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Aniversario 50 de la UJC: Orgullo por la obra

lunes, 2 de abril de 2012

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Aniversario 50 de la UJC: Orgullo por la obra

Por Vladia Rubio
La responsabilidad histórica de la Juventud es encontrar las tareas priorizadas de cada momento, sentencia en exclusiva para BOHEMIA Jaime Crombet, quien fuera primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas. Subraya que la UJC, como organización y también como generación, debe desempeñar en cada etapa el papel que le corresponde


(FOTO MARTHA VECINO)


Un día antes de que la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) arribara a sus cinco décadas -este 4 de abril-, Jaime Crombet Hernández-Baquero cumplió 71 años de edad. No obstante, cuando se le interroga acerca de esa organización juvenil, la mirada se le rejuvenece mientras una expresión de orgullo y a la vez de gratitud asoma a su rostro.

“Yo me hice revolucionario en la universidad, por Fidel, leyendo el Manifiesto comunista, los Fundamentos del socialismo en Cuba, de Blas Roca, y muchos otros textos; pero pude transformarme en un revolucionario consecuente y definitivo, dentro de la Juventud. Todavía me siento muy cerca de ella”.

Y le sobran motivos a quien fungió como su primer secretario entre1966 y 1972, para expresarse así.

-¿Cuál era la dinámica y el sentir juvenil cuando usted asumió la dirección de la UJC?



“No me gustaría ser un viejo criticón de la

juventud, sino un evaluador justo de las

responsabilidades que ha tenido”, indica Jaime

Crombet. (FOTO RANDY RODRIGUEZ)


-Eran momentos en que existía un ambiente positivo para enfrentar nuevas tareas; se priorizaba la defensa del país; surgían nuevos valores y había un trabajo destacado con los niños mediante la Unión de Pioneros de Cuba, que después fue la Organización de Pioneros José Martí.

“Por entonces existía la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), que después dio paso a la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) en 1970; estaba la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), el trabajo con las Brigadas Técnicas Juveniles, con los jóvenes obreros y campesinos en general. La población joven del país se hallaba en muchos casos subescolarizada y le aguardaban importantes misiones en sectores clave de la economía del país.

“Fue en esos años cuando la dirección de la Revolución convocó a participar activamente en las tareas productivas. Y comenzamos realmente a involucrarnos en aquellas en que debíamos enfatizar”.

El también miembro del Comité Central, evoca en particular la situación que en aquellos momentos tuvo la provincia de Camagüey, con un gran déficit de fuerza de trabajo agrícola, y también el gran potencial agropecuario y constructivo que representaba la entonces denominada Isla de Pinos, luego convertida en la Isla de la Juventud.



Las Patrullas Juveniles marcharon durante dos años

junto a la recién triunfante Revolución, hasta que

sus integrantes, de acuerdo con la edad, pasaron a

integrar la Unión de Pioneros Rebeldes o la

Asociación de Jóvenes Rebeldes.

(FOTO ARCHIVO BOHEMIA)


“Es en esa coyuntura, por los años 67-68, cuando las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) acometen su operación Mambí, movilizando a cerca de 50 mil hombres hacia la zafra en Camagüey para contribuir con la meta de 10 millones de toneladas de azúcar, necesarios para satisfacer la mayor parte de nuestros convenios con los países socialistas, y que además quedara cierto excedente.

“Pero como a su vez era necesaria la defensa del país, la dirección de la Revolución, Fidel y Raúl, le plantean a la Juventud relevar a las Fuerzas Armadas en esa tarea, y crear la Columna Juvenil del Centenario. Llevó ese nombre porque su surgimiento coincidió con el centenario de la guerra de independencia de 1868.

“Realmente, hicimos un esfuerzo extraordinario. Se trataba de movilizar a 50 mil jóvenes cubanos -no solo de la UJC-, a quienes se les reconocería el haber cumplido el Servicio Militar Obligatorio por estar tres años en Camagüey, integrando la Columna”.

Crombet -quien antes de encabezar la Juventud Comunista se desempeñara como presidente de la FEU y primer secretario de la UJC en la Universidad y en la antigua provincia de La Habana- refiere que llegaron a movilizar a más de 40 mil jóvenes de todo el país, entre ellos, muchachos desmovilizados de las FAR y también cuadros de la UJC y jóvenes dirigentes del Partido. Con estos, y asesorados por las Fuerzas Armadas, constituyeron la estructura de mando, que incluía un estado mayor con pelotones, compañías y batallones; todos autoabastecidos por la propia Columna, cuya fecha fundacional fue el 3 de agosto de 1968.



La Asociación de Jóvenes Rebeldes

fue antecesora de la UJC.

(FOTO ARCHIVO BOHEMIA)


A aquella gran experiencia en la zafra de Camagüey, le siguió la creación de los destacamentos oriental y pinareño de la Columna; le sucedieron columnas juveniles agropecuarias, y otras donde era deficitaria la fuerza de trabajo, como la columna textil, la del vidrio, el níquel, el cemento, la ferroviaria, la eléctrica y la de construcción industrial.

