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Y Morazán vigila...

jueves, 4 de octubre de 2012
Desaguizados técnicos y meteorológicos me impidieron compartir con ustedes estos dos trabajos del Profesor hondureño Pablo Portillo en la fecha homenaje al natalicio de la excelsa figura de Morazán: sin embargo, nunca es tarde para conocer más de nuestros proceres:

Francisco Morazán y la unidad de Centroamérica
Por Pablo Portillo de Jesús*

Francisco Morazán Quezada nació en Tegucigalpa el 3 de octubre de 1792, sus padres fueron Eusebio Morazán Alemán y Guadalupe Quezada Borjas, sus primeros un conocimientos los adquirió en la Escuela de Tegucigalpa y luego continuó superándose como autodidacta, gracias a su excelente memoria y a su extraordinaria disciplina.

Desde temprana edad mostró interés por adquirir diversos cocimientos, especialmente por su interés en la lectura y por su comunicación con  personas  ilustradas  de la  provincia;  a temprana edad y por algún tiempo permaneció en Texiguat, donde estuvo bajo el cuidado  del sacerdote de ideas progresistas, Francisco Antonio Márquez.

De regreso a Tegucigalpa, en compañía de su padre, encontró trabajo  en el despacho del señor León Vásquez y en la biblioteca del Licenciado Dionisio  de Herrera  tuvo la oportunidad de aumentar sus conocimientos, allí leyó libros de autores importantes, entre otros,  John Locke,  Montesquieu, Juan Jacobo Rousseau, Alexis de Tocville, etc.

El 30 de diciembre 1825 Morazán se casó con María Josefa  Lastirí Lozano, nacida el 20 de octubre de 1792, con quien tuvieron una única hija, Adela Morazán Lastirí. María Josefa fue una  mujer admirable que hizo causa común con los trabajos políticos de su esposo y compartió sus ideales de independencia y unidad de Centroamérica.

La unión centroamericana, integrada por Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica  a raíz de la independencia de 1823  fue precedida por Manuel José Arce, quien asumió ilegalmente el cargo  de Presidente  de las Provincias Unidas de Centroamérica (1825-1829), pues quien salió electo fue José  del Valle.

Manuel José Arce se enemistó con Dionisio de Herrera, Jede Estado de Honduras, pues “desaprobaba sus desafueros legales, esa administración se había iniciado con un evidente fraude contra José Cecilio del Valle, primo de don Dionisio y por allí deben haberse alimentado algunos odios”. (Julio Escoto).

El 4 de abril de 1827el ex Vice Jefe hondureño, José Justo Milla, atendiendo órdenes de Manuel José Arce, invadió  Honduras desde Guatemala, sitió y prendió fuego a gran parte  de Comayagua, “de 18.000. 00 habitantes solo quedó con 8,000.00” y depuso a Dionisio de Herrera y, después  de hacerlo  prisionero lo obligó a caminar a pie hasta Guatemala.

Morazán  fue hecho prisionero en Ojojona donde permaneció durante 22 días y de allí se escapó, viajó a San Miguel, El Salvador, y luego  a León, Nicaragua, donde consiguió recursos para regresar a liberar a su patria; enfrentó al traidor Justo Milla  en la Trinidad el 11 de noviembre de 1827, obteniendo un triunfo definitivo, “dando a conocer por primera el brillo de su espada” (Lorenzo Montufar).

Desde esa histórica batalla, Morazán ejerció influencia política en  el escenario de Centroamérica. Después se trasladó a Comayagua, capital de Honduras, y, a partir del 26 de noviembre de 1827 asumió el cargo de Jefe del Estado de Honduras constitucionalmente, sustituyendo a Dionisio de Herrera, cargo que ejerció hasta el 30 de junio de 1830.

Morazán se solidarizó con varios países de Centroamérica y, a principios de julio, dejó el gobierno en manos del vice Jefe Diego Vijil, y salió en apoyo de los  salvadoreños quienes necesitaban defenderse de la embestida reaccionaria de Manuel José Arcey derrotó a los  enemigos de la unidad centroamericana en Gualcho, Departamento de Usulután, el 6 de julio de 1828.

Posteriormente se dirigió a Guatemala a enfrentar a los enemigos de la unidad Centroamérica, el 12 de abril de 1829 el Jefe de Estado de Guatemala Mariano Aycinena capituló, y el día siguiente la Plaza Central fue ocupada inmediatamente por las fuerzas de Francisco Morazán, y procedió a restablecer el orden constitucional.

 Francisco Morazán recibió la noticia en Comayagua  de que había sido electo en Guatemala para ejercer la Presidencia de Centroamérica, así como el llamamiento del Gobierno Federal y  la invitación de sus amigos para que se presentare a la mayor brevedad a rescatar la unidad de Centroamérica.

El acto de traspaso de poder se hizo efectivo el 16 de febrero de 1830, en esa fecha el Presidente del Congreso, entre otras palabras, expresó: “La noble espada del guerrero patriota batió el fanatismo y la tiranía, conservó las instituciones… y segó los planes odiosos de la reacción”.

