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Hugo Chávez, Hasta la Victoria Siempre

miércoles, 6 de marzo de 2013
Por Gustavo Robles, Argentina

Hugo Chavez ha muerto. Estaba intentando escribir algo al respecto, pero no sabía muy bien por dónde empezar. Lo primero que tengo que decir es que estoy conmovido, más allá del desenlace previsible y temido, y de las críticas que pueda hacerle desde mi postura ideológica. Es que con el Comandante bolivariano no cabían medias tintas: podemos decir sin temor a equivocarnos que la realidad política de América Latina desde 1998 lo tiene como ineludible referencia, y aún la del mundo entero.

El desdén hacia el marxismo y el leninismo, la instalación a nivel mundial de esa rara acepción "del siglo 21" al socialismo, pero sobre todo casos como el del compañero Julián Conrado y la intromisión en la lucha de clases de nuestro país a favor del proyecto kirchnerista que claramente nada tiene que ver con el socialismo sino todo lo contrario, hacía que todo marxista con coherencia ideológica se incomodara ante esas posturas de Chavez.

Pero hay que saber leer los procesos. También hay que tomar en cuenta el tremendo huracán de sentimiento antiimperialista que desató y encausó la irrupción del líder venezolano, aún en los tiempos en que el neoliberalismo se pavoneaba soberbiamente en nuestro continente. Chávez fue el emergente del enorme descontento popular después de décadas de sufrimiento por la aplicación a rajatabla de las políticas del Consenso de Washington en los países de la región.

Y lo hizo desde un discurso que asumía nada menos que a la Cuba Revolucionaria como guía continental para esa lucha, tal vez más en el plano de lo simbólico que en el ideológico, pero suponía un tremendo golpe a la comodidad de los “señores” que se creen los dueños de la Tierra. Hay que rescatarle la capacidad para construir poder y ponerse a la vanguardia de los sectores más humildes, para colocarse en el centro de la discusión política mundial desde un país subdesarrollado, para ubicarse a la cabeza de la resistencia latinoamericana al neoliberalismo, y para ganar todas las elecciones en las que se presentó, a pesar de lo cual la burguesía internacional lo tildó temerariamente de “dictador”.

Chavez marcó una huella indeleble en la historia de Nuestramérica. Hay un antes y un después de su figura. Sin él, las corrientes antiimperialistas que hoy se desarrollan en estas tierras sureñas marginadas de los placeres del Norte poderoso, no hubiesen sido posibles. Habrá que cuidar estos procesos de soberanía de los pueblos y radicalizarlos, porque cualquier paso atrás sería catastrófico para los que soñamos con un mundo diferente al desigual que hoy vivimos.

Sin temor a avergonzarme, puedo decir que, después de la desazón por la caída de la Unión Soviética, hubo dos hechos que yo sentí como aire fresco cuando parecía que todo estaba perdido: uno, la irrupción en la Selva Lacandona del Ejército Zapatista. La otra, en 2005 en Mar del Plata, cuando en medio de la lucha contra el ALCA, rodeado de mandatarios que se oponían al acuerdo continental propuesto por Bush desde identidades no definidas y pacatas, hubo alguien que desde las tribunas del estadio mundialista se atrevió a gritar una palabra que el establishment quiso borrar de la consciencia mundial: “Socialismo”, dijo Hugo Chávez.

Nunca me voy a olvidar de aquél momento histórico. Como tampoco de los discursos memorables en las Naciones Unidas, denunciando el “olor a azufre” que había dejado Bush a su paso. Aire fresco. Y eso merece el máximo de los respetos, al menos de mi parte.

Hugo Chavez estaba ubicado claramente del lado de la lucha de los pueblos por su liberación. Era un compañero con el cual podía no compartirse sus políticas y hasta discutir su postura ideológica, pero los que hoy festejan su muerte están en las metrópolis imperiales y los que lloran son los más humildes de estas tierras.

Compañero Chávez, Hasta la Victoria Siempre

Despedirme no quisiera... comandante

martes, 5 de marzo de 2013
Por Raúl Bracho
Negras y llenas de llanto las letras de mi teclado, triste mi alma como jamás lo estuvo, el rumor de clarines guerreros… "dragones de acero que guardan la patria que el cielo nos dio, patria, patria querida tuya es mi alma, tuya es mi amor". Despedida, esa fue tu despedida, llanero grande, soldado eterno, comandante libertador Hugo Chávez Frías. Has dejado tu espada en las manos de tu hijo Nicolás Maduro, la de Bolívar en mi puño y en tu pueblo.