Luego de precisar que, a donde primero marcharon muchos movilizados fue a la Isla de Pinos, pero no como parte de la Columna Juvenil del Centenario, sino organizados en campamentos abastecidos por la Agricultura, el entrevistado asegura:

“El relevo no había fallado. La Columna sustituyó plenamente a los integrantes de la operación Mambí de las FAR, y con ello fue un gran aporte de los jóvenes a la defensa del país. Además, garantizó la contribución directa sobre todo a la siembra, limpia y el corte de caña. Fue una de nuestras primeras grandes experiencias”.

-¿Qué movía a tanta juventud hacia esas convocatorias, para permanecer, como en el caso de Camagüey, tres años separados de sus familias y en condiciones difíciles?


La Columna Juvenil del Centenario constituyó una

gran escuela para formar a militantes y cuadros de

la juventud y del Partido, asegura Crombet.

(FOTO ARCHIVO BOHEMIA)


-Desde el punto de vista subjetivo, existía un ambiente muy positivo; estaba la influencia del triunfo de la Revolución y el ánimo de los muchachos y muchachas de tomar parte activa en las grandes obras y tareas. También permanecía viva la influencia de la Campaña de Alfabetización.

“Además, los columnistas recibían clases. En Camagüey teníamos un programa de radio, una revista… Había un trabajo político muy intenso, sistemático, hacíamos círculos de estudio. Muchas veces se posponían los pases por razones de la producción, pero siempre se entendía”.

Tanto creció la Columna Juvenil del Centenario que llegó a rebasar los 110 mil integrantes en 1972. Ese fue el año del II Congreso de la UJC, cuando la Columna se funde con las divisiones permanentes de infantería de las FAR, creándose así el Ejército Juvenil del Trabajo. “De esta manera se libera a la UJC de una responsabilidad que, aunque le había reportado un gran prestigio, sin embargo le afectaba en su funcionamiento orgánico, en la labor con los pioneros, con los estudiantes”, precisa Crombet.

-¿Cuáles eran los mecanismos para llegar a la conciencia de la joven generación y movilizarla?



El Destacamento Pedagógico Internacionalista Che

Guevara, cuyo primer contingente se creó en marzo

de 1978, fue uno de los jalones en la historia del

binomio juventud cubana-educación, que echó

sólidas raíces con la Campaña de Alfabetización.

(FOTO ARCHIVO BOHEMIA)


-Teníamos una militancia relativamente pequeña por aquellos años, poco más de 130 mil; pero aquella respuesta masiva de los jóvenes cubanos ratificó el prestigio, autoridad, honor, capacidad movilizativa y contacto con las masas de nuestra organización.

“La UJC de entonces trabajaba como un complejo: con la organización de pioneros, la masa estudiantil organizada en la FEEM, los universitarios, las brigadas técnicas… Aunque es una institución selectiva, está diseñada para dirigir a todos los jóvenes cubanos. Y cuando no llegamos a alguno, es por una insuficiencia organizativa nuestra.

“Movilizábamos a los otros, con el ejemplo personal de los cuadros. No era por campañas, sino de manera directa con los jóvenes, hablándoles para sumarlos a las tareas o para su incorporación a la Juventud.

El XI Festival Mundial de la Juventud y los

Estudiantes, primero de esos eventos realizado en

Cuba, habla del empeño de las más nuevas

generaciones de esta Isla por la unidad de los

jóvenes progresistas y antiimperialistas del mundo.

(FOTO ARCHIVO BOHEMIA)


“Cada época tiene sus métodos, sus formas, y sus tareas priorizadas. No se puede comparar mecánicamente una época con otra. La responsabilidad histórica de la juventud es encontrar las tareas priorizadas de cada momento. La esencia de su trabajo, en mi opinión, es hallar los métodos, de acuerdo a cada circunstancia.”

-¿Como ganar y mantener el liderazgo?

-Con el ejemplo y la constancia. Pero por encima de todo, con el prestigio de los dirigentes de la Juventud, ganado en su conducta cotidiana y en su actitud ante los problemas; también, siendo consecuentes ellos mismos con la defensa de los valores de nuestra sociedad.

“Tenemos el programa del VI Congreso del Partido, y también los acuerdos la Conferencia; ahora, hay que identificar en estos las tareas históricas que debe acometer la juventud.

-¿Qué opinión le merece el quehacer de la UJC en su medio siglo y las transformaciones que la han distinguido?

La Batalla de Ideas por el regreso del niño Elián

González, y en la que jugó un papel protagónico la

juventud, ha quedado inscrita entre los hitos de la

Revolución Cubana. (FOTO GILBERTO RABASSA)


-Creo que el pueblo cubano puede sentirse orgulloso de su juventud. Sería desacertado de mi parte ponerme a señalar errores que no hayan sido exclusivamente suyos. También podríamos ser muy exhaustivos en el reconocimiento de sus victorias. Y honestamente, considero que la juventud como generación, y la UJC como organización, han sabido jugar su papel histórico.