Francisco Morazán, al tomar posesión de su cargo expresó “El pueblo soberano me manda colocarme en el más peligroso de sus destinos…Ofrezco sostener  la Constitución Federal que he defendido como soldado y como ciudadano”. “La alianza de los pueblos americanos, aunque se ha frustrado hasta ahora, no está lejos el momento de ser puesta en práctica esta combinación admirable”. (Ángel Zúñiga Huete)

El 16 de septiembre 1834 concluyó el período presidencial Francisco Morazán; el 2 de marzo de 1834 José Cecilio del Valle, quien había resultado nuevo Presidente de Centro América, falleció de muerte natural; en esa fecha el Congreso Federal hizo la nueva convocatoria a elecciones presidenciales y el 2 de febrero de 1835 declaró electo a Francisco Morazán para un segundo período.

Guatemala, como asiento  del clero, fue el centro principal desde donde se impulsaba  la desintegración  de Centroamérica, esta institución era la quinta columna de la intriga que atentaba permanentemente contra  la paz en nuestra región, acosada por todos los fuerzas reaccionarias  enemigas  de la unidad de la patria centroamericana.

MORAZÁN, CENTROAMERICA Y LA JUVENTUD
Por Pablo Portillo de Jesús*

El 21 de marzo de 1936 se reunió en San Salvador la novena legislatura Federal  y ante ella Morazán rindió el informe de su gestión administrativa como Presidente reelecto de la Federación,  en esta ocasión destacamos, entre otros, los siguientes puntos:

“El tratado para la apertura del Canal de Nicaragua con la colaboración del gobierno holandés no fue posible suscribirlo por dificultades con el gobierno  de Inglaterra  y por la Imposibilidad de rescatar la soberanía de Centroamérica sobre Belice por la oposición irracional del gobierno del Reino Unido”.

Reconocimiento de los siguientes derechos humanos: “libertad de cultos, inviolabilidad de la correspondencia, libertad de prensa, libertad de palabra y de asociación”. También reiteró la importancia de la paz, la integridad de las instituciones, la devolución de Belice  al dominio de Centroamérica, etc.

Con respecto a la educación de la  juventud expresó: “La educación de la juventud de esa porción escogida para regir algún día los destinos de la República, ha merecido muy particularmente la atención del gobierno. Un pueblo que, rompiendo las cadenas de la esclavitud, se arroja en el camino de la libertad, no puede marchar sin tropiezos por él”.

Al referirse a la educación dijo: “Hablo de la sencilla educación popular que… es el alma de las naciones libres”. Además hablo de la necesidad de la educación del pueblo para la vida de la democracia. etc.; pero no habló de la “democracia secuestrada”.

El 1 de febrero de 1839 concluyó el segundo periodo como Presidente de Centroamérica, al respecto Lorenzo Montufar ha afirmado que las revueltas internas de Guatemala impidieron que se hicieran elecciones para renovar las autoridades federales; “la unión estaba rota, la república había muerto”.

La Asamblea Legislativa salvadoreña conoció los resultados de las elecciones practicadas para los cargos de autoridades supremas, y el 8 de julio de 1839 declaró electo Jefe de Estado a Francisco Morazán, cargo que desempeñó hasta el 8 de abril de 1840.

Las fuerzas reaccionarias de Centroamérica se movilizaron nuevamente contra los sectores partidarios de la paz; el 15 de septiembre de 1839 Morazán salió de San Salvador y, los reaccionarios al conocer su ausencia, secuestraron a su esposa y a toda su familia e hicieron saber a Morazán que los rehenes  serían ultimados si no abandonaba el cargo.

Morazán respondió a los reaccionarios: “Los rehenes que mis enemigos tienen en su poder, son para mí sagrados y hablan vehemente a mi corazón; pero soy el  Jefe del Estado y mi deber es atacar. Pasaré sobre los cadáveres de mis hijos, haré escarmentar a mis enemigos, y no sobreviré un solo instante a tan escandaloso atentado”. Morazán atacó con rapidez  y rescató a su familia.

El 8 de abril de 1840 Morazán reiteró  una vez más su amor a la unidad centroamericana, al abandonar voluntariamente el cargo de Jefe de Estado de El Salvador y se marchó al exilio a fin de evitar que las fuerzas reaccionarias y los miembros del clero  pusieran de pretexto su persona para combatir la unidad de la región.

Al retirarse de su cargo Morazán fijo su domicilio temporal en David, antes perteneciente a Colombia y allí escribió su célebre Manifiesto de David, el 16 julio 1840, y en él denunció a la cúpula de la iglesia católica, especialmente al sacerdote y  marques Juan José de Aycinena por hacer causa común con los  enemigos de la unidad centroamericana.

