales y ha llevado  a  la muerte a no pocas personas que por propia iniciativa o en manos de traficantes sin escrúpulos se han lanzado al mar en busca de ventajas migratorias sólo existentes para los nacidos en la Isla.

Datada en 1966, esta ley permite a cualquier cubano que pise el suelo estadounidense obtener la residencia permanente al año y un día de hacerlo.  Así se generó la constitución del llamado “exilio histórico”, caracterizado por su extremismo en las posiciones sobre Cuba, que al facilitárcele el acceso a la ciudadanía norteamericana se constituyó en base electoral de quienes  por la vía del terrorismo, el narcotráfico y oscuras  inversiones inmobiliarias amasaron fortunas y generaron una red de de influencia política, económica y mediática para nada subestimable.

Pero a pesar de lo anterior, los cubanos residentes en Estados Unidos, ya no se identifican de la misma manera con el “exilio histórico” y sus representantes políticos. En 2011, un estudio del Cuban Research Institute (CRI) dio como resultado que el 71 % de los nacidos de padres cubanos en Estados Unidos apoya restablecer las relaciones entre ese país y  Cuba, con igual proporción entre los que arribaron con posterioridad a 1994.

En el mismo año 2011, según las autoridades de Cuba, unos cuatrocientos mil cubanos residentes en el exterior -en su mayoría procedentes de los Estados Unidos- visitaron su país de origen, echando por tierra el concepto de “exilio” fabricado por los medios de Miami y enarbolado por políticos como Ileana Ros-Lehtinen. Algo que hizo concebir a mediados de 2012 al senador Marco Rubio, y al entonces representante a la Cámara David Rivera, una legislación para “ajustar” la Ley de Ajuste que quedó en intenciones pero ahora vuelve a tomar fuerza como una respuesta represiva contra la apertura migratoria dada a conocer por el gobierno cubano a fines del pasado año. La nueva regulación cubana permite a quienes salgan de la Isla permanecer fuera de sus fronteras hasta dos años sin realizar ningún trámite, elimina el permiso de salida y facilita la relación con los cubanos que ya residen en el exterior.

Interrogada por el periodista miamense Wilfredo Cancio Isla -el mismo que cobró onerosamente del gobierno norteamericano por demonizar a los cinco cubanos condenados por buscar allí información para evitar actos terroristas- sobre si   “apoyaría un cambio en la Ley de Ajuste Cubano (CAA) para cerrar las brechas que presenta respecto a personas que dicen ser perseguidos y luego viajan con frecuencia a Cuba”, Ileana Ros-Lehtinen descubrió el agua tibia:

“Sí, estoy a favor de un cambio en la CAA para que aquellos que usan este beneficio singular y único que es solo para nacionales cubanos, no puedan regresar de visita a Cuba. No se puede afirmar que uno podría ser perseguido por razones políticas en Cuba y, al mismo tiempo, regresar de visita”

Las autoridades migratorias cubanas acaban de declarar que están listas para implementar a partir del próximo lunes 14 de enero la nueva política migratoria, pero al menos en Miami, y también en Washington, la situación es algo diferente. (Publicado en CubAhora)

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Tomado deLa Pupila Insomne

La migración “en el bombo”. ¿Lo digo literalmente?

martes, 25 de septiembre de 2012
Por Rodolfo Romero Reyes

El mar se traga los sueños, se traga los
hombres… las culpas se quedan en la otra orilla,
bien lejos de La Habana.
Del viaje al Turquino regresamos Camilo y yo en avión por lo que las peripecias de este viaje de vuelta a La Habana nada tuvieron que ver con lo que pasamos para llegar a Santiago de Cuba. Solo puedo decir que pudimos dormir sin sobresaltos, sin lluvia y sin frío.

Cuando salimos de la terminal de vuelos nacionales tuvimos que pasar obligatoriamente por delante de las vallas que están ubicadas en la intersección de las calles que siguen para Boyeros y las que conducen a las distintas terminales del aeropuerto “José Martí”. Para los que no los han visto, les cuento que estos letreros son inmensamente grandes y tienen los mensajes que queremos trasmitir a los visitantes que llegan a nuestro país.

