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El apoyo de Lincoln Díaz-Balart a tres proyectos fantasmas de la contrarrevolución cubana

viernes, 14 de junio de 2013
Por Edmundo García*
 

El pasado martes circuló en Miami una declaración de prensa de la organización contrarrevolucionaria llamada La Rosa Blanca que preside el ex congresista Lincoln Díaz-Balart. Es la primera organización contrarrevolucionaria y terrorista del llamado exilio cubano, fundada por Rafael Díaz-Balart y otros batistianos que como él huyeron de Cuba en medio de la revolución triunfante el propio 1ro. de enero de 1959. El viejo Díaz-Balart la llamó con infamia La Rosa Blanca evocando el conocido poema de José Martí, pero ahora Lincoln Díaz-Balart la rebautiza como Instituto La Rosa Blanca y como éste no hace nada por gusto, algún tumbe hay entre manos en ese aire académico que le da la palabra Instituto a esa organización.

Como Lincoln no acepta la realidad de que ya él no es un congresista que puede otorgar condecoraciones y chapitas a los mercenarios, ni dar discursos en la cámara de representantes contra Cuba (aunque solo tenía a su hermano Mario y a Ileana Ros-Lehtinen como oyentes), ni tampoco tolera que se estén moviendo 20 millones este año para provocar un cambio de gobierno en Cuba sin meter las manos, se ha puesto las pilas para retomar la dirección de la contrarrevolución y hacer que una parte de la tajada vaya a La Rosa Blanca. Lo cual quiere decir a él mismo.

Detrás de la referida declaración está ese objetivo; en ella Lincoln ha dejado saber cuáles son los tres proyectos contrarrevolucionarios con los que su organización se identifica. Cualquiera de ellos puede ser más anexionista, más entreguista, más antipatriótico y con menos aceptación en el pueblo cubano que el otro. Los propios amos que manipulan a los pseudo líderes reconocen que esta gente no tiene pueblo y que todo se trata de una fabricación. Los tumbes personificados que La Rosa Blanca declara que va a apoyar son el proyecto Emilia del esquizofrénico político Oscar Elías Biscet, el mismo que pidió “solución Kosovo” para Cuba en el congreso de los Estados Unidos (Véase http://latardesemueve.com/archives/551). Antonio Rodiles con un engendro titulado “Demanda ciudadana por otra Cuba” y el desaparecido Movimiento Cristiano Liberación, que iba a encabezar en Cuba la familia de Oswaldo Payá. Pero resulta que dicha familia hace unos días que plantó campamento en Miami dejando muy claro que lo hacían como emigrantes y no como exiliados políticos.

En la práctica el Movimiento Cristiano Liberación está sepultado; y no porque haya fallecido Payá, ni por el hecho en sí de que la familia haya salido de Cuba sino por la forma sinuosa en que lo hicieron, por la falta de respeto al manipular la opinión argumentando persecuciones y aguajeando con que se quedarían en Cuba para luchar contra el gobierno; a la vez que planificaban echar un pie con todas las comodidades. Una farsa sin dudas; una estafa a su pequeñísimo grupo de seguidores. Pocos días antes de que los Payá se aparecieran con los bártulos en el Aeropuerto Internacional de Miami la propia hija de Oswaldo, Rosa María Payá, recorría los medios y casonas de algunos contrarrevolucionarios de Miami guapeando con que regresaba a Cuba para buscar un cambio de régimen y llevar desde allá una demanda contra las autoridades cubanas. Pues parece que solo regresaron a Cuba a empacar, porque transcurrió poco tiempo para que en los restaurantes de la calle 8 las recibieran con un “Welcome to Miami” que la masa de puerco está servida. Nada de lo que planificaban tenía que ver con el cacareado legado de Payá inventado por mentes afiebradas; ni con lo de conservar su memoria, ni con el inoperante e incompleto proyecto Varela, ni con el proyecto Heredia o todos los que se les hubiera ocurrido imaginar. No sé qué apoyo le dará Lincoln Díaz-Balart al Movimiento Cristiano Liberación en Cuba si eso ya ni existe; a no ser en la imaginación de periodistas como Juan Carlos Chávez de El Nuevo Herald que previendo el “deschave” ha publicado un fantasioso artículo donde habla de persecuciones en Cuba, ¿qué persecución y qué movimiento si la movida de los Payá está ahora en Miami y en España, de la que varios son ciudadanos? La ayuda que debería darle Lincoln a la familia Payá es para encontrar trabajo, aunque toda la comunidad cubana del sur de la Florida comenta que esta gente no viene a Miami a curralar. Los Payá son, como diría Marcelino Miyares, “disidentes de primera clase”.