“No es vuestra patria (les dijo) porque en 1812, que por primera vez se ventilaron los derechos de los americanos, vosotros hacías de injustos jueces, de viles denunciantes y de falsos testigos contra los amigos de la independencia”.
“Es nuestra patria (señaló), porque en la misma época nosotros difundimos ideas de libertad y de independencia en el pueblo, sin que vuestras amenazas nos arredrasen ni nos intimidase la muerte”.

El Presidente de Perú, Mariscal Gamarra, le envió una carta a David invitándolo para que se hiciera cargo del Ministerio de Guerra; declinó esta invitación y tuvo la delicadeza para no decirle que la espada de Morazán  solo estaba al servicio de la libertad, la independencia y unidad de Centroamérica.

En esa misma época partió a Lima donde permaneció cuatro meses en aquel país; pero al tener conocimiento que en Centroamérica ocurrían nuevos hechos extraordinarios pues, el 12 de agosto de 1841, el superintendente inglés de Belice exigió al comandante del Puerto de  San Juan del Norte que reconociera al jefe que los británicos habían designado.

Tomó la decisión de regresar a su patria, llegó al puerto de la Unión de El Salvador y, desde allí, envió un mensaje a los gobernantes de la  región el 16 de febrero de 1842 titulado “Manifiesto contra el colonialismo británico”, en donde les proponía: “señálesenos el lugar que debemos ocupar y el jefe a quien debemos obedecer”.

Y finalizó su mensaje con estas palabras: “Si a los centroamericanos se les coloca entre la humillación y la guerra, elegirán siempre el último partido aun cuando tengan la certeza de no poder salvar más que el honor”.

El 15 de septiembre de 1842, las fuerzas reaccionarias de Centroamérica lo asesinaron en San José de Costa Rica; uno de sus últimos pensamientos fue para la juventud a quien encomendó la liberación de su patria.

“Alta es la noche y Morazán vigila” (Pablo Neruda)

*Profesor de Educación Superior, Tegucigalpa, Honduras
Enviado por su autor

Imagen agregada RCBáez


De América soy hijo y a ella me debo

martes, 31 de enero de 2012
Por Ramón Guerra Díaz

Publicado el 25 de Enero de 2012

Dentro de pocos días celebraremos el 159 aniversario de natalicio de José Julián Martí Pérez, una de las figuras más importantes dentro de la historia y la cultura cubana, no solo por sus grandes sacrificios por el logro de nuestra primera independencia, sino también por su lucidez política, que lo hizo ver más lejos que los políticos de su época, la necesidad de la unidad latinoamericana como contrafuerte al hegemonismo que desde aquellos años ya asomaba por el “norte revuelto y brutal que nos desprecia”, como dijera él para referirse a los Estados Unidos y su poderosa oligarquía.

Un momento importante en la maduración política de José Martí fue su contacto con la sociedad norteamericana. Llega a Nueva York el 3 de enero de 1880, venía de España después de haber sido deportado por el gobierno colonial español de la isla de Cuba algunos meses antes.

El contacto con aquel país en pleno apogeo de su desarrollo económico fue deslumbrante, por eso escribe en el periódico The Hour un artículo titulado “Impresiones de América” en el que expresa: “Estoy, al fin en un país donde cada uno parece ser su propio dueño.” Poco a poco el conocimiento más profundo de aquel país le hará escribir un año después: “[...] este país, señor en apariencias de todos los pueblos de la tierra, y en realidad esclavo de todas las pasiones de orden bajo que perturban y pervierten a los demás pueblos.”

En aquel país vivió las emociones de las grandes transformaciones tecnológica, la expansión de la nación hacia el oeste, las riadas de emigrantes provenientes de Europa, base de la vertiginosa transformación del país; las luchas de los trabajadores, en su mayoría emigrantes, por mejores salarios y ocho hora de labor, hechos que sirvieron para aguzar su pensamiento social, siempre al lado de los humildes, sus críticas a los métodos violentos de lucha y su comprensión paulatina de aquella gente violenta, engañada y víctima del gran capital. Todo esto en una constante dialéctica de su maduración.

En los Estados Unidos el Apóstol cubano conoció y puso al descubierto el fenómeno imperialista y advierte sobre el peligro que representaba para Cuba, las Antillas y a la larga para América Latina. El auge económico del país traía la necesidad de mercados y sus clases dominantes apuntaban hacia el dominio de las naciones de la América Latina.

Desde sus crónicas para los periódicos de Hispanoamérica no se cansa de mostrar las luces y las sombras de aquella nación y al organizar el movimiento independentista y liberador de la isla de Cuba, sienta sus objetivos políticos de impedir la anexión de Cuba al país del norte.

Su profundo espíritu analítico y su voluntad de estudiar las interioridades de los Estados Unidos, le permitieron llegar a conclusiones político sociales que aún hoy guardan una gran vigencia:

- La unidad de los países latinoamericanos como contraparte al hegemonismo de los Estados Unidos.

- El desarrollo cultural y económico de nuestra América como antídoto a la dominación de la nación del norte.