Para mi sorpresa, habían quitado la más vieja de estas vallas. Era aquella que aseguraba que “EL 70 POR CIENTO DE LOS CUBANOS habíamos nacido BAJO EL BLOQUEO DE LOS ESTADOS UNIDOS”. Esa es una de las verdades más grandes e irrefutables: todos los que nacimos a mediados de los 80 para acá, y escuchamos los cuentos de nuestros padres, sabemos lo duro que es ser hijos del llamado “periodo especial”, momento en que el bloqueo se ha sentido más que nunca. Y es que nacer bajo el bloqueo, es una realidad que a veces se nos despinta, y como la valla misma va perdiendo su impacto; aunque todos los días los problemas que tenemos que resolver por su causa sean tan terribles como las paradas de ómnibus al mediodía.

Ahí mismo, tan cerca del aeropuerto con sus aviones, con la connotación que los viajes tienen para todos los cubanos, me puse a pensar que es también por culpa de los Estados Unidos (y fíjense que no es muela) que ese 70 por ciento de cubanos vemos la emigración de una manera distinta a como la vive el resto del mundo. Todo el mundo emigra desde que el mundo es mundo, sin embargo en Cuba la cosa se ve diferente.


Los cubanos, gracias a la beligerancia de Estados Unidos hacia Cuba, tenemos otro status, otros “privilegios” como emigrantes. Yo me imagino que muchos latinoamericanos, sobre todo los mexicanos, sentirán por nosotros cierta envidia. ¿Por qué los gringos favorecen a los panas cubanos?, se preguntarán muchos de ellos. Porque esa es la emigración que prefieren en el Norte: cubana, y preferiblemente ilegal.

Dice mi amigo Rafa, quien siempre está detrás de las estadísticas y chismes políticos, que desde antes del 59 las visas que se daban para Estados Unidos también eran muy pocas. Solo clasificaban los pocos trabajadores que quisieran hacer allá los trabajos que los propios estadounidenses no querían. Los trámites se demoraban cantidad y al que se le ocurriera irse de forma ilegal ilegal se exponía a la expulsión inmediata o a la prisión.

Sin embargo, cuando triunfa la Revolución, los Estados Unidos acogieron a todos los batistianos, esbirros, estafadores, asesinos y ladrones que salieron corriendo de aquí. Desde entonces la visa dejó de ser un documento indispensable para acceder al territorio norteamericano. Ser cubano y llegar de manera ilegal eran suficientes cartas credenciales. Y sí de paso hablabas un poquito mal de Fidel, te daban propina.

Fue gracias a este acto divino de bautismo del Tío Sam, hacedor de milagros, que dejamos de ser emigrantes para ser “exiliados políticos”, a diferencia del resto de los latinoamericanos que seguían siendo extranjeros, sujetos a las leyes migratorias norteamericanas.

Después decidieron que el tema migratorio sería uno de los platos fuertes para sacar de circulación a la Revolución, de ahí que fuera tan importante “ayudar” a los “refugiados” que procedían del entonces campo socialista.

Por eso se creó el Programa de Refugiados Cubanos, se estimuló la salida de Cuba de más 14 mil niños hacia los Estados Unidos durante la Operación Peter Pan, y finalmente, en 1962, se eliminaron los vuelos y salidas legales hacia ese país. Los cubanos de aquí y sus familiares de allá, los mismos padres engañados que enviaron a sus niños se quedaron entonces sin saber qué hacer.

Entonces no quedaba otra: las salidas ilegales.

Quizás por eso en Cuba inventamos la tan polémica política migratoria, que imagino se habrá hecho más rígida después de la Ley de Ajuste Cubano en 1966.

Los yanquis entonces buscaron apoyo en los medios de prensa. ¿Resultado? Las crisis migratorias de Boca de Camarioca en 1965, la del Mariel en 1980, la de los inicios de los noventa, el robo y secuestro de aviones y embarcaciones muchas veces con lamentables pérdidas de vidas humanas, y hasta los vecinos míos que intentaron irse el pasado fin de semana, a pesar del mal tiempo anunciado por Rubiera.

No nos quieren quitar el bloqueo, a pesar de que ha demostrado su ineficacia como purgante para la Revolución. Lo mantienen porque son miles de millones de pesos los que hemos perdido año tras año, y como dice Pánfilo (el de Chequera), hay una pila de gente allá, que gracias al bloqueo, “vive del cuento”.