“Al analizar ese papel, no debe desvincularse de todo el conjunto de la sociedad. Hay que valorar, por ejemplo, que del 90 para acá, los últimos 22 años, han sido de supervivencia, de período especial, cuando nos quedamos solos en el mundo enfrentando al Imperio. Y hay pérdida de valores, cuestiones que debemos recuperar; yo considero que eso le corresponde en mucho a nuestro movimiento juvenil actual. Pero, en sentido general, nos podemos sentir muy orgulloso de nuestra juventud, y si la comparamos con la del resto del mundo, más todavía”.

-¿Cuál importancia confiere a la UJC en el presente cubano?

-Una importancia total, absoluta, decisiva como garantía histórica del futuro de la Revolución. Poco a poco está y estará involucrándose en las tareas donde se convierte en un factor principal. Precisamente, el arte de encontrar dichas tareas históricas es la responsabilidad principal de los dirigentes actuales de la juventud.

Los jóvenes cubanos engruesan

hoy los más diversos sectores de la

economía nacional.

(FOTO ANTONIO PONS)


-Si volviera a tener la responsabilidad de ser su primer secretario, ¿cuáles métodos y proyecciones repetiría y cuáles desecharía?

-Mantendría la política de vinculación con las masas, el trabajo directo con los jóvenes, la exigencia de la ejemplaridad consecuente de cada dirigente de la Juventud, la creación de valores.

“Y no sería tan extremista, como fuimos a veces en aquella época, con algunas exigencias irracionales en el trabajo y en las concepciones que aplicábamos. Por ejemplo, para ingresar a la UJC se condicionaba demasiado la disposición a tareas de vanguardia cuando eran jóvenes que no tenían todavía la madurez suficiente para decidir sobre sus vidas”.

-Con la experiencia de 50 años y el mismo entusiasmo de aquellos días, ¿qué aconsejaría a quienes hoy integran las filas de la UJC?

-A los jóvenes cubanos en general, les digo que confíen en el socialismo, en Fidel, en Raúl y en el Partido, y que sean capaces de darlo todo por la Revolución. Que piensen primero en ser y después en tener. Y a la Juventud Comunista, que sepa dirigir tal proceso y encontrar esas tareas históricas.
Al clausurar el IX Congreso de la UJC, el general de ejército Raúl Castro subrayó que “la juventud cubana está llamada a tomar el relevo de la generación fundadora de la Revolución y para conducir la gran fuerza de las masas requiere de una vanguardia que convenza y movilice, a partir de la autoridad que emana del ejemplo personal”.

(FOTO ANTONIO PONS)

La Juventud Comunista ha sido siempre cantera del Partido, del que siempre ha recibido respeto y guía certera. (FOTO ANTONIO PONS)













Siguiendo huellas de los jóvenes cubanos

Algunos de los más importantes sucesos protagonizados dentro de la Revolución por la juventud cubana, una buena parte de ellos liderados por la UJC, luego de fundada hace medio siglo.

-Surgen las Patrullas Juveniles en enero de 1959.

-Aparece en su primera actividad pública, el 28 de enero de 1960, la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR). El 21 de octubre de ese año se integra todo el movimiento juvenil cubano en esta organización.

-Fundación de la Unión de Pioneros Rebeldes. Un año después se convirtió en la Unión de Pioneros de Cuba (UPC), el 4 de abril de 1961.-Concluye el 22 de diciembre de 1961 la Campaña de Alfabetización, donde participaron miles de jóvenes.-Constituida la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC): 4 de abril de 1962.

-Nace la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), en agosto de 1962.

-Creadas las Brigadas Técnicas Juveniles, el 6 de diciembre de 1964.

-Nace el Movimiento de la Nueva Trova: febrero de 1968.

-Se forma la Columna Juvenil del Centenario: agosto de 1968

-Constituida la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), el 6 de diciembre de 1970.

-Entre marzo y abril de 1972: preparación y desarrollo del II Congreso de la UJC. Durante la clausura, el Comandante en Jefe Fidel Castro orientó la creación del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, para la formación emergente de profesores de la enseñanza media.

-Surge el Ejército Juvenil del Trabajo, el 3 de agosto de 1973.

-Con el primer contingente de combatientes internacionalistas a Angola, a finales de 1975, se abre la página de las grandes misiones internacionalistas, asumidas mayormente por la juventud cubana. A partir de entonces han sido muchas las misiones internacionalistas de tipo civil en variados sectores de apoyo solidario a pueblos hermanos.

-Durante el III Congreso de la UJC, en 1977, se determinó convertir la UPC en Organización de Pioneros José Martí, abarcando a los alumnos de secundaria básica.