- La necesidad del desarrollo desde bases propias como contrapartida a la influencia y penetración de esa cultura basada en el pragmatismo y el individualismo exacerbado

- La esencia humanista de la sociedad, su confianza en el ser humano y su capacidad de ser bueno.

Esas y otras que se me escapan son esencias sociales de la prédica martiana, no solo contenida en documentos políticos y programáticos, sino en toda su obra intelectual y de vida.

En los días que corren, con una nueva América Latina, dispuesta al cambio e imbuida de esa necesidad de integración preconizada por Bolívar, defendida por Martí y muchos otros, recordamos al cubano mayor útil y vigente.

http://blogs.monografias.com/cultura-cuba/2012/01/25/de-america-soy-hijo-y-a-ella-me-debo/

Conversación contemporánea con José Martí, el Héroe Nacional de Cuba

viernes, 27 de enero de 2012
Conversación contemporánea con José Martí, el Héroe Nacional de Cuba  
Por Wilkie Delgado Correa

“Cuba no tiene por qué temer: tiene hijos
 que sólo la abandonarían cuando cierren los ojos”.


Al adentrarnos en la historia, quiérase o no, se interactúa, se intercambia, se dialoga, se pregunta o se responde de las formas variadas en las que cada ser humano tiene capacidades, posibilidades y propósitos para ello. Por tanto, más que intentar asomarnos a la historia como espectadores, se debe penetrar en ella hasta sentirnos como coetáneos activos del tiempo en que se incursiona. Por los caminos de la historia pasada, presente o futura siempre habrán motivos para buscar el encuentro con una respuesta verdadera, un juicio definitivo y una defensa irreductible de lo justo. De esta manera es que he llegado a concebir esta conversación contemporánea con José Martí, fundador del Partido Revolucionario Cubano, líder y jefe de la guerra de independencia de1895, Mayor General, Maestro y Apóstol de nuestra lucha independentista, y Héroe Nacional. Mis preguntas tienen una respuesta cabal y contundente a través de sus ideas. Y son respuestas textuales de ayer, pero válidas y necesarias hoy, y que tal vez en el devenir histórico estarán vigentes siempre

Esta será, por lo tanto, una conversación sui géneris. Así que, queridos lectores, permítanme que les presente esta entrevista imaginaria, pero auténtica y legítima, y que resulta, por eso mismo, tan real, verdadera y contemporánea como si hoy mismo hubiera ocurrido. Y es que con Martí, como con otros grandes hombres de la patria, sucede lo que él vaticinara como realidad posible,: que cuando se cae en la patria del lado del deber y en brazos de la patria agradecida, “empieza, al fin, con el morir, la vida”.

José Martí nació en La Habana el 28 de enero de 1853 y cayó en combate el 19 de mayo de 1895, para mantenerse vivo en el seno de su pueblo. Confirmación de ello fue que al cumplirse el centenario de su nacimiento, y producirse el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, Fidel Castro afirmó, al producirse su apresamiento, que Martí había sido el autor intelectual de aquella acción armada, y en su alegato de defensa titulado La Historia me Absolverá, se preguntó qué hubiera sido de Cuba si hubiera dejado morir al Apóstol en el año de su centenario.  

Es hora, pues, que demos paso al texto de esta entrevista cuyas preguntas están matizadas por el enfoque contemporáneo de su autor, y las respuestas tienen afincadas sus raíces en el pensamiento y las ideas expresadas por José Martí, en diversos momentos de su vida ante los acontecimientos, los sucesos y los avatares de la vida o de la lucha en la época que le tocó vivir, pero en las cuales no pueden faltar los sueños y las proyecciones hacia el futuro

W- Maestro, vivimos hoy como antes tiempos difíciles en los cuales está en juego la existencia misma de la patria. ¿Cómo Ud. interpreta el deber de cada compatriota?

MARTÍ- El deber de un patriota que ve lo verdadero está en ayudar a sus compatriotas, sin soberbia ni ira, a ver la verdad…

…¿Qué deben hacer los verdaderos amantes de la patria…?: Predicar revolución… Estamos aquí para impedir que el enemigo acorrale al abanderado, o caiga en malas manos la bandera:…Aquí somos la vigilancia y el amor, la cordialidad y la centinela, la pasión, razonada por el juicio, de cuanto lleve con decoro el nombre de cubano.

W- Ante la situación que actualmente atraviesa el país, bloqueado criminalmente por la potencia más poderosa de la tierra, y en un mundo en que las fuerzas enemigas internas y externas se confabulan con el propósito de un ajuste de cuentas a la patria por su rebeldía, ¿qué estrategia general Ud. postula?

MARTÍ- A un plan obedece nuestro enemigo: el de enconarnos, dispersarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos, burlarlo, hacer por fin nuestra patria libre. Plan contra plan. Sin plan de resistencia no se puede vencer un plan de ataque.

W- Martí, hay quienes consideran  que son tan enormes las dificultades, como otros creían frente a España, que el país no le queda otra alternativa que sucumbir ante el poderío de los Estados Unidos, a pesar de que la Revolución ha demostrado que lo que parecía imposible ha sido posible.

