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Tan Chávez, todavía

miércoles, 6 de marzo de 2013
Por Claudia Korol*

Leído por Liliana Daunes en el programa 'Sonidos Agitadóricos' que se emite por Radio Nacional (AM 870) los domingos de 19 a 21 hs.
Se puede escuchar aquí:
https://soundcloud.com/lilianadaunes/chavez-texto-de-claudia-korol

Hoy tengo un dolor de Chávez en la piel. Como si el mundo se detuviera por un instante y no respirara... para sentir el latido débil de su corazón rebelde, marcando el paso todavía.

Hoy tengo un nudo de Chávez en la garganta. Como si toda la rabia se juntara en un nombre... que es la manera cómo eligió llamarse un pueblo, un tiempo de revolución, una posibilidad veintiúnica de existencia de nuestro socialismo.

Hoy tengo una marea de Chávez en la mirada. Como si necesitara por un momento ver para creer. Como si supiera que ese mar de gente que ruega por él con lágrimas amontonadas en los ojos, está inventando así una forma entrañablemente absurda de la rebelión del continente.

Hoy tengo una inquietud de Chávez en las manos. Como si el puño cerrado y la caricia necesitaran tocar la superficie de la historia para saberlo en ella.

Hoy tengo una urgencia de Chávez en la sangre. Como si toda la vida desparramada en el continente, formara un ancho río rojo revolución... exigiendo que en este tiempo nadie se conforme con plegarias... que nadie se conforme... que nadie se acomode.

Porque Chávez -el que conocimos- se va alejando suavemente de la volcánica aparición en nuestros gestos cotidianos. Y necesitamos con urgencia que nazcan nuevas maneras de revolucionarnos... tal vez con menos liderazgos individuales, tal vez con más creaciones colectivas.

Porque no es verdad –aunque quisiéramos- que ahora nacerán miles de Chávez. Como no nacen miles de Fideles ni de Guevaras ni de Ramonas ni de Evitas. Como no nacen Bolívares ni Manuelas ni Bartolinas ni Camilos. Pero nacen sí, una multitud de Juanes y Marías, de Pedros y Sandras, de Pablos y Luisas, formando un collar de estrellas insurrectas, que iluminan cuando brillan juntas, los sueños libertarios sembrados en nuestras tierras. Formando un telar de palabras sencillas, que envuelven nuestra memoria y la multiplican en sus historias mágicas.

Hoy tengo una esperanza de Chávez en mi corazón. Porque el tipo no se rindió. Porque no se entregó. Porque desafió al sentido común y a las prédicas conservadoras de lo posible. Porque el tipo se hizo querer, así milico como era.

Porque se equivocó y se corrigió muchas veces. Porque el tipo se dio todo completito a la historia. Porque así está entrando... con esa sonrisa tan Chávez en el rostro indio. Tan feliz celebrando picardías. Tan cómplice de Fidel. Tan hablando hasta por los codos. Tan abrazadito al pueblo más pobre y más desconsolado. Tan valiente el tipo. Tan entero en cada despedida. Con su espada de Bolívar y su Constitución bajo el brazo, como regalos del rey Melchor.

Tan tierno en su dureza. Tan loco en su cordura. Inventando el alba, en la noche oscura. Tan lucero el tipo. Tan Chávez, todavía.

Publicado en
http://educacionyeconomiasocial.ning.com/forum/topics/ch-vez-por-claudia-korol


* Secretaria de redacción de América Libre, en Argentina, y corresponsal de Adital

Tony Guerrero: Queridos amigos: ¡Viva Chávez!



 

Queridos amigos:

La gente, como todas las noches, mira sus programas de televisión pura basura, vociferan, sonríen y se hipnotizan con las imágenes.

Sentado frente a esta otra pantalla, tras regresar de mi trabajo, leo las noticias.

La consternación y la profunda pena no encuentro palabras para expresarlas.

"La muerte no es verdad cuando se ha hecho bien la obra de la vida", sentenció Martí.

Para quien entrego toda su vida a la más pura, tenaz y hermosa obra de su pueblo y toda nuestra América, jamás será realidad la muerte.

Nuestro Comandante Hugo Chávez es luz de aurora, que los revolucionarios nunca dejaremos extinguir y nos guiara por siempre.