Dice La Rosa Blanca que también va a apoyar el proyecto de Rodiles. ¿Qué proyecto Lincoln? Rodiles es un globero que vive del dinero que le dan los americanos, que hasta lo reclutaron aquí en Florida; y en México. El “Tony” vive en una cómoda casa en Miramar donde hacía reuniones intelectuales aburridísimas, con presencia de diplomáticos norteamericanos, y ha terminado haciendo debates de películas que despiertan menos interés que las que pasa la televisión de Tasmania. A Rodiles lo trataron de vender como intelectual en Miami, salía hasta en la sopa y causaba pena ajena porque recitaba capítulos del libreto de la gusanera fracasada y gastada. Como intelectual Rodiles no convenció en Miami ni a los encargados de actualizar el mural de los Municipios de Cuba en el exilio. Lo que más risa provoca de todo esto es que quienes cuidaron de la imagen de Rodiles no tuvieron en cuenta que en este pueblo, lleno de terroristas y pone bombas, se pasaron unas fotos suyas mostrando un arañacito ante una cámara, como un llorón, sin ni siquiera intentar defenderse de quien se lo abrió. Imagino lo flojito que luciría Rodiles en la Finca Medialuna conversando tú a tú con terroristas como Posada Carriles y los otros trogloditas de Alpha 66. A lo mejor Lincoln le puede pagar a Rodiles un verano con los Boys Scouts, aunque tenga que llevar repelente de mosquitos y pomada a la excursión. Que todo sea por fortalecer el poquito de carácter de esta persona que disfrutando de todas las comodidades en Cuba tiene la miserable actitud de pedir un recrudecimiento del bloqueo económico contra su propio país.

Lo otro que dice Lincoln que va a apoyar, y que no es un bolero aunque lo parezca, es un llamado proyecto Emilia de Oscar Elías Biscet. Imagínense un programa político que tiene la locura de pedir, de entrada, la salida del país de Fidel y Raúl; la renuncia en pleno de la Asamblea Nacional y del Consejo de Estado, además del veto a la Constitución vigente. Lincoln Díaz-Balart quiere hacerle el juego a las fantasías de una persona que ya ni su propia esposa Elsa Morejón escucha ni tolera.

Pero lo de Lincoln es a la oposición rogando y con el mazo dando. Porque además de todo este trapicheo con los Payá, Rodiles y Biscet, el líder de La Rosa Blanca es el abogado y cabildero de los magnates asiáticos que quieren promover el juego y construir casinos en Miami. Y aquí hay hasta sorpresas porque Lincoln Díaz-Balart, que se dice anticomunista y crítico de China, tiene muy buenas relaciones con empresarios taiwaneses que serían algo así como lo que en Miami se llama “dialogueros”; gente que hace negocios con la China continental comunista y unipartidista, que no cede en sus principios nacionales, pero que como es poderosa Estados Unidos no bloquea ni apunta en una lista de países que promueven el terrorismo. 

Al final todo esto es un globo. Tanto Jonathan Farrar como Michael Parmly, ex jefes de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, informaron en su momento al Departamento de Estado que la llamada oposición carecía de base social sencillamente porque lo único que le importa es el dinero americano. Los llamados opositores no están interesados ni en ganarse al barrio, ni en fundar un partido sólido ni redactar un programa. Tampoco tienen una idea de país. 

Lo que yo creo es que este montaje es en verdad una operación diversionista para esconder los verdaderos planes de la política norteamericana hacia Cuba; que es atender a la situación histórica que se va a producir en el año 2018 cuando una nueva generación salida de la generación histórica de la revolución esté a cargo. Las agencias norteamericanas conocen muy bien que el legado de Fidel y de Raúl está en buenas manos y le interesan esos jóvenes que ahora mismo participan en el Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) o juegan la final del beisbol revolucionario. Ahí es donde los norteamericanos tienen realmente puesta su mirada.



*Edmundo García, periodista cubano residente en los EE.UU., conductor del programa “La Tarde se Mueve”.