Estoy convencido de que nunca quisimos ese “tratamiento especial” que Estados Unidos no ha dado en diversas materias, específicamente en el tema migratorio.

Para mucha gente la emigración, es ayuda y es apoyo. No los mercenarios que hablan mal de Castro, o los Oteros que se van a ganarse limosnas a cambio de mentiras, sino los familiares y amigos que trabajan honradamente, y mandan sus remesas de mes en mes, o el tío de mi amiga pinareña, que se muere por verla otra vez. Por estos meses, el tema de la emigración está “en el bombo”, así que quizás escribiré dos o tres post.

Fuente Blog Letra Joven

La emigración cubana y su manipulación política por Estados Unidos

lunes, 24 de septiembre de 2012

 

Las migraciones han sido parte del actuar humano prácticamente desde los inicios de la especie. Pero en el mundo globalizado y profundamente injusto de hoy, el creciente flujo migratorio internacional –alentado por las hondas desigualdades económicas y sociales, la inestabilidad política, los conflictos armados, los desastres naturales y otras causas–, se ha convertido en uno de los más serios problemas de la humanidad.

Miles de personas mueren todos los años intentando emigrar en precarias condiciones a través de fronteras terrestres y los mares. Otros miles, que llegan a las naciones más ricas del Norte buscando mejores condiciones de vida, son sometidos a abusivas y prolongadas detenciones y expulsados hacia sus países sin contemplaciones. Crecen las medidas restrictivas y xenófobas contra los inmigrantes en EEUU y Europa.

En este complejo y duro panorama hay una clara excepción: el tratamiento que el Gobierno de EE.UU le da a la emigración cubana con evidentes fines políticos, como parte de sus planes agresivos contra la Revolución.

Antes de 1959 eran contadas las visas que la Embajada de los Estados Unidos concedía a los ciudadanos cubanos para emigrar a ese país; lo que constituía una aspiración de millones de personas en el mundo, atraídos por el estándar de vida en la nación que emergió de la Segunda Guerra Mundial como la más rica y poderosa del planeta. Unos pocos humildes trabajadores dispuestos a asumir las duras labores que el estadounidense se rehusaba a hacer y componentes de la burguesía y de algunos sectores medios del país, eran los afortunados en esa ruleta migratoria.

Los trámites legales para que un cubano emigrara a Estados Unidos entre 1945 y 1959 eran prolongados y rigurosos. Al que ingresaba ilegalmente le esperaba sin remedio la expulsión o la prisión. Eran tan perseguidos por la “migra” como lo son ahora muchos emigrados latinoamericanos. Ahí esta el testimonio de Camilo Cienfuegos en sus cartas a la familia durante el tiempo que debió permanecer en territorio norteamericano, en la década del 50, ante la persecución de la dictadura batistiana.

Todo cambió con el Triunfo de la Revolución en 1959. Desde el primer día de la victoria de nuestro pueblo, Estados Unidos se convirtió en seguro refugio para los esbirros, torturadores, asesinos, malversadores y ladrones de la derrocada tiranía de Fulgencio Batista. El ingreso sin obstáculo al suelo estadounidense de cualquier persona que saliera ilegalmente de Cuba pasó a ser la norma. La visa dejó de ser un trámite necesario para ser recibido. La categoría de emigrante desapareció para los cubanos que salían del país, que pasaron sin excepción al tratamiento de exiliados, gracias a la política implantada por Washington.

El gobierno norteamericano, consciente de que en Cuba había una verdadera Revolución, se planteó una estrategia de hostilidad permanente hacia nuestra Patria sustentada en un feroz bloqueo económico y comercial y que tenía también al tema migratorio como uno de sus componentes esenciales para la desestabilización. Cuba pasó a formar parte de la política implementada por la Casa Blanca en los años 50 para beneficiar con el estatus de “refugiado” a los migrantes del entonces campo socialista.

Nació así el Programa de Refugiados Cubanos, a inicios de los 60, y se ejecutó la inescrupulosa Operación Peter Pan mediante la cual fueron virtualmente secuestrados hacia EE.UU más de 14 mil niños, arrancados a sus padres atemorizados por la propalación de la falsa e infame noticia de que sería suprimida la Patria Potestad en Cuba.