¡Viva la Revolución Bolivariana!
¡Viva Hugo Chávez!

¡Venceremos!

Tony Guerrero Rodríguez

5 de marzo de 2013
Prisión Federal de Marianna
9 y 30 p.m.

Hugo Chávez, Hasta la Victoria Siempre

Por Gustavo Robles, Argentina

Hugo Chavez ha muerto. Estaba intentando escribir algo al respecto, pero no sabía muy bien por dónde empezar. Lo primero que tengo que decir es que estoy conmovido, más allá del desenlace previsible y temido, y de las críticas que pueda hacerle desde mi postura ideológica. Es que con el Comandante bolivariano no cabían medias tintas: podemos decir sin temor a equivocarnos que la realidad política de América Latina desde 1998 lo tiene como ineludible referencia, y aún la del mundo entero.

El desdén hacia el marxismo y el leninismo, la instalación a nivel mundial de esa rara acepción "del siglo 21" al socialismo, pero sobre todo casos como el del compañero Julián Conrado y la intromisión en la lucha de clases de nuestro país a favor del proyecto kirchnerista que claramente nada tiene que ver con el socialismo sino todo lo contrario, hacía que todo marxista con coherencia ideológica se incomodara ante esas posturas de Chavez.

Pero hay que saber leer los procesos. También hay que tomar en cuenta el tremendo huracán de sentimiento antiimperialista que desató y encausó la irrupción del líder venezolano, aún en los tiempos en que el neoliberalismo se pavoneaba soberbiamente en nuestro continente. Chávez fue el emergente del enorme descontento popular después de décadas de sufrimiento por la aplicación a rajatabla de las políticas del Consenso de Washington en los países de la región.

Y lo hizo desde un discurso que asumía nada menos que a la Cuba Revolucionaria como guía continental para esa lucha, tal vez más en el plano de lo simbólico que en el ideológico, pero suponía un tremendo golpe a la comodidad de los “señores” que se creen los dueños de la Tierra. Hay que rescatarle la capacidad para construir poder y ponerse a la vanguardia de los sectores más humildes, para colocarse en el centro de la discusión política mundial desde un país subdesarrollado, para ubicarse a la cabeza de la resistencia latinoamericana al neoliberalismo, y para ganar todas las elecciones en las que se presentó, a pesar de lo cual la burguesía internacional lo tildó temerariamente de “dictador”.

Chavez marcó una huella indeleble en la historia de Nuestramérica. Hay un antes y un después de su figura. Sin él, las corrientes antiimperialistas que hoy se desarrollan en estas tierras sureñas marginadas de los placeres del Norte poderoso, no hubiesen sido posibles. Habrá que cuidar estos procesos de soberanía de los pueblos y radicalizarlos, porque cualquier paso atrás sería catastrófico para los que soñamos con un mundo diferente al desigual que hoy vivimos.

Sin temor a avergonzarme, puedo decir que, después de la desazón por la caída de la Unión Soviética, hubo dos hechos que yo sentí como aire fresco cuando parecía que todo estaba perdido: uno, la irrupción en la Selva Lacandona del Ejército Zapatista. La otra, en 2005 en Mar del Plata, cuando en medio de la lucha contra el ALCA, rodeado de mandatarios que se oponían al acuerdo continental propuesto por Bush desde identidades no definidas y pacatas, hubo alguien que desde las tribunas del estadio mundialista se atrevió a gritar una palabra que el establishment quiso borrar de la consciencia mundial: “Socialismo”, dijo Hugo Chávez.

Nunca me voy a olvidar de aquél momento histórico. Como tampoco de los discursos memorables en las Naciones Unidas, denunciando el “olor a azufre” que había dejado Bush a su paso. Aire fresco. Y eso merece el máximo de los respetos, al menos de mi parte.

Hugo Chavez estaba ubicado claramente del lado de la lucha de los pueblos por su liberación. Era un compañero con el cual podía no compartirse sus políticas y hasta discutir su postura ideológica, pero los que hoy festejan su muerte están en las metrópolis imperiales y los que lloran son los más humildes de estas tierras.