MARTÍ- Quizás crean que falta a Cuba las dotes superiores, con que han de contar los pueblos para aspirar con éxito a su independencia: la constancia, la abnegación y la unión…En nosotros hay masa pública, que conoce y adora la libertad, que la habla y la escribe, que la razona y la acomoda a lo verdadero, que la defenderá con las uñas y con los dientes… ¡Allí estaremos todos, defendiéndola! No hay placer como el de defenderla: el cubano, antes que la libertad, se arranca la vida.

W- Entonces, ¿piensa Ud. que en este asunto el país marcha por buen camino?

MARTÍ- El país va a donde debe… Se calla lo que no es preciso decir… Mucho daño hace en este mundo la cobardía, mucho la indecisión, mucho la política importada… Los pueblos continúan, no retroceden… El cubano sabe que hay un camino al frente, pero no sabe que haya ningún camino atrás… El cubano es indómito… es independiente, moderado y altivo. Es su dueño, y no quiere dueños… A tiempo, y con dignidad, haremos lo que debemos.

W- Maestro, ¿y qué nos puede decir de esos que miran hacia el Norte hechizados por las pompas y el poderío?

MARTÍ- Las malas acciones me entristecen, como si las cometiera yo, y las buenas me dan bríos para pelear… Son algunos los vendidos y muchos los venales, pero de un bufido del honor puede echarse atrás a los que, por hábito de rebaño, o el apetito de las lentejas, se salen de las filas en cuanto oyen el látigo que los convoca, o ven el plato puesto…

Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que les roen el hueso a la patria que los nutre.

W- ¿Cómo Ud. piensa que debe reflexionar cada cubano como parte esencial de nuestro pueblo?

MARTÍ- El pueblo más grande no es aquel en que una riqueza desigual y desenfrenada produce hombres crudos y sórdidos y mujeres venales y egoístas; pueblo grande, cualquiera que sea su tamaño, es aquel que da hombres generosos y mujeres puras. No es rico el pueblo donde hay algunos hombres ricos, sino aquel donde cada uno tiene un poco de riqueza.

En economía política y en buen gobierno, distribuir es hacer venturosos.

La honradez es el vigor en la defensa de lo que se cree, la serenidad ante las exigencias de los equivocados, ante el clamoreo de los soberbios, ante las tormentas que levantan los que entienden mejor su propio provecho que el provecho patrio.

W- Martí, ¿cómo Ud. califica a los Estados Unidos, país vecino cuya política –mala política- ha sido siempre, me refiero a la de sus gobiernos, la de interferir los anhelos independentistas y soberanos de nuestro pueblo, además de pretender asfixiarnos en esta época para apoderarse de Cuba a través de sus vasallos mercenarios de afuera y de adentro?

MARTÍ- Vecino esencialmente hostil y diverso…vecino avieso… desdeñoso vecino… Roma americana.

W- ¿Cuál es su pensamiento sobre esa política de los Estados Unidos, que la concretó de hecho, tal como Ud. temía, después de su muerte, y sobre la política correspondiente de nuestro país?

MARTÍ- Los peligros no se han de ver cuando se les tiene encima, sino cuando se les puede evitar… Para todo hay ciegos, y cada empleo tiene en el mundo su hombre… Pueden creer los hombres superficiales, los hombres ilusorios, los hombres imitativos, que un pueblo fuerte y complacido en su primacía, reconocerá paridad a un pueblo mínimo… Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los sacaría de ella?... Cambiar de dueño, no es ser libre. Yo quiero de veras la independencia de mi patria.

No deduzco de los vítores que sean reconocidos por los Estados Unidos los derechos cubanos: tengo fe en que el martirio se impone, y que lo heroico vence. Ni esperamos su reconocimiento, ni lo necesitamos para vencer… Pero si los gobiernos se hacen egoístas, y los pueblos ricos se apegan a sus riquezas y obran como avaros viejos, la humanidad es en cambio perpetuamente joven. El entusiasmo no ha tenido nunca canas… Podrán los gobiernos desconocernos, los pueblos tendrán siempre que amarnos y admirarnos.

W- Maestro, tal como Ud. temía los norteamericanos entraron aviesa y oportunistamente en la guerra que Ud. organizó. Pero fue posible sacarlos con la fuerza del pueblo encarnada en la Revolución Cubana. ¡No fue fácil! Y aún prosiguen haciéndonos la vida difícil. ¿Algún recuerdo particular que podamos proyectarlo, con sus matices de diferencias, a los tiempos que vivimos?