Tras la derrota sufrida en Playa Girón, el escalamiento de la guerra sucia contra Cuba y las tensiones de la Crisis de Octubre, el Gobierno norteamericano suprimió abruptamente, a fines de 1962, los vuelos normales y salidas legales desde nuestro país a esa nación, cortando de facto los vínculos de miles de cubanos con sus familiares en EE.UU, entre ellos la de los padres que habían enviado a sus hijos durante la Operación Peter Pan. Solo quedó el camino de las salidas ilegales.

En febrero de 1963, la administración Kennedy dio un poderoso estímulo a esas salidas al anunciar que los cubanos que llegaran a EE.UU directamente desde nuestro país serían recibidos como refugiados; mientras, quienes lo hicieran desde terceros países serían considerados extranjeros y quedarían sujetos a las restricciones migratorias norteamericanas.
Se buscaba el show político y mediático. El intento de pintar una Revolución que naufragaba. El propósito de mostrar una sociedad supuestamente quebrada y fracasada que obligaba a sus ciudadanos a lanzarse desesperadamente a la aventura migratoria.

El Congreso estadounidense dio un espaldarazo final a la perversa política al aprobar la llamada Ley de Ajuste Cubano, firmada por el presidente Johnson el 2 de noviembre de 1966. Con ella se concedía el derecho inmediato al permiso de residencia a cualquier emigrante ilegal cubano que llegara a territorio norteamericano, y al año se le otorgaba automáticamente la residencia permanente.

Esa aviesa legislación –aplicada desde entonces invariablemente y actualizada varias veces para promover aún más la emigración ilegal–, unida a la intencionada denegación de cuantiosas solicitudes de visas para la emigración legal, al endurecimiento del bloqueo y a las miles de horas de incesante propaganda subversiva y de guerra política y sicológica desde EE.UU llamando a la indisciplina social, al delito y a las salidas ilegales del país, han provocado sucesivas y graves crisis migratorias como las de Boca de Camarioca (1965) , el Mariel (1980) y la de 1994.

Impunidad, violencia y robo de cerebros

La impunidad total y los estímulos con que se ha recibido en EE.UU a todas las personas salidas ilegalmente de Cuba en estas cinco décadas, han dado lugar al robo y secuestro de embarcaciones, la piratería aérea, la violencia, el empleo de armas y hasta a asesinatos. Autores de crímenes atroces como Leonel Macías, el asesino del guardamarina Roberto Aguilar Reyes, viven hoy en la Florida al amparo de esta política.
A sectores de esa estimulada emigración han acudido el gobierno estadounidense, la extrema derecha, los servicios especiales y la mafia cubano americano para ejecutar sus planes agresivos y terroristas contra nuestra Patria.

Esa mafia y sus representantes en el Congreso han utilizado a su antojo el tema migratorio en su agenda anticubana. Estimulan por un lado la emigración a través de declaraciones y acciones precisas como el programa Éxodo manejado por la Fundación Nacional Cubano Americana en la década de los 90, y por el otro, presionan al Gobierno norteamericano a actuar en el supuesto interés de la Seguridad Nacional de EE.UU si se produjera una nueva crisis migratoria. Sueñan con provocar un conflicto armado entre Estados Unidos y Cuba.

En todos estos años, las autoridades norteamericanas y los sectores anticubanos han alentado y priorizado la salida del país de médicos, enfermeros, profesores, ingenieros y otros profesionales universitarios o técnicos de nivel medio, en un descarado robo de cerebros. Miles de millones de dólares le han costado a la nación la pérdida de ese personal calificado formado gratuitamente en nuestras universidades y escuelas politécnicas.

No satisfechos con extraerlos del país, los persiguen por diversas partes del mundo. Vigente está el programa ideado por la administración Bush para captar médicos y otros especialistas de salud cubanos que prestan importantes servicios en decenas de países.

Permanente es también el asedio a nuestros deportistas, reconocidos en los escenarios mundiales y forjados gracias al sudor de nuestro pueblo y la capacidad de nuestro sistema de formación deportiva.

El objetivo es apropiarse desvergonzadamente del talento de la nación, e intentar desmoralizar, obstruir nuestro desarrollo, generar desaliento.