Compañero Chávez, Hasta la Victoria Siempre

Despedirme no quisiera... comandante

martes, 5 de marzo de 2013
Por Raúl Bracho
Negras y llenas de llanto las letras de mi teclado, triste mi alma como jamás lo estuvo, el rumor de clarines guerreros… "dragones de acero que guardan la patria que el cielo nos dio, patria, patria querida tuya es mi alma, tuya es mi amor". Despedida, esa fue tu despedida, llanero grande, soldado eterno, comandante libertador Hugo Chávez Frías. Has dejado tu espada en las manos de tu hijo Nicolás Maduro, la de Bolívar en mi puño y en tu pueblo.

Esta hora de dolor es la hora de abrir el camino a la marcha indetenible de la revolución, nunca se apagará esa voz que nos enamoró de patria, jamás camarada estarás ausente, no has arado en el mar, estas en este silencio enorme que recogió a la patria en una sola lágrima esta tarde del 5 de Marzo, ya te siento convertirte en eterno, junto al Che, junto a tu padre, al nuestro, a Bolívar.

Hay horas de la vida que son como esta, en la que difícil es hasta respirar para seguir vivo, que ahogan el latir de nuestros corazones de tanto dolor que se agolpa de repente; tu orden hay que cumplirla como sortilegio para saltar la muerte que se ha llevado tu cuerpo y desatar la furia eterna de tu espíritu.


Hay horas en que uno debe despedir a un ser amado que ya no estará de cuerpo presente, hay que sentarse entre el llanto a escribirte una despedida.

Despedirme no quisiera, comandante amado, me despido tan solo con un hasta pronto, porque muriendo tu cuerpo ya te veo renacer convertido en pueblo, en lucha, en esperanza, en el futuro luminoso que nada ni nadie podrá impedir, ese pueblo que araste, que sembraste, que regaste con cada segundo de tu vida de entrega.

¡¡Hasta siempre Chávez, comandante hasta siempre!!

¡Patria independiente y chavista, venceremos!

Murió como individuo… renace como horizonte humano

Por Carlos Rodríguez Almaguer*
 
Pasó como un relámpago que vino a iluminarnos cuando era nuestra noche más oscura. Murió como individuo para renacer como horizonte humano, y los horizontes no pueden destruirse.

Muy preocupados deben estar sus enemigos, a los que combatió sin darles tregua y con toda la hidalguía con que ellos jamás sabrán hacerlo, porque cuando los hombres como Hugo Chávez mueren físicamente, se convierten en numen, y entonces ya no pueden buscarse en ningún sitio para tenderles trampas, porque están todo el tiempo en todas partes, convertidos en grito, en esperanza, en convicción indestructible de los desamparados de este mundo.  

Este llanero sencillo, como todos los grandes, vino a sembrar su semilla de amor en la tierra más fértil de la América capaz e infatigable de Simón Bolívar y José Martí. Sus semillas, como las de la parábola cristiana, cayeron en diferentes suelos, pero en más de una década de siembra nadie podrá negar que la mayor parte de esas semillas generosas cayeron en tierra fértil y otras manos vendrán a recoger el fruto del sacrificio de aquel Hombre Solar que renunció a su vida para mejorar la vida de todos, el que dejó de pensar en su beneficio para ocuparse del beneficio de todos los que por varios siglos estuvieron sin voz y sin justicia.

Pero aquel que en nombre de los pobres de la Tierra tuvo el valor difícil de desafiar a los poderes oscuros de este mundo esgrimiendo en sus manos de soldado sincero la espada flamígera de la Verdad y del Amor, no nos ha abandonado todavía, solamente ha cumplido con su tiempo de siembra fecunda en ésta época triste e insegura, y ha partido al futuro para seguir velando por nosotros, confiado en que su ejemplo echará luz bastante para enseñarnos el camino que nos llevará a la felicidad por la que tanto luchó, consciente de que para los hombres y mujeres de bien la felicidad es el propio camino por el que vamos construyendo ese mundo mejor que es posible y del que él fue expresión genuina y verdadera.

Para los hijos de Martí y de Fidel, para los cubanos que amamos entrañablemente a nuestra Madre América y a su hija primogénita, Venezuela, este es uno de nuestros dolores más puros y sinceros, Hugo Chávez tendrá sitio venerable en nuestros sentimientos de patriotas leales, y de allí nada ni nadie, ni siquiera el tiempo podrá removerlo.