MARTÍ- De un punto si recuerdo que tratamos más a la larga en nuestra conversación, porque me tenía en aquellos días entre indignado y piadoso, siendo la indignación para con los entendidos, y la piedad para los ignorantes, y fue de los rumores que por entonces corrían en Cuba sobre la anexión de nuestra Patria a los Estados Unidos. Sólo el que desconozca a nuestro país, o éste o las leyes de formación y agrupación de los pueblos puede pensar honradamente en solución semejante, o el que ame a los Estados Unidos más que a Cuba. Pero quien ha vivido en ellos, ensalzado sus glorias legítimas, estudiando sus características, entrando en las raíces de sus problemas, viendo como subordinan a la hacienda su política, confirmando con el estudio de sus antecedentes y estado natural sus tendencias reales, involuntarias o confesas; quien ve que jamás, salvo en lo recóndito de algunas almas generosas, fue Cuba para los Estados Unidos más que posesión apetecible, sin más inconveniente que sus pobladores, que tienen por gente levantisca, floja y desdeñable, quien lee sin vendas lo que en los Estados Unidos se piensa y escribe, quien ama a su patria con aquel cariño que sólo tiene comparación por lo que sujetan cuando prenden y por lo que desgarran cuando se arrancan, a las raíces de los árboles, ése no piensa con complacencia, sino con duelo mortal, en que la anexión pudiera llegar a realizarse, y en que tal vez sea nuestra suerte que un vecino hábil nos deje desangrar a sus umbrales, para poner al cabo, sobre lo que quede de abono para la tierra, sus manos hostiles, sus manos egoístas e irrespetuosas.

He vivido muchos años en los Estados Unidos y he tenido oportunidad de estudiar atentamente y de cerca sus instituciones políticas y su sociedad, he admirado su poder y su riqueza; pero esa admiración no me lleva hasta el servilismo de pensar que el éxito, debido a circunstancias naturales e inevitables, sea originado por superioridad de raza, ni por antecedentes de las instituciones de la época de la colonia.

En Cuba la idea de la anexión…, ha mudado de intento y motivo, y no es hoy más que el deseo de evitar la Revolución. ¿Por qué querer anexarse? ¿Por qué es esta tierra grande, sino por la Revolución? Pero en los días que corren, y en las relaciones de ambas partes, nosotros podremos gozar de los beneficios de la Revolución sin exponernos a sus peligros…

Es la única forma, es la única vía porque podemos llegar tan pronto como nuestras necesidades imperiosas quieren, a la realización de nuestros brillantes y enérgicos destinos.

W- Maestro, ¿cómo Ud. aprecia la esencia de las relaciones de nuestros pueblos en el contexto del continente americano?

MARTÍ- En América hay dos pueblos y no más de dos, de alma muy diversa por los orígenes, antecedentes, y costumbres, y sólo semejantes en la identidad fundamental humana. De un lado está nuestra América, y todos sus pueblos son de naturaleza y de cuna parecida o igual, e igual mezcla, de otra parte está la América que no es nuestra… De nuestra América se sabe menos de lo que urge saber, aún por aquellos que fungen de opinadores… y celebran a los Estados Unidos con tanta pasión como la que ponen en denigrar a los demás pueblos de América, sin conocer de estos ni de aquellos más que la engañosa superficie…

Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos.

El fiel de América está en las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara a negarle el poder –mero pontón de la Roma americana y si libres- y libres de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora– serían en el continente, la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada, y la del honor para la gran república del Norte.

No a mano ligera, sino con conciencia de siglos se ha de componer la vida nueva de las Antillas.

W- Sin embargo, Maestro, hay quienes que, dentro y fuera, manifiestan una especie de idolatría hacia los Estados Unidos y restan méritos a nuestros pueblos.

MARTÍ- ¡Oh, no!: la simpatía no puede estar con la boca del león… La yanquimanía…Esos se han manchado ofreciendo a los Estados Unidos pedazos de la tierra nacional o ayuda contra sus repúblicas hermanas…, esos pretenden entregar sus ruinas a un extranjero ávido y desdeñoso…; esos desertores que piden fusiles en los ejércitos de América del Norte…; esos que dicen y viven: que mi patria piensa unirse al bárbaro extranjero…; a los sietemesinos… los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás… Oligarquía pretenciosa y nula… (con) un amo yanqui o español, que les cree, en premio de oficio de celestinos, la profesión de prohombres, desdeñosos de la masa pujante…

¡Para todo hay en este mundo imbéciles y viles!... De traidores está América cansada, y que sólo le hablan de su muerte fatal y de su ineptitud… Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos…Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos.

W- Maestro, ¿pudiera señalarnos quienes han querido la anexión o quieren el sometimiento y sujeción de nuestro país, mejor sería decir de nuestros países, a los Estados Unidos?

MARTÍ- Es preciso que Cuba sepa quiénes y para qué, quieren la anexión… Esta clase de hombres que favorecen vehementemente la anexión de Cuba a los Estados Unidos… Todos los tímidos, todos los irresolutos, todos los apegados a la riqueza, tienen tentaciones marcadas a apoyar esta solución…

W- ¿Cómo Ud. enfocaría las tendencias vitales que se desarrollan en el continente?