Publicado por Virgilio PONCE en Martianos
Imagen agregada RCBáez. Infografía: Contrainjerencia

54 años de fracasos

viernes, 4 de enero de 2013
Por Osmany Sánchez

fracaso-yanqui Como cada año por esta fecha, siguiendo un guión escrito allá en el Norte, los principales medios de prensa y los pseudos periodistas -también llamados mercenarios de las teclas- de dentro de Cuba se lanzan a describir a la Revolución Cubana y su sistema social como un completo fracaso. Nada nuevo, los mismos argumentos una y otra vez.

El supuesto fracaso de nuestro sistema lo podemos analizar desde dos puntos de vista, el primero por las cosas que no hemos logrado hacer y el segundo por las cosas que hemos permitido que sucedan. Los pesimistas, los agoreros, preferirán siempre ver lo que falta, los optimistas, los revolucionarios, además de no conformarnos con lo que nos falta, vemos también lo que no hemos permitido que suceda.

Me dicen que mi sistema es un fracaso y que no es viable porque no tenemos un desarrollo económico como un país del primer mundo y ahí empiezan las comparaciones. No tiene mérito alguno que los cubanos cuenten con salud y educación gratuita porque en Canadá y Noruega también la tienen…
A la hora de analizar los tropiezos de nuestro país en su desarrollo económico, jamás nuestros detractores se detienen a analizar los factores externos que nos impiden ese desarrollo. La culpa es toda del gobierno, del sistema. Por supuesto que no me voy a aparecer yo aquí a decir que no se han cometido errores, se han cometido y muchos pero ignorar el bloqueo sería imperdonable.

En una ocasión escuché decir al presidente ecuatoriano Rafael Correa que decir que el sistema cubano fracasó sin tener en cuenta las acciones norteamericanas para impedir el desarrollo económico de Cuba, era como tomar a una persona, amarrarle los pies y las manos, lanzarla en una piscina y entonces decir que se ahogó porque no sabía nadar. 

Desde el propio inicio del proceso revolucionario hemos tenido a noventa millas de nuestro país a la principal potencia del mundo tratando de ahogarnos por todos los medios posibles, desde terrorismo hasta bloqueo económico. ¿Es despreciable el bloqueo? Yo creo que no.

Cuantas cosas hubiésemos podido hacer si pudiéramos utilizar el dólar para comerciar como cualquier país del mundo, si pudiéramos comprar y vender en el primer mercado del mundo y no tener que hacerlo a miles de kilómetros de distancia. Qué ventajoso sería que los barcos pudieran entrar a Cuba sin tener que estar luego 6 meses sin poder entrar a Estados Unidos. 

Cuántas oportunidades de negocios se abrirían para Cuba si para venderle un producto a Estados Unidos el vendedor no tuviera que demostrar que no contiene más de un 10 % de productos de origen cubano. La plataforma Scarabeo 9 que recientemente exploró en Cuba en busca de petróleo, tuvo que ser construida especialmente para esta operación pues para perforar en Cuba no podía contener más de un 10% de productos norteamericanos. ¿Es despreciable el bloqueo? Yo creo que no.

Dicen que el sistema cubano es un fracaso porque los cubanos emigran. En esto hay algo de cierto, yo aspiro a que mi país sea un lugar de donde los jóvenes –sobre todo los jóvenes- no quieran irse y que los que estén fuera quieran regresar, pero es que no podemos obviar que somos un país del tercer mundo y es normal que exista migración. 

El nivel de instrucción de los cubanos –gracias a la Revolución- le da ventajas sobre otros cuando emigran por eso no solo optan por países del primer mundo sino también viajan hacia el Sur. A diferencia de lo que insinúa la gran prensa no son los cubanos quienes más emigran, en esa lista están por delante de Cuba muchos países a los que nadie le cuestiona su vocación “democrática”. Otra curiosidad sobre este tema es que mientras que las personas que emigran de otros países son emigrantes económicos, los cubanos son automáticamente denominados “exiliados”. 

Cuando un cubano llega a los Estados Unidos tiene inmediatamente permiso de trabajo, acceso al Social Security, reciben una tarjeta de residencia permanente (green card), residencia legal al año y un día, Federal food stamps (alrededor de 170 dólares por 6 meses, si tienen hijos pequeños les pagan más, además reciben 180 dólares en efectivo por 6 meses), educación universitaria gratis por cinco años para algunas carreras, por ejemplo Contabilidad, acceso al medicare (atención médica gratuita por un año)

Si el resto de los habitantes del mundo tuvieran estas ventajas unos cuantos países se quedarían vacíos y nadie los llamaría exiliados.