Chávez es más que un hombre, más que un pueblo, más que un continente. Chávez es, en estos tiempos oscuros pero prometedores, la confirmación de aquella idea martiana de que “donde quiera que el hombre se afirma, el Sol brilla.”

Chávez vive ya para siempre… ¡ha vencido a la Muerte en singular combate!   

*Profesor, escritor y estudioso del legado de José Martí,  Héroe Nacional de Cuba

Mi amor… [Homenaje a los Cinco en el Día del Amor y la Amistad]

viernes, 15 de febrero de 2013
Por Marlene Caboverde Caballero*


I

Quiero ir con aquel a quien amo.
No quiero calcular lo que cuesta.
Bertolth Brech
La mujer de ojos azules estaba nerviosa. Miraba fijamente el cristalito alto en aquella puerta que no acababa de abrirse. Hacía frío. Había viajado por varios días para llegar hasta la penitenciaría de Oxford, en los Estados Unidos, pero por fin estaba allí.

De pronto, la puerta se abrió. Se abrazaron. Habían transcurrido casi cuatro años desde la última vez que se vieron en Cuba.

Este es solo un pasaje de una historia de amor entre un hombre y una mujer.
Ella es Rosa Aurora Freijanes Coca, él, Fernando González Llort. Llevan separados casi quince años porque Fernando está preso. Es culpable de los delitos de amar a su patria y combatir el terrorismo. Pero Fernando no está triste, tiene el cariño de su mujer, de su Rosa Aurora. Son dos y a la vez son muchos, porque son nuestros.

Su historia de amor comenzó en mil 990 cuando Rosa Aurora Freijanes estudiaba la carrera de Técnico Medio en Colaboración Económica. Martha, la hermana de Fernando era su amiga y le presentó a Fernando, que era Licenciado en Relaciones Económicas Internacionales y enseguida se ofreció para ayudarla con esas materias.

Así fue como se acercaron y al poco tiempo estaban viviendo juntos una hermosa historia de amor.

Poco tiempo después llegó la separación, inexplicable para ella. Fernando marchaba a los Estados Unidos para monitorear las actividades de organizaciones terroristas que habían causado daños humanos y materiales en Cuba en los primeros años de la década de los noventa.

En mil 998 Fernando es detenido en la Florida y condenado a 18 años de prisión. Como él y Rosa Aurora no estaban casados legalmente tardaron en reencontrase casi cuatro años. Para ese entonces, ella pasaba de los 40 años de edad y la posibilidad de tener hijos se perdió.

“Con el transcurso de estos años que hemos pasado en cárceles  norteamericanas la realidad nos obliga a asimilar circunstancias y aceptarlas como parte del necesario sacrificio. Guiados por nuestra absoluta convicción de que nos acompaña la verdad, aceptamos la realidad y vivimos con ella. Una de las más doloras realidades es la de los hijos por tener… Será el amor el que sustituya la risa infantil en nuestra casa. Seguramente mi caso no será único. Sin embargo, lo que le confiere singularidad a nuestro dolor es que la realidad a la que nos obligan a adaptarnos las provoca una injusticia colosal”.

Fernando debe salir en libertad el 27 de febrero de 2014. Tenía solo 35 años cuando fue arrestado y ya tiene 49. Pero Fernando jamás se sentido aprisionado, ni triste ni solo. Se le debe a  mucha gente, pero en especial a Rosa Aurora.

Y es que, ellos dejaron de ser solo dos para ser millones. Su historia de amor se agiganta y agrieta los muros, carcome los barrotes, ahuyenta la soledad, porque aunque su tema de amor, como dice Silvio, tiene  quebranto, sana el dolor y a ellos les ha costado tanto, que ya es un sueño y una canción.

II


“…..solía preguntarme/ cómo serías en tu espera/
si abrirías por ejemplo los brazos/para abrazar mi ausencia…..”
                                                                           Mario Benedetti



Él sabía la hora exacta en que la mujer pasaría. Casi no podía distinguirla desde el duodécimo piso donde estaba. Pero siempre se asomaba con el ánimo, no solo de volverla a ver, sino para disfrutar de los ojos, la risa y los gestos de la niñita que la acompañaba. Desde arriba, los otros prisioneros solo veían un puntito negro en los brazos de la mujer, de su mujer.