-Constitución de las Brigadas Estudiantiles de Trabajo, en julio de 1977.

-El 16 de marzo de 1978 parte hacia Angola el primer grupo del Destacamento Pedagógico Internacionalista Che Guevara

-Cuba fue sede del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en agosto de 1978.

-Constitución del primer Contingente del Destacamento de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay: 12 de marzo de 1982.

-Fundación de la Asociación Hermanos Saíz, el 18 de octubre de 1986.

-Se realiza en Cuba, en agosto de 1997, el XIV Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

-Da inicio la batalla por el regreso del niño cubano Elián González, secuestrado en tierra norteamericana. Comenzó así lo que más tarde quedó acuñado como Batalla de Ideas, el 5 de diciembre 1999.

-Constituido el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve: 19 de septiembre 2005.

"La UNEAC es el Moncada de la Cultura", dijo Miguel Barnet en la Gala por Aniversario 50

domingo, 21 de agosto de 2011

 
La UNEAC es el Moncada de la Cultura
Por Lourdes M. Benítez Cereijo; Fotos utilizadas en la compilación AIN  Marcelino Vázquez Hernández

Presidió Raúl este sábado la gala por el aniversario 50 de la institución que cohesiona la vanguardia artística cubana.

“La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) desde su génesis no ha hecho otra cosa que servir a los ideales más nobles de la Revolución socialista, asaltando los cuarteles de la ignominia y la mediocridad; la UNEAC es el Moncada de la Cultura”.

La afirmación la hizo este sábado, su presidente, Miguel Barnet, en la gala por el medio siglo de la organización que cohesiona la vanguardia artística cubana.

Encabezada por el General de Ejército Raúl Castro, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, la celebración, que tuvo lugar en el Gran Teatro de La Habana, devino muestrario de toda la riqueza cultural de nuestra nación, desde Sindo Garay hasta el Ballet Juvenil Lizt Alfonso, sin dejar de rendir homenaje a los maestros Gonzalo Roig, Ernesto Lecuona, Leo Brouwer y Eduardo Saborit, entre otros.

Es un privilegio —afirmó Barnet— para un país pequeño y en vías de desarrollo, tener una institución como la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la cual ha progresado y sobrevivido a tantas contingencias sin claudicar, gracias a la Revolución que creó sus bases, y a Fidel Castro, su autor intelectual.

El también escritor, etnólogo y poeta rememoró aquella luz fundacional que constituyó el discurso Palabras a los intelectuales, del líder histórico de la Revolución en el año 1961, donde quedó plasmada la concepción de la política cultural del proceso revolucionario.

Asimismo destacó la labor desempeñada por la UNEAC en su interés de promover la unidad dentro del sector artístico e intelectual.

Momento emotivo resultó la evocación y reconocimiento al trabajo de fundadores como Roberto Fernández Retamar, José Lezama Lima, Alejo Carpentier, René Portocarrero, y a su primer presidente, el Poeta Nacional Nicolás Guillén.

Amparados en el principio de ser coherente con la ideología de la Revolución Cubana y con la diversidad estética de escritores y artistas, Barnet afirmó: «hemos estado unidos en lo esencial: el apego a los valores más legítimos de la cultura y en la reafirmación de la identidad personal y cultural».

Una vez concluida la gala, Raúl invitó a los presentes en el Gran Teatro de La Habana a reencontrarse en la conmemoración del centenario.

A la celebración del 50 aniversario de la UNEAC asistieron también los miembros del Buró Político Esteban Lazo, Marino Murillo, y Lázara Mercedes López Acea, el vicepresidente del Consejo de Ministros José Ramón Fernández, el ministro de Cultura Abel Prieto, entre otros ministros y dirigentes del Partido y el Gobierno, así como personalidades de la cultura cubana.

Tomado de Juventud Rebelde

Texto de las palabras de Miguel Barnet tomadas del Diario Granma:

 La cultura no es un lujo, es una necesidad


Llegamos a los jubilosos 50 años de vida. No creo que en el planeta haya otra organización que pueda celebrar un aniversario así. No creo tampoco que haya sido un camino de rosas. Más bien un trecho largo y difícil donde hemos hallado algún que otro escollo. 

Llegamos, con confianza en nosotros mismos y en la Revolución. Y cómo no iba a ser así si la UNEAC que hoy celebra sus bodas de oro con los artistas e intelectuales que la integran es un sitio privilegiado de este planeta donde prevalecen el egoísmo, la fragmentación y las guerras de rapiña.

Sí, es un privilegio que en un país pequeño y en vías de desarrollo tengamos una institución como ésta. ¿Y a qué se debe que hayamos atravesado tantos avatares y sobrevivido tantas contingencias sin claudicar?. Pues sencillamente a la revolución que fue quien creó las bases de nuestra organización. Y al autor intelectual de ella nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro. ¿Y con qué objetivo nació?. ¿Y en qué circunstancias ocurrió ese feliz nacimiento?.