Les decía al inicio que los logros o fracasos de nuestro sistema en estos 54 años podemos medirlos no solo por las cosas que no hemos logrado hacer sino por las cosas que hemos impedido que sucedan. Gracias a la Revolución hemos impedido que los niños se vean amenazados por las drogas, la desnutrición o la prostitución infantil, que las calles se llenen de armas y que cualquier loco comenta un asesinato en masa, que la población se quede abandonada en tiempos de crisis, que el gobierno apoye a los banqueros y no al pueblo, que ningún cubano no tenga acceso a salud o educación por falta de dinero…

Este es el cuento de nunca acabar. Unos preferirán siempre ver el vaso medio lleno y comenzarán este 2013 con muchas esperanzas y ganas de trabajar para contribuir a tener cada un día un país mejor. Otros seguirán viendo el vaso completamente vacío y hasta roto, estos son los mismos que llevan 54 años de fracasos. Y seguirán contando…

Tomado de La Joven Cuba

Máquina del tiempo

viernes, 21 de septiembre de 2012
Un joven me invito en Facebook a leer un texto suyo sobre la Brigada Henry Reeve, constituida por jóvenes médicos internacionalistas...
Estimada: Soy un joven cubano que vivo en Chile hace unos años. Aquí le envio una nota que hice sobre lo realizado por la Henry Reeve a su paso por Chile. Un abrazo:
Me gustó el trabajo, lo difundí rápidamente y me puse a "chusmear" en su blog... y di con esta verdadera joya... sólo puedo decir que a mí me hizo llorar...

Máquina del tiempo
Por Mauricio Leandro
Yo conozco la máquina del tiempo. Me he subido un par de veces en ella, ignorando totalmente esa capacidad.

Estoy seguro que no soy el único que la conoce. Siento que aquellos que han vivido la distancia, el exilio, saben claramente a qué me refiero.
Aún recuerdo y puedo sentir en mis venas el sabor de las calles en que anduve una vez. Aún puedo llegar a la cola de la 190 y pedir el último y esperar eternamente hasta hoy. Aún puedo verme dándole una vuelta al árbol que está en el Parque de la Fraternidad.

Tomé mi maleta, hace ya varios años (qué increíble: “hace ya varios años”) y la llené de prendas y cajas de tabaco. Guardé monedas del Che y grabé todos los discos de Silvio Rodríguez. También pude conseguir la última producción de Habana Abierta y el recién estrenado disco de Interactivo “Goza pepillo”.



Gracias al formato mp3, casi toda esa música cupo en 3 o 4 discos y partí de La Habana con el impulso que le dio al avión, las melodías de Carlos Varela que zumbaban en mi oído.

Mi ciudad se hizo tan pequeña, al punto que pude guardarla en una mirada. Tras el último adiós, empezó de inmediato el mundo nuevo, justo cuando la aeromoza me ofreció una Coca Cola y la comida compacta.

Hice dos escalas en unos aeropuertos inmensos y llenos de productos, tan llenos que me colmaron y dejé de lado por un rato mis canciones.

Finalicé mi viaje en Santiago y viví allí por primera vez la máquina del tiempo, sin sospecharlo siquiera.

En el aeropuerto Arturo Merino Benítez sentí un estruendo en la cabeza que no pude comprender con claridad a mis 19 años. Mi padre estaba un poco más viejo, su cabeza gris y sus manos eran tristes como la cordillera. El abrazo fue fuerte, pero no lloré. Hoy sé, o por lo menos creo saber, por qué no lloré. No lloré porque ese no era mi padre, mi padre tenía el pelo largo e intensamente castaño; sus manos eran fuertes y las arrugas que tenía eran muy pocas. 

Aquel señor que me invitó un café, era mi padre en el futuro, no el que dejé de ver. En el dedo anular de su mano izquierda había un anillo, que en el pasado fue de mi abuelo y bastó un gesto, para darme cuenta que no había nada que preguntar.

Al pasar los días y los meses redescubrí a mi viejo, a mi abuela, a mis primos, a mis tíos.
No todo el proceso fue triste, recuerdo en la mesa, a la hora del almuerzo, toda la familia chilena muertos de la risa con las historias que les contaba de mi Habana y sus particularidades.

La comida era diferente, sabrosa, pero poco a poco empecé a extrañar, desde el bistec, hasta el picadillo de soya.

Mi discurso era repetitivo, contaba las mismas historias una y mil veces: cantaba las mismas canciones, ponías los discos hasta sabérmelos de memoria, leía los mismos poemas y los cuentos que empecé a redactar tenían un estilo muy parecido y una cadencia única.