Pese a los acuerdos migratorios logrados entre Cuba y EE.UU, el gobierno norteamericano continúa aplicando para nuestra nación los esquemas de la Guerra Fría y el anticomunismo que caracterizaron la política inmigratoria de ese país en décadas pasadas.


Una y otra vez han violado esos acuerdos en diferentes administraciones, mantienen en vigencia la Ley de Ajuste Cubano que estimula la emigración ilegal y ha provocado numerosas muertes en el estrecho de la Florida, y sostienen las campañas de aliento a esa emigración y la manipulación mediática sobre este sensible tema.

Mientras más de 429 mil indocumentados fueron detenidos y más de 397 mil inmigrantes fueron expulsados de Estados Unidos en el 2011, según reconoció hace unos días el Departamento de Seguridad Interior, los inmigrantes cubanos continúan recibiendo un tratamiento privilegiado a tono con los intereses subversivos de la política norteamericana hacia nuestro país.

Cuba ha cumplido rigurosa y estrictamente sus compromisos en los acuerdos migratorios, sostiene la necesidad de garantizar una emigración legal, ordenada y segura hacia la nación norteña, mantiene una relación respetuosa con el creciente y mayoritario sector de la emigración cubana en Estados Unidos y otras partes del mundo que profesa amor a su Patria, promueve los vínculos familiares, condena el bloqueo y otras políticas agresivas contra su pueblo y defiende el derecho de nuestra nación a vivir y desarrollarse en paz, y ha dado pasos en todos estos años para hacer más fluida esa relación entre la Nación y su emigración.

Tomado de Cubadebate

Imagen agregada RCBáez
martes, 1 de noviembre de 2011


 
La Proclama adoptada por la Asamblea Nacional del Poder Popular el 12 de julio del 2000, denunció la criminalidad de la Ley de Ajuste Cubano refrendada por el presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Jonhson, el 2 de noviembre de 1966, hace 45 años.

En aquella oportunidad, los parlamentarios cubanos, recordaron cómo esta política migratoria criminal, inmoral y discriminatoria que aplica el imperialismo contra Cuba desde el triunfo de la Revolución y que se expresa en la Ley de Ajuste Cubano, es una política perversa, deliberadamente concebida para desestabilizar y socavar a la sociedad cubana, cínicamente calculada para provocar muertes y sufrimientos, manipulando desvergonzadamente las tragedias que esa Ley ocasiona.


Tal engendro legislativo, adoptado en 1966, tenía, ante todo, un carácter batistiano. Su texto, explícitamente, subraya que se aprobó para beneficiar a quienes habían escapado de Cuba el primero de enero de 1959 excluyendo a los no pocos cubanos que habían emigrado a Estados Unidos, precisamente, antes o durante el periodo de la tiranía. Por eso, en su origen mismo, la Ley nació con un sentido discriminatorio, inmoral, contra los cubanos. Los que allá llegaron en aquella fecha o en el período inmediato posterior, en los primeros años de la década del sesenta, no lo hicieron en rústicas y endebles embarcaciones sino que viajaron en yates lujosos, en sus aviones privados o en vuelos regulares, que existieron directamente desde Cuba hasta que fueron prohibidos por las autoridades yanquis a finales de 1962, como parte de su guerra económica contra nuestro país.


Al extender la vigencia de la Ley sin límite hacia el futuro, después de haber roto las relaciones diplomáticas y suspendido el otorgamiento de visas y cancelado las posibilidades de viajar normalmente entre ambos países, su único propósito era alentar a ciudadanos cubanos a intentar la emigración mediante procedimientos clandestinos y con los riesgos de la vía marítima. Quienes lo hicieron durante muchos años, contaron con la activa cooperación de las autoridades y del servicio de la guardia costera norteamericana, que sistemáticamente y como norma, recogieron a los viajeros en aguas cercanas a Cuba y los trasladaron hasta el territorio norteamericano. Otros, lamentablemente, perdieron la vida cuando no tuvieron la suerte de encontrar en su ruta a las unidades navales de Estados Unidos. Unos y otros han sido utilizados de modo cínico por la propaganda del imperio contra Cuba, a la que han destinado miles de millones de dólares en cuatro décadas.