Esta hora de dolor es la hora de abrir el camino a la marcha indetenible de la revolución, nunca se apagará esa voz que nos enamoró de patria, jamás camarada estarás ausente, no has arado en el mar, estas en este silencio enorme que recogió a la patria en una sola lágrima esta tarde del 5 de Marzo, ya te siento convertirte en eterno, junto al Che, junto a tu padre, al nuestro, a Bolívar.

Hay horas de la vida que son como esta, en la que difícil es hasta respirar para seguir vivo, que ahogan el latir de nuestros corazones de tanto dolor que se agolpa de repente; tu orden hay que cumplirla como sortilegio para saltar la muerte que se ha llevado tu cuerpo y desatar la furia eterna de tu espíritu.


Hay horas en que uno debe despedir a un ser amado que ya no estará de cuerpo presente, hay que sentarse entre el llanto a escribirte una despedida.

Despedirme no quisiera, comandante amado, me despido tan solo con un hasta pronto, porque muriendo tu cuerpo ya te veo renacer convertido en pueblo, en lucha, en esperanza, en el futuro luminoso que nada ni nadie podrá impedir, ese pueblo que araste, que sembraste, que regaste con cada segundo de tu vida de entrega.

¡¡Hasta siempre Chávez, comandante hasta siempre!!

¡Patria independiente y chavista, venceremos!

Murió como individuo… renace como horizonte humano

Por Carlos Rodríguez Almaguer*
 
Pasó como un relámpago que vino a iluminarnos cuando era nuestra noche más oscura. Murió como individuo para renacer como horizonte humano, y los horizontes no pueden destruirse.

Muy preocupados deben estar sus enemigos, a los que combatió sin darles tregua y con toda la hidalguía con que ellos jamás sabrán hacerlo, porque cuando los hombres como Hugo Chávez mueren físicamente, se convierten en numen, y entonces ya no pueden buscarse en ningún sitio para tenderles trampas, porque están todo el tiempo en todas partes, convertidos en grito, en esperanza, en convicción indestructible de los desamparados de este mundo.  

Este llanero sencillo, como todos los grandes, vino a sembrar su semilla de amor en la tierra más fértil de la América capaz e infatigable de Simón Bolívar y José Martí. Sus semillas, como las de la parábola cristiana, cayeron en diferentes suelos, pero en más de una década de siembra nadie podrá negar que la mayor parte de esas semillas generosas cayeron en tierra fértil y otras manos vendrán a recoger el fruto del sacrificio de aquel Hombre Solar que renunció a su vida para mejorar la vida de todos, el que dejó de pensar en su beneficio para ocuparse del beneficio de todos los que por varios siglos estuvieron sin voz y sin justicia.

Pero aquel que en nombre de los pobres de la Tierra tuvo el valor difícil de desafiar a los poderes oscuros de este mundo esgrimiendo en sus manos de soldado sincero la espada flamígera de la Verdad y del Amor, no nos ha abandonado todavía, solamente ha cumplido con su tiempo de siembra fecunda en ésta época triste e insegura, y ha partido al futuro para seguir velando por nosotros, confiado en que su ejemplo echará luz bastante para enseñarnos el camino que nos llevará a la felicidad por la que tanto luchó, consciente de que para los hombres y mujeres de bien la felicidad es el propio camino por el que vamos construyendo ese mundo mejor que es posible y del que él fue expresión genuina y verdadera.

Para los hijos de Martí y de Fidel, para los cubanos que amamos entrañablemente a nuestra Madre América y a su hija primogénita, Venezuela, este es uno de nuestros dolores más puros y sinceros, Hugo Chávez tendrá sitio venerable en nuestros sentimientos de patriotas leales, y de allí nada ni nadie, ni siquiera el tiempo podrá removerlo.

Chávez es más que un hombre, más que un pueblo, más que un continente. Chávez es, en estos tiempos oscuros pero prometedores, la confirmación de aquella idea martiana de que “donde quiera que el hombre se afirma, el Sol brilla.”

Chávez vive ya para siempre… ¡ha vencido a la Muerte en singular combate!   

*Profesor, escritor y estudioso del legado de José Martí,  Héroe Nacional de Cuba
Con la tecnología de Blogger.
 

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