Pero insisto, no todo fue triste. Me asombraba con muchas cosas: los edificios, las plazas, el metro, el Internet y claro, mi primer celular. Parecía un guajirito en La Habana.

Cuando llamaba a mi madre, le contaba y hasta exageraba sobre las cosas que habían acá. Nunca lo hice con la intención de afirmarle que “esto” era mejor que “eso de allá”, pero es que para mí todo era tan sorprenderte que para que ella me entendiera, necesitaba exagerar un poco.

En Chile me enamoré, entristecí, volví a enamorarme, canté, aprendí a tocar la guitarra, conocí las luchas y me desilusioné. Al pasar de los años entendí que todo esto ocurría porque mi padre también navegó en la máquina del tiempo.

Para él, el exilio fue algo más que un viaje. Fue el destierro, pero mi padre estaba anclado en su puerto, en su ciudad. Me imagino lo triste que debe haber sido para él, mirar el horizonte pleno, pero no hallar su cordillera.

De niño supe de un Chile lindo, un Chile nuevo, no el de los golpes y los desaparecidos. De niño Chile sonaba a Manns, a Jara, a Parra, a Inti; sabía a sopaipilla, a cola de mono (sin alcohol); era en blanco y negro y tenía un fusil en la mano. En el aeropuerto de Pudahuel mi padre también sintió un estruendo en su cabeza y no pudo comprender qué había pasado. La cordillera ya casi no se veía, su calles eran grises y su pueblo tenía miedo. El abrazo fue fuerte, pero sé que no lloró.

No han pasado muchos años, pero “todo lo malo se ha ido bailando” como dirá alguna canción popular, y mi pueblo así lo hecho. Tal vez a regañadientes, tal vez aguantando los bloqueos, tal vez mirando con nostalgia la puerta de salida.

Son muchos los que han tomado un avión en mi país, en busca de “mirar un poco más allá”. Tengo cientos de amigos que han sido bebidos sorbo a sorbo por “la Coca Cola del olvido” y tengo varios más que se desgarran con añoranza por volver.

Yo muero por descargar una trova en la azotea de un amigo, por tomarme un ron Cienfuegos y despreocuparme por llegar junto al sol a mi barrio de Buena Vista. Pero nada es lo mismo. El viaje de ida no tiene vuelta. Cuando vuelves después de un par de años las cosas cambian, a pesar de que algunos insistan de que Cuba está detenida en el tiempo.

Intenté tomar el pasaje de vuelta seis años más tarde y fue mentira. Cuando llegué, La Habana era otra. Muchos no estaban y sólo eran mis amigos por correo o facebook. Mi madre había sufrido la misma transformación que mi padre y también tuve que redescubrir a cada uno de los míos. Mi primo menor, que era casi mi hermano, estaba en otra onda. Su tatuaje del Che en la espalda y su discurso cargado de desidia y apoliticismo lo delataban como un ser ajeno. 
Nadie recordaba la melodía de “si tú te fuiste perdiste, yo no, yo me quedé”, canción de El Médico de la Salsa, un músico que ahora vive en Miami y se presenta en los programas de televisión de la mafia cubano-americana. La gente estaba en otra “vola’a”, casi todos tenían celulares y alguno que otro pensaba en emigrar para poder ayudar a la familia o para “progresar”.

Un día conversé con el vocalista de un muy famoso grupo cubano, Israel de Buena Fe y él me explicó todo. Cada palabra iba descifrando sus canciones, temas que conocía hace tiempo pero que jamás me senté con detenimiento a escuchar. Versos como “tengo un catalejo donde la Luna se ve, Marte se ve, hasta Plutón se ve, pero el meñique del pie no se me ve”, o como “y que aventurera que se ha puesto la juventud, le da lo mismo Tokio, Barcelona, que Moscú”, me hicieron mucho sentido.

A pesar de todo, como dijera Israel, “no puedo navegar contra la corriente”, tampoco puedo negar que tengo fe en mi pueblo y algo en él me da esperanza. Aún me siento libre en Cuba. Mi tierra navegará hacia donde su pueblo bogue, yo no puedo ser infeliz por eso. Tengo que reconocer que aquel que no vive el día a día, está condenado a aterrizar en otro tiempo, en el futuro de la página que se dejó de escribir. 

Tomado de EL Blog de Mauricio Leandro.

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