En una colosal operación de falsificación de los hechos y promoción de la mentira, han tratado de presentar a los cubanos como gente que desea “escapar” a Norteamérica, y a Estados Unidos como a la nación “generosa” que los acoge. Ni lo uno ni lo otro tiene un átomo de verdad. Ahí están las estadísticas oficiales norteamericanas para probarlo.


Pese a que durante más de cuarenta años solo para Cuba ha existido una política especial, expresada en la Ley de Ajuste, y promovida por diversos medios, para provocar las salidas del país y que solo contra el pueblo cubano se lleva a cabo una guerra económica genocida que, entre otras cosas, impone condiciones que fomentan la tendencia a emigrar, Cuba no está entre los principales emisores de emigrantes. En nuestro continente hay varios países que, contando con menos población, tienen cifras de emigrantes mucho más altas que las de Cuba. Si se pudiese calcular con precisión los que en Estados Unidos permanecen indocumentados, el contraste sería aún más notable: allá hay incontables millones de latinoamericanos en esa condición, mientras que, debido a la infame Ley, ningún cubano es ilegal.


Durante todos esos años, y en forma creciente hasta hoy, fueron numerosos los emigrantes de otras nacionalidades que también intentaron llegar hasta las costas norteamericanas procedentes de territorios más distantes sin recibir la protección y ayuda de los guardacostas que invariablemente, si los encuentran, los expulsan hacia sus países de origen. Teniendo que evadir a los norteamericanos, esos emigrantes han enfrentado siempre mayores riesgos y han sufrido más pérdidas humanas. Pero de ellos poco se habla, su tragedia es ignorada. Los que han logrado penetrar en Estados Unidos van a sumarse a los millones de indocumentados víctimas de constante persecución por el Servicio de Inmigración de aquel país.


Estados Unidos ha incitado criminalmente a los cubanos a arriesgar la vida en travesías peligrosas con el único, innoble y repugnante fin de calumniar a Cuba y distorsionar groseramente su imagen. Para quienes estén dispuestos a arriesgar la propia vida y la de otras personas, incluyendo niños, mujeres y ancianos, abre sus puertas sin obligarlos a cumplir requisito alguno. Así ha admitido allá a miles de individuos a los que les habían o hubieran negado la visa, entre ellos, no pocos con pésimos antecedentes penales. Así ha permitido que florezca el vil negocio del contrabando de personas, asociado al del narcotráfico, frente al que no toma ninguna medida efectiva.


Son muchos los cubanos, o sus descendientes, que habiendo sufrido la experiencia real de vivir en aquella sociedad corrupta, violenta, racista y profundamente injusta, padeciendo, ellos también, la explotación y la discriminación, añoran con tristeza la Patria que abandonaron.


En 1994 y 1995 Washington firmó con Cuba acuerdos migratorios por los que se comprometía a no continuar con esa irresponsable política y a esforzarse por encauzar la emigración solo mediante procedimientos legales, seguros y ordenados. Estos acuerdos han facilitado que un número apreciable de quienes lo quisieron hacer, emigrasen de manera apropiada. Pero no han conducido a una normalización en esta materia porque su aplicación ha estado viciada por el propósito, nunca abandonado, de usar el tema de la emigración como parte de su arsenal contra la Revolución cubana. En la práctica, las disposiciones sobre la política de “pies secos y pies mojados”, como parte de la Ley de Ajuste y su aplicación, constituyen una permanente violación de esos acuerdos, como los violan también la constante incitación a la emigración ilegal que realizan las transmisiones radiales dirigidas hacia Cuba desde Estados Unidos, incluso con el patrocinio oficial.


Estados Unidos debe poner fin a su política criminal, irresponsable y demagógica, concebida y practicada contra los cubanos, pero que perjudica también a los pueblos latinoamericanos y es dañina para los intereses de los propios norteamericanos. La asesina Ley de Ajuste cubano debe ser abrogada.


Si Estados Unidos está dispuesto a conceder la residencia legal a cualquier cubano que entre a su territorio, como efectivamente hace con los que arriesgan innecesariamente la vida, debería darle la visa a todos los que deseen emigrar de forma legal y normal sin pedirle documentación o requisito alguno, tal como hacen con los que ignoran sus leyes y las nuestras.


(Fuente: Granma)


Tomado de Cubadebate


Imagen agregada RCBáez

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