Ella era Olga Salanueva Arango y el preso que la observaba desde aquella altura en el centro de detenciones de Miami era su esposo René González Shewerert. Corría el año 1998. Acusado de espía, él permanecía entonces en el “hueco”, donde entonaba El necio de Silvio, mientras soñaba con los besos de su mujer, y las risas de sus hijas.

Olga y René se conocieron entre la arena y el mar en 1982, quizás por ese motivo su amor es tan profundo, inmenso. Pienso que esa grandiosidad del océano tiene mucho que ver con la paciencia y el optimismo de esa pareja que por más de doce años debió conformarse con la voz del otro lado de la línea, con un amor de papel, pero a prueba de distancias, injusticias y maldades.

“….después de haber pasado ambos tantas pruebas durante estos años sin dejarnos aplastar, seremos capaces también de sobreponernos a esto, de todos modos siempre hay una compensación por cada sueño no realizado, y en este caso será cuando pueda hablar directamente contigo por teléfono y oír tu voz llenándome de alegría y aliento… no te niegues un momento de alegría, una sonrisa, un juego con las niñas… Si algún día la sombra de mi situación se interpusiera para privarte de alguno de esos momentos, ¡espántala! Pues no será mi figura la que está proyectando esa sombra…”.

Primero fueron los meses interminables en el Hueco, luego la prisión de Olga, y su deportación, después el juicio y la condena de quince años de privación de libertad para René, y más tarde una separación terrible que duró más de una década, hasta su reencuentro en Cuba el pasado año, cuando Roberto, el hermano de René, agonizaba.

Creo que tantas tribulaciones embellecieron a Olga y agigantaron a René. Ella está más hermosa, él, más alegre y optimista aunque padece en la Florida una condena adicional de libertad supervisada que terminará el 7 de octubre de 2014. Son abuelos de un bebé hermoso que se llama Ignacio René. Irmita, la hija mayor, es Psicóloga, Ivett, la menor, es una excelente estudiante y llegará lejos. Estoy segura.

Quienes condenaron a René González Shewerert y pretendieron aislarlo se equivocaron. Lograron el efecto contrario. El rostro de René se diseminó por el mundo, la voz de Alguita se escuchó en decenas de países, su historia de amor se repitió en mil idiomas diferentes, porque el lazo que un día los unió se parece al mar, enorme, insondable, eterno.


III

Madre, ya no estés triste, la primavera volverá,
madre, con la palabra libertad.
 Silvio Rodríguez

Una mujer en silla de ruedas salía del edificio. En su mirada brillaba una lágrima, que ahogaba a otras muchas. En la memoria, la figura del hijo andando por la sala, lentamente, por el frío de las cadenas en los pies. La ropa gris flotaba en su cuerpo más delgado. Su cabeza alta, sus ojos anegados de versos y colores. Ni un saludo. Allí lo prohíben. Entonces, bastó cruzar una mirada y el mundo se convirtió en un abrazo.

Esa escena transcurrió el martes 13 de octubre de 2009 en la Corte Federal de Miami. La mujer era Mirta Rodríguez Pérez y el hombre encadenado, Antonio Guerrero Rodríguez, su hijo.

A la salida del colosal edificio ella volvió a mirar el Centro Federal de Detención y quiso adivinar cuál de aquellas ventanas minúsculas se confabuló con el hijo para darle luz a sus primeros poemas.

Tony estaba por cumplir los 50 años de edad y los jueces corregían el error de la cadena perpetua con un remiendo tan espantoso como 21 años y 10 meses de privación de libertad. No obstante el soldado poeta parecía vivir otro día feliz, y tengo la certeza de que su fuerza se debía, sobre todo, a la presencia de su madre.

Aquel día Mirta volvía al encuentro del hijo con sus 77 años a cuestas como si no pesaran. Una leve sombra en su rostro delataba el dolor de la nueva sentencia. Tony lo percibió y sintió deseos de abrazarla.

La nostalgia flotaba en el aire y los atrapó a los dos. Entonces, se dibujaron fugazmente en el aire los días de pastel y fiesta de cumpleaños, las visitas a la beca, los paseos de domingo, el arroz amarillo…

Pero el pesimismo tenía prohibida la entrada en sus vidas. Había una promesa mutua que cumplir: él regresaría y ella estaría para esperarlo.