Seré conciso pero haré un breve recuento. Es necesario. El objetivo principal de la UNEAC desde su creación a partir de las palabras a los intelectuales y el Congreso de Escritores y Artistas de 1961 fue el de unir en un corpus coherente y dinámico a los escritores y artistas cubanos que vivían en un status de desamparo social y en muchos casos en el olvido. Este objetivo constituye su desafío mayor.

¿Y cómo alcanzarlo? Aún hoy, a pesar de que las circunstancias son otras, hemos estado unidos en lo esencial, es decir, en el apego a los valores más legítimos de la cultura y en la reafirmación de la identidad personal y cultural.

Nuestra aspiración ha sido la de lograr la concertación dentro de la compleja argamasa ideológica y estética de nuestra institución. En esa búsqueda del equilibrio nos hemos debatido en este medio siglo, para envidia de las generaciones que nos sucederán por la trascendencia de los acontecimientos que hemos afrontado, los riesgos y las dificultades. No iba a ser la UNEAC una sociedad de recreo al uso; sino una herramienta de la vanguardia intelectual que nada tiene que ver con una élite sino con una visión de la historia y la tradición desde la contemporaneidad.

Debo recordar que dos meses antes de la creación de nuestra organización se produjo el encuentro de los intelectuales y artistas con Fidel en la Biblioteca Nacional. Aquel diálogo entre un joven intelectual guerrillero y una compleja masa de escritores y artistas de todas las tendencias estéticas y políticas nos acercó a un consenso que hasta hoy es modelo de nuestra democracia socialista. Palabras a los intelectuales abrió un camino nuevo en la cultura cubana, con una incidencia directa en la población, depositaria de un patrimonio vivo que era necesario rescatar. El impulso creativo de aquel discurso alimentó un espíritu unitario que hizo que la mayoría se identificara con él. La campaña de alfabetización sentó las bases de una educación para todos, fundamento esencial de una revolución "de los humildes, por los humildes y para los humildes".

En Playa Girón los campos antagónicos se deslindaron con claridad meridiana. La revolución asumió, con todos sus matices la larga tradición nacional liberadora, imbricada en el legado martiano y en las demandas del pensamiento de vanguardia de la izquierda. Convergieron en la creación de la UNEAC tres promociones que veían en la Revolución un camino nuevo y un impulso irradiante de esperanza. La UNEAC fue un ámbito de animación cultural y un vehículo de expresión necesario, en medio de una urdimbre de puntos de vista y diversidad de criterios.

La UNEAC ha sido y será siempre un laboratorio de ideas, un nicho de debate, un sitio para promover lo mejor y más valedero de la cultura cubana. Nuestro objeto social es amplio y su proyección crece en la medida que la vida lo exige. Pero no podemos olvidar aquellos años iniciales de peligro inminente en que se cernía sobre nosotros la amenaza imperialista y el fantasma del realismo socialista. El primero sigue estando ahí como una espada de Damocles, el segundo quedó sólo como una nube negra que se esfumó. La UNEAC ha sido fiel al temario que rigió los debates del Primer Congreso de Escritores y Artistas de 1961 y que versaba en torno a la recuperación y desarrollo de la tradición cultural cubana y su integración a la cultura universal. Así como su indisoluble vínculo con el pueblo y sus diversas formas de expresión artística.

El poeta Nicolás Guillén -elegido Presidente en el Primer Congreso de Escritores y Artistas- era portador del espíritu de la nación, militante de larga trayectoria y ajeno a posiciones sectarias; además, disponía de un amplio poder de convocatoria dentro y fuera de Cuba. Estuvo al frente de la organización casi 25 años hasta que por razones de salud tuvo que declinar su mandato; afrontó, sin embargo, coyunturas difíciles durante períodos también difíciles, pero fue generoso con los menos favorecidos por las circunstancias sociales. Y fue él mismo expresión de la unidad de la vanguardia política e intelectual de nuestra historia.

Durante estos últimos años hemos asistido a un proceso de perfeccionamiento de nuestra organización. Hemos cumplido en la medida de lo posible con los acuerdos del VII Congreso, la labor de las Comisiones creadas en el mismo y los reglamentos que se derivan de los Estatutos, que han otorgado una base sólida y una operatividad necesaria a la UNEAC.
 
Se ha fortalecido el trabajo en equipos, la sistematización de nuestros Secretariados, nuestras presidencias ahora llevadas a las provincias, y nuestros Consejos Nacionales con una amplia participación de sus miembros e invitados que han intervenido en debates muy provechosos sobre la realidad social y la cultura en terrenos tan polémicos como el turismo, la arquitectura o la economía.

En las más difíciles coyunturas, las exigencias de la realidad han configurado un rediseño de las funciones de la UNEAC. El acariciado consenso ha tenido que renovarse mediante un debate que trascendiera, sin soslayar los intereses sociales. Por ese motivo, cultura y sociedad ha sido un tema recurrente en los últimos Consejos Nacionales, así como la Educación Artística que es una vía hacia la continuidad de la formación integral de nuestra población.