MARTÍ- Proclamamos, contra lacayos y pedantes, la gloria de los que en la gran labor de América, se van poniendo de quicio y abono para la paz libre y decorosa del continente… Padézcase, carézcase, trabájese; ámese; estúdiese con el valor y la libertad de sí; vélese con los pobres; llórese con los miserables; ódiese, la brutalidad de la riqueza; vívase, en el palacio o la ciudadela, en el salón de la escuela y en sus zaguanes… y así se podrá opinar con asomos de razón, sobre la república autoritaria y codiciosa, y la sensualidad creciente de los Estados Unidos… y es de justicia, y de legítima ciencia social, reconocer que, en relación con las facilidades del uno y los obstáculos del otro, el carácter norteamericano ha descendido desde la independencia, y es hoy menos humano y viril… Demuestran las  dos  verdades útiles   a  nuestra América:  el  carácter crudo,  desigual y  decadente de los Estados Unidos y la  existencia ,  en ellos continua, de  todas las violencias, discordias,  inmoralidades y  desórdenes  de  que  se culpan a los  pueblos hispanoamericanos..  Sé  que a  esta  nación  enorme  falta honradez y  sentimiento.

Jamás hubo en  América,  de  la independencia  para acá,  asunto que  requiera  más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni  pida examen  más claro  y minucioso, que  el  convite que los Estados Unidos potentes,  repletos de productos invendibles, y  determinados  a  extender sus  dominios en América, hacen a  las naciones  americanas de  menor  poder. .. De la tiranía de España supo salvarse  la América  española;  y  ahora, después de ver con ojos judiciales, los antecedentes,  las  causas  y factores del convite, urge  decir, porque es la verdad, que ha llegado para la  América  española  su  segunda  guerra  de  independencia.  

W-  Los Estados  Unidos, al menos sus  gobernantes,  pretenden erigirse en  los  campeones de la democracia y de la defensa de  los derechos humanos.   ¿Pudiera referirse  Ud. a la práctica de esa política en  los  Estados Unidos,   salvando, por supuesto,  las distancias entre nuestra  época  y la suya?

M-  Es recia  y  nauseabunda una  campaña presidencial en los Estados  Unidos…  una  vez nombrados en las convenciones los candidatos,  el  cieno sube  hasta los arzones de las sillas. Las  barbas  blancas  de  los diarios olvidan el pudor de la vejez.  Se vuelcan  cuba de lodo  sobre las cabezas. Se miente  y  exagera  a  sabiendas. Se dan  tajos  en el vientre  y por la espalda.  Se creen legítimas todas las infamias. Todo golpe es bueno, con tal de  aturdir al enemigo… Las elecciones llegan…  se  ve aturdir,  escamotear, comprar, falsear el voto… Se vive de mayo a noviembre, viendo  ruindades, y en disgusto y alarma.

Ayudaban los políticos a  los ricos y los ricos  a  los  políticos.  Los poderosos del mercado vaciaban sus mejores bolsas para cosechar votos, ganarse empleados, y favorecer ardides en la hora de  las  elecciones,   a trueque de que  los  electos  favorecieran luego  con  sus votos  los  planes   en que se cifraban mayores  esperanzas de fortuna los ricos  mercaderes.

W- ¿Y  sobre las  libertades y la justicia social,  Maestro, hoy que como ayer las masas desheredadas manifiestan su indignación y se auto titulan  indignados?

M -   En los Estados Unidos, como en  todas partes,  si  bien se  ve crecer  la  indignación y el malestar, conforme se ven peligrando  los derechos   privados  y las libertades  nacionales,  la cólera   no  se condensa  y estalla   hasta que el  efecto de estos  abusos  y  abandono,  lastima  el interés  o   priva a los menesterosos de medio de subsistencia…  ¿Qué ha  hecho para  atajar esos males el senado, donde los millonarios, los grandes terratenientes, los grandes ferrocarrileros,  los grandes mineros,  componen  mayoría, aunque  los senadores son  electos  por las legislaturas, elegidos directamente  por el  pueblo, que no  tiene las  minas,  ni   las tierras,  ni  los  ferrocarriles?

Pero no pueden creer honradamente que el individualismo, la  adoración  de la riqueza,  y el júbilo  prolongado de una victoria terrible, estén  preparando  a los Estados Unidos… -un  pueblo  que  comienza   a mirar como  privilegio suyo la libertad… y a invocarla  para privar  a los  otros pueblos de ella-…

La libertad  ha de ser una práctica constante para que  no degenere en una fórmula banal.

W-  ¿Cómo  Ud. concibe  la solidaridad de nuestra  América para frenar la avalancha  yanqui, que Ud. califica “imperialistas de allá”, con sus  formas  de anexión, injerencia, dependencia o  agresión  contra Cuba y  los pueblos de  nuestra América?