"Regresaré y Regresaré y le diré a la vida/ he vuelto para ser tu confidente./  De norte a sur le entregaré a la gente/ la parte del amor en mí escondida./ Regresaré la alegría desmedida/ de quién sabe reír humildemente./ De este a oeste levantaré la frente/ con la bondad de siempre prometida./ Por donde pasó el viento, crudo y frente,/ iré a buscar las hojas del camino/ y agruparé sus sueños de tal suerte que no puedan volar en torbellino./ Cantaré mis canciones al destino/ y con mi voz haré temblar la muerte".

Antonio Guerrero Rodríguez regresará. Nadie lo duda. En este tiempo de encierro se las ingenió para volver como mariposa, ave, hormiga, ola. Tengo la certeza de que ese retorno permanente es posible gracias al cariño por su familia.

Hoy permanece en la prisión de Marianna, en los Estados Unidos donde continúa siendo el maestro artista que sobrevive entre el espanto y la ternura. Es un hombre querido por los reclusos y admirado por sus carceleros. No podía ser de otro modo, porque como bien dice Mirta: “¿Quién no ama a un poeta?”.

Allí aguardará el 18 de septiembre de 2017, que es la fecha fijada para su libertad a medias, porque, como René, también deberá padecer una sanción adicional de 5 años de libertad supervisada.

Mirta y Tony tomaron en estos años de encierro una dimensión extraordinaria. Ella sabe que es un premio haberlo parido, por eso pelea con el reloj para apurar el tiempo. Quiere estar para esperarlo y cumplirá su promesa, ese es también mi mayor deseo.

IV

Mi amor existe y nunca se peina/ ni ríe ni mira.
Es amor solamente. /  Sólo amor.
     Silvio Rodríguez
               
Una mujer junto a tres niñas de cinco, diez y catorce años espera. El aire se enrarece con las pisadas secas y el ruido de llaves y cadenas. Después, de llenar algunos formularios las cuatro son revisadas. La más pequeña, muy inquieta. Uno de los guardias la regaña. Se resiste a que le estampen ese cuñito transparente en la ropa. Ya es la hora, pero no pueden entrar todavía. El cuñito no se ve bien. Hay angustia en la cara de la mujer. Otra vez vuelven a marcar el vestido de la niña. Entonces, ella la consuela: “vamos a ver a tu papá, a tu papá”.

Ya en la sala de visitas el rostro de la mujer se ilumina. Un prisionero rubio, alto, de ojos rasgados se aproxima con una risa de oreja a oreja. La familia se reúne por primera vez después de casi cuatro años. Era un día de abril de 2002, en la prisión de Beaumont, Texas, en los Estados Unidos.

Los protagonistas de estas escenas son Elizabeth Palmeiro Casado y Ramón Labañino Salazar. Para sus carceleros él es un espía; para ella, es simplemente su amor, su esposo, su hombre, el padre de sus hijas; para Cuba, un héroe.

Aquel día Ramón hizo chistes, contó anécdotas graciosas de Ailín, Laurita y Lizbeth, evocó los días felices en Cuba, y en pocos minutos la sala semejó para las niñas un parque de diversiones. Elizabeth,  atenta, solo añadía algún que otro detalle.

Hubo un instante mágico en que se miraron hasta el alma para sellar otro pacto con el amor: protegerían a sus hijas siempre, de todo y de todos.

Entre Elizabeth y Ramón pervive un amor de esos que no se marchitan ni se mueren. Jamás él la vio embarazada, tampoco estuvo durante el nacimiento de las niñas, llevaban más de dos años sin verse cuando a él lo detuvieron y hasta hoy él cuenta más de catorce años en prisión.

Durante todo este tiempo solo el amor los ha librado de las maldades y los rencores ajenos, del olvido, la soledad, la desesperanza.

“No hay fórmula para esperar”, admite ella cuando habla de Ramón. “Es su voz la que hace andar el mundo”, repite él en cada verso, en cada conversación.

“Acabo de oír tu voz/  Y ya el mundo es diferente/ Vuelven los pájaros a volar/ Y las nubes a ser más tenues,/ El brillo del sol se sube/ Entre/ las montañas verdes/ Como el pico de la ternura/ Entre rubíes y suertes…/ Todo tiene su rumbo/ Que marcha felizmente/ Vuelve el/ mundo a andar/ Porque yo soy un hombre de suerte/ Acabo de oír tu voz/ Y ya el mundo es diferente//”.