Asuntos sensibles se han dilucidado en interacción directa con las más altas instancias de la dirección del país sin la intervención de eslabones intermedios. La transparencia ha contribuido a la eliminación de antiguos prejuicios y a rezagos burocráticos, garantía de un diálogo verdaderamente democrático.

El permanente vínculo con las provincias y los municipios, plataformas fundamentales de la organización, ha sido un logro de todos, incluyendo desde luego, las instancias gubernamentales. El diálogo se extiende al plano internacional con instituciones afines, solidarias y académicas mientras se renueva el contacto con escritores y artistas radicados temporal o permanentemente en otros países.

Tocó a la dirección que asumió las riendas de la UNEAC a partir del cuarto congreso y en las circunstancias de la caída del muro de Berlín afrontar las dificultades de todo orden impuestas por el período especial. A partir de entonces las coyunturas políticas se han agudizado o son otras pero nuestros miembros, como expresión válida de la vanguardia artística del país, han sabido en todo momento dar un paso al frente ante las campañas mediáticas de la contrarrevolución y los estertores de la disidencia con la convicción de que la cultura es escudo y espada de la nación.

Creo modestamente que con el intercambio de ideas acompañamos críticamente un proceso que debe caracterizarse por la evolución constante. Y por el diálogo sano entre todos. No somos una burbuja que se nutre de si misma sino una palanca de retroalimentación. Debemos preguntarnos, eso sí cuánto quedó de oscuro o soslayado en nuestra política cultural, convencidos como estamos de que la cultura es la más alta expresión de la política.
 
Fortalecemos a diario nuestras capacidades intelectivas para lograr un consenso dentro de la diversidad y así contribuir a la más pura y democrática expresión de las artes, sin ningún tipo de discriminación, sino con el convencimiento de que la cultura garantiza el pleno ejercicio de la libertad.

Impulsamos con entusiasmo y confianza el trabajo comunitario, columna vertebral de palabras a los intelectuales y eje central de nuestra función social como institución. La alta vocación participativa de los escritores y artistas cubanos es rasgo esencial que caracteriza a la vanguardia intelectual de nuestro país. Y es la revelación de las potencialidades culturales de la comunidad. A ello nos debemos también porque la UNEAC selló desde siempre el compromiso que conduce a una dimensión más rica e inclusiva del desarrollo de la sociedad.

No voy a enumerar los logros obtenidos en estos últimos años. Todos ellos, así como nuestras deficiencias, se derivan de un trabajo colectivo con sus altas y sus bajas. Pero realizado con pasión y entrega. Nuestra Editorial es emblema ya de la cultura cubana. Ahí están nuestras publicaciones que hablan por sí solas y que han sido reconocidas con galardones literarios. Nuestras salas de navegación son frecuentadas diariamente por nuestros miembros. Nuestras galerías y otros espacios culturales conque cuenta la organización son también frecuentados por ellos y por el público en general. Los premios nacionales e internacionales han contribuido a jerarquizar nombres, instituciones y procesos sociales que son hitos en la vida de país. Y han colocado a la UNEAC en el sitio que merece y que no siempre fue reconocido en el exterior. La visibilidad de nuestras acciones y el papel de la organización deben ser una prioridad de nuestra presidencia.

El arte tiene un papel esencial en el quehacer cotidiano, garantiza la calidad de vida y potencia los valores espirituales que sostienen la estructura básica de la nación. Desacraliza y transgrede las visiones tradicionales. Es un factor de activa incidencia en los procesos sociales y en la descolonización; produce felicidad, desarrolla la fantasía y promueve la plenitud del ser humano. No es un lujo sino una necesidad. Y a esa función del arte es a la que nos debemos en primera instancia. Por conquistar imposibles llegamos hasta aquí y somos hoy lo que somos.
Oponemos la mercantilización de la cultura al goce pleno de la misma. Oponemos a la banalidad la creación de los más puros valores estéticos.

Cuando nuestro Comandante en Jefe dijo, en los momentos más agudos del período especial, que la cultura era lo primero que había que salvar estaba refrendando esa idea. Porque es la cultura la que nos garantiza todas las libertades, entre ellas la capacidad de pensar y razonar y nos convierte en seres humanos y no en animales domesticados como también recordó Fidel en aquellas históricas palabras de 1961.

La UNEAC, desde su génesis, no ha hecho otra cosa que servir a los ideales más nobles de la Revolución socialista. Y a la masa de casi nueve mil miembros que la componen.

La UNEAC es el Moncada de la Cultura. Asaltamos los cuarteles de la ignominia, de la estulticia, y de la mediocridad.

Por eso nuestro afán mayor ha sido el de colocar esta pequeña gran isla en el globo terráqueo como bastión de la ética y de la moral.