MARTÍ– Confío  en los guardianes  de la América cordial y verdadera, que sobrepujará  al fin a la América ambiciosa… Las mismas obligaciones…de los pueblos…vitalmente  interesados  en impedir  que  en  Cuba se  abra,  por anexión de los  imperialistas de allá…el camino  que se  ha  de cegar, con   nuestra  sangre  estamos cegando,  de la anexión  de los pueblos  de nuestra América, al Norte revuelto  y brutal   que  los desprecia…                                                                  

¿Cuál, cuál será  el pueblo  de  América que  se  niegue   a declarar  que es un  crimen  la ocupación  de un  pueblo hermano…?   …Y uno tras otro, los  pueblos de América, votan en pro del proyecto  contra la conquista: “sí”, dice cada uno,  y cada  uno  lo  dice   más alto. Un  solo “no” resuena: el  no  de  los Estados Unidos…

W-  Maestro, ¿cómo  es  que Ud. ha podido someter  a análisis tantas facetas de  la realidad política norteamericana, con su madeja de confusiones ideológicas?

MARTÍ-  Viví  en el monstruo, y  le conozco las entrañas,  y  mi  honda  es  la de David.

W- Martí, ¿cómo Ud. vislumbra el  futuro?

MARTÍ-  …se  viene encima, amasado por los trabajadores, un mundo nuevo.

W- Maestro,  ¿quisiera  darnos su última advertencia,  alerta o mensaje?

MARTÍ- Lo que tengo que decir, antes que se me apague la voz y mi corazón  cese de latir en este mundo,  es que mi patria posee  todas las virtudes  necesarias  para la conquista y el  mantenimiento de la libertad.

La libertad cuesta muy cara,  y   es  necesario, o resignarse  a vivir sin ella, o  decidirse a comprarla  por su precio…  Ningún beneficio  se adquiere sin gran costo… Que nadie goce de un beneficio cuyo precio  no  ha  pagado…

Unos hombres  piensan en sí más  que  en sus  semejantes,  y  aborrecen los  procedimientos de justicia de que les puedan venir incomodidades  o riesgos.

Otros hombres aman a sus semejantes más que a sí propios, a sus  hijos más  que a la misma vida… y se exponen a la  muerte por dar vida a la patria

…Hemos peleado como  hombres, algunas veces  como gigantes, para ser  libres…

Esto es muerte o vida y no cabe errar…;  un error en  Cuba, es un  error en  América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba,  se levanta  para todos  los tiempos.

…de nuestras esperanzas, de  nuestros métodos, de  nuestros compromisos,  de nuestros propósitos, de eso, como del plan de las batallas, se  habla   después  de haberlas dado…

Eso  es lo que debemos hacer  todos juntos, los de mañana y  los  de  ayer,  los convencidos de siempre y los que se vayan convenciendo…; juntos, pues, de una vez,  para hoy y para el porvenir…

Que todos nos ocupemos,  juntos  siempre, en  conocer  lo que tratamos de mejorar,  todos juntos. Que la Patria tiene hoy  una  gran necesidad,  y es desertor el  que no acuda hoy mismo a ella…

De mi  natural inquietud, nada le diré: sepa sólo que mi energía  para obrar  es tanta como  mi prudencia  para decidir. Ni me aloco, ni pierdo minuto. Es  la revolución lo que tenemos  que salvar…

La revolución  nos  salvará. La revolución puede ser. La revolución crece.

A los que a la par que se oponen a la Revolución, admiran a este  pueblo, ¿cómo pudo ser este pueblo lo que  es,  sino  por la  Revolución?

Siento que jamás acabarán mis luchas…  Tengo  razón para ir más contento  y seguro  de lo que usted pudiera imaginarse. No son  inútiles la verdad y la  ternura.

¡Cómo me regocijo al volver hacia atrás  mis ojos,  de no haber  concebido   un solo pensamiento,  ni dicho una sola palabra de intransigencia o de odio, ni siquiera cuando, para encauzar males que no se  podían suprimir,  para  dar forma útil a grandezas adorables, tenía las manos puestas en la  guerra!

No  hay más medio de vivir después de muerto,  haber sido  un  hombre  de  todos  los  tiempos, o  un  hombre de su  tiempo.

Debemos vivir en nuestros tiempos, batallar en ellos, decir lo cierto bravamente,  desamar el bienestar impuro y vivir  virilmente.

Yo moriré sin dolor, será  un  rompimiento interior, una caída suave,  y una sonrisa… Se  ha de vivir y morir abrazado  a la verdad.  Y así,  si se cae, se cae  en una hermosa compañía…  Triunfaremos.     

W. Gracias, Maestro, porque supo vivir abrazado a la libertad y a los sueños de redención de Cuba, de la América nuestra y del mundo, y gracias mil veces por alertarnos y luchar con sus ideas y acciones para que las apetencias del vecino codicioso de apoderarse de Cuba no pudiera materializarse como un destino manifiesto y, al fin, después de un largo camino recorrido, con victorias y reveses, con aciertos y entuertos, pudiéramos lograr la verdadera libertad, la justicia social y la dignidad plena en una patria soberana, independiente y solidaria. Sí, Maestro, hemos triunfado y no le defraudaremos jamás. Este es nuestro homenaje y nuestro juramento.
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