Cuentan que Ramón ríe desde las paredes de su casa en el Vedado, donde asoma feliz en decenas de fotografías. Dicen que Lizbeth, la hija más pequeña prometió que no iba a dejarlo salir más cuando regresara y Laura y Ailín confían en la fiesta de arroz congrís y puerco asado prometida por él en cada encuentro.

Por su parte, Elizabeth convirtió la distancia en semillas y raíces. Aprendió el secreto de esperar y por eso tiene la certeza de que el 30 de octubre del 2024, fecha fijada para su libertad, está llegando. Los dos resisten con las manos tendidas, yo también se las aprieto fuerte, muy fuerte y les regalo hoy otra esperanza en versos.

Lento pero viene
El futuro se acerca
Despacio pero viene

Ya se va acercando
Nunca tiene prisa
Viene con proyectos
Y bolsas de semillas

Con ángeles maltrechos
Y fieles golondrinas

V

Hay ausencias/ que te hablan de un mañana
/ que se tornan de todos los colores/
que te ponen el mundo en la ventana/
y de esperanza llenas los balcones.
Liuba María Hevia


Era una mañana de julio de 2002. La mujer comienza a descender por la escalerilla del avión. Está nerviosa. Tres años sin verlo. Cuánto tiempo, piensa. Una vez en el aeropuerto de Houston, en los Estados Unidos, revisan sus documentos. La miran una y otra vez, hablan en voz baja. Alguien más llega. Debe esperar. La interrogan, la fotografían, manchan sus dedos de tinta. Se angustia y un desespero terrible minan su voluntad. Once horas después le dicen que no es bienvenida, que debe regresar a Cuba. En la prisión de Lompoc un hombre se queda esperándola.

Así transcurrió la estancia de Adriana Pérez O’connor la única vez que viajó a los Estados Unidos para visitar a su esposo, Gerardo Hernández Nordelo.

Aquel día ella hizo el viaje de regreso como si fuera una pesadilla interminable. Una vez en casa la incertidumbre pasó, volvió a sentir la presencia de él en la sala, en la cocina, en el jardín. Llenó la cama con sus cartas y postales y miró el sillón donde tantas veces la acunó como si fuera una niña.

Ni Adriana ni Gerardo sospecharon entonces que la espera se alargaría indefinidamente. Quienes le impiden hasta hoy reencontrarse, tampoco adivinaron que hay lazos que no se rompen como las normas, las convenciones, las leyes, o los mandamientos.

Pasan los años y jamás es invierno en la vida de esta pareja. Adriana, más hermosa, con una esperanza a prueba de odios y bombas, con el sueño intacto de los hijos que están por nacer.

“Queridos hijos: Cuando lean estas líneas habrán pasado algunos años desde que fueron escritas. Ojalá no sean muchos. En esta fecha ustedes no han nacido, y hasta su mamá tiene dudas de si algún día nacerán. Todo se debe a que estoy viviendo momentos difíciles de mi vida, lejos de mi país y de mi familia, de los que sin embargo, estoy muy orgulloso y espero que algún día ustedes también lo estén…”

 A Gerardo le queda estrecha la celda para tantos amigos, para tantos sueños, para tanto amor.

Cuba, le llaman a él en Victorville, esa prisión en medio de un desierto que colma a diario de mariposas, pepinos, cigüeñas, ejemplos. Mientras, los carceleros se asombran por la alegría inusitada de un hombre condenado a dos cadenas perpetuas más quince años de privación de libertad.

La nostalgia existe, es cierto, pero también el teléfono, el correo, los amigos, la risa, la música, la esperanza.  Gerardo y Adriana saben que el miedo es inútil y la mentira también, que los besos no se pudren ni los abrazos, ni los deseos.

Ella dice que sonríe siempre porque esa la mejor forma de esperarlo y a él tampoco se le marchita la alegría, porque sabe de un jurado de millones que un día le regalará la libertad.


*Periodista cubana, trabaja en la emisora Radio Jaruco, y una de las fundadoras del Comité “Alas de Libertad” de esa emisora por la Libertad de los 5
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