Son muchas más las cosas que quisiera decir un día como hoy que nos toca celebrar con júbilo, los 50 años que han transcurrido. Y a mí el privilegio de dirigirme a ustedes. No sé quién hará las palabras en el centenario de la UNEAC. Pero quien sea no podrá olvidar los nombres que fundaron esta sui generis organización de escritores y artistas. El primero será sin dudas el de quién la concibió, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, el de su Fundador y primer Presidente Nicolás Guillén, el de su equipo fundador, el de Abel Prieto Jiménez, el de Lisandro Otero que presidió la Comisión Organizadora del Cuarto Congreso, el de Carlos Martí Brenes, el de Sergio Corrieri que por un período presidió el Séptimo Congreso con una entrega total, y el de tantos y tantos fundadores que han contribuido con su apoyo a que la UNEAC sea lo que es hoy: una trinchera de la cultura cubana.

Como en una ocasión expresara Nicolás Guillén: "Así hemos de ir andando, severamente andando, envueltos en el día que nace".

Felicidades a todos los escritores y artistas cubanos afiliados a la UNEAC estén donde estén. Sepan que la UNEAC es su casa.

Recomendamos, además, la lectura de "La UNEAC está tatuada en toda mi piel": Entrevista a Miguel Barnet con motivo del Aniversario 50 de la UNEAC

Espejismos, cifras y más de lo mismo

martes, 2 de agosto de 2011
Por Luis Sexto


LA HABANA - Los que aún insisten en que Cuba poseía una de las economías “más envidiables” de América antes de 1959, se exponen  al destino de la mujer de Lot: convertirse en estatuas de sal. Pero la culpa no radicaría en voltear la cabeza, sino en no ver lo que deberían ver. Al mirar atrás, sólo una visión de clase media que habla de la feria según le fue en ella o una voz que resuene como caña hueca al batir del aire, desconocerían que aquella república se asfixiaba entre llamas.

Tal vez volvamos a repetir, acudir a ese “más de lo mismo” del que se quejan quienes nos ofrecen también “más de lo mismo” cuando responden empleando argumentos refritos  en la grasa agridulce de la fábula. Hablar, desde luego, no es escribir. Y a veces se escribe lo que se habla. Y por tanto en ese traslado maquinal de lo dicho a lo escrito, ese dejar correr que decía Luz y Caballero consistía el hablar, se da por supuesto que afirmar algo es suficiente para estar seguro de que se dice la verdad: no necesita demostrarse.  Por mi parte, prescindo del “yo creo”, “me parece”, para asegurar que la economía cubana de los 1950 y antes no era ni envidiable, ni envidiada. Y puedo alegarlo basándome en la experiencia: mi familia no pertenecía a la clase media, ni leía Life, ni Diario de la Marina, ni iba a Varadero, ni comía en un restaurante. Ni siquiera compraba una “media noche surtida”. Y si tuve educación fue gracias a una tía paterna cuya relación con los Padres Salesianos le facilitaron conseguir una beca de la Corporación de Asistencia Pública para su sobrino aficionado a la lectura.


Pero para evitar en mis confesiones los espejismos de la subjetividad, vayamos, pues, a los fundamentos documentales, para que se comprenda por qué aquel tiempo pasado no fue mejor. No seré original. Simplemente recordaré lo que se olvida con mucha premura, porque el enjuiciamiento del pasado también depende de la posición social de ayer, y la ideología y los intereses del presente. Citaré, pues, la encuesta que la Agrupación Católica Universitaria (ACU), titulada Por qué reforma agraria aplicó entre la población rural de Cuba entre 1956 y 1957.


No agobiaré con cifras. Daré zancadas; aprehenderé esencias. Y la primera frase apodíctica que resume la encuesta de la ACU es la siguiente del doctor José Ignacio Lazaga, a quien conocí como psicólogo y en aquellos años sobresaliente laico católico. En una de las reuniones sobre el proyecto de la encuesta, dijo: “En todos mis recorridos por países de Europa, América y África, pocas veces encontré campesinos que vivieran más miserablemente que el trabajador agrícola cubano”. La presentación de la encuesta –que se realizó para alertar sobre el peligro del comunismo si la situación de pobreza continuaba– describe en otro de sus párrafos: “La ciudad de La Habana está viviendo una época de extraordinaria prosperidad mientras que el campo, y especialmente los trabajadores agrícolas, están viviendo en condiciones de estancamiento, miseria y desesperación difíciles de creer.” Y esa situación se ilustraba con el siguiente dato: “La población trabajadora agrícola que se puede calcular en 350,000 trabajadores y dos millones cien mil personas, solo tiene un ingreso anual de 190 millones de pesos. Es decir, que a pesar de constituir el 34 % de la población, sólo tiene el 10 % de los ingresos nacionales”.

Los organizadores de la encuesta –muchos de los cuales emigraron posteriormente, al triunfo de la revolución, confirmaron sus datos con los del censo de nacional de población y vivienda, de 1953. Por ejemplo el muestreo  de la ACU registró que el 89.84% de los encuestados se alumbraban con luz brillante, es decir kerosene, y en el censo aparecía 85.53%. Y si el 88.52% bebía agua de pozo, el censo rodaba la cifra con 83.59%.


En el aspecto de la alimentación basta estos números: “Solo un 4% menciona la carne como alimento integrante de su ración habitual. En cuanto al pescado es reportado por menos del 1%. Los huevos son consumidos por un 2.12% de los trabajadores agrícolas y solo toma leche un 11.22%. En cuanto a la salud, “presuntamente un 14 % padece o ha padecido de tuberculosis”.

Hasta ahí, el testimonio de la Agrupación Católica Universitaria. Los interesados en confirmarlo o ampliarlo que entren en esta dirección donde aparece, editado por José Álvarez, profesor de la Universidad de la Florida, el folleto de la ACU, que aparte de en mi biblioteca doméstica, estará también en la del Congreso de los Estados Unidos: http://rtvpress.com/Documents/Censo%20agrup%20catolica%20unic-Cuba.pdf


Y hay más. Porque son disímiles los textos que desmienten los  calificativos de envidiable, boyante, asignados a la economía cubana antes de l959. Las Memorias del censo agrícola de 1946, y medios de prensa como Bohemia, acusan la dependencia económica, la concentración de la propiedad y la injerencia extranjera en nuestra economía. El censo agrícola del 46 demuestra que “los propietarios de más de 500 hectáreas sólo representaban el 1,5 % del número de fincas y eran poseedores  del 41.7% de la superficie total”.


La economía cubana de esos años habrá que añadirle el monocultivo que convertía a Cuba en país monoexportador, pues en 1948, según escribió el experto Raúl Cepero Bonilla en el periódico Tiempo en Cuba, el azúcar componía el 80% de las exportaciones cubanas. En suma, supeditación a un producto, con todo lo que ello implicaba de retraso industrial y agrario, y el sometimiento al fundamental mercado de los Estados Unidos, con su secuela de dependencia política y económica.


Automóviles del último año, lujosos hoteles y casinos administrados por la mafia norteamericana – ¿o no lo confirman la residencia permanente de Meyer Lansky, George Raft, y hasta de Lucky Luciano por unos meses en Cuba?–, y 100 000 prostitutas sirviendo en todo el país las apetencias sexuales, no suponen una economía boyante. Más bien, como dije, esa valoración parte de la clase media y alta, compuesta por 550 grandes propietarios, según el diccionario Los propietarios en Cuba en 1958, de Guillermo Jiménez y publicado por la Editorial de Ciencias Sociales en 2008. Ellos, y sus empleados y los empleados de los ingenios azucareros u otras empresas extranjeras, y los  poseedores de laboratorios, talleres, publicitarias, tiendas, pequeñas fábricas, podrían hoy enjuiciar a aquella Cuba con una nostalgia que solo echa de menos el espacio individual y familiar y la inserción más o menos cómoda, en aquella economía distorsionada y controlada en sus resortes básicos por el capital extranjero.


Ahora bien, para hablar de política, como ha dicho el teólogo Leonardo Boff, hay que partir de una perspectiva ética, reconociendo la verdad. De otro modo, el debate no tendrá sentido. La revolución cubana quiso cambiar aquel cuadro. Y en parte lo hizo: al menos, en lo que respecta a la justicia social, enseñó a leer y a escribir a un 30% de analfabetos; trazó el 60% de las carreteras; elevó el promedio de vida a 76 años; eliminó enfermedades endémicas; graduó a más de medio millón de universitarios; diversificó la producción agrícola e industrial; electrificó el 95% del territorio del archipiélago. Mucho se deterioró o se construyó mal. Y no lo niego. Por la parte de acá, el modelo fue errado, un modelo impuesto por una circunstancia ineludible: Si Estados Unidos levantó el pie y alzó la mano amenazando miedo, el Gobierno Revolucionario tuvo que aceptar la mano que le echó  la Unión Soviética.



A mi parecer, el divorcio entre los que se oponen  a la persistencia de los ideales de la revolución y cuantos los apoyan,  se resuelve en esta operación: de aquel lado, exaltan un pasado que para ellos merece la vuelta atrás, y  para nosotros, impedirlo será siempre la gran conquista. Nosotros hablamos de reconstruir una economía próspera en justicia social e independencia. ¿Y los demás?

Tomado de
Progreso Semanal

Completaran su lectura, del propio autor:

Cuba: fábulas y fabuladores


De Giraldo Mazola /
Masacre en el Vivac

Y la Entrevista al doctor Arnaldo Silva León, Profesor Titular-Consultante de Historia de Cuba de la Universidad de La Habana, por  Alina Martínez y Felipa Suárez

Cuba en los años 50: ¿Éramos un paraíso?


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